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Antigua Botica y Museo Farmacéutico
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Antigua Botica y Museo Farmacéutico

Si el claustro te deja sin palabras, la botica de Santo Domingo de Silos te deja con la boca abierta por otro motivo: es una farmacia del siglo XVIII entera, con sus cuatrocientos botes de loza en las estanterías, sus cajones rotulados en latín y su laboratorio con chimenea y alambique. No es una recreación ni una vitrina con cuatro piezas: es el equipamiento completo de una botica monástica, y está considerada una de las mejores conservadas de España.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Se ve en una sala y su laboratorio contiguo, pero hay cinco cosas que conviene mirar con nombre y apellidos.

  • El botamen: alrededor de cuatrocientos albarelos y orzas de loza fabricados en Talavera de la Reina, azul sobre blanco, cubriendo las paredes de suelo a techo. Y no son botes genéricos comprados a granel: llevan el escudo del monasterio, porque se encargaron expresamente para esta botica.
  • La fecha pintada sobre la puerta: un rotundo 1705 dentro de una cartela decorada. Es la fecha de la botica, y está ahí a la vista de todo el que entra.
  • La cajonería rotulada: los cajones bajos, pintados en amarillo y verde, llevan cada uno su etiqueta en latín abreviado dentro de una cartela. Ahí es donde se guardaban las hierbas y los polvos. Acércate y léelos: son el índice de la farmacia.
  • El Dioscórides de 1525: el gran libro abierto sobre el atril. Es el manual de referencia de los boticarios durante siglos, con sus láminas de plantas y animales, y forma parte de una biblioteca farmacéutica de más de cuatrocientos volúmenes de los siglos XVI al XIX.
  • El laboratorio: la sala contigua, con chimenea, alambique, calderos de cobre, balanzas y morteros. Aquí es donde se cocía y se destilaba de verdad. Es la parte menos vistosa y la más reveladora.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la Antigua Botica y Museo Farmacéutico de Silos?

Entre quince y veinte minutos, y son minutos muy rentables. La sala principal se abarca de una mirada, pero todo el interés está en el detalle: los rótulos de los cajones, los escudos de los botes, las láminas del libro abierto.

Un aviso de recorrido: la botica suele quedar al final de la visita, cuando uno ya lleva un buen rato dentro y empieza a ir con prisa. Es justo el momento en que más gente la despacha en dos minutos, y es un error.

Si vas con tiempo, dedica la mitad a la sala de los botes y la otra mitad al laboratorio. Son dos ambientes muy distintos y cada uno cuenta una parte de lo mismo.

¿Qué curiosidad esconde la Antigua Botica y Museo Farmacéutico de Silos?

Que estuvo a punto de acabar fuera de España, y se salvó por muy poco.

Tras la exclaustración del siglo XIX, el material de la botica se dispersó, como tantas cosas de Silos. En 1927 la colección estaba a punto de venderse al extranjero —era exactamente el tipo de conjunto que en aquellos años cruzaba la frontera para no volver— cuando Juan de Aguirre la compró y se la donó al monasterio.

No fue el único rescate. En 1918, el padre Daniel Palomero había recuperado la colección de libros, y entre 1957 y 1967 el monasterio fue reuniendo tres lotes más de anaqueles, tarros y cajonería hasta completar lo que hoy se ve.

O sea que la botica que tienes delante no sobrevivió: fue reconstruida pieza a pieza a lo largo de medio siglo, a base de compras, donaciones y paciencia. Sabiendo eso, esas cuatrocientas piezas alineadas se miran de otra manera.

¿Es esta la botica original del monasterio de Silos?

Aquí conviene ser preciso, porque es la duda que más gente tiene y casi nadie plantea.

Las piezas son las auténticas y la sala es de la época — pero no es el emplazamiento original de la botica. La propia abadía lo dice sin rodeos. Lo que ves es el mobiliario, el botamen y el instrumental verdaderos, instalados en un espacio del monasterio que no fue donde los monjes despachaban.

Que quede claro lo que eso no significa: no es una réplica ni un montaje decorativo. Son los objetos originales de esta casa, muchos hechos por encargo para ella. Solo ha cambiado la habitación.

¿A quién atendía la botica de Santo Domingo de Silos?

No solo a los monjes, y ese es un detalle que cambia bastante la lectura del sitio.

