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Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro
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Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro

Todo el mundo entra en el claustro de Silos mirando los capiteles, y casi nadie levanta la cabeza. Es un error, porque encima hay más de seiscientas escenas pintadas del siglo XIV: cazadores, perros corriendo, oficios, escudos de reyes y obispos, parejas de enamorados y hasta toros. El artesonado mudéjar policromado del claustro de Santo Domingo de Silos es un álbum de la Castilla medieval colgado sobre tu cabeza, y se ve gratis con la misma entrada.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Son cientos de escenas y no se pueden ver todas. Estas cinco son las que compensan el esfuerzo de andar con el cuello torcido.

  • La pareja de enamorados: dos jóvenes vestidos a la moda de la corte, él inclinándose hacia ella, ella con una flor de lis en la mano y grandes tréboles blancos alrededor. Una escena de amor cortés en el techo de un monasterio benedictino.
  • La caza: es el tema más repetido. Galgos lanzados a la carrera, cazadores con sombrero de ala ancha, presas, perros de todos los colores. Un bestiario en movimiento que ocupa vigas enteras.
  • Los escudos: entre las tablillas verticales asoman escudos heráldicos pintados. No son decorativos: identifican a los benefactores que pagaron la obra, y entre ellos está nada menos que el rey Juan I de Castilla.
  • Las orlas de óvalos: fíjate en la cenefa que enmarca cada escena, hecha de óvalos blancos con perlas rojas encadenados. Es la firma visual del conjunto y lo que le da esa unidad de tapiz.
  • Los oficios: hombres y mujeres trabajando, con sus herramientas y sus ropas. Es documentación pura sobre cómo vestía y qué hacía la gente corriente en la Castilla del siglo XIV.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver el artesonado mudéjar del claustro de Silos?

Diez minutos de mirada arriba, y se hacen largos: el cuello se cansa antes que el ojo. No intentes verlo entero, porque no vas a poder.

La estrategia que funciona: elige tres o cuatro tramos y agótalos en lugar de recorrer las galerías mirando por encima. Cada tramo de viga es un friso corrido con varias escenas seguidas, y en cuanto le coges el ritmo empiezas a distinguir dónde acaba una y empieza otra.

Y hazlo al principio de la visita al claustro, no al final. Cuando ya llevas los capiteles y los relieves encima, mirar hacia arriba deja de apetecer.

¿Qué curiosidad esconde el artesonado mudéjar del claustro de Silos?

Que ahí arriba, en un monasterio benedictino, alguien pintó el Libro de Buen Amor.

Entre las escenas se ha identificado una parodia de las Horas Canónicas, el pasaje en que el Arcipreste de Hita se burla de los rezos litúrgicos convirtiéndolos en una escena amorosa. Es uno de los momentos más irreverentes de la literatura medieval castellana.

Y estaba pintado sobre la cabeza de los monjes, en el mismo claustro por el que caminaban rezando. No en un rincón escondido: en la techumbre, a la vista.

Es la mejor prueba de que estos alfarjes no eran arte religioso. Eran encargos de artesanos mudéjares —musulmanes trabajando para clientes cristianos— que pintaban lo que gustaba en su época: caza, cortejo, oficios, fiesta. Lo sagrado está representado (hay una Adoración de los Reyes Magos), pero convive con toros, galgos y enamorados sin ningún problema.

¿Es de verdad un artesonado el del claustro de Santo Domingo de Silos?

Técnicamente no, y merece la pena saberlo porque cambia lo que estás mirando.

Un artesonado propiamente dicho es una techumbre con artesones: casetones hundidos, geométricos, encajados unos con otros. Lo que hay en Silos es un alfarje: una techumbre plana, formada por vigas maestras o jácenas apoyadas en el muro y en la galería, y vigas transversales menores entre ellas.

Esa diferencia es justo la razón de que aquí haya tanta pintura. Un artesonado ofrece cajones profundos y sombreados; un alfarje ofrece superficies planas y continuas, que son un lienzo perfecto para pintar frisos corridos de escenas. Por eso los alfarjes mudéjares son, con diferencia, los que más historias cuentan.

El nombre «artesonado» se usa igualmente en casi todas partes, incluida esta ficha, porque es como lo conoce todo el mundo. Pero si alguien te dice que es un alfarje, tiene razón.

