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Altar La Peña
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Altar La Peña

Una mole de arenisca de setenta y dos metros de largo y diez de alto asomando sobre el robledal, con peldaños tallados para subir y, arriba, cinco cuencos excavados en la piedra con sus canales de desagüe. El Altar de La Peña de Gete es el mayor de los santuarios rupestres del término y, según la investigación, aquí se degollaban animales y se derramaba su sangre. El panel que hay al pie lo dice sin rodeos: «delante de ti se realizaron sacrificios».

Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?

Es un monumento grande y con muchas cosas labradas. Estas son las que hay que localizar:

  • El tamaño de la roca: 72 metros de largo, 28 de ancho y hasta 10 de altura en el lado sur, donde el corte es vertical. Hacia el norte desciende poco a poco, y por ahí es por donde se sube.
  • La escalera tallada: una superficie inclinada a 45 grados, de 7 metros de largo por 5 de ancho, con series de entalladuras alineadas en tres o cuatro hiladas que sirven de peldaños. No es una rampa natural: alguien la trabajó para poder subir.
  • Los cinco lóculos: las cavidades excavadas en lo alto. La principal es casi circular, de 89 por 74,5 centímetros y 35 de profundidad, enmarcada por un rebaje cuadrado de 196 por 189 centímetros. Otras tres se abren veinte centímetros más abajo.
  • Los canales de desagüe: cada lóculo tiene el suyo. El de la cavidad principal mide 42 centímetros. Son la clave para entender el sitio: lo que se vertía dentro tenía que salir por algún lado.
  • La cruz griega grabada: un pequeño grabado de 20 por 20 centímetros, de brazos iguales. Búscala, porque cuenta una historia entera ella sola.
  • Los mechinales: agujeros para vigas en la cara occidental. Alguien, en algún momento, construyó algo apoyado contra esta roca.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Altar de La Peña de Gete?

Media hora larga, y aquí sí que se aprovecha entera: es un monumento de setenta metros y hay que rodearlo para verlo, no basta con mirarlo de frente.

El plan que funciona: rodear la roca por el sur, que es donde el corte es vertical y donde mejor se aprecia la mole; localizar la escalera en la vertiente que desciende; y leer los tres paneles que hay en este altar —es el que más señalización tiene de los dos visitables—.

Está a 350 metros del punto de inicio de la ruta, que arranca en el propio pueblo. La ruta completa, con los dos altares, son 700 metros, unos 45 minutos y dificultad baja.

¿Qué se hacía exactamente en el Altar de La Peña de Gete?

Esto es lo que hace especial a esta ficha: el ritual está descrito, paso a paso, en el panel que hay al pie de la roca, a partir de lo que cuentan las fuentes escritas —romanas, sobre todo— sobre los ritos paganos de las sociedades prerromanas.

La secuencia era esta:

  • El druida se lavaba las manos, como signo de purificación, y oficiaba de sacerdote.
  • Se degollaba un animal —buey, cerdo u oveja— y se derramaba su sangre en el lóculo, desde donde caía al vacío por el canal.
  • Se hacían juramentos a los dioses durante el proceso, y se les ofrecían las vísceras.
  • La carne se asaba y se comía en un banquete.

Y el panel remata con una frase que merece la pena leer despacio: esta ceremonia, «al igual que nuestras romerías, además de un acto religioso era también un acto social y político».

Ahí está todo. La gente subía a una roca, mataba un animal, juraba, y luego comía junta. Cambia los nombres y los siglos y tendrás cualquier romería de la Sierra de la Demanda.

¿Qué curiosidad esconde el Altar de La Peña de Gete?

Una cruz. Alguien grabó una cruz griega de veinte por veinte centímetros en la roca, y ese detalle diminuto es la cosa más elocuente de todo el yacimiento.

Piensa en lo que significa. Este era un altar pagano donde se sacrificaban animales. Siglos después, alguien subió hasta aquí y marcó la piedra con el signo de la nueva religión. No es un adorno: es una cristianización, el gesto de neutralizar un lugar de culto anterior apropiándoselo.

Y no es el único rastro de vidas posteriores. En la cara oeste hay mechinales —agujeros para encajar vigas—, lo que significa que en algún momento se construyó una estructura de madera apoyada contra la roca. Un refugio, un cobertizo, algo.

