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El museo del monasterio de Santo Domingo de Silos es la última parada del recorrido y, para mucha gente, la sorpresa. En una gran sala abovedada del siglo XVIII —el antiguo comedor de los monjes— se guarda el Tesoro de la abadía: orfebrería, esmaltes y escultura que van del siglo XI al XVIII. Y aquí hay algo que casi nadie espera encontrar: Silos tuvo su propio taller de esmaltes, uno de los más importantes de la Europa románica, y parte de lo que salió de él sigue en casa.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
Son pocas vitrinas y se recorren en un momento, pero hay cinco piezas que merecen que te pares delante con nombre y apellidos.
- El panel de cobre esmaltado: la obra maestra del taller de esmaltes de Silos, hecha hacia 1160-1175. En el centro, el Cordero Apocalíptico con el libro entre las patas; a los lados, seis paneles con figuras bajo arquerías. Y una sorpresa: lleva una banda con letras cúficas que dicen «alyemen», felicidad. Escritura árabe en una pieza litúrgica cristiana.
- El cáliz de Santo Domingo: de plata sobredorada, hecho entre 1041 y 1073, en vida del santo. Es grande por un motivo: era un cáliz ministerial, para dar la comunión con vino consagrado a toda la comunidad. Cuenta los doce arcos de herradura de la copa y el pie.
- La patena y su camafeo romano: un cabujón de cristal de roca rodeado de ocho alvéolos y treinta y dos piedras. Entre ellas, un camafeo de ágata romana con un rostro femenino. Lo contamos entero más abajo.
- El báculo del abad: cobre dorado, grabado, tallado y esmaltado, de hacia 1198. La voluta se decora con escamas y termina en una cabeza de dragón con lapislázuli, y lleva anillos de plata nielada. Apareció en 1960, en una excavación, dentro de la tumba de su dueño.
- El tímpano románico: el gran relieve semicircular del muro, con la Presentación de Jesús en el Templo en el centro. No estaba en un museo: apareció en 1964 debajo del suelo de la iglesia.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Museo y Tesoro de Arte Sacro de Silos?
Media hora si lo haces bien. La sala es amplia y despejada y se cruza en dos minutos, y ese es justo el error: aquí todo el valor está dentro de las vitrinas, no en el espacio.
Una recomendación de orden: no lo recorras en modo escaparate. Elige cinco o seis piezas y dedícales tiempo de verdad, con las cartelas delante, en vez de dar una vuelta rápida mirándolo todo por encima.
Y ten en cuenta que llega al final del recorrido, cuando ya llevas el claustro encima. Si puedes, guarda algo de energía para esta sala.
¿Qué curiosidad esconde el Museo y Tesoro de Arte Sacro de Silos?
Que en una de las vitrinas hay un retrato romano. Y no como pieza arqueológica en un rincón: engastado en una patena de altar.
La patena del santo es posterior a 1440 y se data en los siglos XV-XVI. Lleva treinta y dos piedras en el borde y, entre ellas, un camafeo tallado en ágata romana con un rostro femenino, fechado entre finales del siglo III y el siglo V.
Haz la cuenta: cuando alguien montó esa patena, ese camafeo ya tenía mil años. Alguien lo tenía guardado, alguien decidió que era demasiado bueno para desaprovecharlo, y una cara romana acabó rodeando un cristal de roca en una pieza litúrgica castellana.
No es la única presencia romana en la sala. La cabeza femenina de bronce que se expone junto a la paloma eucarística es también romana, de los siglos III-IV, procede de Carazo o de Clunia y se usó como relicario: guardaba reliquias en su interior.
¿Qué fue el taller de esmaltes de Santo Domingo de Silos?
Es el motivo por el que este museo importa más de lo que su tamaño hace pensar.
En Silos hubo un taller artesanal propio, posiblemente ya en el segundo tercio del siglo XI, en tiempos del abad Domingo — de ahí que el cáliz sea obra de casa. Pero su apogeo llegó entre 1140 y 1170, y de esos años salieron piezas que hoy están entre lo mejor del esmalte románico europeo.
