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El monasterio de Santo Domingo de Silos es una de esas visitas que la gente da por sabida antes de llegar y que sale de allí sin poder explicar del todo. Es una abadía benedictina en activo, con monjes viviendo dentro desde hace casi mil años —con un paréntesis—, y a la vez guarda uno de los grandes claustros románicos de Europa. Y encima canta: aquí se grabó lo que acabaría siendo el disco de canto gregoriano más vendido de la historia.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
La parte visitable es contenida y se recorre en una mañana, pero concentra cinco cosas muy distintas entre sí.
- El claustro románico: el motivo principal por el que la gente viene. Ocho grandes relieves en las esquinas, sesenta y cuatro capiteles sin repetir uno solo y un artesonado mudéjar pintado. Está considerado de lo mejor del románico europeo, y no es una exageración de folleto.
- El canto gregoriano: los oficios de la comunidad están abiertos al público y se cantan en gregoriano. Es lo único de esta lista que no se ve: se escucha.
- El museo: el tesoro de la casa, del siglo XI al XVIII. Un cáliz hecho aquí mismo en vida del santo, un báculo esmaltado que apareció en una tumba y una patena con un camafeo romano engastado.
- La antigua botica: una farmacia de 1705 completa, con cuatrocientos botes de loza y su laboratorio con alambique. Nadie se la espera y todo el mundo sale hablando de ella.
- La iglesia abacial: neoclásica, no románica, levantada entre 1751 y 1793 sobre trazas de Ventura Rodríguez. Sorprende precisamente por eso: contrasta de lleno con el claustro que tiene al lado.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Monasterio de Santo Domingo de Silos?
Unas dos horas para el recorrido completo: claustro, botica y museo se ven en la misma visita y en ese orden. Y son dos horas de verdad, no de folleto — el claustro solo ya se come más de una si te paras en los capiteles.
Si además quieres asistir a alguno de los oficios para escuchar el gregoriano, cuenta con reservar otro rato aparte. No va incluido en el recorrido: es una celebración religiosa, con su propio horario, a la que se entra por la iglesia.
Un consejo de reparto: guarda energía para el final. La botica y el museo llegan cuando ya llevas el claustro encima, y son justo lo que más gente despacha en dos minutos por cansancio.
¿Qué curiosidad esconde el Monasterio de Santo Domingo de Silos?
Que en 1994 los monjes de este pueblo de la Sierra de la Demanda se colaron en las listas de éxitos de medio mundo. Sin proponérselo y sin enterarse mucho.
Ese año, el sello Angel Records publicó un disco titulado «Chant» con grabaciones de la comunidad. El resultado fue disparatado: número 3 en el Billboard 200 estadounidense, número 1 en Australia, doble platino en Estados Unidos y cuatro millones de copias vendidas en todo el mundo. Sigue siendo el disco de canto gregoriano más vendido de la historia.
Pero lo mejor es el detalle que casi nadie cuenta: los monjes no grabaron nada para aquello. Las pistas eran cintas antiguas, registradas entre 1972 y 1982, que alguien rescató y reeditó una década larga después. Es decir, que un puñado de grabaciones guardadas en un cajón acabaron compitiendo en las listas con el grunge y el britpop de los noventa.
¿Se puede escuchar el canto gregoriano en el Monasterio de Silos?
Sí, y es gratis. Es la pregunta que más gente hace y la que peor información suele encontrar.
Los oficios de la comunidad están abiertos al público y se cantan en gregoriano. Se entra por la iglesia abacial, que es de acceso libre y no forma parte del recorrido de pago del claustro. Son dos cosas independientes: puedes ir solo a un oficio sin visitar el claustro, o visitar el claustro sin pisar un oficio.
Ahora bien, conviene tenerlo claro para no llevarse un chasco: no es un concierto. Es una celebración religiosa de una comunidad que reza así todos los días, con o sin público delante. Se entra en silencio, se sale en silencio y no se aplaude.
Los oficios tienen su propio horario y no coincide con el de las visitas. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de ir.
¿Por qué los dominicos deben su nombre a este monasterio?
Aquí hay una historia estupenda, y la contamos con la honestidad de decir que es tradición y no dato documentado.
Cuenta la tradición que Juana de Aza, embarazada, tuvo un sueño extraño: un perro blanco y negro que prendía fuego al mundo con una antorcha. Inquieta, consultó al abad de Silos, que le respondió que ese perro era su hijo y que incendiaría el mundo con su predicación.
Ella llamó a aquel niño Domingo, en memoria del santo que da nombre a este monasterio. Y ese niño fue Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la Orden de Predicadores.
De ahí que los dominicos se llamen como se llaman: por un santo de Silos, no por su propio fundador. Y de ahí también el juego de palabras latino con el que se les conoce desde antiguo, domini canes, «los perros del Señor», que enlaza con el sueño.
