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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónClaustro románico de Santo Domingo de Silos
Hay lugares que uno visita y lugares en los que uno baja la voz sin que nadie se lo pida. El claustro románico de Santo Domingo de Silos es de los segundos: un cuadrilátero de piedra dorada, sesenta arcos, un jardín de boj recortado y un ciprés altísimo en medio. Está considerado uno de los grandes claustros románicos de Europa, y basta cruzar la primera galería para entender por qué la gente vuelve.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
El claustro se recorre entero en un paseo, pero lo que de verdad importa está concentrado en cinco cosas. Si sabes dónde mirar, la visita cambia por completo.
- Los ocho relieves de los ángulos: en cada esquina, grandes paneles esculpidos con escenas del Evangelio. Son la joya del conjunto y lo que ha hecho famoso a Silos en la historia del arte europeo.
- Los sesenta y cuatro capiteles: ni uno se repite. Leones, grifos, arpías, centauros, aves fantásticas y tramas vegetales enroscadas, con una influencia oriental que sorprende en plena Castilla.
- El artesonado mudéjar: la techumbre de madera pintada que cubre la galería oriental reúne cerca de setecientas figuras y escenas de la Castilla de los siglos XIV y XV. Es un álbum de la vida cotidiana medieval sobre tu cabeza, y casi todo el mundo pasa sin levantar la vista.
- El ciprés del patio: el árbol más literario de España, protagonista de un soneto que aprendieron generaciones enteras en el colegio.
- El claustro alto: el piso superior es posterior y de talla más sencilla, y precisamente por eso se entiende bien lo excepcional que es el de abajo. Compararlos es medio recorrido.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el claustro románico de Santo Domingo de Silos?
Una hora larga si quieres verlo de verdad, y se queda corta. Dar la vuelta a las cuatro galerías se hace en quince minutos; lo que come el tiempo es pararse en cada esquina con los relieves y recorrer los capiteles uno por uno.
Un consejo de orden: haz primero una vuelta entera sin detenerte, solo para hacerte con el espacio, y luego vuelve a empezar despacio. El claustro no es grande, y esa segunda vuelta es donde aparece todo.
Ten en cuenta además que dentro del claustro hay piezas con entidad propia —el sepulcro del santo, la Virgen de Marzo, la Portada de las Vírgenes—, y que cada una pide su rato.
¿Qué curiosidad o leyenda esconde el claustro románico de Santo Domingo de Silos?
La mejor está en el ángulo noroeste, en el relieve de los discípulos de Emaús. Cristo se aparece a dos discípulos que no lo reconocen, y el escultor lo representó vestido de peregrino: con zurrón y con conchas de vieira, el distintivo de quien va camino de Santiago.
Piénsalo un momento: en pleno siglo XI o XII, en un monasterio castellano, alguien decidió tallar a Cristo con el uniforme del peregrino de su época. No es un detalle decorativo, es una declaración: el camino que hacían los romeros que pasaban por allí era el mismo que hizo Él.
Es, probablemente, la imagen más reproducida de todo el románico español, y está a la altura de tus ojos, sin ninguna señalización que grite dónde mirar.
¿Por qué se nota que hay dos manos distintas en los relieves del claustro de Silos?
Porque las hay, y una vez que lo sabes ya no puedes dejar de verlo.
Seis de los ocho relieves son del primer maestro, el escultor anónimo que trabaja en la fase más antigua: la Ascensión y Pentecostés en el ángulo sudeste, el Sepulcro y el Descendimiento en el nordeste, y Emaús y la Duda de Santo Tomás en el noroeste. Figuras alargadas, plegados finísimos, composiciones apretadas y un dominio absoluto de la piedra.
Los otros dos son de un segundo maestro, bastante posterior: la Anunciación y el Árbol de Jesé, los dos en el ángulo sudoeste. Cambia el canon, cambia el modo de tratar los rostros y cambia el aire de la escena. No es peor: es otro momento del románico, y el claustro te lo pone a comparar en el mismo edificio.
Lo mismo pasa con las galerías: norte y este son las más antiguas, sur y oeste vinieron después. Silos no se construyó de una vez, y el claustro es la prueba.
¿Qué tiene de especial el ciprés del claustro de Santo Domingo de Silos?
Que es, sin exagerar, el árbol más famoso de la poesía española. Gerardo Diego lo visitó en 1924 y le escribió un soneto que empieza con un verso que mucha gente reconoce aunque no sepa de dónde viene: «enhiesto surtidor de sombra y sueño». De ahí le viene el apodo de árbol de los poetas.
