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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónAltar de Los Tres Tronos
Una roca enorme en mitad de un robledal, y en su base tres asientos tallados en la piedra, uno junto a otro, mirando todos al mismo punto del horizonte. Eso es el Altar de los Tres Tronos de Gete, y no está ahí por casualidad: los tres tronos apuntan al lugar exacto por donde se pone el sol en el solsticio de invierno. Estamos ante un santuario de la Edad del Hierro, señalizado y visitable, a menos de cuatrocientos metros del pueblo.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
Hay que saber mirar, porque a primera vista es una roca más del monte. Estos son los cuatro elementos que la convierten en otra cosa:
- Los tres tronos: los entalles labrados en la base del roquedo, con su respaldo y su asiento, separados por resaltes de piedra. Son perfectamente reconocibles y están alineados los tres en la misma dirección.
- El lóculo de la parte superior: una concavidad excavada en lo alto de la roca que se interpreta como el lugar donde se practicaban los sacrificios.
- El canal de desagüe: lo que conecta las dos cosas anteriores y lo que hace singular a este altar. Del lóculo sale una acanaladura que conducía la sangre hasta el trono de la izquierda. Sacrificio arriba, ceremonia abajo, unidos por un surco en la piedra.
- La orientación: los tres tronos están dirigidos a la puesta de sol del solsticio de invierno. No es decoración: es el eje sobre el que está diseñado todo el conjunto.
Y una quinta cosa que se agradece: hay dos paneles interpretativos in situ, bien redactados y con ilustraciones, que explican lo que estás viendo. En un yacimiento de este tipo, eso lo cambia todo.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Altar de los Tres Tronos de Gete?
Para este altar solo, veinte minutos largos: lo que se tarda en llegar, rodear la roca, localizar los tres entalles, subir la vista al lóculo y leer los paneles.
Pero lo lógico es hacer la ruta completa de los altares, que es corta y está medida: 700 metros en total, con 350 metros hasta cada uno de los dos altares visitables, 45 minutos de duración estimada y dificultad baja. En el recorrido hay cinco señales —tres en el Altar de la Peña y dos en este—.
Es decir: por menos de una hora te llevas los dos altares, y merece muchísimo más la pena que ver uno suelto.
¿Qué curiosidad esconde el Altar de los Tres Tronos de Gete?
Que para explicar esta roca de un robledal burgalés hay que irse a Turquía.
Los altares de trono como este se originaron hacia el año 450 a.C. en la antigua región de Frigia, en Asia Menor —la actual Turquía—, y desde allí el modelo se fue extendiendo hacia el oeste de Europa. El referente más conocido de ese tipo es el Altar de Midas, en la propia Frigia, que los paneles de la ruta muestran como término de comparación.
Y hay un segundo dato que le da la vuelta a lo que uno espera de un altar. Según los documentos romanos, la función de estos altares de trono fue más política y social que religiosa: estaban relacionados con ceremonias de elección o legitimación de jefes.
Léelo otra vez mirando los tres asientos. Esto no era un templo: era algo más parecido a una sala de investidura al aire libre, donde alguien se sentaba delante de su gente, de cara al sol poniente del día más corto del año, y salía de allí siendo jefe.
Por último, lo que convierte a este altar en una excepción: la mayoría son o bien de trono, o bien de sacrificio. Este tiene las dos cosas a la vez —tronos y lóculo—, y esa combinación no es habitual.
¿Qué diferencia hay entre el Altar de los Tres Tronos y el Altar de la Peña de Gete?
Son los dos altares visitables de Gete, están a la misma distancia del pueblo y la diferencia entre ellos es preciosa.
El Altar de la Peña es un altar de sacrificio: una gran roca con escaleras talladas para subir y cavidades en lo alto, y está orientada al ocaso del solsticio de verano.
El Altar de los Tres Tronos es un altar de trono, y mira al ocaso del solsticio de invierno.
