
Archivo Municipal Palacio de Castilfalé

Archivo Municipal Palacio de Castilfalé
- Horario de atencion al publico del Archivo Municipal, de lunes a viernes en jornada de manana. El edificio es la sede de un archivo en funcionamiento, no un equipamiento museistico: el acceso al patio, la escalera y las salas nobles se produce dentro de ese horario de oficina. Como dependencia municipal, permanece cerrado en los festivos del calendario laboral de Burgos, cuyas fechas concretas no estan recogidas en esta ficha.
- Lunes a viernes08:30–14:30
- Sábado a domingoCerrado
Archivo Municipal Palacio de Castilfalé
- Acceso libre y gratuito. Para consultar documentacion en la sala es necesario presentar el DNI o un documento identificativo similar. No se paga por entrar al edificio: la unica tasa existente es la de reproduccion de documentos, fijada en la Ordenanza Fiscal municipal numero 201, articulo 5.3.9, cuyo importe no figura publicado en las fuentes consultadas. Se trata de un archivo en funcionamiento y no de un equipamiento museistico: no hay taquilla, ni visita guiada, ni itinerario senalizado.
Archivo Municipal Palacio de Castilfalé
- El telefono y el correo son los del servicio de Archivo Municipal del Ayuntamiento de Burgos, no los de una oficina de informacion turistica: atienden consultas documentales y peticiones de reproduccion. En el mismo edificio tiene su sede la Biblioteca Auxiliar del Archivo, que comparte estos mismos datos de contacto. El numero de fax del servicio existe pero no se publica aqui para evitar llamadas sin respuesta.
- Archivo Municipal947 28 88 12
- Archivo Municipalarchivo@aytoburgos.es
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónEl Palacio de Castilfalé es el edificio ante el que pasa todo el mundo camino de la Catedral sin levantar la vista, y el que casi nadie sabe que puede cruzar. Por fuera es el palacio renacentista mejor conservado de la calle Fernán González, levantado por un mercader de lanas en el siglo XVI con la mano del mismo maestro que estaba rehaciendo entonces el crucero de la Catedral. Por dentro guarda un patio de columnas, un techo de madera tallada que quita el hipo y la memoria escrita de la ciudad: es la sede del Archivo Municipal de Burgos, y se entra sin pagar nada.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
La fachada es solo el aperitivo. Lo gordo está dentro, y no hay cartelas que te lo cuenten, así que conviene llevar la lista hecha.
- El techo ochavado de la escalera: una enorme bóveda de madera tallada de planta ochavada, cubierta de casetones, rosetones, frisos de grutescos y figuras, con una lámpara colgando del centro. La documentación municipal lo describe como artesonado mudéjar. Sea como se llame, es la pieza mayor del edificio y hay que mirarla con el cuello torcido un buen rato.
- El patio de columnas: dos alturas de galerías sobre columnas de piedra, muros de sillería y mampostería vista, vigas de madera y un pavimento con una gran estrella de ladrillo y piedra en torno a una pila gallonada. Hoy lo cubre un lucernario moderno de vidrio que lo llena de luz sin tapar el cielo.
- El escudo de los grifos: sobre el muro de la escalera, un gran blasón en yeso blanco sostenido por dos grifos alados, de la reforma de comienzos del siglo XX. Es imposible no verlo y casi nadie lo fotografía.
- La capilla: un oratorio pequeño con retablo dorado y negro, columnas de fuste decorado y un crucifijo en hornacina sobre fondo rojo. Que un archivo municipal conserve su capilla de palacio tiene su gracia.
- El salón de la planta principal: techo de vigas oscuras, chimenea de piedra labrada, molduras de escayola ecléctica sobre las puertas, lámparas de bronce y una vidriera al fondo. Es el palacio del conde, no el del mercader: aquí se ve con claridad la reforma del novecientos.
