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Arqueta Relicario de Esmaltes de Limoges
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Arqueta Relicario de Esmaltes de Limoges

Hay piezas que en foto no se entienden y hay que ver en persona. Esta es una de ellas. La arqueta relicario de esmaltes del museo de Silos es una cajita con forma de casa, cubierta de un azul intensísimo sobre el que las figuras doradas parecen flotar. Se hizo en la última década del siglo XII y en ella trabajaron dos manos distintas: la del taller del propio monasterio y la de los esmaltadores de Limoges.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Es pequeña y está en vitrina, así que todo el juego está en el detalle. Estas cinco cosas son las que hay que buscar.

  • La Crucifixión del frente: en el centro, Cristo en la cruz con la Virgen y San Juan a los lados, y encima una inscripción con el nombre de Cristo abreviado. Es el eje de toda la pieza.
  • El Cristo en Majestad de la tapa: arriba, en el tejadillo, Cristo dentro de una mandorla —ese marco ovalado que lo aísla del resto— acompañado de ángeles y de parejas de santos con cruces. El frente cuenta la muerte; la tapa, la gloria.
  • El azul: no es pintura. Es esmalte de verdad, vidrio fundido sobre cobre, y por eso tiene ese brillo profundo que ninguna pintura consigue. Novecientos años después sigue igual de vivo.
  • La crestería calada: el remate superior, esa banda recortada con huecos y ranuras que corona el tejadillo. Es una de las señas de identidad de las arquetas medievales y aquí se conserva completa.
  • La trasera: si la vitrina te lo permite, mira por detrás. No está lisa: lleva un reticulado de rombos con rosetas dentro. Está decorada por el lado que casi nadie iba a ver.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver la Arqueta Relicario de Esmaltes?

Cinco o diez minutos, y la mayoría de la gente le dedica veinte segundos. Es una pieza pequeña dentro de una sala llena de cosas, y compite en desventaja con la custodia grande y con el cáliz del santo.

La forma de aprovecharla: mírala por partes. Primero el frente entero, luego la tapa, luego los bordes. Cada zona es un programa distinto y verlo todo de golpe no funciona.

Y una recomendación que vale oro aquí: rodéala si la vitrina lo permite. Esta arqueta está decorada por los cuatro costados, y quedarse solo en el frente es perderse la mitad.

¿Qué curiosidad esconde la Arqueta Relicario de Esmaltes de Silos?

Que no la hizo un solo taller. En esta pieza trabajaron artesanos de Silos y artesanos de Limoges, la ciudad francesa que fue la gran fábrica de esmaltes de la Europa medieval.

Y eso no es una anécdota: es la prueba física de una relación. Silos tuvo taller de esmaltes propio, uno de los mejores del románico europeo, y su punto de partida está justamente en artesanos llegados de Aquitania y Limoges. Es decir: los franceses no vinieron a traer una arqueta, vinieron a montar una escuela.

Cuando miras esta caja estás viendo, literalmente, el encuentro de las dos manos en el mismo objeto. Una tradición importada y otra local, trabajando sobre el mismo cobre.

Y hay un detalle que redondea la historia: los benedictinos que devolvieron la vida al monasterio en 1880, ocho siglos después, también vinieron de Francia. Silos lleva mirando al otro lado de los Pirineos desde siempre.

¿Es esta la famosa Arqueta de Silos?

No, y conviene aclararlo porque aquí se junta todo. En el tesoro de Silos hay tres arquetas y solo una está en el monasterio: esta.

Las otras dos se conservan en el Museo de Burgos:

  • La arqueta de marfiles y esmaltes, la célebre «Arqueta de Silos», con placas de marfil labradas en el taller de Cuenca en 1026 y esmaltes posteriores. Es la que aparece en todos los manuales y la que viaja a exposiciones internacionales.
  • Otra arqueta de esmaltes de finales del siglo XII, esta sí de escuela de Limoges pura, con tres mandorlas en el frente en lugar de una Crucifixión.

Así que si te suena «la arqueta de Silos» y vienes buscándola, está en Burgos capital. Lo que ves aquí es otra cosa — y es la única de las tres que sigue en casa.

¿Qué es el esmalte champlevé y por qué importa en esta arqueta?

Es la técnica con la que está hecha, y saber cómo funciona cambia lo que ves.

Champlevé significa literalmente «campo levantado», y describe el procedimiento: se excavan cavidades en una placa de cobre, se rellenan con polvo de vidrio coloreado y se mete todo al horno hasta que el vidrio funde y queda encajado en el metal. Después se pule y se dora lo que queda en relieve.

De ahí vienen las dos cosas que más llaman la atención de esta arqueta:

  • El contraste: las figuras doradas son el cobre que no se excavó; el azul es el vidrio fundido en los huecos. Por eso las figuras parecen despegarse del fondo.
  • La durabilidad: el vidrio no se decolora. Ese azul es exactamente el mismo que salió del horno en el siglo XII.