¿En qué galerías del claustro está el artesonado medieval?

Aquí hay un detalle que casi nadie cuenta y que conviene tener claro antes de mirar: no todo lo que ves ahí arriba tiene la misma edad.

Lo verdaderamente antiguo está repartido así:

  • Galerías norte y oeste: son las más antiguas, fechadas entre 1366 y 1384.
  • Galería sur: se rehízo tras el incendio de 1384, así que es de poco después.
  • Galería este: se rehízo entre 1888 y 1890. Es decir, del siglo XIX, no medieval.

Así que si quieres ver lo genuinamente trecentista, mira arriba en las galerías norte y oeste. Es la recomendación más útil que te podemos dar sobre esta pieza, y no la vas a encontrar en ningún panel.

Un rastro de aquella restauración decimonónica sigue a la vista si te fijas: se colocaron pletinas metálicas en forma de T haciendo de tirantes.

¿Se puede fotografiar bien el artesonado del claustro de Silos?

Cuesta, y conviene ir avisado.

Está a varios metros de altura, en la parte más oscura de la galería, y el móvil tiende a subir el ISO y devolverte una foto granulada y movida. Tres cosas ayudan de verdad:

  • Apoya los codos contra el pecho o la cámara contra una columna. Sin apoyo, a esa velocidad de obturación, no hay foto nítida.
  • Usa el zoom óptico si lo tienes, no el digital. Las escenas son pequeñas y de lejos se pierden.
  • Unos prismáticos pequeños valen más que cualquier cámara para disfrutarlo. Es la pieza del monasterio donde más se nota llevarlos.

Y una realidad que conviene aceptar: a simple vista se pierde casi todo el detalle. Las caras, las herramientas de los oficios, las flores que sostiene la dama — nada de eso se aprecia desde el suelo sin ayuda.

La techumbre policromada del claustro bajo del monasterio de Santo Domingo de Silos es, en términos estrictos, un alfarje mudéjar: una cubierta de madera plana con la estructura a la vista, y no un artesonado de casetones, pese a la denominación con que se difunde habitualmente. Conserva más de seiscientas representaciones pintadas de temas religiosos y profanos, y su parte más antigua se fecha entre 1366 y 1384. Constituye uno de los repertorios iconográficos bajomedievales más extensos conservados en un edificio religioso castellano, y su interés reside tanto en su valor artístico como en su condición de documento sobre la vida civil del siglo XIV.

Definición técnica y sistema constructivo

Conviene precisar la denominación antes que ningún otro dato, porque determina lo que se está describiendo. Un artesonado es una techumbre compuesta por artesones: casetones geométricos hundidos y encajados entre sí. Lo que cubre el claustro bajo de Silos es un alfarje, tipología distinta y más antigua.

La documentación de la Junta de Castilla y León lo describe así: «un techo de madera plana que se denomina alfarje con su estructura a la vista», formado por los siguientes elementos:

  • Vigas maestras o jácenas, que «apoyan en el muro interno y en la panda exterior del claustro» y constituyen el soporte principal.
  • Vigas transversales o jaldetas, de menor escuadría, dispuestas entre las jácenas.
  • Tablazones de madera colocadas entre las jaldetas, que cierran los espacios intermedios.

El sistema es de estructura vista: no hay falso techo ni cierre que oculte el armazón, de modo que todos los elementos sustentantes son a la vez soporte pictórico. Esta circunstancia es la que explica la extensión del ciclo pintado y merece subrayarse, porque marca la diferencia con un artesonado: mientras un casetón ofrece cajones profundos y sombreados, un alfarje presenta superficies planas y continuas, especialmente aptas para desarrollar frisos corridos de escenas a lo largo de toda la longitud de una viga.

La documentación consultada indica que la estructura está «pintada y algunas partes están también labradas con motivos geométricos», de modo que al tratamiento pictórico se superpone puntualmente un trabajo de talla. No se aportan dimensiones —longitud de las galerías cubiertas, altura sobre el pavimento, escuadría de las piezas, superficie total— por no constar publicadas.

Cronología por galerías

El dato de mayor relevancia práctica, y el peor divulgado, es que la techumbre no tiene una única fecha: cada galería responde a una campaña distinta, y entre la más antigua y la más reciente median más de cinco siglos.

