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Patrimonio ReligiosoEl Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, conocido en Lerma como convento de Santa Clara, fue la primera de las fundaciones religiosas de la villa ducal, levantada en 1604. Lo habitan religiosas de clausura desde entonces, y en su iglesia se bautizó a una infanta de España. Cuatro siglos de vida contemplativa ininterrumpida a espaldas de la Plaza Mayor.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
Es un convento de clausura, así que lo visitable es la fachada y la iglesia. Ahí está lo interesante:
- Los blasones de la portada: la puerta, enmarcada por pilastras, luce los escudos de los Padilla, los Sandoval y los Rojas. Es la firma en piedra de quién pagó la obra y de con quién estaba emparentada.
- La espadaña barroca: de dos huecos y rematada con volutas, es el elemento que rompe la austeridad general del conjunto y el que identifica la silueta del monasterio.
- La fachada austera: sobriedad casi desnuda, en la línea del herreriano que domina toda la villa y coherente con la regla franciscana.
- Los dulces de las clarisas: la comunidad mantiene la elaboración artesanal, una tradición que en estos monasterios lleva siglos funcionando.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor?
Con quince o veinte minutos tienes para ver la fachada con detalle, identificar los tres blasones y rodear el conjunto. Si logras entrar a la iglesia, suma otro rato. Ten presente que es un monasterio de clausura en activo: el interior conventual no se visita, y el templo abre según los oficios.
¿Qué curiosidad esconde el Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor?
Que aquí se bautizó a una infanta de España. En 1610, la iglesia de este convento acogió el bautismo de la infanta Margarita Francisca, hija de Felipe III, lo que da la medida de hasta qué punto Lerma funcionaba como corte alternativa en aquellos años. Y hay otro dato que suele sorprender: pese a que el duque de Lerma llenó la villa de conventos, este fue el primero de todos, fundado en 1604, cuando el gran proyecto urbano apenas arrancaba. Su promotora no fue el duque, sino doña Mariana de Padilla, su nuera, y por eso el escudo de los Padilla comparte protagonismo en la portada con las armas de los Sandoval.
¿Se puede entrar en el Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor?
Solo a la iglesia, y con condiciones. La comunidad de hermanas clarisas vive en clausura, de modo que las dependencias conventuales quedan fuera de cualquier visita. El templo sí abre a los fieles con motivo de las celebraciones, y ahí es donde puede apreciarse el interior. Lo que sí funciona de forma habitual es la venta de dulces artesanos elaborados por las religiosas, una de las señas de identidad del monasterio. Conviene informarse antes de las condiciones, porque no es un espacio museístico sino una casa habitada.
El Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, conocido popularmente como convento de Santa Clara, es una fundación monástica femenina erigida en 1604 en el casco histórico de Lerma. Constituye la primera de las fundaciones religiosas de la villa ducal y responde al lenguaje sobrio del clasicismo herreriano, con una espadaña de tratamiento barroco. Permanece habitado por una comunidad de clausura desde su fundación.
Historia y cronología
La fundación se sitúa en 1604, en los primeros compases del proyecto de transformación urbana de la villa emprendido por Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma. Su condición de primera fundación religiosa del conjunto ducal es relevante desde el punto de vista cronológico, ya que precede a los conventos de San Blas (1613-1617), Santa Teresa (inaugurado en 1617) y a la propia conclusión del Palacio Ducal.
La promoción no correspondió al duque, sino a su entorno familiar directo. Las fuentes atribuyen la fundación a doña Mariana de Padilla, nuera del duque y esposa de su primogénito, don Cristóbal Gómez de Sandoval, futuro duque de Uceda. Algunas versiones presentan la fundación como obra conjunta del matrimonio. Esta autoría explica la presencia en la portada de los blasones de los Padilla junto a los de Sandoval y Rojas: el linaje de la fundadora comparte protagonismo heráldico con el de la casa ducal.
El hito documentado de mayor relevancia institucional es el bautismo de la infanta Margarita Francisca, hija de Felipe III, celebrado en la iglesia del monasterio. Diversas fuentes lo fechan el 10 de junio de 1610, dato que conviene contrastar por proceder de repertorios divulgativos. El acontecimiento acredita el papel de Lerma como sede efectiva de la Corte en aquellos años.
En cuanto a la comunidad, el monasterio estuvo ocupado por religiosas franciscanas clarisas. Existe constancia de un cambio de comunidad en torno a finales de 2010, momento a partir del cual el inmueble pasaría a estar habitado por el instituto religioso denominado "Iesu Communio". Este extremo procede de una fuente divulgativa y requiere verificación, pues determina cuál es la comunidad residente en la actualidad.
Características arquitectónicas y artísticas
El conjunto responde a la austeridad característica de la arquitectura conventual contrarreformista, en consonancia tanto con el lenguaje herreriano del conjunto ducal como con la regla franciscana. La fachada es austera, sin apenas concesiones ornamentales, y concentra el interés en dos elementos:
- La portada, enmarcada por pilastras y decorada con los blasones de los Padilla, los Sandoval y los Rojas, que identifican a los promotores y su vinculación con la casa ducal.