- La portada plateresca: en la calle, el arco de piedra entre columnas con el escudo del fundador y un friso donde asoman seres fantásticos y figuras a medio camino entre lo humano y lo animal.
¿Se puede entrar en el Archivo Municipal Palacio de Castilfalé?
Sí, y es la mejor noticia de esta ficha. Pero conviene entender qué es antes de cruzar la puerta: esto no es un museo, es un archivo en funcionamiento. No hay recorrido señalizado, ni cartelas, ni taquilla. Hay un edificio histórico abierto al público en el que la gente entra a trabajar con documentos.
Dicho eso, el patio, la escalera y las salas nobles están a la vista, y por ellas se circula con normalidad. En las salas hay piezas expuestas en vitrinas —libros antiguos, mapas grabados— y cuadros de gran formato colgados, entre ellos retratos y un lienzo de historia de buen tamaño. Es una visita de las que se hacen en silencio y sin tocar nada, que es exactamente como hay que visitar un archivo.
Del palacio del siglo XVI se conservan la portada, el patio y la escalera con su techo tallado. La planta principal es otra cosa: se transformó a comienzos del siglo XX y luce las decoraciones eclécticas de aquel momento. Dentro conviven, sin disimulo, dos edificios de épocas muy distintas.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Archivo Municipal Palacio de Castilfalé?
Media hora larga si entras, y se te van sin darte cuenta. La fachada se resuelve en diez minutos, pero el patio y la escalera piden tiempo: son espacios para quedarse parado mirando hacia arriba, no para cruzarlos. Solo el techo ochavado da para cinco minutos de ir descubriendo caras, rosetas y bichos entre los casetones.
¿Qué curiosidad esconde el Archivo Municipal Palacio de Castilfalé?
Está en la calle, en una lápida de piedra sobre el muro de ladrillo que casi nadie lee. El homenajeado es Antonio Valdés y Fernández Bazán, nacido en Burgos el 25 de marzo de 1744, marino de carrera que llegó a ser Secretario de Estado de Marina con Carlos III y con Carlos IV, cargo que ocupó entre 1783 y 1795, y que vivió en este palacio.
Desde ese despacho impulsó la modernización de la Armada, y ahí viene lo bueno: en 1785 se presentaron a Carlos III doce diseños de enseña naval, salidos de su ministerio, para que los barcos españoles dejaran de confundirse en el mar con los de media Europa, que por entonces usaban casi todos el blanco borbónico. El rey eligió uno: el de las franjas roja, amarilla y roja. Aquella bandera de la Marina es el origen directo de la actual bandera de España.
Lo mejor es que la lápida, colocada en 1948, no menciona la bandera por ninguna parte. Habla de su espada, de su talento y de su patriotismo durante la invasión francesa. Del asunto por el que hoy lo recordaríamos, ni una palabra: estaba demasiado cerca para que a nadie le pareciera noticia.
¿Quién construyó el Palacio de Castilfalé?
Lo mandó levantar entre 1540 y 1550 el rico mercader Nicolás de Gauna, uno de aquellos comerciantes de lana que hicieron fortuna cuando Burgos era la capital del negocio lanero castellano y su Consulado controlaba las exportaciones a Flandes. La calle Fernán González era entonces la arteria principal de la ciudad, y a lo largo de ella se alineaban las casas de los comerciantes que podían permitirse construir así.
En la obra intervino el maestro Juan de Vallejo, y este es el dato que le da la medida al edificio: por esas mismas fechas Vallejo estaba reconstruyendo el crucero de la Catedral de Burgos, que se había hundido en 1539. O sea, que el mercader Gauna contrató para su casa al hombre que en ese preciso momento tenía entre manos la obra más importante de la ciudad. Eso dice bastante de cuánto dinero movía la lana.
Después pasó por bastantes manos: en 1565 lo compraron el regidor y mercader Andrés de Maluenda y su mujer Isabel de la Torre Bernuy, y más tarde fue de los Brizuela y del marqués de Castrofuerte.
