
El Papamoscas

El Papamoscas
- Lunes a domingo09:30–18:30
El Papamoscas
- Información general947 204 712
- Misas para grupos+34 667 888 985
- Información generalinfo@catedraldeburgos.es
- Misas para gruposmisasparagrupos@catedraldeburgos.es
- Centros educativosturismo@catedraldeburgos.es
Todavía no hay fotos de viajeros para este punto de interés.
¿Has estado aquí? Sube tu foto.
Valorar El Papamoscas
Para dejar tu valoración tienes que registrarte gratis (o iniciar sesión si ya tienes cuenta).
Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónSube una foto de El Papamoscas
Para subir una foto tienes que registrarte gratis (o iniciar sesión si ya tienes cuenta).
Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónEs lo que recuerda todo el mundo. No la bóveda de los Condestables ni la Escalera Dorada: el Papamoscas, el muñeco que abre la boca cuando da la hora. Asoma de medio cuerpo sobre la esfera del reloj, a unos quince metros de altura, en el muro de los pies de la nave mayor, y media provincia lo vio de niño con la cabeza hacia atrás esperando a que sonara.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
Lo primero es localizarlo, que no es tan fácil: está alto y a la espalda de quien entra mirando hacia el altar. Si te preguntas qué ver aquí una vez lo tienes fichado, son estas cuatro cosas.
- La boca: se abre y se cierra con cada campanada, no una sola vez. A las doce del mediodía hace doce aperturas seguidas, y ahí está toda la gracia del invento.
- El Martinillo: el segundo autómata, el que casi nadie mira. Está a la derecha, en un balconcillo, de cuerpo entero y entre dos campanas.
- La partitura: el Papamoscas sostiene un papel de música en la mano, un detalle que desde abajo se pierde y que explica su pose de maestro de capilla venido a menos.
- La cara: perilla, bigote y un tocado inclasificable. Hay quien le ve rasgos de diablillo y quien le ve cara de vecino. Juzga tú.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Papamoscas?
Un minuto, pero con una condición: tienes que estar delante cuando dé la hora. Es el único elemento de toda la catedral con el que hay que sincronizarse, y si llegas a y cinco te tocará esperar cincuenta y cinco minutos o volver a pasar más tarde.
El consejo práctico es sencillo: mira la hora nada más entrar y organiza el recorrido para caer por aquí en punto. Es lo que van a contar los niños al salir, así que compensa el pequeño esfuerzo de planificación.
¿Quién es el Martinillo y por qué suenan campanas antes de la hora?
Porque el Papamoscas no trabaja solo. A su derecha, en un balconcillo entre dos campanas, hay un segundo autómata de cuerpo entero al que en Burgos se llama el Martinillo, y es el encargado de los cuartos de hora: golpea con sendos martillos, uno en cada mano, una, dos, tres o cuatro veces según el cuarto que toque.
Así que el reparto es este: los cuartos son del Martinillo y las horas del Papamoscas. Y tiene una consecuencia muy práctica: si acabas de perderte la hora en punto, no tienes que esperar sesenta minutos para ver moverse algo. En cuanto caiga el siguiente cuarto, el Martinillo se pone en marcha.
¿Por qué se llama Papamoscas?
Por lo evidente: por la boca abierta. En castellano, «papar moscas» es quedarse embobado mirando al aire con la boca abierta, y eso es exactamente lo que parece que hace la figura cada vez que suena la campana. El apodo es popular y descriptivo, no un nombre oficial.
Lo curioso es que se le quedó tan pegado que hoy nadie lo llama de otra manera, ni siquiera la propia catedral. Pocas piezas de un templo tienen mote cariñoso en boca de toda una ciudad.
¿Qué leyenda esconde el Papamoscas?
Una tremenda, y conviene decir de entrada que es leyenda, no historia. Cuenta que Enrique III el Doliente se enamoró de una joven que rezaba cada día en la catedral. Nunca se atrevió a hablarle, intercambiaron pañuelos y ella desapareció. Al buscarla, el rey descubrió que su familia había muerto de peste años antes, y una noche, perdido y acosado por los lobos, se le apareció para salvarlo.
Desolado, el rey habría encargado a un artesano una figura que la recordase para siempre, con su lamento sonando a cada hora. El artesano no acertó con los rasgos y le salió el muñeco ridículo que hoy nos hace gracia. Buen final para una leyenda.
Dicho lo cual, aquí va el detalle que la desmonta: la historia sitúa a la joven rezando ante la tumba de Fernán González, y Fernán González nunca estuvo enterrado en la catedral. Disfrútala igual, pero sabiendo lo que es.
¿Cuál es el mejor momento para ver el Papamoscas?
A las doce del mediodía, sin discusión. Es la hora con más campanadas, doce, y por tanto la única en la que el número de aperturas de boca da para verlo con calma, grabarlo con el móvil y hasta enseñárselo a quien vaya contigo antes de que termine. A la una se acaba en tres segundos.
