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Cruz de Atapuerca
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La Cruz de Atapuerca, conocida oficialmente como Cruz de Matagrande, es una gran cruz de madera plantada en lo alto de la sierra, a unos 1.080 metros de altitud, justo en el punto donde el Camino Francés corona el paso. Al pie se amontonan cientos de piedras dejadas por los peregrinos, y desde ahí arriba se abre de golpe toda la meseta con Burgos al fondo. Es una de esas paradas donde el esfuerzo de la subida se cobra en vistas y en silencio.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

El sitio es sencillo —una cruz, un montón de piedras y un horizonte enorme—, pero tiene más capas de las que parece:

  • El montón de piedras: cada una la ha subido un peregrino, muchas con mensajes escritos. Es el mismo ritual que en la célebre Cruz de Ferro de los Montes de León, pero en versión burgalesa y sin autobuses de turistas.
  • Las vistas desde el alto: se domina la llanura entera, con la ciudad de Burgos recortada a lo lejos. El mejor mirador natural de toda la comarca, y encima gratuito.
  • El monumento a Luciano Huidobro: cerca de la cima hay un hito con un fragmento de "Las peregrinaciones jacobeas", la obra del erudito burgalés que estudió a fondo las rutas a Compostela.
  • El punto de paso del Camino: aquí estás sobre la ruta jacobea, Patrimonio de la Humanidad, en el tramo que cruza la sierra entre Atapuerca y Cardeñuela Riopico.

¿Cuánto tiempo se necesita para subir a la Cruz de Atapuerca?

Desde el pueblo, calcula media hora larga de subida a pie, con un desnivel corto pero constante por pista de tierra. Arriba querrás quedarte al menos quince o veinte minutos, entre las vistas y las fotos. En total, algo más de una hora ida y vuelta a paso tranquilo, más si sigues cresteando por el alto.

¿Cuál es el mejor momento para subir a la Cruz de Atapuerca?

El amanecer es insuperable: la luz llega de frente sobre la llanura, el mar de niebla es habitual en los meses fríos y encima coincides con los peregrinos que cruzan la sierra a primera hora, que es cuando el sitio tiene alma. El atardecer también funciona muy bien, con la silueta de la cruz recortada contra el cielo. Un detalle que casi nadie sabe: en Navidad los vecinos montan un belén al pie de la cruz. Y lo práctico: aquí arriba no hay sombra ni resguardo, y el viento sopla con ganas, así que en verano madruga y en invierno abrígate más de lo que creas necesario.

¿Qué curiosidad o leyenda esconde la Cruz de Atapuerca?

Cuenta la tradición que la cruz se colocó en memoria de un peregrino que falleció en este mismo alto, algo perfectamente verosímil en un paso expuesto donde el frío y la nieve han complicado la vida a los caminantes durante siglos. Lo que sí es indiscutible es el ritual que ha crecido a su alrededor: los peregrinos suben una piedra y la depositan al pie, un gesto que hunde sus raíces en costumbres muy anteriores al cristianismo, cuando amontonar piedras servía para señalar pasos difíciles y marcar límites de territorio. Ver crecer ese montón año tras año es, en el fondo, ver un monumento construido por miles de desconocidos sin ponerse de acuerdo.

¿Se puede subir a la Cruz de Atapuerca con niños?

Sí, con la condición de que caminen por su cuenta. El camino es una pista ancha de tierra con desnivel suave, sin tramos técnicos ni peligro de caída, pero es una subida real: el carrito queda descartado y a los muy pequeños hay que acabar llevándolos en brazos. A partir de los cinco o seis años se hace bien, y el aliciente funciona solo: pedirles que suban su propia piedra para dejarla en la cruz convierte la caminata en una misión. Sube agua, porque en todo el trayecto no hay fuentes.

¿Cuál es la mejor época del año para subir a la Cruz de Atapuerca?

Primavera y otoño son las mejores, con diferencia: temperatura amable para la subida, colores estupendos en la llanura y mucho tránsito de peregrinos. El verano pide madrugar, porque el ascenso al descubierto se hace duro a partir de media mañana. El invierno es para valientes, con viento y frío de sierra, pero regala dos premios que no se ven en ninguna otra época: las nieblas por debajo del alto y el belén al pie de la cruz.

¿Por qué los peregrinos dejan piedras en la Cruz de Atapuerca?

Por un ritual jacobeo muy extendido: cada peregrino trae una piedra, a menudo desde su lugar de origen, y la deposita al pie de la cruz como símbolo del peso que deja atrás. Muchos escriben en ella un nombre, una fecha o una intención. La costumbre está calcada del humilladero de la Cruz de Ferro, en el monte Irago leonés, el más famoso del Camino Francés, aunque el origen del gesto es mucho más antiguo que la peregrinación cristiana. Si vas a subir, la propuesta es evidente: coge una piedra al empezar la cuesta y déjala arriba. Es la forma más barata de formar parte de algo.

Características

  • Gratuito

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