
Casa de los Cubos

Casa de los Cubos
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónLa Casa de los Cubos es uno de esos edificios que mucha gente fotografía sin saber qué está fotografiando. Está en plena calle Fernán González, a un paso de la Catedral, y se reconoce al instante por las dos torres cilíndricas que asoman en sus esquinas, colgadas en el aire sobre unas ménsulas de piedra que parecen conos del revés. Es una casona noble del siglo XVI con aire de fortaleza doméstica, con una portada labrada que merece pararse a mirar, y hoy tiene el mejor destino que podía tener: acoge a los peregrinos que llegan a Burgos por el Camino Francés.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
Es una fachada, no un museo, así que la visita se resuelve mirando. Pero hay cuatro cosas que conviene buscar con los ojos, porque si no se sabe que están ahí se pasan por alto.
- Los dos cubos de las esquinas: dos torreones cilíndricos de ladrillo que recorren las plantas altas y vuelan sobre unas ménsulas de piedra de molduras concéntricas. Son un recuerdo de la arquitectura defensiva que todavía lucían las casas nobles de la época, cuando ya no servían para defenderse de nada pero seguían diciendo quién vivía dentro.
- La portada del número 28: un arco de piedra flanqueado por columnas y envuelto en decoración renacentista, con grutescos, medallones de bustos y un escudo labrado presidiendo el conjunto. Es la puerta que se usa, y la que más se fotografía.
- La segunda portada, la del número 30: unos metros más allá, casi nadie se da cuenta de que hay otra puerta labrada del mismo momento, hoy cerrada con una reja y abierta a un patio. Pertenece a la casa vecina y forma parte del mismo conjunto.
- El contraste de materiales: la planta baja es de sillería de piedra y las de arriba son de ladrillo, rematadas por un alero de ladrillo dispuesto en esquinilla. Ese salto de piedra a ladrillo es, en sí mismo, una lección de cómo se construía aquí.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la Casa de los Cubos?
Entre cinco y diez minutos, y se aprovechan mejor si se cruza la calle. Es un edificio para ver desde fuera: lo que hay que hacer es alejarse hasta la acera de enfrente para abarcar los dos cubos a la vez, y luego acercarse a la portada para mirar de cerca la talla. Pegado a la puerta no se ven las torres, y desde lejos no se ve el detalle de la piedra; hacen falta las dos distancias.
¿Por qué se llama Casa de los Cubos?
Por lo más evidente: por los cubos. En castellano antiguo, un cubo es una torre de planta redonda, de las que refuerzan las murallas, y aquí hay dos, uno en cada esquina del cuerpo alto. El nombre nació del propio aspecto del edificio, no de ninguna familia ni de ningún episodio histórico.
Verás que el sitio aparece escrito de dos maneras, Casa del Cubo y Casa de los Cubos, y las dos son correctas y están en uso. La forma en singular es la que se ha impuesto entre los peregrinos y en las guías del Camino; la del plural es la que suele emplear la documentación municipal. Hablan del mismo edificio.
¿Qué curiosidad o leyenda esconde la Casa de los Cubos?
La mejor historia de esta casa es que no se sabe de quién era. Se levantó en el tercer cuarto del siglo XVI, en la calle donde vivía lo más granado de la ciudad, y sin embargo ni su promotor ni su primer propietario están documentados con seguridad. Los estudiosos locales han ido proponiendo candidatos sin ponerse de acuerdo: se ha apuntado a los Castillo y a los De la Torre, se ha defendido que fuese la casa principal de los Astudillo Salamanca, y hay quien lee en el escudo de la portada las armas de los Porras, con un castillo y flores de lis, la misma familia que levantó un palacio en Espinosa de los Monteros.
Es una situación casi cómica: un edificio que se construyó precisamente para que todo el mundo supiera quién lo había pagado, y cuatro siglos y medio después seguimos sin saberlo. El escudo sigue ahí, en lo alto de la puerta, guardando el secreto a plena vista.
¿Se puede entrar en la Casa de los Cubos?
El edificio no es un monumento visitable: desde 2008 funciona como albergue municipal de peregrinos, junto con la casa vecina, y el interior está reservado a quienes se alojan en él. Lo que sí se puede hacer, si la puerta está abierta, es asomarse al zaguán desde la acera y ver el arranque del vestíbulo bajo el arco de piedra. Nada más, y es suficiente: lo bueno de esta casa está en la fachada.
Esa condición de albergue, por cierto, es lo que ha salvado al edificio. Una casona del XVI vacía en pleno casco histórico suele acabar mal; esta se rehabilitó para darle un uso diario y hoy es una de las paradas más conocidas de todo el Camino Francés a su paso por España.
¿Cuál es el mejor momento para visitar la Casa de los Cubos?
Cuando el sol entra de lado en la calle. Fernán González es una vía estrecha y de edificios altos, así que la fachada pasa buena parte del día en sombra; la media hora en que la luz la roza en diagonal es la que saca el relieve de los grutescos y los medallones de la portada, que con luz plana se aplanan y se convierten en una mancha de piedra. Para los cubos pasa lo contrario: lucen mejor con el cielo despejado y luz general, porque lo que importa ahí es la silueta recortada contra el azul.
