

Valorar Columnas Torsas y Capiteles de las Arpías del Claustro
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónColumnas Torsas y Capiteles de las Arpías del Claustro
Levanta la vista en la galería baja del claustro y verás lo que casi nadie espera de un monasterio benedictino: parejas de columnas retorcidas como cuerdas y, encima, capiteles llenos de arpías — mujeres con cuerpo de ave. Las columnas torsas y los capiteles de las arpías son las dos piezas que hacen del claustro de Silos algo distinto a cualquier otro claustro románico de España, y explicarlas es explicar de dónde venía la gente que talló esto.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
Todo está a la altura de la vista, en las galerías bajas. Lo que hace falta es saber en qué fijarse, porque de un vistazo parece solo «piedra bonita».
- Los fustes torsos: la piedra se retuerce en hélice de abajo arriba, como si alguien hubiera escurrido la columna. Están talladas así, no montadas en espiral: cada fuste es una pieza, y el giro es obra de cincel.
- Las arpías: cabezas humanas con tocado, cuerpo de ave y alas desplegadas, dispuestas alrededor de la cesta del capitel. No están ahí para asustar a nadie: vienen de muy lejos, y de eso va la mejor historia de este claustro.
- Los cimacios: la pieza que va encima del capitel, tallada con un roleo vegetal continuo que corre de columna en columna. Es lo que más se ignora y lo que cose visualmente toda la galería.
- Las columnas pareadas: los fustes van de dos en dos sobre un basamento corrido. Esa duplicación es la que permite que el capitel sea doble y ancho, y por tanto la que da sitio a todo el bestiario.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver las columnas torsas y los capiteles de las arpías?
Quince o veinte minutos si te lo tomas en serio, y se te irán sin darte cuenta. No es un elemento que se vea de un golpe: hay que recorrer la galería despacio, parándose en cada pareja de columnas, porque no hay dos capiteles iguales.
Un consejo práctico: no intentes verlos todos. Elige media docena y mírala bien, incluidos los cimacios de encima. Es mucho más provechoso que pasar de largo por delante de cuarenta y quedarte sin ninguno en la cabeza.
¿Qué son exactamente las arpías de los capiteles del claustro de Silos?
Aquí está lo bueno, y es una de las cosas más sorprendentes que hay qué ver en Santo Domingo de Silos. Junto a las arpías, en estos capiteles conviven grifos persas, aves afrontadas y criaturas imposibles con cuerpo de ave, cola de reptil y cabeza de gacela. Un bestiario entero.
Y ese bestiario no es cristiano. Es oriental e islámico. Los modelos no salen de la tradición monástica europea sino de las telas, los marfiles y las arquetas que circulaban por la Península en el siglo XI, cuando al sur estaba Al-Ándalus y los talleres castellanos veían esas piezas de cerca.
Dicho de otro modo: el primer maestro de Silos conocía bien el románico francés, pero el mundo de estos capiteles no se entiende sin la influencia árabe y oriental. En pleno claustro benedictino, sobre las cabezas de los monjes que rezaban, hay un catálogo de criaturas fantásticas de origen persa e islámico. Y ahí siguen, novecientos años después.
¿Por qué están retorcidas las columnas torsas del claustro?
Conviene aclararlo porque despista: el retorcido no sostiene nada. Una columna torsa aguanta exactamente lo mismo que una lisa; el giro es puro alarde.
Y es un alarde de dos clases. Primero, de oficio: tallar una hélice regular en un fuste monolítico, y que además case con su pareja, es de las cosas más difíciles que puede pedirle un maestro a su taller. Segundo, de efecto: cuando el sol entra rasante por los arcos, la hélice va cazando la luz en cada vuelta y la columna parece moverse según caminas. Un fuste liso no hace eso.
Por eso están donde están y por eso son famosas. En un claustro que ya tenía las mejores esculturas de su tiempo, alguien decidió que además había que demostrar lo que se sabía hacer con el cincel.
¿De qué época son las columnas y los capiteles del claustro de Silos?
No todo el claustro se labró a la vez, y esto es útil saberlo mientras se recorre. La propia abadía distingue dos momentos:
- Las galerías de Oriente y Norte son de la segunda mitad del siglo XI.
- Las galerías de Poniente y Sur son ya del siglo XII.
Los capiteles están numerados, y en los más tardíos se aprecian distintas manos y distintos temas: cambia el repertorio y cambia la forma de tallar. Si comparas una galería con otra lo notarás sin necesidad de ser experto — y esa es, probablemente, la mejor manera de recorrer el claustro.
¿Se pueden ver de cerca las columnas torsas y los capiteles de las arpías?