Tiene un estilo reconocible a simple vista. Dos rasgos lo delatan:
- Las aves fantásticas: de cuello largo, que se prolongan y se enredan en roleos vegetales hasta que no sabes dónde acaba el pájaro y empieza la planta.
- El color: una paleta dominada por verdes y azules en muchísimas tonalidades distintas.
Aquí se conserva su obra maestra, el panel de cobre del Cordero, y también una arqueta relicario esmaltada de la última década del siglo XII, con la Crucifixión en el frente y Cristo en majestad en la tapa.
¿Por qué hay un tímpano de portada dentro del museo de Silos?
Porque no llegó por la puerta: apareció bajo el suelo.
El gran relieve semicircular que se ve apoyado en el muro se descubrió en 1964, durante unas obras de remodelación del pavimento de la iglesia. Estaba enterrado ahí, reutilizado como material de relleno cuando en el siglo XVIII se derribó el templo románico para levantar el actual.
Se data hacia el año 1200 y desarrolla un programa completo: la Presentación de Jesús en el Templo en el centro, la Natividad con San José, la mula y el buey y la Adoración de los Pastores a la izquierda, y la Adoración de los Reyes a la derecha.
Y hay un detalle que lo hace aún mejor: se relaciona con el maestro del relieve de la Anunciación del claustro. Es decir, que probablemente estás viendo la misma mano que talló uno de los ocho grandes relieves de las esquinas, unos metros más allá.
¿Está en este museo la famosa Arqueta de Santo Domingo de Silos?
No. Y conviene saberlo antes de ir, porque es la confusión más habitual de todas.
La célebre arqueta de marfiles y esmaltes, con las placas de marfil talladas de tradición califal e inscripción cúfica del taller de Cuenca, del año 1026, se conserva en el Museo de Burgos. Y no está sola: en la capital están también el frontal de la urna del sepulcro de Santo Domingo, otra de las cumbres del taller silense hecha entre 1150 y 1170, y una arqueta de esmaltes de la escuela de Limoges de finales del siglo XII.
Dicho de otro modo: el tesoro de Silos está repartido entre dos museos. Si vienes buscando la arqueta de marfil, tendrás que ir a Burgos capital. Lo que sí verás aquí es el resto, que no es poco.
¿Dónde está el Museo y Tesoro de Arte Sacro y hace falta reservar?
Está dentro del propio monasterio, en una sala del siglo XVIII contigua al lado sur del claustro que fue en origen el refectorio, el comedor de la comunidad, restaurada y acondicionada para su uso actual. Se visita dentro del mismo recorrido del claustro y no tiene entrada independiente.
No lo confundas con la antigua botica, que se ve en esa misma visita pero es otra cosa: allí lo que hay es una farmacia de 1705 con su botamen y su laboratorio, patrimonio científico y no artístico.
No hace falta reservar. La entrada se saca en el mostrador justo antes de entrar y no existe reserva previa para el visitante individual. Solo los grupos de más de veinte personas tienen recomendado avisar, y ni siquiera es obligatorio.
Recuerda que esto sigue siendo una abadía benedictina en activo: el claustro, la botica y el museo son la parte que se enseña, y el resto es clausura. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de plantarte allí.
El museo del monasterio de Santo Domingo de Silos es una colección monástica de titularidad eclesiástica que custodia el denominado Tesoro del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Reúne orfebrería litúrgica, esmaltes, escultura en piedra y madera y pintura, con una horquilla cronológica que va del siglo XI al XVIII, a la que se suman piezas romanas reutilizadas. Su rasgo distintivo es la conservación de obras del taller de esmaltes de Silos, uno de los centros esmalteros de mayor relevancia del románico europeo. Se instala en una sala del siglo XVIII contigua al lado meridional del claustro, el antiguo refectorio de la comunidad.
Formación de la colección e historia de la institución
El museo no procede de una fundación planificada sino de un proceso de reunión de lo que sobrevivió a la dispersión del patrimonio de la casa. Ese origen condiciona tanto su composición como sus lagunas, y conviene exponerlo antes que ningún otro dato.