  • Galerías norte y occidental: son las más antiguas, fechadas entre 1366 y 1384.
  • Galería sur: reconstruida a raíz del incendio de 1384, siniestro documentado que afectó al conjunto monástico.
  • Galería oriental y parte de la norte: rehechas entre 1888 y 1890, ya en el siglo XIX.

De este reparto se desprenden dos consecuencias que conviene explicitar. La primera es que la galería oriental no es medieval, extremo que contradice la atribución que circula con frecuencia y que sitúa allí el conjunto pintado histórico. La segunda es que la galería norte es mixta: conserva tramos de la campaña de 1366-1384 junto a otros rehechos en 1888-1890.

En consecuencia, la galería occidental es la única cuya techumbre consta como íntegramente medieval en la documentación manejada, seguida de la sur en su reconstrucción posterior a 1384. No se ha localizado un plano o inventario que precise tramo a tramo qué piezas corresponden a cada campaña dentro de la galería norte.

La horquilla 1366-1384 sitúa la obra en el reinado de Pedro I y, sobre todo, en el de Enrique II y el comienzo del de Juan I, es decir, en el periodo posterior a la guerra civil castellana. Como se verá en el apartado heráldico, la presencia del escudo real de Juan I —que reinó desde 1379— permite acotar al menos parte de la obra a los años finales de esa horquilla. Se consigna como inferencia a partir de los datos publicados, no como afirmación de la fuente.

Programa iconográfico

El conjunto reúne más de seiscientas representaciones de temas religiosos y profanos, con un predominio claro de los segundos. Es esa proporción, y no el número, lo que hace excepcional al conjunto: se trata de un repertorio mayoritariamente civil desplegado en un espacio monástico de clausura.

Los ciclos temáticos documentados son los siguientes:

  • Caza: el tema más reiterado, con cazadores, perros de distintas razas y presas, desarrollado en frisos corridos.
  • Oficios: figuras masculinas y femeninas con sus herramientas y su indumentaria, de notable valor documental.
  • Temas caballerescos y cortesanos amorosos: caballeros, parejas y escenas de cortejo.
  • Música: músicos con sus instrumentos.
  • Tauromaquia: presencia expresamente documentada, y por tanto uno de los testimonios gráficos tempranos de esta actividad.
  • Heráldica: escudos de armas, tratados en el apartado siguiente.
  • Temas religiosos: entre los identificados figura una Adoración de los Reyes Magos.

El elemento de mayor interés literario es la presencia de escenas procedentes del Libro de Buen Amor, la obra del Arcipreste de Hita compuesta en la primera mitad del siglo XIV. La documentación consultada identifica dos referencias concretas:

  • Una parodia de las Horas Canónicas, episodio en que el texto somete los rezos litúrgicos a un tratamiento burlesco de contenido amoroso.
  • La figura de la trotaconventos, la alcahueta del poema, personaje que la tradición literaria castellana desarrollará después hasta la Celestina.

La relevancia de este dato es doble. Por una parte, sitúa la ejecución del alfarje muy próxima en el tiempo a la difusión del texto, lo que lo convierte en un testimonio de su recepción inmediata. Por otra, documenta que un repertorio profano y explícitamente satírico respecto de la liturgia se pintó en la techumbre de un claustro benedictino, sobre el espacio de deambulación de la comunidad. La circunstancia no es anómala en el arte mudéjar de la época, pero rara vez se conserva con esta extensión.

Las escenas se encuadran en arcos mixtilíneos —de trazado quebrado, con lóbulos y ángulos alternos, de raíz islámica— y se enmarcan mediante orlas de óvalos blancos con perlas rojas encadenados, motivo que se repite de forma sistemática y da unidad visual al conjunto. Los fondos alternan el rojo y el oscuro, con roleos vegetales anaranjados rematados frecuentemente en cabezas de animal fantástico.

Heráldica y comitentes

Los escudos de armas pintados en el alfarje no cumplen función ornamental sino de identificación de los promotores y benefactores de la obra, y constituyen por tanto la vía más directa para datarla y para conocer quién la costeó.

Los blasones documentados son:

  • El del rey Juan I de Castilla.
  • El del obispo Gonzalo Mena y Roelas.
  • Un blasón con árbol y flores de lis, no identificado en la documentación consultada.