Es decir: los dos extremos del año, repartidos entre dos rocas separadas por unos cientos de metros. Esa simetría es justamente lo que ha llevado a pensar que no son dos monumentos sueltos, sino dos piezas del mismo conjunto. Verlos por separado es entender la mitad.
¿Cuándo hay que ir al Altar de los Tres Tronos de Gete para verlo como se pensó?
Hay una respuesta y es exacta: al atardecer del solsticio de invierno, en torno al 21 de diciembre. Ese día, y desde los tronos, el sol se pone justo donde tiene que ponerse. Es el único momento del año en que este altar hace lo que fue diseñado para hacer.
Para el resto del año, el consejo es distinto y también práctico: ve con luz rasante, a primera o última hora. Los entalles son suaves y están cubiertos de musgo y líquenes; con el sol alto se aplanan y cuesta distinguirlos, mientras que con luz de lado aparecen los respaldos, los asientos y el canal.
En cuanto a la estación, el invierno y el principio de la primavera son los mejores: el robledal está sin hoja, entra más luz al roquedo y se ve el conjunto de la roca. En pleno verano la fronda tapa buena parte y el musgo se seca hasta confundirse con la piedra.
¿Se puede visitar el Altar de los Tres Tronos de Gete con niños?
Sí, y es de las mejores excursiones cortas que puedes hacer con ellos por la zona. La ruta entera son 700 metros de dificultad baja, por robledal y con paneles ilustrados que se leen bien.
Además, aquí hay algo que engancha: a un niño le puedes decir que se están sentando en el mismo sitio donde alguien fue nombrado jefe hace más de dos mil años. Los tronos se ven, se entienden y se tocan. Eso funciona mucho mejor que cualquier vitrina.
Dos avisos, sin dramatizar: la roca es alta y no hay que subirse a ella —el lóculo está arriba y se ve perfectamente desde abajo—, y el suelo del robledal es irregular, con hojarasca y raíces, así que calzado cerrado. También verás en los paneles la recomendación de cerrar los vallados de paso: estás en terreno de ganado.
¿Son de verdad altares célticos los de Gete?
Conviene explicarlo bien, porque es un yacimiento de identificación reciente: la propia señalización indica que hasta 2019 se han descubierto cinco altares en Gete.
La lectura que se ofrece es la de los investigadores que los han estudiado y firman los textos de la ruta —I. Ruiz Vélez, Ó. González Díez y J. R. Almeida—, y sitúa el conjunto en la Edad del Hierro (800 a.C. – siglo I a.C.), en un territorio que fue límite geográfico entre pelendones, turmogos y vacceos. La existencia de cinco altares en un mismo término es lo que ha llevado a considerar la zona como un santuario celta.
Y merece la pena fijarse en cómo está escrito el panel, porque es honesto: dice que la roca «se interpreta como» un altar de trono, que el canal «llevaría a» derramar la sangre, que la cercanía entre ambos altares «lleva a pensar» que había relación. No afirma: propone.
Así que la respuesta honesta es esta: los entalles están ahí, son artificiales y las orientaciones solares se pueden comprobar. La interpretación como altares célticos de trono y sacrificio es la propuesta por quienes los han investigado, y es una lectura reciente y bien argumentada, no un hecho cerrado. Que sea discutible no le quita ni un ápice de interés: al contrario, estás viendo arqueología en el momento en que se está construyendo.
Características
- Gratuito
El Altar de los Tres Tronos es un monumento rupestre labrado sobre un afloramiento de arenisca caliza situado en el término de Gete, pedanía de Pinilla de los Barruecos. Consiste en un escarpe vertical de unos 3 metros de altura en cuya base se han excavado tres asientos o tronos contiguos y en cuya plataforma superior se abre un lóculo circular de 120 centímetros de diámetro conectado con un canal de desagüe. La investigación lo interpreta como un altar de trono de tradición céltica, con una primera fase atribuida al final de la Edad del Bronce y una segunda a la Edad del Hierro. Forma parte del conjunto de las llamadas «peñas sacras» de Gete y es uno de los dos altares del término habilitados para la visita. Esta ficha corresponde a un yacimiento arqueológico, no a un espacio natural.