El punto de ruptura es la exclaustración. El 17 de noviembre de 1835, en aplicación del decreto del gobierno de Mendizábal, la comunidad benedictina se disolvió y el monasterio quedó sin vida religiosa durante cuarenta y cinco años. En ese periodo se produjo la dispersión del patrimonio mueble del cenobio: parte se perdió, parte se vendió y parte pasó a colecciones públicas donde permanece. La comunidad regresó el 18 de diciembre de 1880, procedente de la abadía francesa de San Martín de Ligugé.
La documentación de la Junta de Castilla y León precisa que el fondo actual se compone de dos categorías de piezas de origen distinto:
- Obras salvadas de la dispersión producida durante la Desamortización, que constituyen el núcleo del tesoro litúrgico.
- Piezas recuperadas en excavaciones arqueológicas practicadas en el propio recinto monástico.
Del segundo grupo se documentan con precisión dos hallazgos de primer orden, ambos producidos en obras de los años sesenta del siglo XX:
- 1960: en la excavación de la tumba del abad Juan Gutiérrez II, fallecido hacia 1198, aparece el báculo abacial esmaltado.
- 1964: durante las obras de remodelación del pavimento de la iglesia se descubre el tímpano de portada románica.
La sala expositiva es, según la fuente citada, una estancia del siglo XVIII contigua al lado meridional del claustro que fue «en su origen refectorio o comedor del monasterio» y que «ha sido restaurada y acondicionada para esta nueva funcionalidad». No consta la fecha de esa intervención museográfica ni la autoría del proyecto, y no se aportan aquí por no disponer de ese dato.
Debe consignarse, por último, que una parte sustancial del tesoro de Silos no se encuentra en el monasterio sino en el Museo de Burgos. El detalle de esas piezas se recoge en una sección específica de esta ficha, porque afecta directamente a la valoración del conjunto conservado in situ.
El taller de esmaltes de Silos y sus obras conservadas en el monasterio
El elemento que confiere al museo su categoría internacional es la producción del taller de esmaltes del propio monasterio.
La documentación consultada sitúa su posible origen en el segundo tercio del siglo XI, cuando «posiblemente existiera un taller artesanal en el monasterio de Silos que llevaría a cabo las obras de orfebrería excepcionales con función litúrgica en tiempos del abad Domingo». Esa formulación es expresamente cautelar en la fuente y así se recoge: la existencia del taller en el siglo XI es hipótesis, no hecho documentado, aunque el cáliz de Santo Domingo apoya la idea de una capacidad de producción propia en esas fechas.
Lo que sí está establecido es su periodo de apogeo, entre 1140 y 1170, del que proceden sus obras cumbre. El taller tiene un estilo caracterizado por dos rasgos que la fuente define de forma literal:
- Un repertorio de «aves fantásticas, de cuello largo y que se prolongan en motivos de roleos vegetales», es decir, una fusión deliberada entre la figura animal y la trama vegetal.
- Una «paleta de colores en la que predomina la diversidad de tonalidades de verdes y azules».
La obra maestra conservada en el monasterio es el retablo o panel de cobre de Silos, ejecutado hacia 1160-1175. Su composición se organiza en torno a un Cordero Apocalíptico con nimbo crucífero, con el libro entre las patas y ante una cruz potenzada, flanqueado por seis paneles laterales con triple arquería que alojan figuras humanas. La identificación de estas figuras no está resuelta: la propia fuente ofrece tres posibilidades —Apóstoles, profetas o Ancianos del Apocalipsis— y aquí no se elige ninguna.
Dos datos técnicos de la pieza merecen atención específica. El primero es la técnica de vernis brun, un procedimiento de oscurecimiento controlado de la superficie de cobre que se emplea como fondo y contraste del esmalte. El segundo es epigráfico y resulta excepcional: el panel incorpora una doble banda con letras cúficas que reproducen la palabra «alyemen», felicidad. La presencia de escritura árabe en una pieza litúrgica cristiana del siglo XII documenta la circulación de repertorios ornamentales islámicos en el ámbito monástico castellano y constituye uno de los datos más citados del conjunto.
