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Monumento a Kristina de Noruega
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Monumento a Kristina de Noruega

Arte Urbano y Monumentos

En un jardín recogido entre muros de piedra, bajo los castaños y rodeada de una cadena, hay una figura de bronce de mujer coronada que mira al frente con una calma extrañísima. Es el Monumento a Kristina de Noruega, y cuenta una de las historias más increíbles que guarda Covarrubias: la de una princesa noruega que cruzó media Europa en el siglo XIII para casarse en Castilla y que acabó descansando aquí para siempre.

No es una estatua decorativa ni un homenaje genérico. Es el punto donde Covarrubias y Noruega se dan la mano, y desde el que se entiende por qué en este pueblo de Burgos ondea de vez en cuando una bandera noruega.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Es una parada breve, pero con tres cosas que conviene mirar de verdad:

  • La figura: una escultura de bronce obra de la escultora noruega Brit Sørensen, instalada en 1978. Representa a Kristina de pie, coronada y envuelta en un manto largo, con un tratamiento de superficie rugoso y un rostro sereno, casi hierático, muy alejado del retrato realista.
  • La placa del pedestal: sobre el basamento de piedra hay una inscripción que resume quién fue la princesa y por qué está aquí su monumento. Es lo que convierte la visita de un minuto en una historia entera.
  • El rincón: el jardín en el que se encuentra, cerrado por muros de piedra y con castaños alrededor, es de los espacios más tranquilos del pueblo. En otoño, con la hojarasca cubriendo el suelo, la estampa es redonda.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Monumento a Kristina de Noruega?

Diez minutos: lo justo para rodear la figura, leer la placa del pedestal y quedarse un momento en el jardín. Es una parada de acceso libre y al aire libre, sin recorrido que gestionar. Ahora bien, es de esas visitas en las que el tiempo lo marca la historia, no la piedra: si no sabes quién fue Kristina, se resuelve en treinta segundos; si lo sabes, cuesta bastante irse.

¿Quién fue Kristina de Noruega y qué hace su monumento en Covarrubias?

Kristina Håkonardóttir era hija del rey de Noruega, y llegó a Castilla en el siglo XIII para casarse con el infante don Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio. No fue un romance: fue una alianza diplomática entre las coronas noruega y castellana, en plena partida política europea. La boda se celebró en la Colegiata de Valladolid el 31 de marzo de 1258.

La historia se tuerce enseguida. La pareja se instaló en Sevilla, donde ya residía el infante, y el clima andaluz —lo contrario de todo lo que Kristina conocía— acabó pasándole factura. Murió en 1262, sin descendencia, apenas cuatro años después de la boda. Tenía poco más de veinte años. Sus restos acabaron en Covarrubias, y de ahí que el pueblo le levantara este monumento.

¿Qué curiosidad esconde el Monumento a Kristina de Noruega?

Que este monumento no existiría si no fuera por una casualidad de 1958. Ese año, durante unos trabajos de restauración en la Colegiata, se abrió un sarcófago gótico y aparecieron dentro los restos momificados de una mujer envuelta en seda. El análisis apuntó a una mujer de entre veintiséis y veintiocho años, de 1,72 metros de estatura —altísima para la época— y con una dentadura excelente. Todo encajaba con Kristina.

Y el detalle que lo vuelve novelesco: aquello ocurrió justo al cumplirse setecientos años de su boda. El hallazgo puso a la princesa de nuevo en el mapa, Noruega volvió los ojos a este pueblo de Burgos, y de ahí salió todo lo que vino después: el hermanamiento de Covarrubias con la ciudad noruega de Tønsberg, una fundación dedicada a su memoria, celebraciones anuales de aire escandinavo en el pueblo y, ya en el siglo XXI, la ermita dedicada a san Olav. Una tumba abierta por casualidad reconectó dos países ochocientos años después.

¿Están enterrados aquí los restos de Kristina de Noruega?

No, y es la confusión más habitual. El monumento es una escultura conmemorativa; la tumba está en otro sitio. Los restos de la princesa descansan en un sarcófago que se conserva en el interior de la Colegiata de San Cosme y San Damián, que es donde hay que ir si lo que quieres ver es el sepulcro de verdad.