Identificación, investigación y publicación
A diferencia de la mayoría de los elementos rupestres de la comarca, este monumento cuenta con publicación científica, lo que sitúa su documentación muy por encima de lo habitual.
El estudio de referencia es el artículo «Las "peñas sacras" de Gete (Pinilla de los Barruecos, Burgos): sobre religiosidad céltica en el alto valle del río Arlanza», firmado por Martín Almagro Gorbea, de la Real Academia de la Historia, Ignacio Ruiz Vélez y María Victoria Palacios Palacios, ambos de la UNED de Burgos. Se publicó en el Boletín de la Institución Fernán González, volumen XCVI, número 254, 2017/1, páginas 41 a 79 (ISSN 0211-8998).
El trabajo se inscribe en una línea de investigación más amplia sobre las «peñas sacras» de la provincia de Burgos, que dio lugar a una segunda entrega en el mismo boletín —volumen XCIX, número 260, 2020/1, páginas 9 a 78— dedicada al conjunto provincial y a las tradiciones célticas burgalesas. La investigación ha contado con el respaldo de la Fundación Caja Rural de Burgos y de la UNED.
Conviene precisar el alcance de cada fuente, porque las cifras que se manejan no coinciden y la diferencia tiene explicación cronológica:
- El artículo de 2017 aborda dos monumentos: «La Peña» de Gete y el «Altar de los Tres Tronos».
- La señalización instalada sobre el terreno indica que hasta 2019 se han descubierto cinco altares en el término, lo que implica que tres de ellos se identificaron con posterioridad a esa publicación.
- La relación completa de los cinco comprende, además de los dos citados, Santelices (de trono), Peña del Moro y El Quebradal (de sacrificio). Solo los dos primeros son visitables.
Los textos e ilustraciones de la ruta señalizada están firmados por I. Ruiz Vélez, Ó. González Díez y J. R. Almeida.
Descripción y medidas del monumento
El soporte es un pequeño afloramiento de arenisca caliza que presenta un escarpe vertical de aproximadamente 3 metros de altura, con una plataforma superior practicable. La roca muestra abundantes clastos redondeados embebidos en la matriz, apreciables en toda la superficie, y una intensa colonización por líquenes y musgos que en algunas zonas dificulta la lectura de los entalles.
Los elementos labrados documentados y medidos son los siguientes.
Los tres tronos, excavados de forma contigua en la base del escarpe y separados entre sí por resaltes de la propia roca, presentan estas dimensiones:
- Trono izquierdo: 75 cm de altura, 56 cm de anchura y 43 cm de profundidad.
- Trono central: 90 cm de altura, 55 cm de anchura y 46 cm de profundidad.
- Trono derecho: 80 cm de altura, 58 cm de anchura y 40 cm de profundidad.
Las cifras permiten una lectura que conviene explicitar. Las anchuras son prácticamente idénticas —entre 55 y 58 centímetros—, y las profundidades varían apenas seis centímetros. La diferencia significativa está en la altura del respaldo: el trono central es el más alto, con 90 centímetros, quince más que el izquierdo. Esa jerarquía dimensional, con el asiento central destacado sobre los laterales, es coherente con la función de investidura o legitimación que se atribuye al tipo, y no parece atribuible al azar de la talla.
En la plataforma superior se documentan:
- Lóculo: cavidad de forma circular, con 120 centímetros de diámetro y una profundidad de solo 20 centímetros, proporcionalmente pequeña respecto a su anchura. Se interpreta como el receptáculo donde se practicaban los sacrificios.
- Canal de desagüe: acanaladura que parte del lóculo, con un tramo recto de unos 65 centímetros de longitud y 28 centímetros de anchura, y que conduciría el vertido hasta las inmediaciones del trono situado a la izquierda.