La botica atendía las enfermedades de la comunidad, pero también las de las poblaciones cercanas y las gentes de paso. En una sierra sin médicos, con los caminos que había en el siglo XVIII, el monasterio era la única asistencia sanitaria en muchos kilómetros a la redonda.

Eso explica la escala de la instalación. Una botica para veinte monjes no necesita cuatrocientos botes ni una biblioteca de cuatrocientos volúmenes. Lo que había aquí era un sistema completo: un jardín botánico para cultivar las plantas medicinales, un laboratorio para procesarlas, una biblioteca para saber qué hacer con ellas y un botamen para conservarlo todo.

¿Se puede visitar la Antigua Botica y Museo Farmacéutico por libre y hace falta reservar?

No hace falta reservar. La entrada se saca en el mostrador justo antes de entrar y no existe reserva previa para el visitante individual. Solo se recomienda —sin obligar— que avisen los grupos de más de veinte personas.

Y no se visita por separado: la botica forma parte del mismo recorrido que el claustro y el museo, y suele ser la salida. No es un edificio aparte al que puedas ir por tu cuenta.

Recuerda que esto es una abadía benedictina en activo con comunidad viviendo dentro, y que el claustro, la botica y el museo son la parte que se enseña. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de plantarte allí.

Características

Enlaces

La antigua botica del monasterio de Santo Domingo de Silos es una farmacia monástica de principios del siglo XVIII, fechada en 1705, conservada con su botamen, su cajonería, su biblioteca especializada y su instrumental de laboratorio. No se trata de una selección de piezas sueltas sino del equipamiento completo de una oficina de farmacia de época, uno de los conjuntos de patrimonio histórico farmacéutico mejor conservados del ámbito monástico español. Debe advertirse desde el inicio, porque condiciona la lectura del espacio, que la sala en que hoy se expone es de la época pero no es el emplazamiento original de la botica, y que el conjunto no llegó íntegro hasta hoy: fue reunido de nuevo a lo largo del siglo XX tras la dispersión provocada por la desamortización.

Historia y cronología

La botica se data en 1705, fecha que figura pintada en una cartela sobre uno de los vanos de la sala y que la documentación de la abadía asume como la de la instalación. Se sitúa por tanto en los primeros años del siglo XVIII, en el periodo de mayor desarrollo de las boticas monásticas castellanas.

Su función no era exclusivamente interna. La documentación consultada precisa que atendía las enfermedades de los monjes de la comunidad pero también las de las poblaciones cercanas y las gentes de tránsito. Este dato es determinante para entender la escala del equipamiento: una botica dimensionada únicamente para una comunidad monástica no requeriría ni cuatrocientos recipientes de conservación ni una biblioteca de cuatrocientos volúmenes. La botica de Silos funcionaba, en la práctica, como el recurso sanitario de referencia de un territorio de montaña sin asistencia médica estable.

El punto de ruptura es la exclaustración. Tras el decreto de Mendizábal y la salida de la comunidad el 17 de noviembre de 1835, el monasterio quedó vacío durante cuarenta y cinco años, y el material de la botica se dispersó junto con el resto del patrimonio mueble de la casa. La comunidad benedictina regresó el 18 de diciembre de 1880, pero la botica no volvió con ella.

La recuperación del conjunto se produjo en fases sucesivas y a lo largo de medio siglo:

  • 1918: el padre Daniel Palomero recupera la colección de libros de la botica.
  • 1927: don Juan de Aguirre adquiere la colección —que se encontraba a punto de ser vendida al extranjero— y la dona al monasterio. Es la intervención decisiva y la que evita la salida definitiva del conjunto de España.
  • 1957-1967: el monasterio incorpora tres lotes más de anaqueles, tarros y cajonería, completando la instalación tal como se conserva.

De esta secuencia se desprende una conclusión que conviene explicitar: el conjunto actual es una reintegración. Las piezas son originales y en su mayoría fueron fabricadas expresamente para esta casa, pero la instalación que se visita se rehízo a base de recuperaciones, compras y donaciones entre 1918 y 1967. Presentarla como un conjunto que sobrevivió intacto sería inexacto.

Composición de la instalación farmacéutica

La botica no era una sala sino un sistema de cuatro componentes articulados, cada uno con una función específica en el ciclo de producción del medicamento. La documentación de la abadía los enumera de forma expresa:

  • Jardín botánico destinado al cultivo de plantas medicinales, es decir, la fuente de materia prima.
  • Laboratorio bioquímico, donde esa materia prima se transformaba mediante destilación, cocción, pulverización y mezcla.
  • Biblioteca especializada, que aportaba el corpus de conocimiento: identificación de especies, formulación y posología.
  • Botamen, el conjunto de recipientes de conservación y dispensación del producto acabado.