Fíjate además en las cabezas de las figuras: muchas están hechas aparte, en relieve, y aplicadas después sobre la placa. Es lo que les da ese aspecto sobresaliente frente al resto del cuerpo, que va grabado en plano.

La arqueta se ve en el museo del monasterio, dentro del recorrido que incluye el claustro y la botica. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de ir.

La arqueta relicario de esmaltes del monasterio de Santo Domingo de Silos es una caja relicario de cobre dorado con esmalte champlevé, de cuerpo rectangular sobre patas y cubierta a doble vertiente rematada por crestería, datada en la última década del siglo XII. La documentación oficial la atribuye a «grupos artesanos de Silos y Limoges», es decir, a una ejecución conjunta entre el taller esmaltero del propio monasterio y el gran centro productor lemosín. Es la única de las tres arquetas del tesoro silense que permanece en el monasterio: las otras dos se conservan en el Museo de Burgos.

Denominación y distinción respecto de las otras arquetas del tesoro

Antes de describir la pieza conviene deslindarla, porque el tesoro de Silos comprende tres arquetas de esmaltes distintas cuyos nombres se confunden con frecuencia en la bibliografía divulgativa. Sus datos documentados son:

  • Arqueta relicario de esmaltesmuseo del monasterio de Silosúltima década del siglo XII — atribuida a grupos artesanos de Silos y LimogesCrucifixión en el frente. Es la pieza objeto de esta ficha.
  • Arqueta relicario de marfiles y esmaltesMuseo de Burgos — marfiles califales del taller de Cuenca, 1026, esmaltes de 1040-1050 — taller con artesanos de Aquitania-Limoges, señalado como inicio de la escuela de Silos. Es la conocida popularmente como «Arqueta de Silos».
  • Arqueta de esmaltesMuseo de Burgosfines del siglo XIIescuela de Limogestres mandorlas en el frente, con Cristo en Majestad en la central.

De esa comparación se desprende un criterio de identificación inequívoco y útil: el frente. La arqueta conservada en Silos desarrolla una Crucifixión; la conservada en Burgos, tres mandorlas. No hay posibilidad de confusión si se atiende a ese elemento.

Debe hacerse además una precisión terminológica. La denominación «de Limoges» aplicada sin matiz a esta pieza no se corresponde con su atribución documentada, que es mixta: Silos y Limoges. La pieza a la que las fuentes atribuyen la escuela de Limoges sin matices es la tercera de la lista, y no está en el monasterio. Denominar «de Limoges» a la arqueta silense hace indistinguibles ambas piezas por su nombre.

Cronología, atribución y contexto de producción

La pieza se data en la última década del siglo XII, es decir, en el entorno de 1190-1200, lo que la sitúa entre las obras más tardías del conjunto esmaltero conservado en el monasterio.

Ese dato adquiere relieve al confrontarlo con la cronología del taller silense. La documentación consultada sitúa el apogeo del taller de esmaltes de Silos entre 1140 y 1170, periodo del que proceden sus obras cumbre —el panel de cobre del Cordero, de hacia 1160-1175, y el frontal de la urna del sepulcro, de 1150-1170—. Esta arqueta es, por tanto, posterior a ese momento de plenitud en dos o tres décadas. Se consigna como observación derivada del cotejo de fechas, no como afirmación de la fuente: podría corresponder a la fase final del taller o a una producción distinta.

La atribución a «grupos artesanos de Silos y Limoges» es el dato de mayor interés y merece leerse en su contexto. Limoges, en el Lemosín francés, fue el principal centro europeo de producción de esmalte champlevé a partir del siglo XII; su producción, conocida como opus lemovicense, se difundió por toda la cristiandad occidental en forma de arquetas, cruces, báculos y placas litúrgicas, hasta constituir prácticamente una industria de exportación.

La relación entre Silos y ese ámbito no es ocasional sino fundacional. La misma documentación señala que el taller de la arqueta de marfiles —cuyos esmaltes se fechan en 1040-1050— reunía artesanos de Aquitania y Limoges, y que ahí se sitúa el inicio de la escuela de Silos. Dicho de otro modo: el taller esmaltero silense nace de una aportación lemosina siglo y medio antes de esta arqueta.

Bajo esa luz, la atribución mixta de la pieza deja de ser una anomalía: documenta la persistencia de un vínculo entre el monasterio y el ámbito lemosín a lo largo de más de un siglo y medio. No se ha localizado documentación sobre la forma concreta que adoptó esa colaboración —encargo, traslado de artesanos, importación de piezas para su acabado local—, y no se propone aquí ninguna hipótesis.

Descripción y programa iconográfico

La arqueta responde a la tipología estándar del relicario lemosín: cuerpo rectangular asentado sobre patas, cubierta a doble vertiente a modo de tejado y crestería calada como remate superior. La forma reproduce deliberadamente la de un edificio, en coherencia con su función de continente de reliquias.

