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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónPasadizo del Duque
Palacios y Edificios HistóricosEl Pasadizo del Duque es la obra más reveladora de todo Lerma sobre cómo pensaba su promotor. Un corredor elevado que atravesaba la villa por encima de las calles para que el duque y su séquito llegaran del Palacio Ducal a la Colegiata de San Pedro sin bajar al suelo ni cruzarse con un solo vecino. Cuatro siglos después se conserva un tramo, y se puede recorrer.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
Del pasadizo original queda menos de lo que hubo, pero lo que queda cuenta la historia entera:
- El tramo recorrible: en 2007 se recuperó el fragmento comprendido entre los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara, habilitado para la visita. Se accede desde la Oficina de Turismo, instalada en el antiguo convento de Santa Teresa.
- Las arcadas del mirador: en la Plaza de Santa Clara, las recias arcadas que sostenían el corredor siguen en pie y forman hoy el mirador sobre la vega del Arlanza. Es la parte del pasadizo que se ve sin entrar a ningún sitio.
- Los arranques desaparecidos: junto al convento de San Blas se conservan los arranques de los tres arcos de otro pasadizo que unía aquel monasterio con el palacio, demolido en el siglo XIX. La huella queda a la vista en el muro.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Pasadizo del Duque?
El tramo habilitado se recorre en quince o veinte minutos, y lo habitual es hacerlo dentro de una visita guiada que incluye otros espacios de la villa. Si solo quieres ver las arcadas desde fuera, en la Plaza de Santa Clara, con cinco minutos te haces una idea perfecta de cómo funcionaba el invento.
¿Qué curiosidad esconde el Pasadizo del Duque?
Que fue construido, básicamente, para no ver a nadie. El duque de Lerma, valido de Felipe III y hombre más poderoso de España, hizo levantar a comienzos del siglo XVII una red de corredores elevados —proyectada por Juan Gómez de Mora— que conectaba su palacio con las iglesias y conventos de la villa. La razón oficial era el decoro y la comodidad; la real, evitar el contacto con el vecindario en los desplazamientos diarios al culto. Piénsalo un momento: mientras la Plaza Mayor se diseñaba para que las multitudes contemplaran el palacio, por encima de sus cabezas se construía el sistema para no tener que bajar hasta ellas. Toda la lógica del poder barroco resumida en un pasillo.
¿Se puede recorrer entero el Pasadizo del Duque?
No, y conviene saberlo antes de venir. El trazado original enlazaba el Palacio Ducal con la Colegiata de San Pedro atravesando dependencias monásticas, pero solo se conserva y se visita un tramo, el recuperado en 2007 entre los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara. Otros fragmentos, como el que unía el convento de San Blas con el palacio, fueron demolidos en el siglo XIX al abrirse las calles actuales. Además, como el recorrido discurre por espacios monásticos y municipales, el acceso está sujeto a condiciones y no siempre es libre: infórmate en la Oficina de Turismo antes de plantarte allí.
¿Se puede visitar el Pasadizo del Duque con niños?
Funciona bastante bien, aunque con matices. El tramo es corto, cubierto y sin dificultad física, así que se hace cómodo, si bien al ser una estructura histórica conviene comprobar si hay escaleras en el acceso antes de ir con carrito. Lo que engancha de verdad a los niños es el concepto: contarles que un señor mandó construir un pasillo por encima del pueblo para no pisar la calle les entra al primer intento, mucho mejor que cualquier explicación de estilos arquitectónicos.
El Pasadizo del Duque es una infraestructura de comunicación privada de comienzos del siglo XVII, consistente en un corredor elevado y abovedado que enlazaba el Palacio Ducal de Lerma con la Iglesia Colegial de San Pedro atravesando dependencias monásticas. Proyectado por Juan Gómez de Mora dentro del programa urbanístico del I duque de Lerma, se conserva únicamente de forma fragmentaria: un tramo recuperado y visitable, las arcadas de sustentación de la Plaza de Santa Clara y los arranques de un ramal demolido junto al convento de San Blas.
Historia y cronología
El pasadizo forma parte del proyecto de transformación integral de la villa emprendido entre 1600 y 1617 por Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma y valido de Felipe III. En ese conjunto, la infraestructura respondía a una necesidad concreta del programa cortesano: permitir que el duque y su séquito se desplazaran entre el palacio y los templos y conventos de su fundación sin descender a la vía pública ni mezclarse con el vecindario.
La autoría del proyecto se atribuye a Juan Gómez de Mora, arquitecto real y sobrino de Francisco de Mora, quien intervino en distintas obras del conjunto ducal. La cronología precisa de su construcción —fecha de inicio, de conclusión, contratos de obra— no consta en las fuentes accesibles, si bien resulta necesariamente coetánea de las fundaciones que conectaba, levantadas entre 1608 y 1617.
El sistema no se limitaba a un único corredor. Las fuentes documentan al menos dos ramales diferenciados:
- El corredor principal, entre el Palacio Ducal y la Iglesia Colegial de San Pedro, con paso a través del convento de Santa Clara y del de Santa Teresa.