La secuencia describe un circuito cerrado de producción que va del cultivo a la dispensación sin salir del recinto monástico. Es el modelo característico de la botica monástica de la Edad Moderna y explica por qué estas instalaciones alcanzaron una complejidad técnica que las farmacias urbanas de la época raramente igualaban.

De los cuatro componentes, tres se conservan y son visitables —biblioteca, laboratorio y botamen—. Del jardín botánico las fuentes consultadas no aportan datos sobre su ubicación, extensión, especies cultivadas ni fecha de desaparición, y no se formulan aquí conjeturas al respecto.

El botamen

El elemento más numeroso y visualmente característico del conjunto es el botamen, integrado por alrededor de cuatrocientos recipientes de loza.

Su composición tipológica incluye albarelos y orzas, las dos formas canónicas de la cerámica farmacéutica:

  • Albarelo: bote cilíndrico de perfil estrangulado en el centro, con boca y base de diámetro algo mayor. Su forma responde a una función precisa, ya que el estrechamiento central facilita asirlo con una sola mano al retirarlo de un anaquel elevado. Es el recipiente estándar para sólidos secos: hierbas, raíces y polvos.
  • Orza: recipiente de mayor capacidad y perfil abombado, destinado a preparados de consistencia densa —ungüentos, electuarios, conservas—, con boca ancha para permitir su extracción con espátula.

La producción se localiza en los alfares de Talavera de la Reina, el centro de referencia de la loza farmacéutica española de la Edad Moderna. Los recipientes presentan la decoración en azul de cobalto sobre esmalte estannífero blanco propia de esa producción, y cada pieza incorpora, en cartela, la rotulación del simple o del preparado que contenía, en latín o en su abreviatura convencional.

El dato de mayor relevancia documental es que no se trata de piezas de serie adquiridas a granel: el botamen se fabricó expresamente para la botica de Silos y las piezas lucen el escudo del monasterio. Esto convierte al conjunto en un encargo identificado y unitario, condición que eleva considerablemente su valor respecto de los botámenes reunidos por agregación de compras sucesivas.

Los recipientes se conservan sobre estanterías del siglo XVIII. No consta la fecha exacta del encargo cerámico ni el nombre del alfar concreto dentro de Talavera, y no se aportan medidas de las piezas por no disponer de datos publicados.

La biblioteca farmacéutica

La botica conserva una biblioteca especializada de más de cuatrocientos volúmenes, con una horquilla cronológica que abarca del siglo XVI al XIX. Es, junto al botamen, el componente que confiere al conjunto su categoría, ya que las bibliotecas técnicas de botica rara vez han llegado completas hasta hoy: eran el elemento más fácil de dispersar y el menos valorado en el momento de la desamortización.

La pieza más destacada es un ejemplar del Dioscórides de 1525, descrito por la abadía como un «magnífico DIOSCÓRIDES (1525), con excelentes dibujos de animales y plantas».

Conviene precisar el alcance de esta obra. La Materia Medica de Dioscórides Anazarbeo, redactada en el siglo I, fue durante más de mil quinientos años el tratado de referencia de la farmacología occidental, transmitido en sucesivas versiones y traducciones y objeto de innumerables ediciones ilustradas a partir de la imprenta. Un ejemplar de 1525 corresponde a la primera generación de ediciones impresas de la obra, y su presencia en una botica de 1705 indica que el volumen tenía ya casi dos siglos cuando la instalación estaba en servicio: no era un manual de última hora sino un fondo antiguo conservado por su autoridad.

Las fuentes consultadas no detallan qué edición concreta de 1525 es la conservada —lugar de impresión, impresor, versión latina o vernácula—, extremo que sería determinante para valorarla bibliográficamente y que no se consigna aquí por no disponer de ese dato. Tampoco consta inventario publicado del resto de los volúmenes.

El laboratorio y el instrumental

Contigua a la sala del botamen se conserva la dependencia de laboratorio o rebotica, que es donde tenía lugar la elaboración material de los preparados.

Su elemento estructural es una chimenea de campana de gran desarrollo, sobre hogar corrido, que constituía la fuente de calor de todo el proceso. Sobre ella y a su alrededor se disponen los instrumentos documentados por la abadía: hornos, retortas y alambiques, además del utillaje complementario.

