
Plaza Rey San Fernando

Plaza Rey San Fernando
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónSi has visto una foto de la catedral de Burgos, lo más probable es que estuviera hecha desde aquí. La Plaza del Rey San Fernando es la explanada que se abre al costado sur del templo, justo delante de la portada del Sarmental, y es el punto donde casi todo el mundo se para, levanta la cabeza y saca el móvil. También es por donde se entra a visitar la catedral, así que tarde o temprano acabas pasando por ella.
No es una plaza monumental en sí misma: es un espacio de respiro en un casco histórico muy apretado, con terrazas, gente sentada en los bancos y peregrinos soltando la mochila. Su valor está en lo que deja ver y en lo que organiza a su alrededor.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la Plaza del Rey San Fernando?
El tiempo que quieras, porque no es una visita sino un lugar de paso y de estar. Para ver la fachada con calma y hacer las fotos te bastan cinco o diez minutos; si te sientas en una terraza, fácilmente se te va la hora.
Un consejo de orden: míralo bien antes de entrar en la catedral, no después. Cuando sales llevas dos horas de templo encima y ya no tienes ojos para la fachada.
¿Qué curiosidad esconde la Plaza del Rey San Fernando?
Que la vista que todo el mundo fotografía solo existe desde 1914. Hasta entonces la plaza era mucho más estrecha, porque el antiguo palacio arzobispal ocupaba buena parte del espacio: llegaba hasta la mitad de la calzada actual.
Al derribarse aquel edificio, la plaza se ensanchó y la catedral ganó de golpe la perspectiva que hoy damos por eterna. Dicho de otro modo: los burgaleses de hace poco más de un siglo no podían ver su catedral como la ves tú, porque no había sitio para retroceder.
Y el remate de la historia: aquel palacio estaba ahí porque el propio Fernando III cedió parte de su palacio real a los obispos en 1221, el mismo año en que se empezó la catedral. Ocho siglos después, la plaza que ocupa aquel solar lleva su nombre. El derribo arrancó el 20 de julio de 1914, fecha elegida a propósito por coincidir con el aniversario de la primera piedra.
Y hay una segunda curiosidad, en forma de lista: esta plaza ha cambiado de nombre cuatro veces. Se llamó del Sarmental, luego del Arzobispo, después del Duque de la Victoria y finalmente del Rey San Fernando. Cada nombre es una época distinta de la ciudad.
¿Por qué se llama Plaza del Rey San Fernando?
Por Fernando III el Santo, el rey que puso la primera piedra de la catedral en 1221 junto al obispo don Mauricio. Es decir, el nombre no es decorativo: la plaza está dedicada a quien impulsó el edificio que la preside.
Fernando III fue además el monarca que unió definitivamente los reinos de Castilla y León y quien conquistó Córdoba y Sevilla. Fue canonizado en el siglo XVII, y de ahí lo de San Fernando. Su recuerdo está muy presente en la catedral: en la fachada principal, en la sacristía y en las portadas aparece una y otra vez.
¿Qué son los arcos de piedra que hay en la Plaza del Rey San Fernando?
Son lo más antiguo que vas a ver aquí y casi nadie les hace caso: arcos románicos del siglo XII que pertenecieron al antiguo Palacio Real de Burgos. Aparecieron escondidos dentro de los muros del palacio arzobispal cuando lo tiraron en 1914.
El arquitecto que dirigió la operación, Vicente Lampérez, decidió no destruirlos y dejarlos a la vista en la plaza nueva. Bajo ellos colocó una lápida conmemorativa que contaba todo esto. Si la buscas, la encontrarás: lo que no podrás es leerla, porque el texto está hoy completamente borrado.
¿Se entra a la catedral desde la Plaza del Rey San Fernando?
Sí, esta es la plaza del acceso de visitantes. Desde ella arranca la doble escalinata que sube a la portada del Sarmental, que es por donde entran hoy los turistas.
Conviene saberlo porque despista bastante: el Sarmental no es la puerta principal de la catedral. La principal es la fachada de Santa María, la de las dos agujas caladas, que está al otro lado del edificio y da a otra plaza. Mucha gente la busca allí y acaba dando la vuelta entera al templo.
Así que si te dicen «nos vemos en la puerta de la catedral», pregunta cuál, porque hay dos plazas candidatas y están en lados opuestos.
¿Cuál es el mejor momento para visitar la Plaza del Rey San Fernando?
Por la mañana. La fachada del Sarmental mira al sur, así que recibe luz directa buena parte del día, pero es el sol de media mañana el que entra más rasante y saca el relieve de la talla del tímpano. A mediodía la luz cae plana y aplasta el detalle.