El museo conserva además una arqueta relicario de esmaltes fechada en la última década del siglo XII. Es de cuerpo rectangular sobre patas, con cubierta a doble vertiente rematada por crestería. Su programa se distribuye así:
- Frente: Crucifixión central con Cristo, la Virgen y San Juan; inscripción en la parte superior; tondos con el sol y la luna a los lados; y dos personajes a cada lado bajo arquerías rematadas en torrecillas.
- Panel superior: Cristo en majestad en mandorla acompañado de ángeles, con parejas de santos portando cruces.
- Trasera: reticulado romboidal con rosetas, de carácter puramente ornamental.
Su gama cromática —azules, verdes, turquesa, rojo, negro y amarillo— es más amplia que la del panel del Cordero, coherente con su fecha más tardía.
La orfebrería litúrgica
El conjunto de orfebrería cubre siete siglos de producción, del XI al XVIII, y permite seguir la evolución del ajuar eucarístico de una casa monástica de primer nivel.
La pieza más antigua y de mayor significación histórica es el cáliz de Santo Domingo, datado entre 1041 y 1073, es decir, durante el abadiato del santo, y ejecutado en el taller monástico. Está realizado en plata sobredorada y su estructura consiste en copa y pie resueltos como medias esferas unidas por un astil cilíndrico con nudo esférico central. La decoración es de filigrana, con doce arcos de herradura distribuidos en la copa y en la base. Una inscripción consigna que fue mandado hacer por el abad Domingo en honor de San Sebastián, advocación original del cenobio.
Su gran tamaño responde a una función concreta y no a un afán de ostentación: se trata de un cáliz ministerial, «destinado a distribuir la comunión acompañada del vino consagrado». La fuente lo califica de «obra excepcional dentro de la orfebrería de este momento histórico».
La patena del santo lo acompaña pero es muy posterior: se data después de 1440, en los siglos XV-XVI. Su composición articula un cabujón central de cristal de roca enmarcado por ocho alvéolos semicirculares, y un borde ancho decorado con filigrana ondulada en el que se engastan treinta y dos piedras, reaprovechadas de obras anteriores. Entre ellas destaca un camafeo tallado en ágata romana con rostro femenino, fechado entre finales del siglo III y el siglo V d. C. El reempleo de gemas antiguas en piezas litúrgicas medievales es una práctica documentada, pero la identificación precisa de la cronología del camafeo convierte a esta patena en un ejemplo particularmente valioso.
Un segundo caso de reutilización de material romano lo constituye la cabeza femenina de bronce, de época romana, siglos III-IV d. C., con procedencia atribuida a Carazo o Clunia. La pieza fue reconvertida en relicario: contenía reliquias en su interior. Se expone históricamente vinculada a la paloma eucarística por afinidad de función y de simbolismo.
La paloma eucarística es de plata dorada y se data en la segunda mitad del siglo XIII. Recibe ese nombre «por tener en su dorso un receptáculo, con puertecilla, donde se guardaba la Forma Eucarística». Está fundida en una sola pieza salvo la cabeza, detalle técnico que revela un molde único con la cabeza resuelta aparte para permitir el acceso al receptáculo.
El báculo abacial es, junto al panel de esmaltes, la pieza de mayor complejidad técnica del museo. Constituye el «símbolo del poder espiritual y jurisdiccional del Abad de Silos» y está ejecutado en cobre dorado, grabado, tallado y esmaltado. Su descripción detallada es la siguiente:
- Voluta decorada con escamas y rematada en una cabeza de dragón con lapislázuli.
- Anillos de plata nielada, técnica de incrustación de una aleación negra en el surco grabado.
- Nudo decorado con aves esmaltadas.
- Caña con rombos y triángulos que enmarcan igualmente aves esmaltadas.
Las aves esmaltadas del nudo y de la caña remiten directamente al repertorio característico del taller silense descrito más arriba, lo que refuerza la coherencia del conjunto conservado.
El resto del fondo de orfebrería comprende:
- Cruces procesionales de bronce grabado y esmaltado, del siglo XIII.
- Cáliz de plata dorada del siglo XVI.
