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Ciprés de Silos
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En el centro del claustro del monasterio hay un ciprés altísimo y perfectamente recto que sube por encima de los tejados. No es un árbol cualquiera: es, probablemente, el árbol más famoso de la poesía española, y buena parte de la gente que llega a Silos lo tiene en la cabeza de haberlo estudiado en el colegio sin saber que estaba aquí.

Lo curioso es que es lo más nuevo de todo el conjunto. Todo lo que lo rodea tiene siglos; él acaba de cumplir ciento cuarenta y pocos años.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Ciprés de Silos?

Un minuto, y lo decimos sin ironía. Está en el patio del claustro y se ve entero desde cualquiera de las cuatro galerías: no hay recorrido, no hay acceso, no hay nada que rodear.

Lo que sí cambia según dónde te pongas es la foto. Desde el ángulo opuesto entra completo con la arquería delante; desde abajo, pegado al tronco, se dispara hacia arriba y sale gigantesco. Si vas a hacerle una foto, cámbiate de esquina antes de decidir.

En la práctica el tiempo lo marca el claustro, no el árbol: son la misma visita.

¿Qué curiosidad esconde el Ciprés de Silos?

Que hay un poema escrito literalmente a sus pies, y sabemos hasta el día.

El 4 de julio de 1924, Gerardo Diego pernoctó en el monasterio. Antes de marcharse escribió un soneto dedicado a este árbol y lo dejó anotado en el libro de firmas del cenobio. Empieza así:

«Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que acongojas el cielo con tu lanza.»

Aquel soneto acabó publicado en Versos humanos, el libro con el que Gerardo Diego ganó el Premio Nacional de Literatura de 1925, compartido con Rafael Alberti. Y de ahí a las antologías, a los libros de texto y a la memoria de varias generaciones de estudiantes.

O sea: un poeta pasa una noche en un monasterio de la Sierra de la Demanda, le escribe unos versos a un árbol del patio antes de irse, y ese árbol se convierte en uno de los sonetos más citados de la literatura española. De ahí le viene el apodo de árbol de los poetas.

¿Qué edad tiene realmente el Ciprés de Silos?

Mucha menos de la que todo el mundo le calcula, y aquí está la mejor paradoja del sitio.

Lo plantaron en 1882 unos monjes benedictinos franceses, muy poco después de que la comunidad recuperase el monasterio tras casi medio siglo de abandono. Con él plantaron otros tres ejemplares que no salieron adelante: este es el único que prosperó.

Haz la cuenta: el claustro que lo rodea tiene unos novecientos años y el ciprés poco más de ciento cuarenta. La imagen más reproducida de Silos, la que sale en todas las portadas, es con diferencia lo más moderno del conjunto.

Otro detalle que se le escapa a casi todo el mundo: es un ciprés común mediterráneo, Cupressus sempervirens. No es un árbol de esta sierra. Lo trajeron unos franceses y lo plantaron a mil metros de altitud, en Castilla, y ahí sigue.

¿Se puede ver el Ciprés de Silos sin entrar al claustro?

Conviene decirlo claro para que nadie llegue confundido: el ciprés no es una visita independiente.

Está dentro del patio del claustro del monasterio, en el ángulo suroeste, y se ve durante el recorrido del claustro, que tiene su entrada y su horario. No hay ningún camino, mirador ni acceso al patio por su cuenta.

Por su altura asoma por encima de las cubiertas y se intuye desde algunos puntos del pueblo, pero eso no es verlo: la imagen que uno tiene en la cabeza —el ciprés recortado contra el cielo entre los arcos románicos— solo existe desde dentro. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de ir.

¿El Ciprés de Silos está protegido?

, y por dos vías distintas a la vez, lo cual no es habitual.

Por un lado figura en el catálogo de árboles singulares de la provincia de Burgos, que es la figura con la que se protegen los ejemplares de valor destacado por su porte, su edad o su significado.