Y no es tan antiguo como parece. Lo plantaron monjes benedictinos franceses en 1882, junto a otros tres que no salieron adelante, cuando la comunidad recuperó el monasterio tras años de abandono. Hoy ronda los veinticinco metros y figura en el catálogo de árboles singulares de la provincia de Burgos.
Es decir: el claustro tiene novecientos años y su símbolo más fotografiado tiene poco más de cien. Uno de esos desajustes que hacen gracia cuando los sabes.
¿Hace falta reservar para visitar el claustro románico de Santo Domingo de Silos?
No. La entrada se adquiere en el mostrador, justo antes de entrar, y no existe reserva previa para el visitante individual.
La excepción son los grupos de más de veinte personas: la abadía recomienda que avisen con antelación, aunque tampoco es obligatorio.
Lo que sí conviene tener claro es que esto no es un museo, es una abadía benedictina en activo, con una comunidad viviendo dentro. El claustro, la botica y el museo son la parte que se enseña; el resto es clausura. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de plantarte allí.
¿Cuál es el mejor momento del día para visitar el claustro de Santo Domingo de Silos?
Aquí hay una particularidad que ayuda mucho: los relieves y los capiteles nunca reciben sol directo. Están bajo las galerías, en sombra permanente, y eso significa que se ven bien a cualquier hora — de hecho la luz difusa de un día nublado es la mejor aliada para apreciar el volumen de la talla, mucho mejor que un sol duro que aplasta los contrastes.
Lo que sí cambia con la hora es el patio: el ciprés y el jardín de boj piden luz alta, y las fotos del conjunto con el claustro alto al fondo funcionan bastante mejor en las horas centrales.
Y una recomendación de fondo: ve entre semana y fuera de puentes si puedes. Silos es un destino muy conocido y el claustro es un espacio contenido; con poca gente, el silencio forma parte de la visita.
El claustro de la abadía de Santo Domingo de Silos es un claustro monástico de dos plantas, de planta cuadrangular ligeramente irregular, cuya galería inferior constituye uno de los conjuntos escultóricos del románico más relevantes de Europa. Su interés reside en la combinación de tres elementos raramente reunidos en un mismo edificio: ocho grandes relieves narrativos en los machones angulares, un repertorio de sesenta y cuatro capiteles historiados y decorativos sin repetición, y una techumbre de madera mudéjar muy posterior que conserva un extenso ciclo pintado de escenas bajomedievales. Es, además, un conjunto sobre cuya datación no existe acuerdo pleno entre las fuentes, extremo que se detalla más adelante en esta ficha.
Historia y cronología del monasterio
La primera mención documental del cenobio corresponde a un documento del año 954, conservado en el propio archivo monástico, en el que aparece bajo la advocación de San Sebastián de Silos. La casa arrastraba una situación de decadencia agravada por las campañas de Almanzor a finales del siglo X.
El punto de inflexión se produce en 1041, cuando Fernando I de Castilla envía a Silos al monje riojano Domingo, natural de Cañas, procedente de San Millán de la Cogolla, con el encargo de restaurar el monasterio. Bajo su abadiato la comunidad recupera capacidad económica y prestigio, y se inicia el proceso constructivo del que deriva el claustro actual. Domingo muere el 20 de diciembre de 1073 y es canonizado en 1076; a partir de ese momento el monasterio adopta su patrocinio y pasa a denominarse Santo Domingo de Silos.
En 1088 se consagra la nueva iglesia románica bajo el abad Fortunio. Las fuentes sitúan el inicio de las obras del claustro poco después de 1080, de modo que templo y claustro pertenecen a una misma etapa de renovación arquitectónica.
De la Baja Edad Media consta un episodio de alcance: un incendio en 1384 que obligó a acometer trabajos de reconstrucción en el conjunto monástico. Es también en el siglo XIV cuando se documenta la instalación de la techumbre mudéjar del claustro y la colocación de la laude gótica sobre el sepulcro del santo.
El siglo XVIII trae la sustitución del templo medieval: la iglesia neoclásica se levanta entre 1751 y 1793 sobre trazas de Ventura Rodríguez. La obra supuso el derribo de la iglesia románica consagrada en 1088, de la que el claustro conserva un testimonio directo en la llamada Portada de las Vírgenes.