Súmalo: un altar del final de la Edad del Bronce, cristianizado con una cruz siglos más tarde, y luego usado como pared de una construcción. Esta peña lleva tres mil años sin que la dejen en paz, y eso se lee todavía en su superficie.

¿Qué diferencia hay entre el Altar de La Peña y el Altar de los Tres Tronos de Gete?

Son los dos altares visitables de Gete y funcionan como pareja, pero no son lo mismo ni sirven para lo mismo.

El Altar de La Peña es un altar de sacrificio. Enorme, con escalera para subir y cinco lóculos con canales de desagüe. Lo que se hacía aquí era ofrecer.

El Altar de los Tres Tronos es un altar de trono. Mucho más pequeño, con tres asientos labrados en la base de un escarpe de tres metros. Lo que se hacía allí era sentar a alguien: elegir o legitimar a un jefe.

Y luego está lo que los une, que es lo bonito: La Peña está orientada al orto del sol en el solsticio de invierno y a su ocaso en el solsticio de verano. Es decir, los dos altares reparten entre ellos los momentos clave del año solar. Esa simetría es justamente lo que ha llevado a pensar que no son piezas sueltas, sino un mismo santuario repartido en el paisaje.

¿Se puede subir a lo alto del Altar de La Peña de Gete?

Físicamente sí —para eso está la escalera tallada—, pero conviene pensárselo, y esta es la advertencia importante de la ficha.

Estamos hablando de una rampa de arenisca inclinada 45 grados, con los peldaños muy erosionados por milenios de intemperie, sobre una roca que en su lado sur cae diez metros en vertical. No hay barandilla, ni cadena, ni nada. Y la arenisca con musgo o mojada resbala muchísimo.

Si subes, hazlo con la roca completamente seca, con calzado de suela agarrada, y sin acercarte al borde sur. Con niños, no subas: la roca se entiende perfectamente desde abajo y desde los paneles, y no merece la pena jugársela.

¿Cuál es la mejor época del año para visitar el Altar de La Peña de Gete?

Este monumento tiene dos citas marcadas en el calendario, y son las que fijó quien lo talló:

  • El amanecer del solsticio de invierno, en torno al 21 de diciembre: la roca está orientada al punto por donde sale el sol ese día.
  • El atardecer del solsticio de verano, en torno al 21 de junio: y al punto por donde se pone.

Fuera de esas dos fechas, el invierno y el comienzo de la primavera son lo mejor. El robledal está sin hoja, entra luz al roquedo y se ve la roca entera; en verano la fronda tapa buena parte de los setenta metros.

Y para los detalles labrados, la regla de siempre en estos yacimientos: luz rasante. Los lóculos, los canales, las entalladuras de la escalera y sobre todo la cruz griega son grabados suaves y muy erosionados: con el sol alto se aplanan y no los ves; con luz de lado aparecen.

Características

  • Gratuito

El Altar de La Peña de Gete es un gran afloramiento de arenisca caliza con elementos labrados, interpretado por la investigación como un altar rupestre de sacrificio de tradición céltica. La roca mide 72 metros de longitud en dirección este-oeste, 28 de anchura y hasta 10 de altura máxima en su sector meridional, y presenta una escalera de entalladuras, cinco lóculos con sus canales de desagüe, mechinales y una cruz griega grabada. Su masa alargada está orientada al orto del sol en el solsticio de invierno y a su ocaso en el solsticio de verano. Se le propone una cronología del final de la Edad del Bronce. Es el mayor y mejor documentado de los cinco altares identificados en el término de Gete y uno de los dos habilitados para la visita. No ha sido excavado.

Investigación, metodología y publicación

El monumento cuenta con publicación científica, circunstancia excepcional entre los elementos rupestres de la comarca y que determina la calidad de esta ficha.

El estudio de referencia es «Las "peñas sacras" de Gete (Pinilla de los Barruecos, Burgos): sobre religiosidad céltica en el alto valle del río Arlanza», de Martín Almagro Gorbea (Real Academia de la Historia), Ignacio Ruiz Vélez y María Victoria Palacios Palacios (UNED de Burgos), publicado en el Boletín de la Institución Fernán González, volumen XCVI, número 254, 2017/1, páginas 41 a 79 (ISSN 0211-8998). El trabajo se inscribe en una línea de investigación provincial más amplia que dio lugar a una segunda entrega en el número 260, 2020/1, páginas 9 a 78, y ha contado con el apoyo de la Fundación Caja Rural de Burgos y de la UNED.