Sí, y esa es una de las cosas buenas de Silos: están al alcance de la mano, en la galería baja, a la altura de la vista. No hay que mirarlos con prismáticos como en tantas portadas.
Ahora bien, el claustro es un recinto cerrado dentro de un monasterio benedictino en activo, con una comunidad viviendo dentro, así que se ven durante la visita al claustro y no dando un paseo por el pueblo. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de ir.
Las columnas torsas y los capiteles del bestiario son dos de los elementos más característicos de la galería baja del claustro románico del monasterio de Santo Domingo de Silos. Las primeras son fustes labrados en hélice, situados en la parte central del ala occidental y coronados por un capitel historiado; los segundos son capiteles dobles poblados de arpías, grifos y criaturas híbridas cuyos modelos no proceden de la tradición monástica europea sino del repertorio islámico y oriental que circulaba por la Península en los siglos XI y XII. Ambos pertenecen a un conjunto levantado en dos campañas separadas por casi un siglo, y esa doble cronología es la clave para leerlos correctamente.
Cronología y fases constructivas del claustro
El claustro bajo no se labró de una sola vez. La propia comunidad benedictina distingue dos campañas, y la distinción es operativa: permite saber a qué momento pertenece cada elemento según la galería en que se encuentre.
- Primera campaña: las galerías de Oriente y Norte, fechadas en la segunda mitad del siglo XI.
- Segunda campaña: las galerías de Poniente y Sur, ya del siglo XII.
Los capiteles están numerados correlativamente por la abadía, que atribuye del 1 al 36 a la primera fase y del 37 al 46 a la segunda. Debe advertirse que ese sistema de numeración no coincide con el total de capiteles que manejan otras fuentes, extremo que se detalla al final de esta ficha; por ese motivo en este texto no se ofrece ninguna cifra global.
La diferencia entre ambas campañas es perceptible sin necesidad de formación especializada. La documentación de la abadía señala que en los capiteles del segundo momento se aprecian «distintas manos y temas»: cambia el repertorio iconográfico y cambia la manera de tallar. Recorrer las cuatro galerías comparando es, en la práctica, recorrer casi un siglo de evolución de un mismo taller monástico.
Al primer maestro se atribuyen además los bajorrelieves de las pilastras angulares, ejecutados sobre bloques monolíticos de piedra caliza, que constituyen el conjunto escultórico de mayor entidad del claustro. Su número exacto tampoco es coincidente entre las fuentes consultadas y se consigna igualmente al final.
Las columnas torsas del ala occidental
Las columnas torsas se localizan en la parte central de la galería occidental, es decir, dentro de la segunda campaña, la del siglo XII. No están repartidas por el claustro: forman un punto singular y localizado dentro del recorrido.
Se trata de fustes labrados con un desarrollo helicoidal, en los que la sección circular gira sobre el eje de abajo arriba. Conviene precisar un punto que suele malinterpretarse: el retorcimiento carece de función estructural. Una columna torsa transmite la carga exactamente igual que una de fuste liso; el giro es un recurso plástico y una demostración de destreza del taller, no una solución constructiva. La dificultad reside precisamente en labrar una hélice regular y en que las de cada pareja resulten coherentes entre sí.
El conjunto está coronado por un capitel historiado de gran formato. Las fuentes consultadas coinciden en el contenido pero difieren en el detalle de las escenas: se citan la Entrada en Jerusalén, el Lavatorio de los pies y la Última Cena, y en otra referencia el conjunto se sintetiza como la Pasión de Cristo, identificando la pieza como el capitel 40 de la numeración de la abadía. Ambas descripciones son compatibles: se trata del ciclo previo a la Pasión.
Ese emparejamiento no es casual. Colocar el capitel narrativo más ambicioso sobre los fustes técnicamente más difíciles concentra en un solo punto el alarde del taller, y sitúa además el momento de mayor exigencia iconográfica en el centro de una de las galerías.
La solución tiene paralelos documentados en el románico peninsular, lo que permite encuadrarla como recurso de un ámbito y no como invención aislada:
- El claustro de San Pedro de la Rúa, en Estella (Navarra).
- San Pedro de Caracena, en Soria.
- El claustro de la catedral de El Burgo de Osma, en Soria.
No se aportan dimensiones —altura de los fustes, diámetro, paso de la hélice— por no disponer de mediciones fiables, ni se afirma si cada fuste se labró en pieza única, extremo que no ha podido verificarse.
