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Casa del Obispo D. Pedro Peña
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Casa del Obispo D. Pedro Peña

Plazas y Rincones Emblemáticos

Haciendo esquina en la plaza que lleva su nombre, con la planta baja en sillería y un escudo labrado en piedra en el ángulo, está la Casa del Obispo D. Pedro Peña. Parece una casona más del casco viejo hasta que sabes de quién fue: de un dominico nacido en Covarrubias que acabó siendo obispo en América y murió en Lima. Toda esa historia sale de esta esquina.

Es una parada de fachada, corta y de mirar hacia arriba. Pero es de las que más cambian según lo que sepas al llegar: sin contexto es piedra vieja; con él, es el punto de partida de uno de los viajes más largos que salieron nunca de este pueblo.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

Tres cosas, y ninguna está a la altura de los ojos:

  • El escudo del obispo: labrado en piedra sobre el ángulo de la casa, muy erosionado pero todavía legible en su silueta, con la cartela enrollada característica. Es la firma del propietario y lo que identifica el edificio.
  • Los canes tallados: es lo mejor de la casa. Bajo el alero, una hilera de canes de madera labrados con volutas sostiene el vuelo del tejado, y la misma decoración se repite en la imposta de piedra con modillones que separa las dos plantas. Adornan buena parte de la fachada principal y casi nadie los mira.
  • La galería de madera: en el costado, bajo el alero, una galería con balaustres torneados sobre poste de madera. Es el contrapunto ligero a la solidez de la sillería de abajo.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver la Casa del Obispo D. Pedro Peña?

Cinco minutos, y conviene rodear la esquina para verla por sus dos frentes: el de la plaza y el lateral de la galería. Es una parada de paso, al aire libre y sin nada que gestionar. El truco está en levantar la vista al alero, porque los canes tallados no se aprecian en absoluto desde una foto rápida de móvil a la altura de la calle.

¿Quién fue el obispo Pedro Peña y qué curiosidad esconde su casa?

Que de esta esquina de Covarrubias salió un hombre que terminó al otro lado del Atlántico. Fray Pedro de la Peña fue un dominico nacido en esta villa que en 1564 fue nombrado obispo de Verapaz, en la actual Guatemala, y apenas un año después, en 1565, obispo de Quito, en el actual Ecuador. Estuvo casi dos décadas al frente de aquella diócesis y murió en Lima en 1583.

Piénsalo un momento con el mapa delante: Covarrubias, Guatemala, Quito, Lima. En pleno siglo XVI, cuando cruzar el océano era cuestión de meses y de suerte. El vecino de esta casa recorrió medio mundo conocido y no volvió: está enterrado a más de nueve mil kilómetros de la piedra donde mandó labrar su escudo.

Y eso deja a Covarrubias con una estadística difícil de igualar para un pueblo de su tamaño: en el mismo siglo dio un obispo destinado a los Andes y un médico de cámara de Felipe II.

¿Se puede entrar en la Casa del Obispo D. Pedro Peña?

No: es una visita de fachada. El edificio se contempla desde la calle, libremente y a cualquier hora, y su interés está íntegramente en el exterior —el escudo, los canes, la sillería y la galería—. No hay recorrido interior, ni entrada, ni nada que reservar.

Conviene además tenerlo presente por respeto: se trata de una casa del casco urbano, no de un equipamiento visitable, así que lo suyo es mirar, fotografiar desde el espacio público y seguir camino.

¿Es lo mismo la Casa del Obispo D. Pedro Peña que la Plaza del Obispo Peña?

No, aunque están a unos pasos y comparten nombre y protagonista. La plaza es el espacio público empedrado con los pórticos de madera y piedra; la casa es este edificio concreto, el que fue del obispo y el que conserva su escudo. La plaza toma el nombre de la casa, y no al revés.