El 17 de noviembre de 1835, en aplicación del decreto de exclaustración del gobierno de Mendizábal, la comunidad se dispersa y la vida monástica benedictina queda interrumpida durante cuarenta y cinco años. El periodo de abandono es determinante para entender el estado de conservación del conjunto y las pérdidas patrimoniales del siglo XIX.
La recuperación se produce el 18 de diciembre de 1880, con la llegada de un grupo de monjes benedictinos procedentes de la abadía francesa de San Martín de Ligugé, dirigidos por Ildefonso Guépin, monje de Solesmes. Desde entonces el monasterio mantiene comunidad residente de forma ininterrumpida.
La discusión sobre la datación del claustro
Debe advertirse expresamente que las fuentes consultadas no coinciden en la cronología del claustro, y que la horquilla de discrepancia no es menor: supera el siglo. Se recogen aquí ambas posiciones sin decantarse por ninguna, por tratarse de una cuestión abierta en la historiografía del monumento.
- Cronología alta: el claustro bajo se habría levantado entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII, con inicio de obra poco después de 1080, y el claustro alto en los últimos años del siglo XII.
- Cronología baja: el claustro bajo se habría concluido, junto con las dependencias contiguas, en el último tercio del siglo XII, y el claustro alto a comienzos del siglo XIII.
La divergencia afecta sobre todo a la fecha de cierre de la galería baja, no tanto a su arranque, y tiene consecuencias directas sobre la interpretación de la escultura: si se acepta la cronología alta, los relieves del primer taller estarían entre las obras más tempranas de su clase en la península; si se acepta la baja, se integran en un momento más avanzado y con otros paralelos posibles.
Lo que sí sostienen ambas versiones es la ejecución en dos fases sucesivas y distinguibles, correspondientes a dos talleres o maestros diferentes, y en ese punto la coincidencia es completa. En esta ficha, por tanto, la secuencia relativa se da por firme y la datación absoluta se consigna como discutida.
Estructura, planta y datos constructivos
El claustro adopta una planta cuadrangular de lados ligeramente desiguales: el menor mide 30 metros y el mayor 33,12 metros. Esa irregularidad no es un defecto de trazado sino consecuencia de la adaptación a las construcciones preexistentes del recinto.
El número de vanos difiere según la orientación:
- Galerías norte y sur: 16 arcos cada una.
- Galerías este y oeste: 14 arcos cada una.
El total resultante es de sesenta arcos en la planta baja. Las luces oscilan entre 1,00 y 1,15 metros, de modo que el ritmo es notablemente menudo y la arquería se percibe como una sucesión densa más que como una secuencia de vanos amplios.
El soporte característico es la columna de doble fuste monolítico, con fustes de 1,15 metros de longitud, rematada en un capitel corrido que recibe los dos arcos contiguos. En el centro de cada galería el soporte se refuerza y pasa a ser de fustes quíntuples, con una excepción documentada: uno de los soportes centrales es cuádruple y de fustes torsos. Las fuentes consultadas discrepan sobre la galería concreta en que se encuentra este soporte torso, por lo que el dato se consigna sin localización.
Sobre la galería baja se dispone el claustro alto, de arquería más sencilla y talla considerablemente menos elaborada. La comparación entre ambos niveles es uno de los recursos de lectura más útiles del conjunto: el piso superior corresponde a un momento de difusión y simplificación del repertorio, frente al carácter excepcional del inferior.
El patio central está ocupado por un jardín de parterres de boj recortado y las galerías conservan pavimento de canto rodado en algunos tramos. Ni el trazado del jardín ni la fecha de su disposición actual constan documentados en las fuentes manejadas, y no deben suponerse medievales.
Los relieves de los machones angulares
El elemento que ha dado al claustro su posición en la historia del arte europeo son los ocho grandes relieves tallados en los machones o pilares de esquina de la galería baja, a razón de dos por ángulo. Todos ellos desarrollan escenas del ciclo evangélico, con predominio de los episodios posteriores a la Pasión.
Su reparto documentado es el siguiente. Seis corresponden al primer maestro:
- Ángulo sudeste: la Ascensión y Pentecostés.
- Ángulo nordeste: el Sepulcro (Santo Entierro) y el Descendimiento.