Y un truco que cambia la primera impresión: llega a la plaza cruzando el Arco de Santa María, desde el paseo del Espolón, en lugar de bajar por las calles del casco. La catedral te aparece de golpe y enmarcada, y esa es, sin discusión, una de las mejores estampas de la ciudad.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
La Plaza del Rey San Fernando es el espacio urbano abierto ante el costado meridional de la catedral de Burgos, frente a la portada del Sarmental. Su configuración actual no es medieval sino contemporánea: resulta del derribo del antiguo Palacio Arzobispal en 1914 y del proyecto de ordenación redactado entonces por el arquitecto Vicente Lampérez y Romea. Constituye el episodio final de un proceso de aislamiento de la catedral que la ciudad persiguió durante casi cinco siglos, y conserva en su ámbito arcos románicos procedentes del antiguo Palacio Real del siglo XII.
El proceso de aislamiento de la catedral
La plaza no puede entenderse como una obra aislada, sino como el último acto de una política urbanística secular: la voluntad de despejar el entorno del templo, que había quedado encajonado entre construcciones adosadas desde su misma fundación. La secuencia documentada de derribos es la siguiente:
- 1429: el obispo Pablo de Santa María ordena derribar las casas situadas en torno a la fuente de Santa María que obstaculizaban la vista de la puerta real.
- Mediados del siglo XV: se crea la plazuela del Azogue.
- 1482: se despeja el terreno en torno a la capilla del Condestable.
- 1486: el obispo Luis de Acuña propone mudar los palacios episcopales, propuesta que no prospera y que anticipa en más de cuatro siglos lo que acabaría ocurriendo.
- 1849: bajo el alcalde Timoteo Arnáiz se derriban viviendas en las calles Nuño Rasura, Cuadro y Lencería. La tasación de trece casas demolidas ascendió a 210.568 reales.
- 1858 a 1867: el arzobispo Fernando de la Puente aprueba el derribo parcial de la fachada oriental del Palacio Arzobispal, operación que deja a la vista por primera vez la portada gótica del Sarmental.
- 1866 a 1893: sucesivos intentos frustrados de derribar el palacio.
- 1914: derribo completo del Palacio Arzobispal y configuración de la plaza actual.
Merece subrayarse que dos de los promotores de las fases tempranas son figuras que reaparecen en el propio edificio: Pablo de Santa María, el converso que llegó a obispo de Burgos, y Luis de Acuña, promotor de la capilla de la Concepción.
El Palacio Arzobispal y su derribo de 1914
El edificio derribado tenía un origen directamente vinculado al personaje que hoy da nombre a la plaza: procedía de una donación de Fernando III en 1221, año del inicio de la catedral, cuando el monarca cedió parte de su antiguo palacio regio para residencia de los obispos. Ampliado y reformado durante siglos, había derivado en una construcción que la documentación describe como una mole irregular y asimétrica, con tejados de distinta altura y sin alineación de fachada, que ocultaba por completo el flanco sur del templo.
A las razones estéticas se sumaron las materiales: el inmueble había sufrido incendios durante la Guerra de la Independencia y arrastraba un coste de conservación insostenible. Las reparaciones acometidas entre 1858 y 1866 ascendieron a 202.248 reales. A comienzos del siglo XX el edificio fue declarado en ruina.
El proceso encontró resistencias documentadas de dos tipos. Por parte civil, en la década de 1850 el general Ros de Olano paralizó los intentos del alcalde Arnáiz. Por parte eclesiástica, en 1895 el arzobispo fray Gregorio María Aguirre rechazó las propuestas de derribo.
El desbloqueo llegó en 1913 con el nombramiento del arzobispo José Cadena y Eleta. El Ayuntamiento ofreció al prelado alojamiento provisional en el palacio de doña Carmen Herrera, viuda de Muguiro, por diez mil pesetas anuales durante tres años. La cronología final fue rápida:
- 28 de abril de 1914: se firma la Real Orden que autoriza el derribo.
- 20 de julio de 1914: comienzan los trabajos, en fecha elegida por coincidir con el aniversario de la colocación de la primera piedra de la catedral en 1221.
- La demolición se completó en veintidós días, con veintisiete obreros dirigidos por un capataz.
El coste fue asumido por el Ayuntamiento con cargo a imprevistos, y los materiales de valor artístico se recuperaron para la Iglesia. La nueva residencia arzobispal se construyó posteriormente en las inmediaciones del paseo de la Isla.
El proyecto de Vicente Lampérez
La plaza tiene autor. El arquitecto Vicente Lampérez y Romea, arquitecto oficial de la catedral desde 1887 y responsable asimismo de la restauración del claustro bajo entre 1899 y 1911, fue la figura determinante del proceso, tanto en lo técnico como en lo político.
Su intervención documentada comprendió:
- Demostrar la independencia estructural del Palacio respecto de la catedral, acreditando que su derribo no causaría daño al templo. Este informe fue el argumento decisivo para obtener la autorización.