En este portal cada una tiene su propia ficha, así que si venías buscando los soportales, no es aquí; y si buscabas el escudo del obispo, has llegado al sitio correcto.

La Casa del Obispo D. Pedro Peña es un inmueble del casco histórico de Covarrubias catalogado por la documentación municipal como casa-palacio y vinculado a Pedro de la Peña, eclesiástico natural de la villa y figura destacada del siglo XVI. Su interés patrimonial reside en dos elementos concretos que la propia ficha oficial singulariza: el escudo heráldico del prelado, labrado en piedra y conservado en el edificio, y una serie de canes tallados en madera que recorren buena parte de la fachada principal. Da nombre a la plaza en la que se sitúa, en el sector occidental del casco antiguo.

Fray Pedro de la Peña: identidad y cronología documentada del personaje

El bloque mejor documentado de esta ficha no es el edificio, sino su propietario. Pedro de la Peña fue un religioso de la Orden de Predicadores —dominico— nacido en Covarrubias, dentro de la diócesis de Burgos, en fecha no precisada de la primera mitad del siglo XVI. Su trayectoria eclesiástica está registrada en los repertorios episcopales con las siguientes fechas:

  • Obispo de Verapaz (actual Guatemala): nombrado el 1 de marzo de 1564.
  • Obispo de Quito (actual Ecuador): nombrado el 15 de mayo de 1565 y consagrado el 18 de octubre de 1565.
  • Fallecimiento: el 7 de marzo de 1583, en Lima (actual Perú), tras algo más de diecisiete años de episcopado.

Debe consignarse una divergencia entre fuentes. La documentación municipal de Covarrubias lo describe como "arzobispo en Latinoamérica", sin precisar sede ni fechas. Los repertorios episcopales lo registran, en cambio, como obispo —dignidad distinta de la arzobispal— de las dos sedes citadas. Esta ficha recoge la segunda versión por ser la que aporta sedes y fechas verificables, y deja constancia expresa de la primera.

Su itinerario responde al patrón de la primera generación de prelados peninsulares destinados a las diócesis americanas tras la organización de la estructura eclesiástica del continente. El paso de Verapaz a Quito en apenas un año, y la larga permanencia posterior en esta última sede, lo sitúan entre los obispos de mayor continuidad de aquel periodo fundacional. Su fallecimiento en Lima, y no en su propia sede, resulta coherente con los desplazamientos que imponía la vida administrativa y conciliar de la provincia eclesiástica del Perú, de la que Quito era sufragánea; no consta, sin embargo, en las fuentes consultadas para esta ficha, el motivo concreto de aquella estancia, y no se aventura aquí ninguna hipótesis.

No consta documentada la relación material del prelado con este inmueble concreto: si lo habitó, si lo mandó construir o reformar, si lo heredó o si simplemente perteneció a su familia. La vinculación que sostiene la denominación del edificio es la presencia de su escudo, dato de peso pero que por sí solo no acredita ninguna de esas posibilidades.

El inmueble: condición de casa-palacio y alcance de esta descripción

La documentación municipal califica el edificio de casa-palacio, categoría que en el contexto de la arquitectura civil castellana designa la vivienda señorial urbana de una familia con hidalguía o dignidad, distinguida del caserío común por el empleo de sillería, por una mayor calidad de labra y, muy señaladamente, por la ostentación heráldica en fachada. Es exactamente lo que este inmueble exhibe.

No consta la fecha de construcción del edificio, ni el promotor, ni el cantero o maestro de obras responsable, ni sus fases constructivas. La única cronología manejable es la del personaje al que se asocia —el siglo XVI—, que no equivale necesariamente a la del inmueble: un escudo puede ser posterior a la fábrica que lo aloja, y una casa puede haberse reformado varias veces después de recibirlo. Esta ficha no propone datación alguna para la construcción.