- Ángulo noroeste: los discípulos de Emaús y la Duda de Santo Tomás.
Los dos restantes son obra del segundo maestro y se concentran en un solo ángulo:
- Ángulo sudoeste: la Anunciación a María y el Árbol de Jesé.
La diferencia entre ambas manos es apreciable a simple vista y ha sido descrita en términos técnicos precisos. En la obra del primer maestro, responsable de las galerías norte y este, los fustes aparecen más separados y con mayor éntasis, y las tallas son de poco relieve y escaso movimiento, con figuras de canon alargado y plegados de trazo fino y repetido. El segundo maestro, autor de las galerías sur y oeste, produce figuras más realistas y de mayor volumen, con un tratamiento del cuerpo y del rostro que anuncia soluciones posteriores.
Sobre la procedencia de este segundo artista, la documentación consultada apunta que posiblemente procediese de Galicia. La formulación es expresamente cautelar en la propia fuente y así se recoge aquí: es una hipótesis de filiación, no una atribución documentada.
Entre los ocho relieves, el de los discípulos de Emaús concentra un interés iconográfico añadido por representar a Cristo con atuendo de peregrino, incluido el zurrón con conchas de vieira, distintivo del romero jacobeo. Es una de las imágenes más reproducidas del románico hispano y un testimonio directo de la implantación del culto y de la ruta de Santiago en el ámbito castellano del momento.
Los capiteles y su repertorio iconográfico
La galería baja conserva sesenta y cuatro capiteles. El conjunto está considerado, en palabras de la documentación consultada, obra maestra de la iconografía románica, con mención expresa de los correspondientes al segundo artista.
El repertorio es extraordinariamente variado y no se limita al ámbito narrativo religioso. Se distinguen dos grandes bloques temáticos:
- Capiteles de escenas bíblicas o evangélicas, de carácter historiado y lectura narrativa.
- Capiteles figurativos de animales quiméricos: grifos, leones, arpías, centauros y aves fabulosas, combinados con toda clase de elementos vegetales.
Este segundo bloque es el que ha suscitado mayor discusión sobre filiación e influencias. La presencia de bestiario fantástico dispuesto en composiciones simétricas, con tramas vegetales entrelazadas de fuerte esquematismo, remite a repertorios de raíz oriental cuya vía de llegada a Castilla se ha vinculado a tejidos, marfiles y piezas de orfebrería de circulación mediterránea. Debe subrayarse que no se ha localizado documentación que identifique modelos concretos, y que la relación se plantea en términos de repertorio general y no de dependencia demostrada.
Un rasgo del conjunto que conviene señalar por su excepcionalidad material es que los capiteles no repiten diseño. Con sesenta y cuatro piezas, la ausencia de repetición implica un programa de taller de una ambición muy poco frecuente, y es uno de los argumentos que sitúan a Silos por encima de otros claustros contemporáneos de escala comparable.
El artesonado mudéjar
El claustro bajo se cubre con un alfarje —techumbre plana de vigas maestras o jácenas apoyadas en el muro interno y en la panda exterior, con vigas transversales menores entre ellas—, policromado y en parte labrado. Se le denomina habitualmente «artesonado», aunque en rigor no lo sea: un artesonado se compone de casetones, y aquí las superficies son planas y continuas, que es precisamente lo que permite el extenso ciclo pintado.
La cronología difiere según la galería, extremo esencial y poco divulgado: las galerías norte y occidental son las más antiguas, fechadas entre 1366 y 1384; la galería sur se reconstruyó tras el incendio de 1384; y la galería oriental se rehízo entre 1888 y 1890, de modo que no es medieval. De aquella intervención decimonónica proceden las pletinas metálicas en forma de T dispuestas como tirantes.
Su interés reside en el ciclo pintado: la techumbre reúne más de seiscientas representaciones de temas religiosos y profanos, con predominio de caza, oficios, heráldica, tauromaquia y escenas cortesanas amorosas. Entre las identificadas figuran una Adoración de los Reyes Magos y una parodia de las Horas Canónicas del Libro de Buen Amor. Los escudos heráldicos corresponden al rey Juan I, al obispo Gonzalo Mena y Roelas y a otros benefactores. Las escenas se encuadran en arcos mixtilíneos con orlas de óvalos blancos con perlas rojas. Se trata, por tanto, de un repertorio bajomedieval y en buena medida civil, muy alejado en cronología y en contenido del programa románico de las galerías, y de considerable valor documental para el conocimiento de la indumentaria, los oficios y la vida cotidiana del periodo.