Insistimos en el matiz: es un relato de la tradición dominicana, entre la leyenda y la historia. Ni siquiera consta que Juana de Aza llegara a peregrinar a Silos. Pero explica un nombre que hoy llevan miles de personas en todo el mundo.
¿Qué parte del Monasterio de Santo Domingo de Silos se puede visitar y qué no?
Menos de lo que parece desde fuera, y conviene saberlo antes de plantarse allí.
Esto no es un museo con monjes de atrezo: es una abadía benedictina en activo, con una comunidad viviendo dentro. Solo se enseñan tres espacios:
- El claustro románico, con las piezas que alberga.
- La antigua botica.
- El museo.
Todo lo demás —celdas, refectorio actual, biblioteca, huertas— es clausura y no se visita. La iglesia va aparte: es de acceso libre y se entra a ella por su cuenta, sin entrada.
No hace falta reservar para el recorrido: la entrada se saca en el mostrador justo antes de entrar. Solo los grupos de más de veinte personas tienen recomendado avisar con antelación, y ni siquiera es obligatorio.
¿Se puede dormir en el Monasterio de Santo Domingo de Silos?
El monasterio tiene hospedería, pero conviene entender qué es antes de escribir pidiendo plaza.
No es un hotel. Es un espacio pensado para quien quiere hacer un retiro y compartir durante unos días el ritmo de la comunidad: silencio, oficios, y poco más. No se reserva como un alojamiento turístico ni funciona como tal.
Si lo que buscas es dormir en el pueblo para madrugar y ver el claustro sin gente, eso es otra cosa y se resuelve con el alojamiento del propio Santo Domingo de Silos. Las condiciones concretas de la hospedería —a quién admite y cómo se solicita— están en la información práctica de esta ficha.
El monasterio de Santo Domingo de Silos es una abadía benedictina en activo cuya primera mención documental data del año 954 y que conserva construcciones de al menos cinco fases distintas, del románico al neoclásico. Su elemento de mayor relevancia es el claustro de dos plantas, considerado uno de los conjuntos escultóricos románicos más importantes de Europa; junto a él se conservan la iglesia abacial neoclásica levantada entre 1751 y 1793, una botica de 1705 y un museo con el tesoro de la casa. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931. Fue además, en su día, uno de los principales centros de producción de manuscritos del reino castellano, y en el siglo XX alcanzó una notoriedad inesperada por sus grabaciones de canto gregoriano.
Historia y cronología
La existencia del cenobio está atestiguada por un documento del año 954, conservado en el propio archivo monástico, en el que aparece bajo la advocación de San Sebastián de Silos. La casa arrastraba una situación de decadencia agravada por las campañas de Almanzor a finales del siglo X.
El punto de inflexión llega en 1041, cuando Fernando I de Castilla envía a Silos al monje riojano Domingo, natural de Cañas, procedente de San Millán de la Cogolla, con el encargo de restaurar el monasterio. Bajo su gobierno el cenobio recupera capacidad económica, prestigio y actividad constructiva. Domingo muere el 20 de diciembre de 1073 y es canonizado en 1076; desde entonces la casa adopta su patrocinio y pasa a denominarse Santo Domingo de Silos.
El último tercio del siglo XI concentra la mayor densidad de acontecimientos documentados del monasterio, y conviene verlos juntos porque pertenecen a un mismo impulso:
- Poco después de 1080: se inician las obras del claustro.
- 1088: se consagra la iglesia románica bajo el abad Fortunio.
- 18 de abril de 1091: se completa la copia del Beato de Silos, también bajo el abadiato de Fortunio.
De la Baja Edad Media consta un incendio en 1384 que obligó a acometer trabajos de reconstrucción. Es también el siglo XIV el que registra dos intervenciones de envergadura en el claustro: la colocación de la laude gótica sobre el sepulcro del santo y la instalación de la techumbre mudéjar.
El siglo XVIII trae la transformación más drástica del conjunto: el derribo de la iglesia románica consagrada en 1088 y su sustitución por un templo neoclásico levantado entre 1751 y 1793 sobre trazas de Ventura Rodríguez. De aquel edificio medieval apenas queda testimonio directo: la Portada de las Vírgenes, que comunica el claustro con la iglesia, y el tímpano aparecido en 1964 bajo el pavimento. En 1705 se había instalado ya la botica.
El 17 de noviembre de 1835, en aplicación del decreto de exclaustración del gobierno de Mendizábal, la comunidad se dispersa y la vida monástica queda interrumpida durante cuarenta y cinco años. Es el periodo determinante para entender las pérdidas patrimoniales de la casa: la propia abadía lo denomina «el naufragio de la desamortización».
La recuperación se produce el 18 de diciembre de 1880, con la llegada de monjes benedictinos procedentes de la abadía francesa de San Martín de Ligugé, dirigidos por Ildefonso Guépin, monje de Solesmes. Esa procedencia no es un detalle menor: explica la orientación litúrgica y musical que la casa mantiene desde entonces. Desde 1880 el monasterio conserva comunidad residente de forma ininterrumpida.