El bestiario de los capiteles y sus modelos orientales
Los capiteles del claustro presentan un repertorio zoomorfo y fantástico de notable amplitud. Entre los tipos identificados figuran arpías —seres de cabeza humana y cuerpo de ave—, grifos de tipo persa, aves afrontadas y criaturas híbridas descritas con cuerpo de ave, cola de reptil y cabeza de gacela. Se documentan asimismo leones y motivos vegetales, y en las piezas de la segunda campaña aparecen ya temas de contenido religioso explícito.
La caracterización estilística del conjunto responde a una doble filiación reconocida por la bibliografía. Por un lado, el primer maestro aparece influido por el románico francés, lo que sitúa el taller dentro de las corrientes europeas de su tiempo. Por otro, y de manera determinante para el repertorio, «el mundo mágico y religioso de los capiteles no se concibe sin la influencia árabe y oriental».
Esa segunda filiación tiene una explicación material. En los siglos XI y XII circulaban por los reinos cristianos peninsulares tejidos, marfiles y arquetas de procedencia andalusí y oriental, objetos de lujo con repertorios de animales afrontados, aves y seres híbridos inscritos en medallones. Esas piezas eran accesibles a los talleres, y su iconografía pasa a la piedra. La arpía de Silos no procede de un bestiario monástico europeo: procede de ese repertorio de importación.
Conviene subrayar, por tanto, que el bestiario del claustro no debe leerse en clave exclusivamente moralizante. Junto a un contenido simbólico opera un factor de transmisión formal: el escultor reproduce y adapta modelos que le llegan por vía de los objetos suntuarios, no necesariamente por vía de un programa teológico articulado.
Sistema de la arquería, capiteles dobles y cimacios
La arquería de la galería baja se organiza sobre fustes pareados —dispuestos de dos en dos en profundidad— que apoyan en un basamento corrido a modo de podio continuo. Esa duplicación no es un detalle menor: es la que hace posible el capitel doble, de cesta ancha, y con ella el desarrollo de escenas y bestiarios que un capitel simple no admitiría.
Sobre cada capitel se dispone un cimacio de considerable altura, tallado con un roleo vegetal continuo de tallos ondulantes y hojas carnosas que se prolonga de un apoyo al siguiente. Es un elemento habitualmente ignorado por el visitante y, sin embargo, el que confiere unidad visual a toda la galería: mientras cada capitel es distinto, el cimacio actúa de banda corrida que los enhebra. Su vocabulario ornamental —el tallo ondulante con brotes— pertenece también al ámbito de influencia oriental descrito más arriba.
Los arcos son de medio punto y de rosca lisa, sin decoración, lo que concentra deliberadamente toda la carga ornamental en la franja de capiteles y cimacios, a la altura de la vista del que recorre la galería.
Protección patrimonial
Estos elementos no cuentan con catalogación individualizada: su protección deriva de formar parte del conjunto monástico.
El monasterio de Santo Domingo de Silos fue declarado Monumento en 1931, con el máximo nivel de reconocimiento patrimonial previsto por la legislación española, declaración posteriormente integrada en la categoría de bien de interés cultural. En consecuencia, cualquier intervención sobre los fustes, los capiteles o los cimacios requiere autorización de la administración de cultura.
A ello se añade que el claustro forma parte de un monasterio benedictino en activo, con comunidad residente, de modo que al régimen patrimonial se superpone el de un inmueble religioso en uso.
Estado de la documentación
Esta pieza cuenta con bibliografía abundante, incluida la publicada por la propia comunidad, pero las fuentes de divulgación consultadas presentan discrepancias numéricas que no se han podido resolver y que se hacen constar expresamente.
- Número de capiteles: la numeración de la abadía llega al 46; otra fuente consultada habla de 64 capiteles. Podrían estar contando ámbitos distintos —galería baja frente a conjunto, con o sin pilastras angulares—, pero no se ha verificado. No se ofrece cifra en el cuerpo de esta ficha.
- Relieves de las pilastras angulares: se citan seis bajorrelieves del primer maestro en una fuente y cuatro relieves esquinales —Ascensión, Pentecostés, Descendimiento y Visitación al Sepulcro— en otra. Tampoco se ofrece cifra.
Quedan asimismo sin confirmar:
- Dimensiones de fustes, capiteles y cimacios.
- Identificación litológica precisa de la piedra empleada.
- Nombre de los maestros: la bibliografía divulgativa se refiere al «primer maestro» sin atribución nominal.
- Ubicación exacta de los capiteles de arpías dentro de las cuatro galerías.
- Restauraciones e intervenciones documentadas sobre estos elementos concretos.
Se ha optado por consignar cada laguna antes que cubrirla con estimaciones, criterio aplicado en toda esta ficha.
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