La metodología aplicada debe consignarse con precisión, porque condiciona el alcance de todas las conclusiones:

  • Limpieza superficial no agresiva, ejecutada con cepillos no metálicos y con el criterio expreso de conservar los líquenes, orientada a la localización de grabados y entalles.
  • Medición y registro de los elementos labrados.
  • Prospección territorial del entorno, destinada a identificar los santuarios asociados, que es la que permitió reconocer el conjunto de cinco altares.

Debe subrayarse lo que no se hizo: no consta excavación arqueológica estratigráfica, ni sondeos, ni analíticas. Tampoco se reportan hallazgos de materiales —cerámica, metal, restos óseos— asociados al monumento. La documentación disponible es, por tanto, de superficie, y esa limitación es la clave para valorar la cronología propuesta, según se expone más abajo.

El criterio de conservar la costra liquénica merece un comentario favorable. Retirar líquenes de una arenisca arrastra la película superficial de la roca y, con ella, las huellas de talla; además, esa costra actúa a menudo como capa protectora frente a la erosión. Mantenerla implica aceptar una lectura visual más difícil a cambio de no comprometer la superficie original, y es la decisión correcta en un soporte de este tipo.

Descripción física y elementos labrados

El soporte es un afloramiento de arenisca caliza que la publicación describe como afectado por una erosión considerable debida a los agentes meteorológicos. Presenta disposición alargada en dirección este-oeste, con estas dimensiones:

  • Longitud: 72 metros.
  • Anchura: 28 metros.
  • Altura máxima: 10 metros, en el sector sur.

La morfología es marcadamente asimétrica: el lado sur presenta un corte vertical de esa altura máxima, mientras que hacia el norte la roca desciende de forma gradual. Esa asimetría no es un detalle menor, porque determina por dónde se accede a la plataforma superior y explica la ubicación de la escalera.

Los elementos labrados documentados son los siguientes.

La escalera. Aprovecha una superficie inclinada a 45 grados, de 7 metros de largo por 5 de ancho, sobre la que se abrieron varias series de entalladuras más o menos alineadas, formando tres o cuatro hiladas que facilitan el acceso a la parte alta. Se trata, por tanto, de una adaptación de un plano natural mediante talla, no de una escalera construida.

Los lóculos. Se documentan cinco cavidades rehundidas:

  • Lóculo principal (n.º 1): de forma casi circular, con 89 centímetros en el eje norte-sur y 74,5 en el este-oeste, y 35 centímetros de profundidad. Está inscrito en un marco cuadrado rebajado de 196 por 189 centímetros y cuenta con un canal de desagüe de 42 centímetros.
  • Lóculos 2, 3 y 4: situados 20 centímetros por debajo del principal, con dimensiones similares —ejes de entre 68 y 91 centímetros— y cada uno con su propio canal de desagüe.
  • Quinto lóculo: abierto en la escalera y de origen probablemente natural, según los autores.

La existencia de un marco rebajado enmarcando la cavidad principal es un dato de primer orden interpretativo: implica un trabajo de delimitación deliberado que distingue a ese lóculo de los demás y sugiere una jerarquía dentro del conjunto. Del mismo modo, que cada cavidad disponga de canal propio indica que el desagüe formaba parte del diseño y no es un accidente de la erosión: lo vertido en los lóculos estaba destinado a salir.

Los mechinales. En la cara occidental se identifican perforaciones para el encaje de vigas, que constituyen evidencia de estructuras posteriores apoyadas contra la roca. Ni su cronología ni su función están determinadas.

La cruz griega. Se documenta un grabado de cruz de brazos iguales, de 20 por 20 centímetros, interpretado como indicio de cristianización del monumento. No consta su datación.

Orientación astronómica

La publicación establece que la masa alargada de la roca está «orientada justamente al orto del sol en el solsticio de invierno y al ocaso en el solsticio de verano».