El conjunto construido: fases, estilos y dependencias
El monasterio no responde a un proyecto unitario sino a una superposición de campañas separadas por siglos, y esa es la clave para leerlo.
El claustro es el elemento de mayor valor. Presenta planta cuadrangular de lados desiguales —30 metros el menor y 33,12 el mayor— y dos plantas superpuestas. La galería baja suma sesenta arcos (dieciséis en los lados norte y sur, catorce en el este y el oeste), sobre columnas de doble fuste monolítico de 1,15 metros, con soportes centrales de fustes quíntuples. Conserva sesenta y cuatro capiteles sin repetición de diseño y ocho grandes relieves en los machones angulares, obra de dos maestros distinguibles. Debe advertirse que la datación del claustro no cuenta con acuerdo entre las fuentes: unas sitúan la galería baja entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII, y otras la cierran en el último tercio del XII, con el claustro alto ya en el siglo XIII.
La iglesia abacial es neoclásica, de 1751-1793, sobre trazas de Ventura Rodríguez. Su contraste con el claustro es absoluto y responde a una sustitución completa, no a una reforma. Custodia los restos de Santo Domingo, depositados en una urna con tres coronas de plata sobredorada: fueron trasladados allí desde el claustro pocos años después de su muerte, de modo que la laude del claustro funciona técnicamente como cenotafio.
La Portada de las Vírgenes, que comunica claustro e iglesia, es el principal vestigio del templo románico desaparecido. Presenta abocinamiento muy pronunciado y arco de herradura apuntado de tradición mozárabe.
Entre las dependencias que hoy se destinan a visita figuran:
- La antigua botica, de 1705, con su botamen de unos cuatrocientos albarelos y orzas fabricados en Talavera de la Reina con el escudo monástico, biblioteca especializada de más de cuatrocientos volúmenes y laboratorio con alambique.
- El museo, instalado en una sala del siglo XVIII contigua al lado meridional del claustro, que fue en origen el refectorio de la comunidad, restaurada y acondicionada para su uso actual.
No se aportan superficies construidas ni cifras de volumen del conjunto: no constan publicadas.
El scriptorium y los manuscritos
Uno de los capítulos peor conocidos por el visitante y de mayor peso histórico es la actividad del monasterio como centro de producción de códices.
La pieza que mejor lo documenta es el Beato de Silos, ejemplar del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana, cuya ejecución se prolongó durante dieciocho años y a lo largo de cuatro abadiatos sucesivos. Su cronología está fijada con una precisión excepcional para una obra medieval:
- La copia del texto se completó el 18 de abril de 1091, obra de los monjes Domingo y Munio, bajo el abadiato de Fortunio.
- La iluminación continuó bajo los abadiatos de Nuño y Juan, y la remató el monje Pedro, concluyéndose el 1 de julio de 1109.
- El códice contiene 106 miniaturas.
El Beato de Silos no se conserva en el monasterio: está en la British Library de Londres, con la signatura Add. 11695. Su salida no se debe a la desamortización sino a un recorrido anterior y distinto, que conviene precisar porque suele confundirse: pasó en el siglo XVII a manos del cardenal Antonio de Aragón y después de su hermano Pascual de Aragón; en 1677 fue legado al Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca; hacia 1799-1801 se integró en las colecciones reales; fue expoliado durante la Guerra de la Independencia y pasó a las colecciones de José Bonaparte; y en 1840 ingresó en el Museo Británico.
El caso del Beato no es aislado: los manuscritos del monasterio se encuentran hoy repartidos entre distintas instituciones. Esta ficha no ofrece un inventario de esa dispersión por no disponer de un listado verificado, pero el dato es relevante para entender que lo que se visita en Silos es una fracción de lo que la casa produjo y custodió.
El canto gregoriano y el patrimonio sonoro
La dimensión musical del monasterio constituye un capítulo con entidad propia y es, en términos de proyección internacional, el más conocido de todos.
Su origen está en la refundación de 1880. La comunidad llegó desde la abadía de San Martín de Ligugé dirigida por Ildefonso Guépin, monje de Solesmes, la casa francesa que protagonizó en el siglo XIX la restauración del canto gregoriano como disciplina litúrgica y musicológica. Silos hereda esa escuela por vía directa, y de ahí procede el rigor interpretativo por el que se le conoce.
El episodio de mayor repercusión es la publicación en 1994, por el sello Angel Records, del álbum «Chant». Sus resultados comerciales fueron los siguientes:
- Número 3 en la lista Billboard 200 de Estados Unidos y número 1 en Australia.
- Doble platino en Estados Unidos, con dos millones de copias vendidas en ese país.
- Cuatro millones de copias vendidas en todo el mundo.