¿Qué diferencia hay entre la Casa de los Cubos y la Casa de los Lerma?
Son dos edificios distintos y contiguos que hoy funcionan como uno solo. La Casa de los Cubos es la del número 28, la de los torreones y la portada por la que se entra; la Casa de los Lerma es la del número 30, la de la portada cerrada con reja. La rehabilitación que las convirtió en albergue las unió por dentro, y por eso en las guías del Camino el alojamiento aparece con frecuencia nombrado como Casa del Cubo y de los Lerma, con los dos nombres a la vez.
Si al llegar buscas un edificio y encuentras dos puertas labradas separadas por unos metros de muro, no te has equivocado: forman parte del mismo conjunto.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
La Casa de los Cubos, documentada también como Casa del Cubo, es un edificio de vivienda noble urbana del siglo XVI situado en el número 28 de la calle Fernán González, en el casco histórico de Burgos. Responde al tipo de la casa principal o casa fuerte urbana del Renacimiento castellano, con cuerpo bajo de sillería, cuerpos altos de fábrica de ladrillo y dos torreones cilíndricos de esquina que dan nombre al inmueble. Desde 2008 forma, junto con la casa contigua del número 30 o Casa de los Lerma, un conjunto unitario destinado a albergue municipal de peregrinos del Camino de Santiago.
Cronología y debate historiográfico sobre la promoción del edificio
La historiografía local sitúa la construcción del inmueble en el tercer cuarto del siglo XVI, en el momento de mayor empuje constructivo de la burguesía mercantil y de los linajes hidalgos burgaleses, cuando la calle Fernán González, entonces eje principal del recinto amurallado y vía de entrada del Camino Francés, concentraba las casas principales de las familias más poderosas de la ciudad.
El dato singular de este edificio es que, a diferencia de sus vecinos, no se conoce con seguridad ni quién lo mandó construir ni quién fue su primer propietario. Es una ausencia llamativa en un tipo de arquitectura cuya función social era precisamente la contraria: proclamar la identidad y el rango de quien la levantaba. La documentación conocida no ha permitido resolverlo, y la bibliografía recoge al menos tres hipótesis que no han sido conciliadas entre sí:
- Linajes Castillo o De la Torre: atribución propuesta por el historiador Martínez Burgos, formulada en términos de posibilidad y no de certeza documental.
- Familia Astudillo Salamanca: hipótesis defendida por Alberto C. Ibáñez Pérez, autor del estudio de referencia sobre la arquitectura civil del siglo XVI en Burgos, que identificaría el inmueble como la casa principal de este linaje.
- Familia Porras: lectura basada en la interpretación del escudo de la portada, en el que se han querido ver las armas de los Porras, el mismo linaje que levantó palacio en Espinosa de los Monteros.
Ninguna de las tres cuenta hoy con respaldo documental concluyente, y las tres siguen vivas en la bibliografía divulgativa y patrimonial. La ficha no toma partido por ninguna: consigna el estado de la cuestión. La resolución del problema pasaría por el vaciado de protocolos notariales burgaleses del siglo XVI y por un análisis heráldico de primera mano del escudo de la portada.
Descripción arquitectónica del inmueble
El edificio se organiza en planta baja de sillería caliza y tres cuerpos superiores de fábrica de ladrillo, con una línea de imposta de piedra que marca con nitidez la transición entre ambos materiales. Esta combinación de zócalo pétreo y alzado de ladrillo es característica de la arquitectura doméstica burgalesa del periodo y responde tanto a razones económicas como constructivas: la piedra resuelve el contacto con la calle y el apeo de los elementos volados, y el ladrillo aligera el peso de las plantas altas.
El elemento identificativo del inmueble son los dos torreones cilíndricos de ladrillo situados en los extremos de la fachada, que arrancan sobre la imposta y recorren toda la altura del cuerpo alto hasta el alero. Cada uno descansa sobre una ménsula de piedra de gran desarrollo, formada por molduras concéntricas decrecientes que componen una silueta de cono invertido. Se trata de una solución de origen defensivo, propia de los cubos de muralla y de las casas fuertes, reinterpretada aquí en clave exclusivamente representativa: en pleno siglo XVI ya no cumplían función militar alguna y operaban como signo de rango del propietario. Los torreones se perforan con pequeños vanos cuadrados de escaso tamaño, dispuestos de forma irregular, que refuerzan esa evocación de arquitectura militar.
El remate del edificio es un alero de ladrillo dispuesto en esquinilla, con varias hiladas en diente de sierra que vuelan progresivamente y que se continúan rodeando los dos torreones, de modo que la cornisa abraza el perímetro completo sin interrupción. Los vanos de las plantas altas son ventanas rematadas en arco de medio punto de rosca de ladrillo, con antepechos de rejería de barrotes verticales, mientras que la planta baja presenta vanos menores protegidos por rejas de barrotes de sección cuadrada.