Dicho de otro modo: aquí está su recuerdo, en bronce, al aire libre y accesible siempre; allí están sus restos. Muchas fotos que circulan por internet mezclan las dos cosas, así que conviene tenerlo claro antes de ir buscando una lápida bajo la estatua.

Características

  • Accesible
  • Gratuito

El Monumento a Kristina de Noruega es una escultura conmemorativa contemporánea, obra en bronce de la escultora noruega Brit Sørensen, instalada en 1978. Representa de cuerpo entero, en actitud erguida y frontal, a la princesa Kristina Håkonardóttir, hija del rey de Noruega, que contrajo matrimonio en 1258 con el infante don Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio, y cuyos restos se conservan en la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias. Se trata, por tanto, de un monumento de memoria histórica y de vínculo diplomático —no de un elemento del patrimonio medieval de la villa—, erigido a raíz del redescubrimiento de la sepultura de la princesa en 1958.

El personaje conmemorado y la alianza castellano-noruega

Kristina Håkonardóttir, nacida hacia 1234, era hija del rey Haakon IV de Noruega. Su viaje a la península Ibérica se enmarca en las alianzas entre las coronas castellana y noruega en el contexto de la política imperial europea, es decir, en la aspiración de Alfonso X a la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. El matrimonio no respondía a un vínculo personal previo, sino a un acuerdo diplomático de alto nivel entre dos monarquías situadas en extremos opuestos del continente.

La expedición noruega llegó a Castilla tras un largo viaje por mar y tierra. El enlace se celebró el 31 de marzo de 1258 en la Colegiata de Valladolid, con el infante don Felipe, hermano de Alfonso X. Tras la boda, la pareja se estableció en Sevilla, ciudad en la que el infante ya residía.

La estancia andaluza fue breve y difícil. El clima de Sevilla, radicalmente distinto al del país de origen de la princesa, se señala de forma constante en las fuentes como causa de su deterioro de salud. Kristina murió en 1262, sin dejar descendencia, apenas cuatro años después del matrimonio. Sus restos recibieron sepultura en Covarrubias, y el sarcófago que los contiene se conserva en el interior de la Colegiata de San Cosme y San Damián.

La razón por la que la sepultura acabó en esta villa se ha vinculado tradicionalmente a la relación del infante don Felipe con la abadía de Covarrubias, dignidad eclesiástica que habría ostentado antes de abandonar la carrera clerical para contraer matrimonio. Este extremo no ha podido verificarse en las fuentes consultadas para esta ficha y se consigna como explicación historiográfica habitual, no como dato comprobado.

El redescubrimiento de 1958 y la génesis del monumento

El monumento no responde a una iniciativa espontánea: es consecuencia directa de un hallazgo arqueológico. En 1958, durante trabajos de restauración en la Colegiata de San Cosme y San Damián, se procedió a la apertura de un sarcófago gótico situado en el claustro. En su interior apareció un ataúd de madera que contenía el cuerpo momificado de una mujer envuelta en seda.

El examen de los restos, atribuido a los doctores Maximiliano Gutiérrez y Gabriel Escudero, estableció un perfil compatible con el de la princesa: mujer de entre 26 y 28 años, de 1,72 metros de estatura —talla excepcional para una mujer del siglo XIII— y con la dentadura en excelente estado. La identificación con Kristina de Noruega se dio por buena.

La circunstancia que amplificó el hallazgo fue cronológica: 1958 coincidía con el séptimo centenario del matrimonio celebrado en 1258. La coincidencia dio al descubrimiento una repercusión muy superior a la que habría tenido en cualquier otro momento y activó el interés institucional noruego por la villa. De ese impulso nacieron, en las décadas siguientes:

  • El hermanamiento de Covarrubias con la ciudad noruega de Tønsberg.
  • La constitución de la Fundación Princesa Kristina de Noruega, que colabora con la representación diplomática noruega en España.
  • La instalación, en 1978, de la escultura objeto de esta ficha.
  • La celebración periódica en la villa de actos de carácter escandinavo, entre ellos un mercado y un festival de música.
  • La construcción, en 2011, de la capilla o ermita dedicada a san Olav, patrón de Noruega, descrita como la primera ermita levantada en España en el siglo XXI y presentada como cumplimiento tardío del compromiso nupcial de erigir un templo dedicado a un santo noruego.