El repertorio conservado permite reconstruir las operaciones que se practicaban:

  • Destilación, mediante alambique sobre el hogar, para la obtención de aguas destiladas, esencias y alcoholatos.
  • Decocción y cocción, en calderos y peroles metálicos de gran capacidad.
  • Pesada, con balanzas de precisión sobre mesa, indispensables en una actividad donde la dosificación es el elemento crítico.
  • Trituración y pulverización, con morteros y utillaje asociado.
  • Almacenamiento de trabajo, en cajonerías y anaqueles auxiliares distintos de los de la sala principal.

La dependencia conserva además un panel cerámico con el escudo del monasterio y la leyenda «PHARMACOPÆ», y su fábrica —muro de sillería vista y techumbre de vigas de madera— contrasta deliberadamente con el acabado de la sala de exposición. No se aportan dimensiones ni datación específica de esta dependencia por no constar en las fuentes.

La sala de exposición y la advertencia sobre el emplazamiento

Este apartado recoge una precisión que la propia abadía formula de manera explícita y que debe consignarse sin matizar: «la sala donde se expone al público es de la época, pero no el emplazamiento original de la botica».

El alcance de esa afirmación conviene delimitarlo con exactitud, porque se presta a malentendidos en ambos sentidos:

  • Las piezas son auténticas y en su mayoría fueron fabricadas por encargo para esta casa. No se trata de una recreación ni de un montaje con material ajeno.
  • La sala es de época, es decir, un espacio histórico del propio monasterio y no una construcción moderna.
  • La ubicación no es la original: la botica no funcionaba en esta dependencia.

Las fuentes consultadas no identifican cuál era el emplazamiento primitivo ni la fecha en que se decidió el traslado a la sala actual, y no se propone aquí ninguna localización.

La sala de exposición presenta cubierta abovedada encalada, recorrida por un filete pintado en azul, y pavimento de ladrillo dispuesto en espiga. Los paramentos están ocupados en toda su altura por estanterías acristaladas de madera que combinan, en su parte alta, los anaqueles del botamen y, en la baja, la cajonería rotulada, con los frentes de cajón pintados sobre fondo claro y las denominaciones inscritas en cartelas con abreviaturas latinas. Completan el mobiliario una mesa larga de madera con atril y una lámpara de latón de suspensión. Esta descripción procede de observación directa y no de fuente documentada.

Protección patrimonial, documentación y régimen de acceso

El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931. No se ha localizado catalogación individualizada de la botica ni de sus fondos, de modo que su tutela deriva de la condición de bienes muebles integrantes del conjunto declarado.

En cuanto a la documentación científica del conjunto, la referencia monográfica es una conferencia sobre la botica del Real Monasterio de Santo Domingo de Silos publicada por Rafael Lizárraga Lecue en 1958, de unas ochenta páginas, editada por la Institución Fernán González. Se hace constar expresamente porque ese estudio, no consultado para esta ficha, es el que contiene el desarrollo detallado —inventarios, nombres de boticarios, análisis de las piezas— que aquí solo puede ofrecerse de forma sumaria.

No constan intervenciones de restauración documentadas sobre el botamen, la cajonería ni los fondos bibliográficos en la documentación manejada, más allá de las operaciones de recuperación y reinstalación descritas entre 1918 y 1967. Esa ausencia significa únicamente que no están publicadas.

La botica es una de las tres zonas del monasterio abiertas a la visita, junto con el claustro y el museo, y se recorre integrada en ese mismo itinerario y no como visita independiente. El resto del conjunto está sometido a clausura, por tratarse de una abadía benedictina en activo con comunidad residente.

El acceso no requiere gestión previa: la venta de entradas se realiza exclusivamente en el mostrador, inmediatamente antes de la visita, y no existe reserva anticipada. Para grupos de más de veinte personas la abadía recomienda un aviso previo de carácter no obligatorio.

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Antigua Botica y Museo Farmacéutico

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Vista desde el otro costado

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Boticario antiguo impresionante

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Otra vista de la antigua botica del montasterio

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Laboratorio y Sala de Elaboración de la Antigua Botica

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Laboratorio y Alambique de la Antigua Botica del Monasterio de Santo Domingo de Silos

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Rebotica y Mueble Especiero de la Botica del Monasterio de Santo Domingo de Silos

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