Es precisamente la coexistencia de tronos y lóculo en un mismo monumento lo que la investigación considera excepcional: los altares rupestres de este ámbito suelen responder a una u otra tipología —de trono o de sacrificio—, y no a ambas. En el conjunto de Gete, de hecho, los cinco altares se clasifican por separado en una u otra categoría, salvo este.
Orientación astronómica y discrepancia entre fuentes
La orientación es el argumento central de la interpretación del monumento, y por ello debe consignarse que las dos fuentes disponibles no coinciden.
La señalización instalada in situ afirma que el altar tiene «tres tronos perfectamente orientados a la puesta de sol en el solsticio de invierno (21 de diciembre)», y construye sobre ese dato la relación con el Altar de La Peña, orientado según la misma fuente al ocaso del solsticio de verano. La pareja formaría así los dos extremos del ciclo anual.
La publicación científica de 2017, en cambio, registra para este monumento una orientación a la puesta de sol en los equinoccios.
Esta ficha consigna ambas versiones sin decidir entre ellas. La discrepancia no es menor: solsticio de invierno y equinoccio son acimutes claramente distintos, y de cuál sea el correcto depende buena parte de la lectura del conjunto. Caben varias explicaciones —que el panel simplifique, que la investigación posterior a 2017 haya corregido el dato, o que ambas orientaciones estén presentes en elementos distintos del monumento—, y ninguna puede darse por buena sin consultar directamente el texto del artículo. La verificación es además sencilla sobre el terreno: basta medir el acimut del eje de los tronos con brújula o con una aplicación de efemérides solares.
No consta el valor acimutal concreto en ninguna de las fuentes consultadas, ni el método con que se determinó.
Interpretación tipológica, paralelos y cronología
El monumento se adscribe a la categoría de altar de trono, un tipo cuya génesis la investigación sitúa en Frigia, en Asia Menor —actual Turquía—, y cuyo modelo se habría difundido hacia el occidente europeo.
Los paralelos citados en la publicación son los siguientes:
- Frigia: los escalones, el altar y el trono de la Ciudad de Midas, fechados en el arco de 800 a 550 a.C. Es el referente principal, y el que la señalización reproduce gráficamente.
- Italia: Tarquinia, Cerveteri y Monterano, en ámbito etrusco.
- Irlanda: los tronos rupestres, entre ellos la conocida St Patrick's Chair.
- Escocia: la Stone of Scone o Piedra del Destino, empleada en la entronización de los reyes escoceses.
Debe advertirse aquí una segunda discrepancia entre fuentes: la señalización data el origen del tipo «hacia el 450 a.C.», mientras que la publicación sitúa los referentes frigios entre el 800 y el 550 a.C. Se trata de horquillas distintas y esta ficha recoge ambas.
La función atribuida es la que aporta el mayor interés interpretativo del conjunto. Según los documentos romanos citados en la señalización, los altares de trono tuvieron un carácter más político y social que estrictamente religioso, vinculado a ceremonias de elección o legitimación de jefes. La comparación con la Stone of Scone —piedra de entronización— refuerza esa lectura: no se trataría de un templo, sino de un escenario de investidura.
En cuanto a la cronología, la publicación propone dos fases: una primera en el final de la Edad del Bronce y una segunda en la Edad del Hierro. La señalización encuadra el conjunto en el marco general de la Edad del Hierro, entre el 800 a.C. y el siglo I a.C., y sitúa el término de Gete en el límite geográfico entre pelendones, turmogos y vacceos.
Resulta obligado, por rigor, recoger las cautelas que expresan los propios autores. La publicación reconoce que «quedan abiertas muchas cuestiones» respecto al modo en que la idea de los tronos rupestres llegó a Hispania, y manifiesta incertidumbre sobre la interpretación concreta del triple trono, admitiendo varias posibilidades. La señalización mantiene ese mismo tono: emplea de forma sistemática fórmulas como «se interpreta como», «llevaría a» y «lleva a pensar». Ni una ni otra presentan la lectura como un hecho cerrado, y esta ficha tampoco lo hace: los entalles son artificiales y están medidos; su adscripción cultural y funcional es una interpretación argumentada y de formulación reciente.