Conviene explicitar la geometría, porque es más elegante de lo que parece: ambos fenómenos ocurren sobre el mismo eje. La salida del sol en el solsticio de invierno y su puesta en el solsticio de verano se producen en puntos del horizonte diametralmente opuestos, de modo que una única alineación recoge los dos extremos del año. La roca, con sus 72 metros orientados este-oeste, funciona así como un marcador de los dos solsticios a la vez.

Debe señalarse un extremo relevante para la fiabilidad del dato: en este monumento la señalización instalada y la publicación científica coinciden —ambas sitúan la orientación en el ocaso del solsticio de verano—, a diferencia de lo que ocurre con el Altar de los Tres Tronos, donde panel y artículo discrepan.

No consta el valor acimutal concreto de la alineación ni el método con que se determinó, extremo que sería fácilmente verificable sobre el terreno.

Cronología propuesta y su fundamento

Los autores datan el monumento en el final de la Edad del Bronce. Esta ficha recoge esa atribución y, por rigor, debe consignar también en qué se apoya y en qué no.

La publicación no desarrolla explícitamente los argumentos que sostienen esa datación para La Peña. No se reportan materiales cerámicos ni metálicos asociados, ni excavación estratigráfica, ni dataciones absolutas de ningún tipo. La cronología responde, por tanto, a una atribución tipológica basada en criterios morfológicos y en la comparación con paralelos externos.

Consignarlo no invalida la propuesta: la datación tipológica es un procedimiento legítimo y de uso corriente en arqueología, y en monumentos rupestres sin sedimento asociado es a menudo el único disponible. Pero sí define su alcance con precisión: se trata de una hipótesis de trabajo argumentada por comparación, no de una fecha establecida por evidencia material directa. La diferencia es la misma que separa «este monumento es del Bronce Final» de «este monumento se parece a otros del Bronce Final».

La vía para resolverlo es identificable: una intervención arqueológica en la base del roquedo, en la vertical de los canales de desagüe y al pie de la escalera, que son los puntos donde cabría esperar acumulación de materiales derivados del uso —restos de ofrendas, fauna, cerámica—. Mientras no se realice, la cronología debe manejarse como propuesta.

El ritual descrito en la señalización y el alcance de la reconstrucción

El panel instalado al pie del monumento, titulado «Delante de ti se realizaron sacrificios», ofrece una reconstrucción secuencial del rito. Su contenido, transcrito, es el siguiente: el ritual comenzaba con el druida lavándose las manos como signo de purificación; se procedía después a degollar un animal —buey, cerdo u oveja— derramando su sangre en el lóculo, desde donde caía al vacío; durante el proceso se hacían juramentos a los dioses y se les ofrecían las vísceras; finalmente, la carne se asaba y se consumía en un banquete. El panel concluye señalando que la ceremonia, «al igual que nuestras romerías, además de un acto religioso era también un acto social y político».

Es imprescindible precisar de dónde procede esa reconstrucción, porque el propio panel lo declara: de las fuentes escritas, principalmente romanas, que narran el desarrollo de los ritos paganos de las sociedades prerromanas.

Dicho de otro modo: la secuencia descrita no se deduce de evidencias halladas en esta roca, sino que constituye un modelo general del sacrificio en el ámbito céltico, aplicado a este monumento por analogía. Es una distinción metodológica de fondo y conviene que quede escrita: lo que está documentado en La Peña son los lóculos, sus canales y sus medidas; lo que se propone es que sirvieran para esto. La interpretación es coherente con la morfología —una cavidad con canal de desagüe está diseñada para recibir y evacuar un líquido— pero no está probada por hallazgos en el yacimiento.

Conviene añadir que las fuentes grecolatinas sobre el druidismo y el sacrificio céltico presentan sus propios problemas críticos: son ajenas, tardías respecto a los hechos que describen y con frecuencia interesadas. Su uso como modelo interpretativo es habitual y razonable, pero no equivale a un testimonio directo.

Contexto arqueológico del entorno y relación con los demás altares

El monumento no se encuentra aislado. La prospección territorial asociada al estudio sitúa La Peña en un entorno de notable densidad arqueológica, en el que se documentan:

  • Depósitos de bronce del Bronce Final en Huerta de Arriba y Castrillo de la Reina.
  • Castros de altura, entre ellos «El Alto del Cuerno o Peña de Gete», a 1.300 metros de altitud, en el propio horizonte visual de la localidad.
  • Túmulos megalíticos.
  • Necrópolis, como la de «El Pradillo», en Pinilla Trasmonte.