El frente desarrolla el programa principal, organizado en tres zonas:

  • Centro: Crucifixión, con Cristo en la cruz acompañado por la Virgen y San Juan, uno a cada lado, en la disposición canónica del Calvario.
  • Sobre la cruz: una inscripción, situada en el eje. En el material gráfico manejado se aprecian caracteres compatibles con la abreviatura del nombre de Cristo, pero la fuente no ofrece transcripción y no se propone aquí ninguna lectura.
  • A cada lado del panel central: dos personajes bajo arquerías, portando libros o rollos. Se describen como aparecen documentados: sin identificación nominal.

La tapa desarrolla un programa distinto y complementario:

  • Centro: Cristo en Majestad enmarcado por una mandorla, acompañado de ángeles.
  • Flancos: parejas de santos portando cruces.

La articulación entre ambos programas responde a una lógica reconocible: el cuerpo de la arqueta muestra el sacrificio —Cristo muerto en la cruz— y la cubierta, la glorificación —Cristo entronizado en majestad—. La lectura asciende del frente al remate.

La trasera no queda desnuda: presenta «reticulado romboidal con motivos de rosetas en su interior». El dato es significativo desde el punto de vista funcional, porque indica que la pieza estaba concebida para ser vista por todos sus lados, y no adosada a un muro o al fondo de un armario.

Completa el conjunto una ornamentación geométrica y vegetal esmaltada que enmarca los paneles figurados: bandas con motivos de cuadrifolios en los ángulos, orlas de zigzag en los bordes y fondos de roleos sobre los que se recortan las figuras.

Técnica: el esmalte champlevé y los relieves aplicados

La pieza está ejecutada mediante esmalte champlevé sobre cobre dorado, procedimiento característico de la producción lemosina y del taller silense.

El champlevé —literalmente «campo levantado»— consiste en excavar cavidades en la placa metálica, rellenarlas con polvo de vidrio coloreado y someter el conjunto a cocción hasta la fusión del vidrio, que queda alojado en los alvéolos. Las zonas no excavadas permanecen en metal, se pulen y se doran. De ese procedimiento derivan los dos efectos característicos de la pieza:

  • El contraste entre las figuras doradas —metal reservado— y los fondos esmaltados, de gran saturación.
  • La estabilidad cromática: al tratarse de vidrio y no de pigmento, el color no se altera con el tiempo ni con la luz. Los tonos observables son los originales.

La gama cromática documentada en el conjunto de esmaltes de esta arqueta comprende azules, verdes, turquesa, rojo, negro y amarillo, paleta más amplia que la del panel del Cordero —donde predominan verdes y azules—, circunstancia coherente con su fecha más tardía.

Un rasgo técnico observable y propio de la producción lemosina de este momento es el tratamiento de las cabezas de las figuras: se ejecutan aparte, en relieve, y se aplican sobre la placa, mientras el resto del cuerpo se resuelve en plano mediante grabado y reserva de metal. El resultado es una acusada diferencia de resalte entre cabeza y cuerpo. Se describe aquí como observación técnica, sin que la fuente consultada lo consigne expresamente.

No se aportan dimensiones ni peso, por no constar publicados. En una pieza de esta tipología la escala es un dato relevante y difícil de deducir de las imágenes, por lo que su ausencia es una limitación efectiva de esta ficha.

Protección patrimonial y estado de la documentación

El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931. La arqueta no cuenta con catalogación individualizada: su protección deriva de su condición de bien mueble integrante del conjunto declarado, y cualquier intervención requiere autorización de la administración autonómica de cultura.

La pieza forma parte del grupo de obras salvadas de la dispersión provocada por la desamortización, periodo comprendido entre la exclaustración del 17 de noviembre de 1835 y el regreso de la comunidad el 18 de diciembre de 1880. Que permaneciera en el monasterio mientras las otras dos arquetas del tesoro acababan en el Museo de Burgos es, en sí mismo, un dato sobre su trayectoria, aunque no se ha localizado documentación que explique por qué unas piezas siguieron un camino y otras el contrario.

No consta ninguna intervención de restauración documentada sobre la arqueta. Tampoco hay estudio técnico publicado —análisis de esmaltes, identificación de aleaciones, examen de la estructura interna— que permitiría, entre otras cosas, contrastar la atribución mixta a los dos talleres.

Los extremos que permanecen sin fijar son los siguientes:

  • Dimensiones y peso de la pieza.
  • Transcripción de la inscripción del frente.
  • Identificación de los personajes de las arquerías del frente y de los santos de la tapa.
  • Reliquia o reliquias que contuvo, y si conserva contenido. Es la información más elemental de un relicario y no consta publicada.
  • Estructura interna y alma de madera, habitual en esta tipología pero no documentada aquí.
  • Reparto concreto del trabajo entre los artesanos silenses y los lemosinos.
  • Procedencia dentro del monasterio y uso litúrgico documentado.
  • Estado de conservación y actuaciones de mantenimiento.

El acceso está condicionado por el régimen de visita del monasterio: la arqueta se contempla en vitrina, dentro del recorrido que comprende el claustro, la botica y el museo, sin acceso independiente.

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Arqueta Relicario de Esmaltes de Limoges

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Arqueta relicario del Monasterio de Santo Domingo de Silos

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