La instalación de techumbres de madera en el claustro se relaciona con las actuaciones del siglo XIV sobre el conjunto monástico. Las fuentes consultadas no permiten precisar autoría, taller ni fecha exacta de ejecución, ni concretan si el conjunto pintado se extendió originalmente a las cuatro galerías o se limitó desde el principio a la oriental. Tampoco constan estudios de restauración de la policromía en la documentación manejada.
Elementos singulares alojados en el claustro
Además de su propia arquitectura y escultura, el claustro custodia varias piezas de entidad autónoma.
La Portada de las Vírgenes comunica el claustro con la iglesia y constituye un vestigio del primitivo templo románico, es decir, del edificio consagrado en 1088 y demolido en el siglo XVIII. Presenta un abocinamiento muy pronunciado y un arco de herradura apuntado de tradición mozárabe. Su valor documental es alto: es de lo poco que permite hacerse una idea del templo medieval desaparecido.
El sepulcro de Santo Domingo se localiza en la galería baja. Consiste en una laude gótica del siglo XIV con la efigie yacente del santo, sostenida por tres leones y colocada sobre la sepultura antropomorfa del siglo XI en que fue enterrado. Funciona técnicamente como cenotafio, dado que los restos fueron trasladados a la iglesia pocos años después de su muerte.
La escultura conocida como Virgen de Marzo, del siglo XIII y tipo Sedes Sapientiae, se conserva apoyada contra un paramento en las inmediaciones de la Portada de las Vírgenes. Combina una Virgen de tratamiento románico con un Niño ya resuelto con recursos góticos, y existe una hipótesis no confirmada que la vincula al tímpano de una portada desaparecida.
En el patio se alza el ciprés (Cupressus sempervirens) que ha dado al claustro parte de su proyección cultural. Fue plantado en 1882 por los monjes benedictinos franceses, junto a otros tres ejemplares que no prosperaron, poco después de la recuperación del monasterio. Supera los veinticinco metros de altura —las fuentes ofrecen cifras entre 28 y más de 30 metros, por lo que se consigna la horquilla— y figura en el catálogo de árboles singulares de la provincia de Burgos. Su notoriedad procede del soneto «El ciprés de Silos», escrito por Gerardo Diego tras su visita al monasterio en 1924.
Protección patrimonial e intervenciones documentadas
El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931, el nivel máximo de protección previsto por la legislación española de patrimonio. La declaración ampara al conjunto, de modo que el claustro no cuenta con catalogación individualizada sino que queda protegido como elemento integrante del bien declarado. En la práctica, cualquier intervención sobre las galerías, la escultura o la techumbre requiere autorización de la administración autonómica de cultura.
En materia de conservación, la Junta de Castilla y León cifra en más de dos millones de euros su inversión acumulada en el monasterio. La actuación más reciente documentada corresponde a 2019, con un presupuesto de 312.506 euros, de los cuales 200.000 euros fueron aportados por la Consejería de Cultura y Turismo y el resto por la comunidad benedictina. Los trabajos incluyeron pavimentación de accesos y de la plaza interior, instalación de un sistema contra incendios y nueva canalización de aguas pluviales.
Con anterioridad constan intervenciones en la zona de la biblioteca y en el antiguo refectorio, así como trabajos de informatización y catalogación de los fondos bibliográficos. Debe hacerse notar que ninguna de las intervenciones localizadas afecta directamente al claustro románico: no se ha documentado campaña alguna de restauración de los capiteles, de los relieves angulares ni del artesonado mudéjar, lo que no significa que no se hayan producido, sino que no constan en las fuentes consultadas.
El régimen de titularidad y uso condiciona el acceso: el conjunto es una abadía benedictina en activo con comunidad residente, y solo se abren a la visita el claustro, la botica y el museo, quedando el resto sometido a clausura. La venta de entradas se realiza exclusivamente en el mostrador, sin reserva previa; para grupos de más de veinte personas la abadía recomienda —sin exigirlo— un aviso con antelación.
No hay más puntos registrados en esta unidad geográfica todavía.