¿Por qué se llama Palacio de Castilfalé si lo levantó un mercader burgalés?
Porque el nombre no viene del que lo construyó, sino del último que lo tuvo en propiedad, cuatro siglos después. En 1919 compró el edificio García Muñoz y Jalón, que lo encontró prácticamente en ruina y lo rehabilitó por dentro y por fuera: suya es buena parte de lo que hoy se ve en la planta noble. En 1925 recibió el título de conde de Castilfalé, un título pontificio concedido por la Santa Sede en reconocimiento a sus obras benéficas, y de ahí quedó bautizado el palacio.
Y aquí hay un detalle que descoloca a mucha gente: Castilfalé no es un sitio de Burgos. Es un municipio pequeño de la provincia de León, del que procedía el título por vía de herencia. Así que el palacio renacentista más vistoso de la calle Fernán González lleva el nombre de un pueblo leonés y de un conde del siglo XX, y no el del mercader de lanas que lo pagó.
Sus herederos lo cedieron al Ayuntamiento de Burgos en 1969, otra vez bastante deteriorado. La ciudad lo rehabilitó, y dentro del edificio una placa de bronce deja constancia de cuándo se completó la operación: el palacio se recuperó para Archivo Municipal en 1990, bajo el mandato del alcalde José María Peña San Martín.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
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El Palacio de Castilfalé es una casa principal renacentista del siglo XVI situada en la calle Fernán González de Burgos, construida por iniciativa de la burguesía mercantil lanera de la ciudad y profundamente transformada en el primer tercio del siglo XX. Responde al tipo de la casa-palacio urbana castellana, con zócalo de sillería, alzado de fábrica de ladrillo, torre de esquina y patio central columnado. Desde 1990 es sede del Archivo Municipal de Burgos, titularidad del Ayuntamiento de la ciudad.
Historia y cronología de la propiedad
El edificio fue levantado entre 1540 y 1550 por iniciativa del mercader Nicolás de Gauna, comerciante enriquecido en el tráfico de la lana castellana en el momento de mayor pujanza del Consulado de Burgos y de sus exportaciones a Flandes. El palacio formaba parte de un conjunto de edificaciones promovidas por ricos comerciantes a lo largo de la calle de Fernán González, que fue en la Edad Media y en el Renacimiento la principal arteria de la ciudad.
En la obra intervino el maestro Juan de Vallejo, dato que sitúa el encargo en el nivel más alto de la construcción burgalesa del momento: por esas mismas fechas Vallejo estaba reconstruyendo el crucero de la Catedral de Burgos, hundido en la noche del 3 al 4 de marzo de 1539. La coincidencia cronológica entre una obra catedralicia de primer orden y una casa particular bajo la misma dirección facultativa es uno de los rasgos más significativos del inmueble.
La cadena de propietarios documentada es la siguiente:
- 1540-1550: construcción por Nicolás de Gauna, mercader.
- 1565: adquisición por el regidor y mercader Andrés de Maluenda y su esposa Isabel de la Torre Bernuy.
- Siglos posteriores: propiedad de la familia Brizuela y, más tarde, del marqués de Castrofuerte.
- Siglo XVIII: el inmueble aparece vinculado a Antonio Valdés y Fernández Bazán, según recoge la lápida conmemorativa colocada en la fachada.
- 1919: compra por García Muñoz y Jalón, que lo encuentra en estado de ruina y acomete una rehabilitación integral de exterior e interior.
- 1925: García Muñoz recibe el título de conde de Castilfalé, de concesión pontificia, en reconocimiento a sus obras benéficas. Hasta entonces ostentaba el título de vizconde. El topónimo del título corresponde a Castilfalé, municipio de la provincia de León, y llegó a él por vía de herencia. De este título toma nombre el palacio.
- 1969: los herederos del conde ceden el inmueble al Ayuntamiento de Burgos, de nuevo en estado de notable deterioro.
