iBurgos

Modo de visualización

Protege tu salud visual: activa el modo noche para reducir la fatiga ocular en entornos con poca luz.

Tamaño de texto

100%
¿Olvidaste tu contraseña?
Regístrate gratis
Puente de San Pablo
Agrega Puente de San Pablo a tus favoritos
Ver fotos
Ver vídeos
Cómo llegar Cómo llegar con Google Maps a Puente de San Pablo
Mapa Ver Puente de San Pablo situado en el mapa

Todavía no hay fotos de viajeros para este punto de interés.
¿Has estado aquí? Sube tu foto.

Es la puerta de entrada a Covarrubias desde hace siglos, y sigue siéndolo hoy: por el Puente de San Pablo se cruza el río Arlanza para llegar al pueblo, igual que lo hacían los arrieros, los comerciantes y los peregrinos. Setenta y siete metros de sillería y cinco arcos que llevan aguantando el río, las crecidas y el tráfico desde la Edad Media.

Y ahí está lo mejor: no es un monumento jubilado. Es una obra pública que sigue trabajando, con coches pasando por encima y el agua corriendo por debajo. De los pocos sitios de Covarrubias donde el patrimonio no está para ser mirado, sino para ser usado.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Hay que verlo desde abajo, desde la orilla, porque desde el asfalto no se aprecia nada:

  • Los tajamares apuntados: las piezas en forma de proa que sobresalen de las pilas aguas arriba. No son decoración: parten la corriente y desvían los troncos y la broza que arrastra el río en las crecidas, protegiendo la base de las pilas. Son la razón de que el puente siga en pie.
  • Los balconcillos: sobre los tajamares, en el pretil, hay pequeños ensanches. Son apartaderos para peatones: el sitio donde uno se metía para dejar pasar un carro sin acabar en el agua. Ingeniería de seguridad vial del Antiguo Régimen.
  • Los cinco arcos: de medio punto, con 13,50 metros de luz cada uno salvo el del extremo sur, que es distinto. Vistos en fila desde la orilla, con el reflejo en el agua, son la mejor foto del conjunto.
  • La sillería: fíjate en cómo cambia el color y el tamaño de los bloques entre unas zonas y otras. Ahí están escritas las reformas de varios siglos, unas encima de otras.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Puente de San Pablo?

Quince minutos: cruzarlo andando, bajar a la orilla por el prado de la margen y verlo de perfil, que es como se entiende. Es de acceso libre y permanente, sin nada que gestionar. Lo que no se puede es verlo solo desde el coche: desde arriba no se ve el puente, se ve una carretera. Todo lo interesante está por debajo del pretil.

¿Qué curiosidad o leyenda esconde el Puente de San Pablo?

Que en su cabecera estuvo la puerta más importante de la muralla de Covarrubias. De las tres que tuvo el recinto, la puerta del puente era la principal: quien llegaba desde el río entraba por ahí, y por ahí entraban las mercancías que hicieron rica a la villa. Aguantó en pie hasta 1888.

Y aunque ya no exista, sigue estando a la vista de todo el mundo todos los días: esa puerta es la que aparece representada en el escudo de Covarrubias. Es decir, que el símbolo oficial del municipio es, en el fondo, la entrada de este puente. Cruzarlo es cruzar por donde el pueblo se dibuja a sí mismo.

¿De qué época es realmente el Puente de San Pablo?

De varias a la vez, y conviene saberlo para no llevarse una idea equivocada. El puente es de origen medieval: existe porque Covarrubias fue un núcleo mercantil de peso y necesitaba un paso firme sobre el Arlanza. Pero lo que hoy se ve no es medieval.

Entre los siglos XVI y XX el puente se reformó una y otra vez —el Arlanza no perdona—, y la intervención decisiva llegó en el siglo XVIII. De ahí que su aspecto sea sobre todo barroco, con esa sillería regular y esos arcos de trazado limpio. Dicho de otro modo: el sitio del puente es medieval; la piedra que pisas, en su mayor parte, es del XVIII.

¿Quién construyó el Puente de San Pablo?

Aquí hay nombres propios, y eso es raro en una obra pública. En 1693 trabajaron en él los maestros Sebastián Andrés de la Sierra y Juan de Rivas Puente. Y la gran reconstrucción de 1740 la dirigió Marcos de Viena Pellón, sobre proyecto de Diego de la Riva y Francisco Manuel de Cueto.

Todos ellos eran canteros cántabros, y no es casualidad: durante los siglos XVII y XVIII, las cuadrillas de canteros del norte —los célebres maestros trasmeranos— levantaron media Castilla. Iglesias, torres, palacios y, muy especialmente, puentes. Cuando un pueblo necesitaba una obra seria en piedra, mandaba llamar al norte. Este puente es una de esas obras.

