
Monumento de la Evolución Humana

Monumento de la Evolución Humana
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónFrente al Museo de la Evolución Humana, sobre el paseo del Arlanzón, una fila de siluetas humanas de acero inoxidable de hasta ocho metros se va empequeñeciendo hasta el tamaño de un niño. Y caminando entre ellas, en bronce y a tamaño real, un homínido adulto que lleva de la mano a un pequeño. Es el Monumento de la Evolución Humana, la escultura más fotografiada de esta orilla y, probablemente, la mejor entrada posible a la ciudad de Atapuerca.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
Parece sencilla de un vistazo, pero está pensada para meterse dentro:
- Los arcos de acero: perfiles humanos hechos con tubo de acero inoxidable pulido, de tamaño decreciente, plantados uno detrás de otro como los fotogramas de una misma zancada. El mayor ronda los ocho metros.
- La pareja de bronce: el adulto y el niño, hiperrealistas, con la musculatura, las venas y los pies trabajados uno por uno. Están a tu altura, sin pedestal ni valla, caminando por la misma losa que tú.
- El gesto de las manos: fíjate en el punto donde el hombre sujeta la mano del niño. Es el centro emocional de la obra y lo que la salva de ser un simple esquema de libro de texto.
- El juego de alinearlas: si te colocas en el eje correcto, las siluetas encajan unas dentro de otras como una sola figura con eco. Moverse dos pasos a un lado lo cambia todo.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Monumento de la Evolución Humana?
10 minutos largos, más de los que uno calcula. Lo normal es dar una vuelta, cruzar por debajo de los arcos, buscar el punto donde se alinean y acabar haciendo fotos desde el suelo. Está en un paseo de paso, delante del museo, así que casi nadie viene expresamente: te lo encuentras.
¿Qué curiosidad esconde el Monumento de la Evolución Humana?
Que la eligieron los burgaleses. La obra se seleccionó mediante una votación popular entre las propuestas presentadas, algo poco habitual en escultura pública, y se instaló en 2010, el mismo año en que abrió el museo que tiene enfrente. También ha dado su ración de debate: se le ha reprochado que en una escena sobre la evolución de la especie no aparezca ninguna figura femenina, una crítica que sigue saliendo cada vez que la obra vuelve a la conversación pública.
¿Quién hizo el Monumento de la Evolución Humana?
El escultor Casto Solano, nacido en Olazagutía (Navarra) en 1958 y afincado en Vitoria, con obra pública repartida por España, Francia, Irlanda, Estados Unidos y Canadá. Aquí juega con dos registros opuestos a la vez: el dibujo puro de los arcos, que son línea y aire, y el realismo extremo de los bronces. La combinación es la idea: el esquema abstracto de la especie frente a las dos personas concretas que lo protagonizan.
¿Cuál es el nombre real del Monumento de la Evolución Humana?
La obra se titula Camino de la Evolución Humana, y por eso la encontrarás así en los catálogos de escultura urbana y en algunos mapas. En la calle nadie la llama por su nombre: para los burgaleses es la escultura de la evolución, la del museo, o directamente la del hombre y el niño. Todo eso es lo mismo.
¿Es este el Museo de la Evolución Humana?
No, y conviene tenerlo claro para no dar vueltas. El museo (el MEH) es el gran edificio de vidrio que queda justo al lado, con los fósiles de Atapuerca, y tiene su propia entrada y su propia ficha. La escultura está fuera, en la plaza, al aire libre y sin ningún tipo de control de paso. Puedes verla perfectamente aunque no entres al museo, y de hecho mucha gente lo hace.
¿Merece la pena ver el Monumento de la Evolución Humana con niños?
Es de los sitios que mejor funcionan con peques, y por un motivo muy concreto: el niño de bronce está a su altura, va desnudo y de la mano, y eso arranca preguntas solas. El plan que sale siempre es ponerse debajo de cada arco para ver de cuál se es más alto. La plaza es llana, sin escalones ni bordillos, y el conjunto se rodea sin pisar carretera.
¿Cuál es el mejor momento para ver el Monumento de la Evolución Humana?