- Custodia procesional hexagonal de 1526, ejecutada en bronce sobredorado, del tipo de torre o de asiento, con el viril en el cuerpo inferior y la fecha inscrita en las cartelas de varias columnas.
- Custodia de plata dorada del siglo XVII, de tipo sol y gran diámetro.
- Arca del Jueves Santo, de plata cincelada, con inscripción que recoge su donación en 1717.
Merece señalarse un dato material que suele pasar inadvertido: la custodia de 1526, que es la pieza de mayor tamaño del conjunto, es la única del ajuar eucarístico que no es de plata. Cáliz del XI, paloma del XIII, cáliz del XVI, custodia del XVII y arca de 1717 son de plata o plata dorada; la custodia grande es de bronce sobredorado, opción coherente con su escala y con el coste que habría supuesto en metal noble.
La escultura y el tímpano románico
El apartado escultórico se nutre casi por completo de material recuperado en obras y remodelaciones del propio monasterio, y no de adquisiciones.
La pieza principal es el tímpano de portada románica, cuyo hallazgo la fuente sitúa con precisión: «Fue descubierto en 1964, durante las obras de remodelación del pavimento de la iglesia». Su aparición bajo el pavimento indica reempleo como material de relleno, circunstancia habitual cuando se derribó el templo románico para levantar la iglesia neoclásica en el siglo XVIII.
Se data hacia el año 1200 y desarrolla un programa iconográfico completo de la infancia de Cristo, distribuido en tres registros:
- Escena central: Presentación de Jesús en el Templo.
- Lateral izquierdo: Natividad, con San José, la mula y el buey, y Adoración de los Pastores.
- Lateral derecho: Adoración de los Reyes.
El dato de mayor interés historiográfico es su relación con el maestro del relieve de la Anunciación del claustro, es decir, con el segundo maestro del claustro bajo, autor de los dos relieves del ángulo sudoeste. Esa vinculación tiene una consecuencia que conviene explicitar: si el tímpano se data hacia 1200 y procede de la misma mano que la Anunciación claustral, la actividad del segundo taller del claustro se prolonga hasta el entorno del año 1200, lo que respalda la cronología más baja de las dos que manejan las fuentes sobre el claustro. Se consigna como inferencia derivada de los datos publicados, no como afirmación de la fuente.
El resto del fondo escultórico y pictórico comprende:
- Cabezas y capiteles románicos en piedra, recuperados en remodelaciones del monasterio.
- Grupo escultórico gótico del siglo XIV, en piedra policromada, con Santa Ana soportando a la Virgen y al Niño Jesús —el tipo iconográfico de la Santa Ana Triple o Trinidad terrenal—.
- Virgen sedente con Niño, talla de madera del siglo XIII, parcialmente conservada.
- Lienzo de la Epifanía, del siglo XVII, única pieza de pintura reseñada en el inventario publicado.
El tesoro disperso: las piezas conservadas en el Museo de Burgos
La valoración del museo de Silos resulta incompleta si no se consigna que tres de las obras cumbre del tesoro se conservan fuera del monasterio, en el Museo de Burgos. Todas ellas salieron de la casa como consecuencia de la desamortización.
La primera es el frontal de la urna del sepulcro de Santo Domingo, calificado por la fuente como «una de las obras cumbre del taller de esmaltes de Silos» y datado entre 1150 y 1170. Presenta en el centro un Cristo en majestad en mandorla acompañado del Tetramorfos, sentado sobre la bóveda celestial, bendiciendo con la derecha y sosteniendo el libro con la izquierda, con nimbo crucífero y las letras alfa y omega. A cada lado se disponen seis apóstoles bajo arquerías de medio punto. Su gama es de tonalidades azuladas y verdosas con blanco y marrón.