- 1990: finalizada la rehabilitación municipal, el palacio se destina a sede del Archivo Municipal.
Sobre esta última fecha debe consignarse una discrepancia entre fuentes municipales: el panel informativo instalado en el exterior del edificio data en 1985 la instalación del Archivo, mientras que tanto la documentación del propio Archivo Municipal como la placa conmemorativa colocada en el interior sitúan la operación en 1990. Se adopta aquí la fecha de 1990 por proceder de una inscripción conmemorativa in situ, es decir, de fuente primaria coetánea a la obra.
Elementos conservados de la fábrica del siglo XVI
De la construcción original se conservan la portada, el patio y la escalera con su techo tallado, además de la volumetría general del inmueble: zócalo de sillería caliza, dos cuerpos altos de fábrica de ladrillo, torre de planta cuadrada en la esquina y alero de ladrillo.
La portada principal se abre en el paramento de sillería y responde al repertorio plateresco. Se compone de un vano de arco apuntado rebajado, con las dovelas moldeadas, enmarcado por dos columnas de fuste acanalado rematadas en pináculos de tipo jarrón y por un entablamento decorado. En las enjutas y el friso se despliegan grutescos vegetales, mascarones y figuras híbridas de cuerpo animal y torso humano, una a cada lado del arco. Sobre el conjunto se dispone un escudo heráldico de gran tamaño con castillo, timbrado de yelmo y acompañado de lambrequines. A ambos lados del escudo aparece labrado el número de policía, 57. El vano conserva hoja de madera de dos batientes con clavazón y herrajes de forja de desarrollo decorativo.
El patio es el espacio más representativo del edificio. Se organiza en dos niveles de galería sobre columnas pétreas de fuste liso, capiteles de orden toscano y basas sobre plintos cúbicos, con zapatas y vigas de madera vista en el forjado. Los paramentos combinan sillería y mampostería vista, resultado de la rehabilitación, que optó por dejar la fábrica a la vista en lugar de revestirla. El pavimento se resuelve con un despiece geométrico de piezas de ladrillo a sardinel enmarcadas en piedra, formando un aspa o estrella central, en cuyo centro se dispone una pila de piedra de copa gallonada sobre pie moldurado. En los muros perimetrales se exhiben piezas pétreas y escultóricas recuperadas.
La escalera principal arranca junto al patio y presenta tiros de piedra con balaustrada de balaustres torneados rematada por pilares con copas o jarrones frutales. Al pie de la escalera se conserva, exento y apoyado sobre un banco de madera, un escudo heráldico de piedra de gran formato, pieza al parecer recuperada y reubicada, cuya procedencia no consta.
El techo ochavado de la caja de escalera
La pieza de mayor valor artístico del inmueble es la cubierta de madera tallada que corona la caja de escalera. Se trata de un techo de planta ochavada, resuelto mediante un paño central octogonal rodeado de fajas y rematado en los ángulos por pechinas decoradas en abanico.
Su decoración se organiza en casetones poligonales escalonados que alojan florones, rosetones, cabezas y figuras en relieve, separados por frisos corridos de ovas, dentículos, sartas de frutos y grutescos. En el centro geométrico se dispone un florón mayor, del que pende una lámpara circular de metal labrado. El conjunto está realizado en madera vista, sin policromía ni dorado aparentes.
Debe consignarse una divergencia de denominación: la documentación municipal describe esta cubierta como artesonado mudéjar. Lo observable en la pieza corresponde, sin embargo, a un repertorio ornamental plenamente renacentista —casetonado poligonal, grutescos, ovas y figuración clasicista— y no a la lacería geométrica propia de la carpintería mudéjar. Es posible que la denominación oficial emplee el término en sentido amplio, referido a la técnica de carpintería de armar. No se dispone de estudio publicado que date o atribuya la pieza, y no se aventura aquí cronología ni autoría.