Con sol bajo, a primera hora de la mañana o al final de la tarde. El acero está pulido como un espejo, así que a mediodía se come la luz y aparece plano, mientras que a contraluz los tubos se encienden y las siluetas se recortan limpias contra el cielo. Añade que a esas horas la plaza está mucho más vacía y las sombras largas de los arcos dibujan sobre la losa.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
El Monumento de la Evolución Humana, cuyo título es Camino de la Evolución (también citado como Camino de la Evolución Humana), es una instalación escultórica contemporánea de espacio público obra del escultor Casto Solano. Combina dos lenguajes opuestos en un mismo conjunto: una serie de siluetas humanas de gran formato realizadas con tubo de acero inoxidable, de hasta unos ocho metros de altura, y un grupo de dos figuras hiperrealistas de bronce al silicio a tamaño natural que representan a un Homo antecessor adulto con un niño de la mano. Se sitúa en el paseo Sierra de Atapuerca, en la margen sur del Arlanzón, frente al Museo de la Evolución Humana, y es fruto de un concurso resuelto mediante votación ciudadana.
Encargo, concurso y votación popular
La obra no procede de un encargo directo, sino de un concurso convocado en el marco de la remodelación del paseo Sierra de Atapuerca, la gran operación urbana que acompañó a la construcción del complejo de la evolución humana en la margen izquierda del río. La financiación corrió a cargo de la empresa responsable de la remodelación del paseo, y la crónica de prensa del proceso cifró el presupuesto de la escultura en 200.000 euros.
El procedimiento de selección fue mixto y está documentado con detalle:
- Se presentaron veinte proyectos.
- Un jurado preseleccionó tres finalistas en el mes de septiembre.
- La decisión final se sometió a votación ciudadana, con urna física instalada en el Teatro Principal de Burgos.
- La propuesta de Casto Solano se impuso con 358 de los 823 votos emitidos, de los cuales 32 fueron nulos. El recuento, celebrado el 15 de octubre de 2009, contó con la presencia del entonces concejal de Fomento, Javier Lacalle.
Los otros dos finalistas, que no llegaron a ejecutarse, fueron:
- Hallazgo, de Javier Moro (Navarra), con 238 votos: un túnel transitable dotado de grandes cavidades por cuyo interior podía pasear el público.
- Atapuerca XXI, del burgalés Alberto Bañuelos, con 195 votos: tres grupos de lascas gigantes de hormigón.
Conviene precisar este punto porque circula en la ciudad una versión distinta, según la cual el conjunto actual reuniría las propuestas perdedoras de un concurso para el museo. La documentación disponible no la sostiene: el concurso era para el paseo, no para el museo; los arcos y las dos figuras de bronce formaban parte de un mismo y único proyecto ganador, descrito ya como tal en octubre de 2009; y ninguna de las dos propuestas no premiadas se construyó.
Sobre la fecha de instalación hay una discrepancia entre fuentes que conviene dejar anotada: la información periodística del proceso situaba la colocación a finales de 2009, con el 20 de diciembre como fecha prevista de finalización, mientras que los repertorios de escultura urbana consultados datan la obra en 2010, año de apertura del Museo de la Evolución Humana. No se ha localizado un acta o nota oficial de inauguración que permita cerrar el dato, de modo que aquí se recogen ambas referencias sin dar ninguna por definitiva.
Descripción formal, materiales y técnica
El conjunto se compone de dos familias de piezas de naturaleza material y conceptual opuesta, dispuestas sobre el propio enlosado de la plaza, sin pedestal, basamento ni cerramiento.
- Las siluetas de acero: perfiles de figura humana resueltos como línea continua de tubo de acero inoxidable pulido, doblado en ángulos vivos que esquematizan cabeza, hombros, tronco y extremidades. Se implantan directamente en el pavimento por sus dos apoyos inferiores, a modo de arcos exentos y atravesables. Están seriadas en tamaños decrecientes y alineadas, de manera que el recorrido funciona como una secuencia de fotogramas del mismo cuerpo. La mayor alcanza en torno a los ocho metros. El pulido especular es determinante: la pieza refleja el entorno y varía por completo según la incidencia de la luz, de modo que a contraluz se lee como dibujo lineal sobre el cielo y con luz frontal casi desaparece en el fondo.