La portada del número 28
El acceso principal se abre en el extremo derecho de la fachada mediante una portada de piedra de repertorio plateresco, encajada en el muro de sillería. Se compone de un vano de arco de medio punto peraltado, con las dovelas labradas, enmarcado por dos columnas abalaustradas de fuste decorado que apean sobre basamentos y sostienen un entablamento corrido.
La decoración se concentra en las enjutas, el friso y el remate, y responde al repertorio ornamental del primer Renacimiento español: grutescos de roleos vegetales, medallones con bustos en relieve, cabezas y máscaras, y motivos de candelieri. En el eje central del remate se dispone un escudo heráldico labrado, enmarcado por volutas y elementos vegetales, que preside el conjunto. El vano conserva una hoja de madera de dos batientes con cuarterones y clavazón de forja, reforzada con bisagras de hierro de desarrollo decorativo.
Sobre la portada, y ya en el cuerpo de ladrillo, descansa una de las dos ménsulas que sostienen los torreones, de modo que puerta y cubo se leen en vertical como un único elemento compositivo. El número de policía, el 28, aparece labrado en una pieza de sillería a la izquierda de la portada.
La Casa de los Lerma y el conjunto del número 30
A escasos metros, separada por un lienzo de muro de sillería, se abre la portada del número 30, correspondiente a la llamada Casa de los Lerma, inmueble contiguo e independiente en origen que la rehabilitación de 2008 incorporó al mismo conjunto funcional. Su portada, de mayor anchura que la del número 28, presenta un arco de medio punto cuyas jambas y rosca se cubren por completo de decoración plateresca, con medallones de bustos, figuras en los salmeres, escudos heráldicos en las enjutas y un friso corrido de grutescos rematado por una cornisa de considerable vuelo.
En la banda superior de esa cornisa corre una cenefa labrada de desarrollo continuo cuya lectura no ha podido establecerse: el estado de la superficie y las condiciones de iluminación habituales del paramento impiden determinar si se trata de una inscripción epigráfica o de un motivo ornamental repetido. Es el principal elemento pendiente de documentación del conjunto.
El vano del número 30 está cerrado en la actualidad por una reja moderna de barrotes verticales y da paso a un patio interior de factura contemporánea. La identidad concreta del linaje Lerma al que remite el nombre del edificio no ha podido documentarse.
La rehabilitación de 2008 y el uso actual
El conjunto formado por las dos casas fue objeto de un proyecto de rehabilitación integral promovido por el Ayuntamiento de Burgos con destino a albergue municipal de peregrinos del Camino de Santiago. Las obras se ejecutaron en 2008 y el equipamiento se inauguró el 8 de agosto de 2008. La intervención conservó las fachadas históricas y las dos portadas labradas, y reorganizó por completo el interior, uniendo ambos inmuebles en una sola unidad funcional.
El resultado es un equipamiento de 120 plazas distribuidas en seis dormitorios repartidos en varias plantas, con los espacios de descanso compartimentados, y con las instalaciones propias de un albergue de etapa. El edificio es accesible para personas con movilidad reducida. La gestión diaria corresponde a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Burgos, por encargo del Ayuntamiento, titular del inmueble, y la atención la prestan hospitaleros voluntarios de dicha asociación.
Un repertorio profesional de arquitectura atribuye la autoría del proyecto al estudio A2G Arquitectos; se trata de una atribución no contrastada con la documentación oficial del proyecto y debe tomarse como provisional mientras no se verifique en fuente primaria. De igual modo, se ha citado un reconocimiento de la intervención en los premios de arquitectura del colegio profesional de la provincia, sin que consten el año ni la categoría del galardón.
La reutilización del inmueble ha resultado determinante para su conservación: el edificio pasó de ser una casona del siglo XVI en el casco histórico a convertirse en uno de los albergues de mayor capacidad y mayor flujo del Camino Francés, con una ocupación anual que se cuenta por decenas de miles de estancias.
Protección y catalogación patrimonial
La Casa de los Cubos no cuenta con declaración individual de Bien de Interés Cultural: no figura en la relación de bienes declarados de la provincia de Burgos con expediente propio.
Su protección deriva de su situación dentro del ámbito delimitado del Conjunto Histórico de la Ciudad de Burgos, declarado el 20 de julio de 1967 y registrado con el código RI-53-0000088. Esta figura de protección, de categoría conjunto histórico, somete las intervenciones sobre los inmuebles incluidos en su perímetro a la normativa sectorial de patrimonio cultural de Castilla y León y al planeamiento especial de protección del casco histórico, lo que explica el tratamiento conservador que recibieron las fachadas y las portadas en la rehabilitación de 2008.
El inmueble carece asimismo de catalogación monográfica publicada. La información patrimonial disponible procede de la bibliografía general sobre arquitectura civil burgalesa del siglo XVI, de las fichas divulgativas de turismo y de la documentación generada por el propio proyecto de rehabilitación municipal.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
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