Metodología de intervención y criterios de conservación
La documentación del monumento incluyó una limpieza superficial no agresiva, ejecutada con cepillos no metálicos y con el criterio expreso de conservar los líquenes. A ello se sumó una prospección territorial destinada a identificar los santuarios asociados, que es la que permitió reconocer el conjunto de cinco altares.
El criterio de conservación merece comentario porque no es evidente y responde a buena práctica. La tentación en un monumento de este tipo es retirar la cubierta biológica para hacer legibles los entalles, pero eliminar líquenes de una arenisca comporta arrastrar la película superficial de la roca y, con ella, las huellas de talla; además, la costra liquénica actúa en muchos casos como capa protectora frente a la erosión. Mantenerla implica aceptar una lectura más difícil a cambio de no comprometer la superficie original. La consecuencia práctica para el visitante es directa: los entalles se aprecian mucho mejor con luz rasante que con iluminación cenital.
Los procesos de alteración observables son los propios de un afloramiento a la intemperie en ambiente de robledal: colonización por líquenes y musgos, acumulación de hojarasca en el lóculo y en el canal, y aporte de tierra y raíces en las zonas bajas de los tronos. No constan intervenciones de consolidación ni programa de mantenimiento.
Señalización, régimen de acceso y protección
El monumento está integrado en la Ruta de los Altares Célticos de Gete, itinerario señalizado cuyos datos técnicos publicados son:
- Distancia total: 700 metros.
- Distancia al Altar de La Peña: 350 metros. Distancia al Altar de los Tres Tronos: 350 metros.
- Duración estimada: 45 minutos.
- Dificultad: baja. Época recomendada: cualquiera.
- Señales: cinco en total, tres en el Altar de La Peña y dos en el Altar de los Tres Tronos.
La señalización fue promovida con financiación de la Junta de Castilla y León, el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la iniciativa LEADER, el grupo de acción local AGALSA Sierra de la Demanda y el Ayuntamiento de Pinilla de los Barruecos. Los paneles llevan la marca ADES y disponen de código QR de ampliación de contenidos.
El acceso es libre y permanente, sin cerramiento, control ni tarifa. Las recomendaciones que figuran en la señalización incluyen no arrojar basura, respetar lo que se encuentre, cerrar los vallados de paso y no molestar a los animales, indicación esta última que revela la presencia de ganado en el entorno.
En materia de protección patrimonial, no se ha verificado la existencia de catalogación: no consta declaración de Bien de Interés Cultural ni se ha confirmado la inscripción en el Inventario Arqueológico de la provincia de Burgos, extremo previsible tratándose de un yacimiento publicado pero que esta ficha no da por hecho. Le resulta aplicable con carácter general la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León.
El balance documental es, en conjunto, el mejor de todos los elementos rupestres tratados hasta ahora en este portal: existe publicación científica en revista con ISSN, se conocen los autores y sus instituciones, se dispone de medidas de todos los elementos labrados y el yacimiento está señalizado sobre el terreno. Las lagunas que restan son el valor acimutal exacto de la orientación, la resolución de las dos discrepancias entre panel y publicación y la confirmación de su situación registral.
Características
- Gratuito
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Altar de Los Tres Tronos

Detalle de los tres asientos esculpidos en la roca con musgo en el Altar Céltico de Gete

Tres asientos tallados en la roca cubiertos de musgo en el Altar de los Tres Tronos en Gete

Gran peña con entalles de tronos rupestres bajo la sombra de robles en el altar céltico de Gete

Panel informativo sobre el uso y orientación del santuario Altar de los Tres Tronos en Gete

Panel de inicio de la Ruta de los Altares Célticos con mapa de recorrido en Gete
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