Por otro, está dentro de un Bien de Interés Cultural: el monasterio entero está declarado Monumento desde 1931, y el patio del claustro forma parte de él. Es decir que este árbol está amparado como patrimonio natural y como patrimonio cultural al mismo tiempo.

El Ciprés de Silos es un ejemplar de ciprés común mediterráneo (Cupressus sempervirens) plantado en 1882 en el patio del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos. Su interés no es botánico sino cultural y patrimonial: no se trata de un ejemplar excepcional por edad ni por dimensiones —tiene poco más de siglo y medio—, sino del árbol al que Gerardo Diego dedicó en 1924 uno de los sonetos más citados de la literatura española. Está incluido en el catálogo de árboles singulares de la provincia de Burgos y, por su emplazamiento, queda además dentro de un Bien de Interés Cultural.

Caracterización botánica y dimensiones

La especie es el ciprés común o ciprés mediterráneo, Cupressus sempervirens, conífera de la familia de las cupresáceas. El ejemplar responde al porte fastigiado característico de la especie: ramas erguidas y adosadas al eje, que producen una silueta columnar y estrechísima en lugar de la copa abierta de otras coníferas. Ese porte es la razón de su efecto visual y de que resulte fotografiable desde cualquier galería del claustro.

Las mediciones publicadas del ejemplar son las siguientes:

  • Altura: 24,5 metros.
  • Perímetro del tronco: 2,7 metros.
  • Proyección de copa: 2,9 × 2,9 metros.

Debe advertirse que estas cifras no son las únicas que circulan. Otras fuentes atribuyen al ejemplar en torno a 28 metros e incluso más de 30. Aquí se dan por buenas las primeras por una razón metodológica: son las únicas que se presentan acompañadas de perímetro y proyección de copa, es decir, con el formato propio de una medición efectiva y no de una estimación a ojo. En cualquier caso, la discrepancia entre fuentes supera el 20 % y así se consigna.

La relación entre esas magnitudes es el dato que mejor describe la pieza: con 24,5 metros de altura y menos de 3 metros de anchura de copa, la proporción se aproxima a ocho a uno. Esa esbeltez extrema es lo que la especie permite y lo que el emplazamiento —un patio cerrado y protegido del viento por cuatro galerías— ha favorecido.

El Cupressus sempervirens alcanza de forma natural hasta unos 35 metros, de modo que este ejemplar no ha completado su desarrollo potencial. Es además una especie de gran longevidad, capaz de superar ampliamente los mil años, por lo que con siglo y medio se encuentra todavía en una fase temprana de su ciclo.

Conviene subrayar un extremo que suele pasarse por alto: no es una especie propia de esta comarca. El ciprés común es un árbol de clima mediterráneo, y aquí está plantado en la Sierra de la Demanda, en un enclave de montaña con inviernos rigurosos. Su supervivencia se explica por el microclima del patio —resguardado, con muros de piedra que acumulan calor— y no por las condiciones generales del entorno.

Plantación y contexto histórico

El ejemplar fue plantado en 1882 por los monjes benedictinos franceses que habían recuperado el monasterio poco antes.

La fecha no es casual y solo se entiende con el antecedente: tras la exclaustración de 1835, el monasterio permaneció cuarenta y cinco años sin comunidad. La vida monástica se restableció el 18 de diciembre de 1880, con la llegada de monjes procedentes de la abadía francesa de San Martín de Ligugé dirigidos por Ildefonso Guépin, monje de Solesmes. La plantación del ciprés se produce apenas dos años después, y forma parte del conjunto de actuaciones con que la nueva comunidad reacondicionó un edificio que llevaba casi medio siglo abandonado.

La plantación original no consistió en un solo árbol. Las fuentes coinciden en que se plantaron cuatro ejemplares y que solo uno prosperó: el que hoy se conserva. Una fuente los sitúa uno en cada esquina del patio, extremo que no ha podido contrastarse y se consigna con reserva.

Su emplazamiento actual es el ángulo suroeste del patio, descrito también como el rincón más soleado del claustro. Ambas descripciones proceden de fuentes distintas y son compatibles entre sí.