- Un pasadizo volado de tres arcos que unía el palacio con el convento dominico de San Blas, situado en su costado meridional.
La pérdida del conjunto se produjo fundamentalmente en el siglo XIX. El ramal de San Blas fue demolido en esa centuria, coincidiendo con la apertura de la vía que hoy separa el convento del palacio. Las fuentes no precisan la fecha exacta ni la autoridad que ordenó la actuación. La recuperación parcial no llegaría hasta 2007.
Características arquitectónicas y artísticas
La tipología corresponde a un corredor elevado y abovedado, es decir, un paso cubierto sostenido sobre estructuras portantes que salvaba las calles y los espacios abiertos del casco urbano. Se trata de una solución poco frecuente en la arquitectura civil española de la época, y su presencia en Lerma responde al carácter unitario y planificado del conjunto ducal.
Los elementos conservados permiten reconstruir parcialmente su configuración:
- Arcadas de la Plaza de Santa Clara: las fuentes las describen como recias arcadas, levantadas específicamente como estructura de apoyo del corredor y no como elemento ornamental. Constituyen hoy el llamado Mirador de Los Arcos, y son la parte más visible del sistema.
- Arranques del ramal de San Blas: del pasadizo volado de tres arcos demolido en el siglo XIX aún pueden verse los arranques en el paramento, testimonio material del trazado desaparecido.
- Tramo entre los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara: es el fragmento recuperado y habilitado para la visita, con acceso desde la Oficina de Turismo instalada en el antiguo convento de Santa Teresa.
El lenguaje formal se corresponde con la sobriedad herreriana del conjunto de la villa, sin elementos decorativos añadidos. No constan publicados la longitud total del trazado original, la del tramo conservado, la altura del corredor sobre la rasante, su anchura, los materiales concretos de fábrica —sillería, mampostería o ladrillo—, el tipo de bóvedas empleadas ni el número de arcos de las arcadas de Santa Clara. Todos estos datos se omiten en lugar de estimarlos.
Restauraciones e intervenciones
La intervención documentada de mayor alcance es la recuperación del tramo comprendido entre los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara, ejecutada en 2007 y destinada a habilitar el paso para la visita pública. La actuación afectó exclusivamente a ese fragmento, sin abarcar la reposición del trazado íntegro. No se ha localizado el proyecto, el equipo redactor, el presupuesto ni la entidad promotora de esta actuación.
En sentido inverso, la actuación más determinante sobre el conjunto fue una demolición: la del ramal de tres arcos entre el convento de San Blas y el palacio, durante el siglo XIX. Su desaparición está ligada a la apertura del viario actual y responde al proceso general de reordenación urbana decimonónica, que en numerosas poblaciones eliminó pasos elevados y voladizos por razones de circulación e higienismo. La documentación municipal del periodo sería la vía para precisar el dato.
Algunas fuentes divulgativas mencionan además una restauración de las arcadas en el siglo XVIII, dato que no ha podido contrastarse y que se consigna únicamente como referencia pendiente de verificación.
Protección y catalogación patrimonial
No se ha localizado declaración individualizada de Bien de Interés Cultural para esta infraestructura. Su protección deriva de una doble vía: por un lado, la integración en el Conjunto Histórico de Lerma, declarado conjunto histórico-artístico en 1965 y hoy equivalente a Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico conforme a la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español; por otro, su condición de elemento adosado o integrado en inmuebles que cuentan con protección propia, señaladamente el Palacio Ducal, declarado Monumento Histórico-Artístico en 1965.
Esa naturaleza compartida plantea una particularidad de gestión: el pasadizo atraviesa inmuebles de titularidades distintas —el palacio, hoy establecimiento hostelero de la red de Paradores; dependencias monásticas de titularidad eclesiástica; y el antiguo convento de Santa Teresa, de uso municipal—, de modo que cualquier intervención requiere la concurrencia de varios titulares además de la autorización de la administración cultural.
Datos técnicos y curiosidades adicionales
La funcionalidad de la infraestructura constituye en sí misma su principal dato interpretativo. El pasadizo materializa una concepción jerárquica del espacio urbano: mientras la Plaza Mayor se dimensionaba para que la población contemplara el palacio desde abajo, se construía simultáneamente un sistema que permitía a su propietario circular por encima de esa misma población. Ambos elementos son coetáneos y responden al mismo proyecto.
Debe señalarse asimismo que el trazado no discurría por espacio público en todo su recorrido, sino que atravesaba el interior de conventos, circunstancia que explica tanto su conservación parcial —los tramos protegidos por edificios pervivieron mejor que los voladizos sobre la calle— como las actuales limitaciones de acceso, sujeto a las condiciones de las comunidades religiosas y de la administración municipal.
Sobre el emplazamiento, cabe advertir que las coordenadas asociadas a este punto coinciden prácticamente con las del Mirador de Los Arcos, lo que resulta coherente dado que el mirador se asienta sobre las arcadas del propio pasadizo, pero que conviene tener presente al identificar ambos elementos como registros diferenciados.
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El pasadizo secreto del siglo XVII de Lerma

Pasadizo del Duque de Lerma
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