- Defender públicamente el proyecto frente a la campaña de oposición del conde de las Almenas en la prensa madrileña.
- Redactar el diseño de la nueva plaza y de las estructuras de contención necesarias para resolver el fuerte desnivel del solar.
- Conservar los arcos románicos aparecidos durante la demolición.
La plaza es, por tanto, una obra de autor fechada en 1914 y no un espacio de formación espontánea, circunstancia que la distingue de la mayoría de las plazas del casco histórico burgalés.
Los arcos románicos del Palacio Real y la lápida conmemorativa
El hallazgo más relevante del derribo fue la aparición de arcos románicos procedentes del antiguo Palacio Real del siglo XII, embebidos en la fábrica del Palacio Arzobispal. Su existencia confirma materialmente el origen regio del inmueble donado por Fernando III en 1221.
Lampérez optó por conservarlos e integrarlos en la nueva ordenación en lugar de eliminarlos, criterio notable para la práctica restauradora de la época. Bajo ellos hizo instalar una lápida conmemorativa cuya inscripción recogía:
- El año del derribo, 1914.
- Los nombres del arzobispo José Cadena y Eleta y del alcalde Manuel de la Cuesta.
- La procedencia de los arcos, atribuidos al Palacio Real medieval.
- Su valor histórico y artístico.
Debe consignarse el estado actual de esta pieza: la lápida se encuentra completamente deteriorada y su texto resulta ilegible, circunstancia que motivó una reclamación expresa de su restauración en la bibliografía especializada. No se ha localizado información sobre actuaciones posteriores al respecto, ni sobre el estado de conservación de los propios arcos.
Denominaciones históricas
La plaza ha recibido cuatro denominaciones sucesivas documentadas, cada una asociada a un contexto distinto:
- Plaza del Sarmental, por la portada catedralicia que se abre a ella. El topónimo Sarmental se documenta en 1248 a propósito de las casas nuevas de los Sarmentales, y se vincula a la familia Sarmiento, cuyas casas se habrían cedido para la fundación del templo.
- Plaza del Arzobispo, por la presencia del Palacio Arzobispal que la ocupaba.
- Plaza del Duque de la Victoria. El título de duque de la Victoria corresponde a Baldomero Espartero, lo que situaría esta denominación en el siglo XIX; no se ha localizado la fecha exacta de adopción ni de sustitución.
- Plaza del Rey San Fernando, denominación actual, en referencia a Fernando III el Santo, promotor de la catedral junto al obispo don Mauricio y donante del solar del palacio episcopal.
La sucesión resulta especialmente coherente en este caso: el nombre pasa del elemento arquitectónico a la institución que lo ocultaba, de ahí a una figura política decimonónica y, finalmente, al monarca fundador.
Configuración actual y función urbana
La plaza ocupa el frente meridional del templo y acoge el arranque de la doble escalinata que salva el desnivel hasta la portada del Sarmental, labrada entre 1230 y 1240 y acceso actual de los visitantes a la catedral.
Su función urbana es triple: vestíbulo del principal monumento de la ciudad, mirador de la fachada sur —perspectiva inexistente antes de 1914— y espacio de estancia con terrazas de hostelería. Constituye asimismo un punto de paso y descanso del Camino de Santiago a su paso por Burgos.
La orientación es determinante para su uso: la fachada del Sarmental mira al sur, de modo que la plaza recibe iluminación directa durante buena parte del día, a diferencia de los frentes norte del templo.
No se han localizado datos dimensionales de la plaza —superficie, cotas de desnivel, longitud de los frentes— ni información sobre el pavimento, el mobiliario urbano o las reformas posteriores a 1914, laguna relevante tratándose de un espacio público con proyecto de autor conocido.
Protección patrimonial y estado de la documentación
La plaza carece de declaración patrimonial propia. Su entorno queda amparado por la condición de la catedral de Santa María de Burgos como bien inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1984, con el número de referencia 316 y bajo los criterios (ii), (iv) y (vi), así como por la normativa de protección del conjunto histórico de la ciudad. La titularidad y el mantenimiento del espacio público corresponden al Ayuntamiento de Burgos.
El balance documental es excepcionalmente bueno en lo relativo al proceso de 1914, que cuenta con estudio monográfico publicado y aporta fechas exactas, importes, número de operarios, plazos, autoridades intervinientes y nombres de los opositores al proyecto. Es, de hecho, uno de los episodios urbanísticos mejor documentados de la ciudad.
Frente a ello, persisten lagunas concretas: no constan las dimensiones ni la superficie de la plaza; no se ha localizado el plano de ordenación de Lampérez ni su descripción detallada; falta la fecha exacta de cada cambio de denominación; no consta el estado de conservación actual de los arcos románicos ni si la lápida conmemorativa ha sido restaurada; y no se ha documentado ninguna reforma del espacio posterior a 1914.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
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