Descripción de la obra: autoría, material y tratamiento formal

La pieza es una escultura exenta de bulto redondo, fundida en bronce, con pátina oscura, obra de la escultora noruega Brit Sørensen y fechada en 1978. Representa a la princesa de pie, en posición frontal y estática, con los brazos pegados al cuerpo y la mirada al frente.

Formalmente responde a un lenguaje figurativo de síntesis, deliberadamente alejado del retrato naturalista. Los rasgos que definen la obra son:

  • Tratamiento de la superficie: el bronce presenta un acabado rugoso y texturado en todo el vestido y el manto, con la huella del modelado a la vista, que contrasta con las zonas lisas del rostro y las manos.
  • Indumentaria: túnica larga hasta los pies, ceñida bajo el pecho por una banda horizontal decorada con motivos geométricos incisos, y manto amplio que cae desde los hombros por la espalda y los costados, resuelto en masas verticales.
  • Rostro y tocado: semblante sereno, de expresión hierática, con los ojos marcados por incisión y el cabello dispuesto en dos largas caídas simétricas a ambos lados. La cabeza va tocada con una corona de puntas, atributo que identifica su condición regia.
  • Verticalidad: la composición es marcadamente alargada y estrecha, lo que refuerza el efecto de figura aislada y estatuaria.

La escultura apoya sobre una peana o losa que la separa del pedestal. No constan publicadas las dimensiones de la obra —altura de la figura, altura total con pedestal, peso— ni la fundición responsable de la ejecución material, y esta ficha no aporta cifras que no pueda respaldar.

Emplazamiento, pedestal y epigrafía

El monumento se emplaza en un espacio ajardinado de acceso libre dentro del casco histórico de Covarrubias, delimitado por muros de mampostería de piedra y arbolado de porte —castaños de Indias y cipreses—, con el suelo resuelto en losa de piedra y empedrado menudo. El recinto inmediato de la escultura está acotado mediante bolardos metálicos unidos por cadena, y se completa con plantaciones bajas de arbustos.

La figura se alza sobre un pedestal de piedra de sección prismática y superficie sin desbastar, montado a su vez sobre un afloramiento o base de roca caliza de aspecto natural, solución que dota al conjunto de un aire deliberadamente rústico frente a la modernidad de la pieza.

En el frente del pedestal se dispone una placa conmemorativa de piedra, de campo rectangular y letra capital incisa distribuida en varias líneas. Su contenido resume la historia de la princesa —su procedencia noruega, el matrimonio con el infante don Felipe, hermano de Alfonso X— e incluye referencia a la donación de la escultura y al vínculo institucional con Noruega. La transcripción literal y completa queda pendiente de lectura directa sobre el original: no es legible con seguridad en el material fotográfico disponible y no se ha localizado transcripción publicada, de modo que esta ficha no reproduce su texto.

Debe hacerse constar una discrepancia de localización no resuelta: parte de la documentación divulgativa sitúa la escultura ante la fachada de la Colegiata, mientras que las coordenadas y el material gráfico manejados para esta ficha corresponden a un recinto ajardinado cerrado por muros, dentro del casco pero no en ese frente. Se describe aquí el emplazamiento observado, sin dar por buena la ubicación de esas fuentes.

Titularidad, protección patrimonial y régimen de acceso

Por su condición de obra de arte público contemporánea, el monumento no cuenta con declaración de Bien de Interés Cultural ni con catalogación patrimonial individual, ni le resulta aplicable la protección genérica que el ordenamiento reserva a determinadas tipologías históricas. La protección que le afecta es la derivada del planeamiento y de su integración en el Conjunto Histórico de Covarrubias, declarado Bien de Interés Cultural el 28 de octubre de 1965, en cuanto elemento situado en su ámbito.

La pieza se encuentra en espacio público, presumiblemente de titularidad municipal, sin cerramiento, taquilla ni control de acceso, visible y rodeable de forma permanente. No constan documentadas intervenciones de conservación sobre el bronce ni sobre el pedestal desde su instalación, si bien el estado aparente del conjunto es bueno.

Conviene precisar, por tratarse de la confusión más extendida, que este monumento no es un enterramiento. La escultura es un homenaje conmemorativo; los restos de la princesa se conservan en el sarcófago del interior de la Colegiata de San Cosme y San Damián, que constituye un punto de interés distinto y con ficha propia.

Características

  • Accesible
  • Gratuito

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