La segunda es la arqueta relicario de marfiles y esmaltes, la pieza más conocida del conjunto y la que suele identificarse sin más como «la Arqueta de Silos». Es una caja rectangular con tapa en pirámide truncada, revestida de placas de marfil talladas de tradición califal procedentes del taller de Cuenca y fechadas por inscripción cúfica en 1026, con decoración en bandas horizontales de escenas cinegéticas. Los esmaltes que la completan son posteriores, de 1040-1050, e incluyen en el panel lateral izquierdo la representación de Santo Domingo con hábito y báculo flanqueado por ángeles, y en la tapa un Cordero Apocalíptico nimbado con el libro entre las patas y las letras omega y alfa. La pieza combina, por tanto, marfil islámico del califato y esmalte cristiano con quince o veinte años de diferencia.
La tercera es una arqueta de esmaltes de la escuela de Limoges, de finales del siglo XII, ajena por tanto a la producción silense. Es de cuerpo rectangular sobre cuatro patas con cubierta a doble vertiente, ejecutada en champlevé sobre fondo azul turquesa. Su frente presenta tres mandorlas: Cristo en majestad con alfa y omega y los símbolos de los evangelistas en la central; la Virgen nimbada con vara de flores a la derecha; y a la izquierda un personaje barbado no identificado con nimbo, filacteria y libro. El tejadillo aloja cinco apóstoles o santos.
La existencia de esta parte del tesoro fuera del monasterio explica además una circunstancia práctica: estas piezas viajan con frecuencia a exposiciones internacionales, de modo que su disponibilidad para el visitante no está garantizada ni siquiera en el Museo de Burgos.
Protección patrimonial y régimen de acceso
El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931, el nivel máximo de protección de la legislación española de patrimonio. No se ha localizado catalogación individualizada del museo ni de sus fondos: la tutela deriva de la condición de bienes muebles integrantes del conjunto declarado, y cualquier intervención sobre ellos requiere autorización de la administración autonómica de cultura.
La titularidad y la gestión corresponden a la comunidad benedictina. No se trata de un museo de titularidad pública ni de una institución con estatuto museístico autonómico, sino de una colección monástica abierta a la visita. En consecuencia, no se publican cifras de visitantes, número total de piezas inventariadas ni superficie expositiva, y no se aportan aquí por no existir dato oficial.
No constan intervenciones de restauración documentadas sobre las piezas del tesoro en la documentación manejada. Esa ausencia no implica que no se hayan producido: significa únicamente que no están publicadas.
El museo es una de las tres zonas del monasterio abiertas al público, junto con el claustro y la antigua botica, y se recorre integrado en ese mismo itinerario, sin entrada independiente. El resto del recinto está sometido a clausura, por tratarse de una abadía benedictina en activo con comunidad residente.
El acceso no requiere gestión previa: la venta de entradas se realiza exclusivamente en el mostrador, inmediatamente antes de la visita, y no existe reserva anticipada. Para grupos de más de veinte personas la abadía recomienda un aviso previo de carácter no obligatorio.
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Museo y Tesoro de Arte Sacro

Museo de Santo Domingo de Silos

Arqueta Relicario de Esmaltes de Limoges
Arqueta
Arqueta relicario del Monasterio de Santo Domingo de Silos
Arqueta
Cáliz y Patena de Santo Domingo de Silos
Cáliz y Patena
Frontal del Cáliz de Santo Domingo de Silos
Cáliz y Patena
Patena de Santo Domingo de Silos
Cáliz y Patena
Cáliz de Santo Domingo de Silos
Cáliz y Patena
Otra vista del Cáliz
Cáliz y Patena
Custodia Procesional del Monasterio de Santo Domingo de Silos
Custodia
Gran custodia de torre - Ostensorio procesional realizada en plata sobredorada, bronce y pedrería cristales de roca engastados
Custodia
Custodia del Monasterio de Santo Domingo de Silos
Custodia
Custodia tipo Sol (Ostensorio)
Ostensorio
Custodia de sol u Ostensoire / Ostensorio
Ostensorio
Relicario de Plata Barroca
Relicario
Relicario de Plata del Monasterio de Silos
Relicario
Tímpano Románico del Museo
Tímpano
Tímpano románico del museo del Monasterio de Silos
Tímpano
Cabezas Esculpidas en Piedra
Cabezas
Colección Lapidaria y Cabezas de Piedra del Museo
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