De la plantación de 1882 se desprende un contraste cronológico que merece señalarse en términos patrimoniales: el claustro que lo enmarca ronda los novecientos años y el árbol no llega a los ciento cincuenta. La imagen más difundida del monasterio combina, por tanto, el elemento más antiguo del conjunto con uno de los más recientes.

El soneto de Gerardo Diego y la proyección cultural del ejemplar

La notoriedad del árbol procede íntegramente de un texto literario, y su génesis está documentada con fecha exacta.

El 4 de julio de 1924, el poeta Gerardo Diego pernoctó en el monasterio. Antes de marcharse compuso un soneto dedicado al ciprés del claustro y lo dejó escrito en el libro de firmas del cenobio. El poema comienza con dos versos que se cuentan entre los más reconocibles de la poesía española del siglo XX: «Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que acongojas el cielo con tu lanza.»

El texto se integró después en Versos humanos, obra con la que Gerardo Diego obtuvo el Premio Nacional de Literatura de 1925, compartido con Rafael Alberti. Desde entonces el soneto se ha incorporado a antologías y programas escolares, y ha convertido al ejemplar en referencia habitual bajo el apelativo de «árbol de los poetas».

Debe hacerse una advertencia de orden jurídico, relevante para cualquier reproducción del texto: la obra de Gerardo Diego, fallecido en 1987, continúa protegida por derechos de autor. Solo son admisibles las citas breves, entrecomilladas y atribuidas, como la que figura en el párrafo anterior; la reproducción íntegra del soneto requiere autorización de los titulares.

Protección patrimonial y régimen de acceso

El ejemplar cuenta con una situación de doble amparo poco frecuente, al concurrir sobre él una figura de protección de patrimonio natural y otra de patrimonio cultural.

Por una parte, figura en el catálogo de árboles singulares de la provincia de Burgos, instrumento con el que se identifican los ejemplares destacados por su porte, su edad o su valor cultural. Debe precisarse que este ejemplar no accede al catálogo por sus dimensiones —hay en la provincia árboles mucho mayores y más viejos— sino por su significación cultural.

Por otra, el monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931, y el patio del claustro forma parte del bien declarado. En consecuencia, cualquier actuación sobre el árbol o sobre su entorno inmediato queda sujeta al régimen de autorizaciones de la administración autonómica de cultura, y no solo a criterios de gestión forestal o jardinería.

En cuanto al acceso, el ejemplar no constituye una visita autónoma. Se encuentra en el interior del patio del claustro, cerrado por las cuatro galerías, y solo es observable durante el recorrido de visita del claustro. No existe acceso al propio patio: se contempla desde las galerías perimetrales. Su altura hace que la copa sobresalga por encima de las cubiertas y resulte visible desde el exterior del recinto, pero esa visión parcial no equivale a la del conjunto.

Estado de la documentación

Pese a su fama, el ejemplar está documentado de forma desigual, y conviene dejar constancia de qué extremos no están cerrados:

  • Altura: tres cifras distintas en circulación —24,5 m, en torno a 28 m y más de 30 m—. Aquí se ha optado por la primera, por las razones metodológicas ya expuestas.
  • Año de plantación: la mayoría de las fuentes dan 1882; alguna consigna 1883.
  • Disposición original: no está confirmado si los cuatro ejemplares se plantaron uno por esquina del patio.
  • Estado fitosanitario: no consta ninguna evaluación pública, ni tratamientos, podas o actuaciones de conservación documentadas. Es la laguna más relevante en un ejemplar de esta edad y significación.
  • Autoría concreta de la plantación: consta que fueron los monjes franceses, pero no el nombre de quien la ejecutó.

Una ficha del catálogo provincial de árboles singulares con mediciones fechadas resolvería la mayor parte de estos puntos. Mientras tanto, las cifras de esta ficha se ofrecen con la indicación expresa de su procedencia y de su margen de discrepancia.

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El Cipres de Silos - Poesía

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Ciprés de Silos

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Famoso ciprés del Monasterio de Silos

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Vista aérea del Ciprés de Silos

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