- La espadaña, de tratamiento barroco, con dos huecos para campanas y remate de volutas. Es el elemento que introduce un lenguaje distinto al del resto del edificio y el que perfila la silueta del monasterio.
La iglesia presenta planta de cruz latina y una notable sencillez constructiva. Su elemento estructural más característico es la bóveda rebajada del crucero, decorada con los escudos de los fundadores, solución que traslada al interior el mismo discurso heráldico de la portada.
El ajuar artístico documentado, con distintos grados de fiabilidad en las fuentes, comprende:
- Retablo mayor, de gran sencillez, presidido en su calle central por la representación de la Ascensión de Jesucristo, advocación titular del monasterio, flanqueada por las imágenes de San Francisco y Santa Clara de Asís.
- Pinturas atribuidas a Bartolomé Carducho, pintor florentino activo en la corte española, descritas por las fuentes locales como piezas de gran formato. La atribución procede de repertorios divulgativos y no ha podido contrastarse con bibliografía especializada.
- Cristo yacente atribuido a Gregorio Fernández, máximo representante de la escultura barroca castellana. Esta atribución procede de una reseña de visitante y debe considerarse no confirmada; de acreditarse, situaría al monasterio entre los conjuntos artísticos de primer orden de la comarca.
- Conjunto de relicarios.
El edificio conserva asimismo una cripta, que funcionó como espacio de enterramiento hasta 1891. No constan publicadas las dimensiones del templo ni del conjunto conventual, los materiales de fábrica ni la autoría del retablo.
Respecto a la dirección de obra, las fuentes locales señalan al maestro Pedro de Pedrosa como responsable de los trabajos. Este dato procede igualmente de fuentes divulgativas y requiere confirmación, si bien resulta coherente con la práctica de la época, en la que las fundaciones promovidas por miembros de la familia ducal no siempre recurrieron a los arquitectos reales que trabajaban para el duque.
Restauraciones e intervenciones
No consta ninguna campaña de restauración documentada con fecha, presupuesto o dirección facultativa en las fuentes públicas consultadas.
Sí está documentado un cambio funcional relevante: el cese del uso de la cripta como espacio de enterramiento en 1891, que responde a la normativa sanitaria decimonónica que fue prohibiendo progresivamente las inhumaciones en el interior de los templos y trasladándolas a cementerios extramuros. No consta si la cripta se conserva accesible o en qué estado se encuentra.
A diferencia de otras fundaciones ducales, este monasterio no sufrió los efectos de la desamortización con la intensidad que sí padecieron los conventos masculinos de la villa, ya que la legislación desamortizadora afectó de forma desigual a las comunidades femeninas. Esa continuidad explica que el inmueble haya llegado a la actualidad en uso ininterrumpido, aunque las fuentes no detallan las obras de conservación acometidas a lo largo de los siglos.
Protección y catalogación patrimonial
No se ha localizado declaración individualizada de Bien de Interés Cultural para este inmueble. Su protección deriva de la integración en el Conjunto Histórico de Lerma, declarado conjunto histórico-artístico en 1965 y hoy equivalente a Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico conforme a la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.
Cualquier intervención sobre la fábrica, la portada, la espadaña o el entorno inmediato queda sujeta a autorización de la administración cultural autonómica. Los bienes muebles del templo —retablo, pinturas, imaginería y relicarios— están asimismo amparados por la legislación de patrimonio, con independencia de su titularidad eclesiástica. Esta circunstancia resulta especialmente relevante en el caso de las obras atribuidas a Carducho y a Gregorio Fernández, cuya eventual confirmación de autoría implicaría un régimen de tutela reforzado.
El uso del inmueble es residencial y religioso, no museístico, lo que condiciona el régimen de acceso, limitado al templo en horario de culto.
Datos técnicos y curiosidades adicionales
El monasterio se localiza en el sector norte del casco histórico, en las coordenadas 42,0265 N y 3,7576 O, y constituye uno de los dos edificios religiosos que delimitan la Plaza de Santa Clara, a la que da nombre en su denominación popular. Junto a él discurría el trazado del pasadizo ducal, del que se recuperó en 2007 el tramo comprendido entre este monasterio y el de Santa Teresa.
Sobre la doble denominación conviene precisar: el nombre oficial de la fundación es Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, en referencia a su advocación titular, mientras que "convento de Santa Clara" es la designación popular derivada de la orden que lo habitó. Ambas aparecen indistintamente en las fuentes y designan el mismo inmueble, circunstancia que conviene tener presente al consultar repertorios.
La comunidad mantiene una actividad artesanal de elaboración y venta de dulces, práctica tradicional de sostenimiento económico en los monasterios femeninos de clausura y uno de los rasgos por los que el establecimiento es más conocido entre los visitantes.
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