La reforma del primer tercio del siglo XX y la planta noble
La intervención promovida por García Muñoz y Jalón a partir de 1919 transformó por completo la planta principal, que se caracteriza interiormente por sus decoraciones eclécticas. El resultado es un interior de doble lectura, en el que los elementos del siglo XVI conviven sin transición con los de principios del novecientos.
De esa reforma proceden los elementos siguientes:
- Molduras y guarniciones de escayola sobre vanos y puertas, con frontones, cartelas, roleos y motivos vegetales de repertorio ecléctico.
- Un escudo heráldico de yeso de gran formato en el muro de la escalera, sostenido por dos grifos alados en actitud de tenantes, elemento de la reforma y no de la fábrica original. Su blasonamiento no ha podido establecerse.
- Carpinterías de madera oscura de gran altura, con vanos de arco rebajado, y revestimientos de zócalo acasetonado en las salas.
- Chimenea de piedra labrada en el salón principal, con decoración figurada en la campana.
- Vidriera emplomada con motivo heráldico en una de las salas en enfilada.
- Pavimentos de mármol con cenefas de dos tonos en las zonas de circulación y en las salas de la planta noble.
- Lámparas de bronce dorado de varios brazos, repartidas por las salas principales.
La planta noble conserva también alfarjes de vigas de madera a la vista sobre canecillos tallados, de lectura más antigua que la decoración de escayola que los acompaña. No consta el autor del proyecto de reforma de comienzos del siglo XX, ni tampoco el de la rehabilitación municipal culminada en 1990.
El edificio conserva además un oratorio o capilla de pequeñas dimensiones, con retablo de madera dorada y policromada en negro y oro, organizado mediante columnas de fuste decorado que flanquean una hornacina central con crucifijo en marco dorado sobre fondo de tejido rojo, y mesa de altar con frontal del mismo repertorio. No se dispone de datación ni atribución del retablo, ni de información sobre si es pieza original del palacio o incorporación posterior.
Epigrafía y elementos conmemorativos
El inmueble conserva tres inscripciones de distinta época y naturaleza, además del emblema institucional del Archivo. Constituyen, en conjunto, el repertorio epigráfico del edificio.
La primera es la lápida conmemorativa dedicada a Antonio Valdés y Bazán, instalada en el paramento de ladrillo de la fachada, sobre la portada. Consta de un cuerpo rectangular de piedra con frontón mixtilíneo que aloja un escudo heráldico, rematado en su parte inferior por una ménsula con el escudo de la ciudad de Burgos entre roleos. Lleva fecha de 10 de septiembre de 1948 y texto del Ayuntamiento de Burgos. Su transcripción literal es:
«1744-1816. Este señorial y evocador palacio fué mansión del burgalés insigne que se llamó don Antonio Valdés y Bazán. Su fecunda existencia se gastó íntegramente en servir a la Patria, a la que ofrendó primero el ardoroso impulso de su espada, más tarde su talento y esfuerzo y en la hora triste de la invasión francesa, el prestigio y ejemplo de un incontaminado patriotismo puesto al servicio de esta gesta inmortal. Por tan noble vivir ¡honor a su memoria! El Ayuntamiento de Burgos, en carga de justicia, quiere rendir aquí merecido recuerdo a este preclaro hijo.»
La segunda es la placa de bronce colocada en el interior, de letra capital moderna sobre fondo liso, que conmemora la recuperación del inmueble y fija la fecha de su destino actual. Su transcripción literal es:
«Este palacio, legado a la ciudad por los condes de Castilfalé, se recuperó para Archivo Municipal bajo el mandato del alcalde de Burgos, D. José Mª Peña San Martín. Año de MCMXC.»
La datación en numeración romana, MCMXC, corresponde a 1990, y es el documento que permite resolver la discrepancia de fechas señalada más arriba. La inscripción aporta además el nombre del alcalde bajo cuyo mandato se ejecutó la intervención.