- El grupo de bronce: dos figuras hiperrealistas a tamaño natural, fundidas en bronce al silicio, aleación de mayor fluidez de colada y buen comportamiento a la intemperie. Representan a un adulto masculino desnudo, caminando, que lleva de la mano a un niño. El modelado detalla musculatura, red venosa superficial, tendones, estructura ósea del cráneo y pies, con un acabado texturado en el rostro y el cráneo que contrasta con el pulido de los arcos.
La relación entre ambos elementos es el argumento de la obra: el esquema abstracto de la especie, repetido y descarnado hasta la pura línea, frente a los dos individuos concretos que lo recorren. El grupo de bronce está situado de forma que atraviesa los arcos en su avance, lo que obliga al espectador a rodear el conjunto y cambia radicalmente la composición según el punto de vista: desde el eje, las siluetas se encajan unas dentro de otras.
No constan en las fuentes consultadas el número exacto de siluetas, las dimensiones y pesos individuales de las piezas, el taller de fundición ni el sistema de anclaje al pavimento, por lo que no se consignan cifras al respecto.
Iconografía y asesoramiento científico
Las figuras de bronce no representan a un homínido genérico: el proyecto se planteó como una imagen de Homo antecessor, la especie definida a partir de los fósiles de la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca, cuyos restos del nivel TD6 se recuperaron en 1994 y dieron lugar a la propuesta de la nueva especie en 1997. La prensa del proceso recogió que el escultor consultaría con especialistas de la Fundación Atapuerca los rasgos anatómicos de las figuras, un punto relevante porque sitúa la obra a medio camino entre la escultura pública conmemorativa y la reconstrucción paleoantropológica divulgativa.
La propia crónica del fallo recoge la intención declarada del proyecto: los arcos representaban la evolución del ser humano desde el estado corvado hasta la postura erguida, y el público debía poder transitar por debajo de ellos repitiendo ese recorrido. La elección del motivo, un adulto que camina llevando de la mano a un niño, desplaza el discurso desde la idea de progreso hacia la de transmisión generacional. La seriación de siluetas decrecientes, en cambio, remite visualmente al esquema clásico de la marcha del progreso, de modo que el conjunto superpone las dos lecturas.
Recepción crítica y debate público
La obra se ha convertido en una de las imágenes más reproducidas del entorno del museo y en un punto fotográfico fijo del paseo. Al mismo tiempo, ha concentrado dos líneas de crítica recogidas por los repertorios de escultura urbana:
- La ausencia de figura femenina en una representación sobre la evolución de la especie, objeción planteada desde colectivos feministas y que reaparece de forma recurrente en el debate local.
- La convencionalidad anatómica de la representación del ancestro, señalada desde posiciones más próximas a la divulgación científica.
Que la pieza fuese elegida por votación ciudadana añade una capa particular a esa discusión: el debate no recae únicamente sobre el criterio del autor o del jurado, sino sobre una decisión pública documentada en cifras.
Emplazamiento, titularidad y conservación
El conjunto ocupa un espacio pavimentado con losa de piedra en el paseo Sierra de Atapuerca, en el entorno de la gran fuente iluminada de treinta surtidores instalada en la misma remodelación del paseo, y frente al edificio del Museo de la Evolución Humana. El emplazamiento es exento y llano, sin escalones ni bordillos, y permite el recorrido completo alrededor y por debajo de las piezas.
Se trata de un bien de titularidad pública situado en espacio abierto, sin cerramiento ni control de acceso, visible de forma permanente y físicamente accesible. No consta catalogación ni figura de protección patrimonial específica, situación ordinaria en la escultura pública contemporánea, que queda sujeta a la normativa municipal de conservación del espacio urbano.
El estado de conservación reseñado en los repertorios consultados es bueno, y no se han localizado intervenciones de restauración documentadas. La principal servidumbre del conjunto es material: el acero inoxidable pulido registra con facilidad huellas, adhesivos y marcas en la zona baja de los tubos, al alcance de la mano, mientras que el bronce a ras de suelo está expuesto al contacto continuo del público, con el consiguiente bruñido por rozamiento en las partes más tocadas.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
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