A ello debe sumarse, en el propio término de Gete, la presencia de tumbas antropomorfas excavadas en roca —tipología funeraria altomedieval—, que acreditan la continuidad de la ocupación y de la práctica religiosa en el lugar mucho después del horizonte prerromano.

Respecto a la relación entre los altares, el conjunto identificado en Gete comprende cinco: La Peña y Peña del Moro y El Quebradal como altares de sacrificio, y Los Tres Tronos y Santelices como altares de trono. Solo los dos primeros de la relación —La Peña y Los Tres Tronos— son visitables.

La distancia entre La Peña y el Altar de los Tres Tronos es de 190 metros. Los autores tratan el conjunto como un santuario unitario, si bien no desarrollan una conexión funcional específica entre ambos monumentos más allá de la proximidad. La lectura complementaria que sí se ha difundido —La Peña vinculada al solsticio de verano y Los Tres Tronos al de invierno, cubriendo entre ambos el ciclo anual— procede de la señalización, y depende de la orientación atribuida a los Tres Tronos, que es precisamente el punto en discrepancia entre fuentes.

Debe consignarse, por último, un elemento de tradición oral recogido en la publicación: la leyenda de la «Marimanta», figura de bruja que raptaba niños, asociada a esta roca. Los autores la interpretan como posible reflejo pervivido del carácter sagrado del lugar. El fenómeno es reconocible: los enclaves de culto prerromano suelen sobrevivir en el folclore local convertidos en lugares de temor, mecanismo que combina la memoria del carácter singular del sitio con su reinterpretación negativa tras la cristianización. La cruz griega grabada en la roca es, en ese mismo proceso, la huella material de lo que la leyenda conserva de forma oral.

Señalización, régimen de acceso, protección y estado de la documentación

El monumento está integrado en la Ruta de los Altares Célticos de Gete, con estos datos publicados: 700 metros de recorrido total, 350 metros desde el punto de inicio hasta este altar, 45 minutos de duración estimada, dificultad baja y época recomendada: cualquiera. De las cinco señales del itinerario, tres corresponden al Altar de La Peña y dos al de los Tres Tronos.

La señalización fue promovida con financiación de la Junta de Castilla y León, el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la iniciativa LEADER, el grupo de acción local AGALSA Sierra de la Demanda y el Ayuntamiento de Pinilla de los Barruecos. Los paneles llevan la marca ADES y disponen de código QR. Los textos e ilustraciones de la ruta están firmados por I. Ruiz Vélez, Ó. González Díez y J. R. Almeida.

El acceso es libre y permanente, sin cerramiento ni control. Debe advertirse que el ascenso a la plataforma superior por la rampa tallada entraña riesgo objetivo: se trata de una superficie de arenisca inclinada 45 grados, con las entalladuras muy erosionadas, sobre una roca cuyo lado sur cae 10 metros en vertical y que carece de cualquier protección. La adherencia disminuye drásticamente con humedad o presencia de musgo.

En materia de protección patrimonial, no se ha verificado la existencia de catalogación: no consta declaración de Bien de Interés Cultural ni se ha confirmado la inscripción en el Inventario Arqueológico Provincial de Burgos, extremo previsible tratándose de un yacimiento publicado y señalizado pero que esta ficha no da por hecho. Le resulta aplicable con carácter general la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León.

El balance documental es, con diferencia, el mejor de los elementos rupestres tratados: se dispone de publicación en revista con ISSN, autores identificados con su adscripción institucional, medidas de todos los elementos labrados, orientación coincidente entre fuentes y señalización sobre el terreno. Las lagunas subsistentes son la ausencia de excavación y de materiales datables, el valor acimutal exacto de la alineación, la situación registral del yacimiento y, en el plano de la gestión, la falta de coordenadas publicadas del monumento.

Características

  • Gratuito

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Altares célticos de Gete - Verás el Altar La Peña

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Panel informativo sobre los rituales y sacrificios en el Altar de la Peña en Gete

Panel informativo sobre los rituales y sacrificios en el Altar de la Peña en Gete

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