La presencia del escudo real es el dato de mayor peso: acredita patrocinio de la Corona sobre la obra, lo que resulta coherente con el rango del monasterio en el panorama castellano del momento. Juan I reinó entre 1379 y 1390, de modo que la parte del alfarje que porta su escudo no puede ser anterior a 1379, lo que estrecha considerablemente la horquilla general de 1366-1384.

El escudo episcopal documenta a su vez participación de la jerarquía diocesana en la financiación. No se aportan aquí las fechas del pontificado de Gonzalo Mena y Roelas por no haberse verificado en las fuentes manejadas, si bien su presencia junto al escudo real apunta a un mismo momento.

El tercer blasón, con árbol y flores de lis, permanece sin identificar. Su reconocimiento permitiría añadir un comitente más y, previsiblemente, afinar la cronología. Es la vía de investigación más rentable que ofrece hoy este conjunto.

La intervención de 1888-1890

La única restauración documentada del alfarje corresponde al periodo 1888-1890 y fue ejecutada por los monjes franceses que habían recuperado el monasterio pocos años antes.

El contexto es determinante: la comunidad benedictina se había restablecido el 18 de diciembre de 1880, procedente de la abadía de San Martín de Ligugé, tras cuarenta y cinco años de abandono derivados de la exclaustración de 1835. La intervención sobre la techumbre se produce, por tanto, menos de una década después del regreso y forma parte del esfuerzo de rehabilitación de un edificio que llevaba medio siglo sin mantenimiento.

El alcance de la actuación fue notable: comprendió rehacer por completo la galería oriental y parte de la norte. Se trata, por tanto, de una reconstrucción y no de una restauración conservativa.

Desde el punto de vista técnico, la intervención dejó un rastro identificable a simple vista: la colocación de pletinas metálicas en forma de T, fijadas con tres tornillos, dispuestas como tirantes estructurales. Constituyen un refuerzo añadido y perfectamente reconocible como decimonónico, y su presencia sirve al observador atento como marcador de los tramos rehechos.

No se ha localizado documentación de ninguna intervención posterior sobre la techumbre —consolidación de soportes, tratamiento de xilófagos, fijación o limpieza de la policromía—, pese a que las fotografías de detalle muestran abundantes orificios de salida de insectos xilófagos en la madera. Esa ausencia no implica que no se hayan producido actuaciones: significa que no constan publicadas.

Protección patrimonial y estado de la documentación

El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931. El alfarje no cuenta con catalogación individualizada: su protección deriva de su condición de elemento integrante del bien declarado, y cualquier actuación sobre él requiere autorización de la administración autonómica de cultura.

Debe consignarse qué extremos permanecen sin fijar, que en un conjunto de esta entidad son numerosos:

  • Dimensiones: no consta superficie cubierta, longitud de las galerías, altura sobre el pavimento ni escuadría de las piezas.
  • Especie de madera empleada y pigmentos de la policromía: sin analítica publicada.
  • Autoría: no se ha localizado el nombre de ningún carpintero ni pintor, ni el del taller mudéjar responsable.
  • Inventario de escenas: la cifra de «más de seiscientas» no va acompañada de un catálogo publicado que las localice y describa una a una.
  • Delimitación tramo a tramo de las campañas medieval y decimonónica dentro de la galería norte.
  • Identificación del tercer blasón, con árbol y flores de lis.
  • Estado de conservación actual y actuaciones posteriores a 1890.

Un estudio monográfico del alfarje, con levantamiento gráfico y catálogo de escenas, resolvería la mayor parte de estas cuestiones. Mientras tanto, la información disponible procede fundamentalmente de la documentación divulgativa de la administración autonómica.

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Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro

Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro

Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro

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Ángulo Noroeste del Claustro Románico y Machón de los Relieves

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Vista general del Artesonado Mudéjar

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Acceso al Claustro Bajo y Perspectiva de la Panda Norte

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Estructura y Casetones Policromados del Artesonado Mudéjar

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Detalle Cenital de Tablas y Alfarje Policromado

Detalle Cenital de Tablas y Alfarje Policromado

Pinturas Medievales del Artesonado Mudéjar

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Escudos Nobiliarios y Escenas Cortesanas en el Artesonado Mudéjar

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Escena de Amor Cortés en Tabla del Artesonado Mudéjar

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