Características

  • Gratuito

El Puente de San Pablo es una obra pública de fábrica de sillería sobre el río Arlanza, de origen medieval y aspecto actual mayoritariamente barroco, resultado de un largo proceso de reformas desarrollado entre los siglos XVI y XX. Consta de cinco arcos —de medio punto salvo el meridional, rebajado—, apoyados en pilas dotadas de tajamares apuntados y coronadas en el pretil por balconcillos o apartaderos. Sus dimensiones documentadas son 77 metros de longitud, 6 metros de anchura y 7,40 metros de altura sobre el cauce. Sigue prestando servicio como paso rodado y peatonal de acceso a la villa, condición que mantiene ininterrumpidamente desde su construcción.

Historia y cronología: de la fábrica medieval a la reconstrucción del siglo XVIII

La existencia del puente se remonta a la época medieval y responde a una necesidad económica precisa: la actividad mercantil que convirtió a Covarrubias en un núcleo de peso durante ese periodo exigía un paso firme y permanente sobre el Arlanza. Un vado no bastaba para el tránsito de mercancías, ganado y carretería, y menos aún durante los meses de aguas altas.

Esa función explica su emplazamiento y su relevancia urbana. En la cabecera del puente se situaba la puerta del puente, la principal de las tres que tuvo el recinto amurallado de la villa y el acceso natural para quien llegaba desde el río. Esa puerta se mantuvo en pie hasta 1888 y su imagen quedó fijada en el escudo municipal de Covarrubias, de modo que el puente y su cabecera forman parte del propio emblema del municipio.

La historia constructiva posterior es, en lo esencial, una historia de reparaciones. El puente sufrió modificaciones a lo largo de los siglos XVI al XX, secuencia larga que es habitual en los pasos sobre ríos de régimen mediterráneo continental como el Arlanza, sometidos a avenidas periódicas capaces de socavar cimientos, arrastrar tajamares y arruinar bóvedas enteras. Cada gran crecida obligaba a rehacer lo dañado, y cada reconstrucción incorporaba el lenguaje constructivo de su momento.

El resultado es un edificio de fábrica mixta en el tiempo: la documentación lo describe como un puente que mezcla varios estilos arquitectónicos, con predominio del barroco. La lectura correcta del monumento pasa, por tanto, por distinguir entre el emplazamiento y la función, medievales, y la fábrica visible, en su mayor parte de época moderna y muy señaladamente del siglo XVIII.

Autoría: los maestros canteros documentados

A diferencia de la mayoría de las obras públicas de su escala, el Puente de San Pablo conserva nombres propios documentados en dos de sus intervenciones:

  • 1693: intervienen en la obra los maestros Sebastián Andrés de la Sierra y Juan de Rivas Puente.
  • 1740: se acomete la reconstrucción más significativa del conjunto, dirigida por Marcos de Viena Pellón sobre proyecto de Diego de la Riva y Francisco Manuel de Cueto.

Los maestros documentados eran cántabros, dato que no es anecdótico sino que sitúa la obra en un fenómeno perfectamente conocido de la historia de la construcción española: la actividad de las cuadrillas de canteros del norte peninsular —los llamados maestros trasmeranos y montañeses— que durante los siglos XVI, XVII y XVIII trabajaron por toda Castilla en régimen de contrata, especializados en la estereotomía de la piedra y en obras de cantería mayor: iglesias, torres, portadas y, de manera muy destacada, puentes.

La separación entre proyecto y dirección de obra que se aprecia en la intervención de 1740 —dos maestros firman la traza y un tercero ejecuta— es igualmente característica del modo de trabajo de estas cuadrillas y del procedimiento administrativo de la obra pública de la época, en el que la traza se sometía a examen y la ejecución se remataba por separado.

No constan documentadas ni la fecha ni la autoría de la fábrica medieval original, ni el alcance preciso de cada una de las intervenciones citadas, ni el resto de reparaciones que necesariamente se sucedieron entre los siglos XVI y XX.

Descripción técnica: fábrica, arcos y dimensiones

El puente está construido íntegramente en fábrica de sillería, con los bloques labrados y asentados a hueso o con junta fina, tanto en las roscas de los arcos como en las pilas, los tímpanos y el pretil. Las dimensiones documentadas del conjunto son:

  • Longitud total: 77 metros.
  • Anchura: 6 metros.
  • Altura sobre el cauce: 7,40 metros.
  • Número de vanos: cinco.
  • Luz de los arcos: 13,50 metros, salvo el vano meridional.