La tercera inscripción es el panel interpretativo municipal instalado en el exterior, en castellano, inglés y francés, del que proceden los datos de promoción, autoría y propiedad recogidos en esta ficha.
Junto al acceso figura asimismo un medallón circular de bronce con el sello histórico del concejo burgalés: busto de rey coronado entre torres y murallas, orlado por la leyenda latina BURGENSIS CONSILII CIVITATIS, bajo el rótulo en letra capital ARCHIVO MUNICIPAL. Se trata de una pieza contemporánea que reproduce el sello con el que el concejo validaba su documentación.
Antonio Valdés y Fernández Bazán y su vinculación con el inmueble
El personaje al que se dedica la lápida de la fachada es Antonio Valdés y Fernández Bazán, nacido en Burgos el 25 de marzo de 1744 y fallecido en Madrid el 4 de abril de 1816. Marino de carrera, alcanzó el cargo de inspector general de la Armada y fue Secretario de Estado de Marina entre el 9 de marzo de 1783 y el 13 de noviembre de 1795, bajo los reinados de Carlos III y Carlos IV.
Durante su mandato impulsó la modernización de la Armada española y la reorganización de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, iniciada en 1781. El hecho de mayor trascendencia asociado a su gestión es, sin embargo, otro: en 1785 se sometieron a Carlos III doce diseños de enseña naval, al objeto de dotar a los buques españoles de un pabellón distinguible en la mar frente al blanco borbónico empleado por varias potencias europeas. El modelo elegido por el rey, de franjas roja, amarilla y roja, es el antecedente directo de la actual bandera de España.
Conviene advertir que la lápida de 1948 no alude en ningún momento a este episodio, y centra el elogio en su servicio militar y en su conducta durante la Guerra de la Independencia.
Uso actual, régimen de acceso y titularidad
El inmueble es de titularidad del Ayuntamiento de Burgos desde la cesión de 1969 y alberga el Archivo Municipal de Burgos, que custodia documentación histórica y administrativa de la ciudad. El edificio integra depósitos documentales, señalizados como tales en la planta principal, además de sala de consulta y dependencias administrativas.
Las salas nobles funcionan simultáneamente como espacio expositivo permanente: albergan vitrinas con fondos del propio archivo —volúmenes antiguos y cartografía grabada— y pintura de caballete de gran formato, entre la que figura un lienzo de tema histórico de gran tamaño con escena de ambientación medieval, dotado de cartela identificativa y firma, cuya lectura no ha podido establecerse y que por tanto no se atribuye aquí. El Archivo desarrolla asimismo un programa de actividades y exposiciones temporales.
El acceso al edificio es público y gratuito en su condición de servicio municipal, si bien no se trata de un equipamiento museístico: no existe itinerario de visita señalizado, cartelería interpretativa de sala ni servicio de atención al visitante turístico. La circulación por el patio, la escalera y las salas nobles es la propia de un centro de trabajo abierto al público.
Protección y catalogación patrimonial
El Palacio de Castilfalé no cuenta con declaración individual de Bien de Interés Cultural: no figura con expediente propio en la relación de bienes declarados de la provincia de Burgos, a diferencia de otras casas principales de la ciudad como la Casa del Cordón o la Casa de Miranda.
Su protección deriva de su inclusión en el ámbito delimitado del Conjunto Histórico de la Ciudad de Burgos, declarado el 20 de julio de 1967 con el código RI-53-0000088, figura que somete las intervenciones sobre los inmuebles del perímetro a la normativa sectorial de patrimonio cultural de Castilla y León y al planeamiento especial de protección del casco histórico.
A ello se añade su condición de inmueble de titularidad pública destinado a equipamiento cultural, lo que garantiza en la práctica un régimen de conservación y mantenimiento continuado. No consta catalogación monográfica publicada del edificio, y la información patrimonial disponible procede del panel interpretativo municipal, de la documentación divulgativa del propio Archivo Municipal y de la bibliografía general sobre arquitectura civil burgalesa del siglo XVI.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
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