Debe hacerse constar además que no consta el régimen de titularidad ni el uso actual del inmueble, y que su configuración corresponde a la de una vivienda del casco urbano. Aplicando el criterio general de este portal para inmuebles de esa condición, esta ficha no describe accesos, distribución interior ni dependencias, y limita su descripción a los dos elementos de fachada que la propia documentación municipal publica y que constituyen el fundamento de su catalogación: el escudo y los canes tallados.

El escudo heráldico y los canes tallados de la fachada

El escudo del obispo es el elemento que identifica el edificio y el que justifica su denominación. Se trata de una pieza labrada en piedra, dispuesta en fachada a la altura del primer nivel, con el campo enmarcado en cartela de bordes enrollados —recurso ornamental característico del repertorio del siglo XVI—. Su estado de erosión es avanzado: la silueta general y el marco resultan reconocibles, pero las armas del campo no son legibles con seguridad. Por ese motivo esta ficha no ofrece blasonamiento, ni identifica los muebles heráldicos, ni consigna si incorpora los atributos episcopales —capelo, borlas, cruz— propios de la heráldica eclesiástica. Su lectura exigiría examen directo del original, preferiblemente con luz rasante, y no consta transcripción ni dibujo publicados.

El segundo elemento son los canes tallados en madera que, según la ficha municipal, recorren buena parte de la fachada principal. El can —o modillón, en su versión pétrea— es la pieza volada que sobresale del plano del muro para recibir y transmitir la carga del alero o del forjado que vuela sobre él. Su función es estructural: permite que la cubierta sobresalga lo suficiente para apartar el agua de lluvia del paramento, protección esencial en la arquitectura tradicional de la comarca.

Lo singular aquí no es su presencia, común a todo el caserío, sino su tratamiento: se trata de piezas labradas, no simplemente escuadradas, con la testa y los costados trabajados mediante perfiles de volutas y enrollamientos, y dispuestas en serie a lo largo del frente. Esa talla decorativa aplicada a un elemento estructural es lo que eleva la carpintería de la casa por encima del estándar del caserío común y confirma su condición de casa-palacio. Un motivo emparentado se repite, además, en la línea de imposta que separa los dos niveles de la fachada.

No constan publicadas las dimensiones del inmueble ni de sus elementos, el número exacto de canes conservados, la especie de madera empleada, ni estudio alguno que fije la cronología de la talla.

Protección patrimonial y estado de documentación

El edificio no cuenta con declaración de Bien de Interés Cultural a título individual ni con catalogación patrimonial propia conocida. Su protección deriva de su integración en el Conjunto Histórico de Covarrubias, declarado Bien de Interés Cultural el 28 de octubre de 1965, régimen que alcanza al casco antiguo y a los elementos comprendidos en su ámbito.

A esa protección general se superpone, para el escudo, una norma específica de alcance estatal: el Decreto 571/1963, de 14 de marzo, sobre protección de los escudos, emblemas, piedras heráldicas, rollos de justicia, cruces de término y piezas similares de interés histórico-artístico, cuyos efectos la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español elevó, en su disposición adicional segunda, a la categoría de Bien de Interés Cultural. En consecuencia, el escudo heráldico de esta fachada goza de protección específica, con prohibición de cambio de emplazamiento y de alteración sin autorización previa, con independencia del régimen del inmueble que lo sostiene.

El estado de documentación es escaso. La única fuente localizada sobre el edificio es la ficha del catálogo municipal de lugares de interés; el personaje, en cambio, sí está documentado en los repertorios episcopales. No se ha localizado estudio, monografía, levantamiento ni memoria de intervención, ni consta restauración documentada alguna. Quedan pendientes de resolver:

  • La fecha de construcción del inmueble y sus fases.
  • El blasonamiento del escudo y la presencia o no de atributos episcopales.
  • La relación documentada entre el prelado y esta casa concreta.
  • El número, la cronología y el estado de conservación de los canes tallados.
  • El régimen de titularidad y uso actual, y el historial de intervenciones.

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