- Certificaciones de platino en España, Canadá, Países Bajos y Reino Unido, y oro en Suecia.
- Es el álbum de canto gregoriano más vendido jamás publicado.
Un extremo merece precisarse porque suele darse por supuesto: las grabaciones no se realizaron para ese disco. Las pistas proceden de registros efectuados entre 1972 y 1982, recuperados y reeditados más de una década después. El fenómeno de 1994 fue por tanto un éxito de catálogo, no una producción concebida como tal.
La comunidad mantiene hoy la celebración de los oficios en canto gregoriano, abierta al público en la iglesia abacial.
Las colecciones custodiadas
El monasterio conserva dos conjuntos patrimoniales de naturaleza muy distinta, cada uno con entidad suficiente para justificar por sí solo una visita.
El Tesoro del Monasterio, expuesto en el museo, reúne orfebrería, esmaltes, escultura y pintura del siglo XI al XVIII. Sus piezas de mayor relevancia son el cáliz de Santo Domingo (plata sobredorada, taller monástico, 1041-1073), la patena de los siglos XV-XVI con un camafeo de ágata romana de los siglos III-V, el báculo abacial esmaltado hallado en la excavación de 1960, y el panel de cobre esmaltado del taller silense, de hacia 1160-1175. Debe consignarse que varias de las obras cumbre del taller de esmaltes se conservan en el Museo de Burgos y no en Silos, entre ellas la célebre arqueta de marfiles y esmaltes con placas califales de Cuenca, 1026.
La antigua botica constituye el segundo conjunto: patrimonio científico y técnico, no artístico. Su instalación original comprendía jardín botánico, laboratorio, biblioteca especializada y botamen, y fue reunida de nuevo a lo largo del siglo XX tras la dispersión decimonónica, con hitos en 1918, 1927 y el periodo 1957-1967.
Protección patrimonial e intervenciones documentadas
El monasterio está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931, el nivel máximo de protección previsto por la legislación española de patrimonio. La declaración ampara al conjunto, de modo que sus elementos no cuentan con catalogación individualizada sino que quedan protegidos como partes integrantes del bien declarado, y cualquier intervención sobre ellos requiere autorización de la administración autonómica de cultura.
En materia de conservación, la Junta de Castilla y León cifra en más de dos millones de euros su inversión acumulada en el conjunto. La actuación más reciente documentada corresponde a 2019, con un presupuesto de 312.506 euros, de los cuales 200.000 fueron aportados por la Consejería de Cultura y Turismo y el resto por la comunidad benedictina; incluyó pavimentación de accesos y de la plaza interior, instalación de un sistema contra incendios y nueva canalización de aguas pluviales. Con anterioridad constan trabajos en la zona de la biblioteca y en el antiguo refectorio, así como la informatización y catalogación de los fondos bibliográficos.
En el capítulo arqueológico se documentan dos hallazgos derivados de obras en el propio recinto:
- 1960: excavación de la tumba del abad Juan Gutiérrez II (fallecido hacia 1198), de la que procede el báculo esmaltado.
- 1964: obras de remodelación del pavimento de la iglesia, en las que aparece el tímpano de portada románica de hacia 1200.
Debe hacerse constar que no se ha localizado documentación pública de campañas de restauración sobre el claustro —capiteles, relieves angulares o artesonado mudéjar—. Esa ausencia no significa que no se hayan producido, sino que no constan en las fuentes consultadas.
Titularidad, uso actual y régimen de acceso
La titularidad y la gestión corresponden a la comunidad benedictina, que mantiene el inmueble en uso religioso continuado. No se trata de un equipamiento cultural de titularidad pública, y de ello se derivan varias consecuencias prácticas.
La primera es que solo una fracción del conjunto es accesible. Se destinan a visita tres espacios —el claustro, la antigua botica y el museo—, integrados en un mismo itinerario. El resto del recinto está sometido a clausura. La iglesia abacial constituye un caso aparte: es de acceso libre y no forma parte del recorrido de pago.
La segunda es que no se publican indicadores de uso: no constan cifras oficiales de visitantes, ni superficie expositiva, ni número total de piezas inventariadas, y no se aportan aquí por no existir dato verificable.
El acceso al itinerario no requiere gestión previa: la venta de entradas se realiza exclusivamente en el mostrador, inmediatamente antes de la visita, y no existe reserva anticipada. Para grupos de más de veinte personas la abadía recomienda un aviso previo de carácter no obligatorio.
El monasterio dispone además de hospedería, concebida como espacio de retiro en el que compartir el ritmo de la comunidad, y no como alojamiento turístico. Las condiciones concretas de admisión y solicitud no se detallan aquí por no constar de forma precisa en la documentación consultada.
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Monasterio de Santo Domingo de Silos · El Auriga del Arte