Los Capiteles del Claustro bajo de Santo Domingo de Silos

Duda de Santo Tomás, claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos)

Conoce el Claustro de Santo Domingo de Silos

Claustro románico de Santo Domingo de Silos

Un paseo por el claustro de santo Domingo de Silos

Claustro románico de Santo Domingo de Silos

Arquerías del Claustro Bajo Románico, el jardín central y el claustro alto

Espectacular vista del Claustro románico de Santo Domingo de Silos

Iluminación nocturna del claustro

Relieve del Descendimiento de la Cruz (Primer Maestro de Silos, siglo XI)

Ciprés de Silos
Ciprés
Famoso ciprés del Monasterio de Silos
Ciprés
Vista aérea del Ciprés de Silos
Ciprés
Columnas Torsas y Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Famosas columnas entrelazadastorsas (columnas helicoidales cuádruples)
Columnas Torsas
Columnas torsas
Columnas Torsas
Otra vista de los Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Capiteles de las Arpías del Claustro
Columnas Torsas
Vista frontal del Capitel de las Arpías
Columnas Torsas
Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro
Artesonado
Artesonado Mudéjar Policromado del Claustro
Artesonado
Ángulo Noroeste del Claustro Románico y Machón de los Relieves
Artesonado
Vista general del Artesonado Mudéjar
Artesonado
Acceso al Claustro Bajo y Perspectiva de la Panda Norte
Artesonado
Estructura y Casetones Policromados del Artesonado Mudéjar
Artesonado
Detalle Cenital de Tablas y Alfarje Policromado
Artesonado
Pinturas Medievales del Artesonado Mudéjar
Artesonado
Escudos Nobiliarios y Escenas Cortesanas en el Artesonado Mudéjar
Artesonado
Escena de Amor Cortés en Tabla del Artesonado Mudéjar
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