La directriz de los arcos es de medio punto —semicircular— en la generalidad de los vanos, con la excepción del arco meridional, de trazado rebajado. Esa diferencia no es un capricho: el arco rebajado, de menor flecha que el de medio punto, permite resolver el vano extremo con menos altura de arranque, adaptándose a la cota del estribo y al perfil de la margen sin obligar a levantar la rasante del tablero. Es una solución habitual en los vanos de orilla y, con frecuencia, indicio de una fase constructiva distinta de la del cuerpo central.

La luz de 13,50 metros es notable para una fábrica de este tipo y revela una intención hidráulica clara: reducir el número de apoyos dentro del cauce y, con ello, la obstrucción al paso del agua. Cuantas menos pilas y más anchos los vanos, menor es la sobreelevación del nivel aguas arriba durante una avenida y menor el riesgo de que el propio puente actúe como presa. El tablero es de rasante prácticamente horizontal y está delimitado por pretiles de sillería rematados en albardilla.

No constan publicados el espesor de las bóvedas, las dimensiones de las pilas, la profundidad y el tipo de cimentación, la luz exacta del arco meridional ni la caracterización petrológica de la piedra empleada.

Elementos funcionales: tajamares y balconcillos

Los dos elementos que singularizan el puente son estrictamente funcionales, no ornamentales, y merecen tratamiento propio.

Los tajamares apuntados son los cuerpos de fábrica adosados a las pilas y rematados en arista viva, dispuestos aguas arriba. Su planta triangular cumple varias funciones simultáneas: divide la lámina de agua antes de que alcance el frente de la pila, reduciendo la presión hidrodinámica sobre ella; desvía lateralmente los cuerpos flotantes —troncos, ramaje y broza arrastrados en las crecidas— impidiendo que se acumulen y taponen el vano; y disminuye la socavación local del lecho en el pie del apoyo, que es la causa más frecuente de ruina en los puentes de fábrica. La forma apuntada, frente a la semicircular, es la más eficaz de las dos para esa función.

Los balconcillos son los ensanchamientos del pretil que se disponen en la vertical de las pilas, aprovechando la mayor anchura que el tajamar proporciona en ese punto. Su función es la de apartadero o refugio para el peatón: en un tablero de 6 metros de anchura, sin acera diferenciada y con tránsito de carros, estos nichos permitían al viandante apartarse del paso de un vehículo sin salir del puente. La función de refugio es la comúnmente aceptada para este elemento en la ingeniería de fábrica; no consta documentada de forma específica para este puente, pero es coherente con su disposición y con la anchura del tablero.

Protección patrimonial, uso actual y estado de documentación

El puente no cuenta con declaración de Bien de Interés Cultural a título individual. Su protección deriva de su inclusión, junto con el resto de los monumentos de la villa, en la declaración del Conjunto Histórico de Covarrubias, de 1965, régimen que ampara el casco y los elementos comprendidos en su ámbito.

El bien se encuentra en uso público continuado desde su construcción, condición poco frecuente en el patrimonio de esta antigüedad: no se trata de un monumento conservado sino de una infraestructura viva, que sigue soportando tráfico rodado y peatonal como acceso a la población. Esa circunstancia implica una servidumbre de conservación permanente y condiciona cualquier intervención sobre la fábrica, que debe compatibilizar los criterios de restauración con las exigencias de una vía en servicio.

El estado de documentación es razonablemente bueno en lo cronológico y en lo métrico —fechas, autorías y dimensiones principales constan publicadas—, pero escaso en lo constructivo: no se ha localizado memoria de intervención, levantamiento, estudio estructural ni informe de estado de conservación. Quedan pendientes de resolver:

  • La cronología de la fábrica medieval original y qué elementos, si alguno, se conservan de ella.
  • El alcance concreto de las intervenciones de 1693 y 1740, y qué partes del puente corresponden a cada una.
  • Las reparaciones de los siglos XIX y XX, mencionadas de forma genérica en las fuentes pero sin fechas ni autores.
  • Los datos constructivos finos: espesores, cimentación, luz del arco meridional, litología.
  • El origen de la advocación de San Pablo, que da nombre al puente y que no consta explicada en ninguna fuente localizada.

Características

  • Gratuito

Todavía no hay servicios cargados para esta localización.

Todavía no hay otros puntos de interés a menos de 10 km de aquí.

Todavía no hay vídeos para este punto de interés.

Todavía no hay PDFs para este punto de interés.

Todavía no hay opiniones de viajeros para este lugar.