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Visitando el monasterio de los Monjes de Silos

Monasterio de Silos. Historia, arte y farmacia, del monasterio benedictino

Monasterio de Santo Domingo de Silos

Imponente secuoya gigante en el patio de entrada

Patio de entrada al Monasterio

Patio de entrada mirando hacia el arco

Fachada principal y Portada de acceso al Monasterio

Mural cerámico y mapa en relieve del casco histórico de Santo Domingo de Silos

Vista aérea del Monasterio de Santo Domingo de Silos

Claustro románico de Santo Domingo de Silos
Claustro
Arquerías del Claustro Bajo Románico, el jardín central y el claustro alto
Claustro
Espectacular vista del Claustro románico de Santo Domingo de Silos
Claustro
Iluminación nocturna del claustro
Claustro
Relieve del Descendimiento de la Cruz (Primer Maestro de Silos, siglo XI)
Claustro
Ciprés de Silos
Ciprés
Famoso ciprés del Monasterio de Silos
Ciprés
Vista aérea del Ciprés de Silos
Ciprés
Columnas Torsas y Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Famosas columnas entrelazadastorsas (columnas helicoidales cuádruples)
Columnas Torsas
Columnas torsas
Columnas Torsas
Otra vista de los Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Vista frontal del Capitel de las Arpías
Columnas Torsas
Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro
Artesonado
Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro
Artesonado
Ángulo Noroeste del Claustro Románico y Machón de los Relieves
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