Si no te cuadra, la siguiente mejor opción es cualquier hora alta de la tarde. Y si vas con prisa y no llegas a ninguna, quédate al menos a un cuarto: el Martinillo es un premio de consolación más que digno.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
El Papamoscas es un autómata de sonería instalado en el interior de la catedral de Burgos, en el muro de los pies de la nave mayor, que marca las horas accionando una campana al tiempo que abre y cierra la boca. Forma conjunto con un segundo autómata, el Martinillo, encargado de los cuartos, y con el reloj sobre cuya esfera asoma. Debe advertirse de entrada que no figura en el catálogo de espacios patrimoniales de la propia catedral, por no constituir un ámbito arquitectónico, de modo que buena parte de los datos que siguen proceden de bibliografía de divulgación y de referencias documentales citadas en ella, y no de documentación institucional de primera mano.
Cronología documental
La historia del conjunto se reconstruye a partir de menciones en la documentación capitular, y conviene ordenarlas porque revelan un hecho que suele pasarse por alto: las máquinas están documentadas bastante antes que los apodos con que hoy las conocemos.
- Época medieval: está documentada la presencia de relojes en la catedral, sin que ello implique relación directa con el conjunto actual.
- 1519: consta un debate capitular sobre el adorno del reloj. Es la referencia que sitúa el origen del conjunto figurado en el primer tercio del siglo XVI, y la fecha que la bibliografía maneja como estimación de fabricación.
- 1567: el Cabildo expresa su satisfacción hacia el llamado maestre Pedro Relojero, única identificación nominal de un artífice en toda la secuencia temprana.
- 1632: primera mención documental del Martinillo.
- 1669: primera mención documental del Papamoscas, casi cuatro décadas posterior a la de su compañero.
- 1742: reconstrucción a cargo de Francisco Álvarez, relojero de Salamanca. Es la intervención de mayor calado documentada y la que explica la fisonomía actual de la figura.
- Época contemporánea: sustitución del sistema de contrapesos por una instalación eléctrica, conservando la maquinaria original.
De esa secuencia se desprende la conclusión cronológica más relevante y la que más conviene retener: la figura que hoy se contempla no es la del siglo XVI. La pieza actual procede de la reconstrucción del siglo XVIII y sustituyó a un autómata anterior. La función y el emplazamiento sí se remontan a la fábrica antigua; el objeto, no.
Parte de la bibliografía apunta además a un posible origen del conjunto en talleres de relojeros venecianos. La atribución se consigna como hipótesis recogida en fuentes de divulgación, sin respaldo documental aportado.
Emplazamiento y condiciones de observación
El conjunto se sitúa en el muro de los pies de la nave mayor, es decir, en el paño interior correspondiente a la fachada occidental o de Santa María, a mano izquierda según se mira desde el interior y a una altura estimada por las fuentes en unos quince metros sobre el pavimento.
La posición exacta de la figura principal es sobre el arco apuntado de un ventanal del triforio, en el primer tramo de los pies de la basílica. El Martinillo ocupa un balconcillo contiguo, a menor altura, dispuesto entre sus dos campanas.
La consecuencia práctica de este emplazamiento debe consignarse porque condiciona la visita: el conjunto queda a la espalda del visitante que avanza hacia la cabecera, de modo que resulta fácil recorrer la nave entera sin haberlo localizado. La observación se realiza desde el pavimento de la nave, sin acceso ni recorrido propios.
Las dos figuras y el reparto del toque
El Papamoscas es una figura de medio cuerpo que asoma sobre la esfera del reloj. Las descripciones coinciden en calificar su rostro de grotesco y en señalar sus rasgos: perilla, bigote y un tocado de difícil adscripción. Viste casaca roja de amplio cuello, con cinturón y bocamangas en verde. En una mano sostiene una partitura musical y con la otra empuña la cadena del badajo de la campana.
Su funcionamiento es el siguiente: a cada hora en punto tañe la campana tantas veces como marca la hora, y abre y cierra la boca simultáneamente con cada campanada. Este último extremo conviene precisarlo, porque la descripción habitual induce a pensar en un único movimiento por hora cuando en realidad el gesto se repite en cada toque.
El Martinillo es una figura de cuerpo entero, de menor tamaño, situada en el balconcillo contiguo entre dos campanas. Le corresponden los cuartos de hora, que marca golpeando las campanas con sendos martillos, uno en cada mano, con uno, dos, tres o cuatro golpes según el cuarto que corresponda. Sus campanas producen un sonido más agudo que la del Papamoscas, de modo que el oído distingue sin esfuerzo qué autómata está actuando.
El reparto funcional del conjunto queda así establecido con precisión: los cuartos al Martinillo y las horas al Papamoscas.
Debe señalarse expresamente que no consta el material de fabricación de las figuras, ni sus dimensiones, ni la autoría de la talla. Son vacíos de la información disponible y no omisiones de esta ficha.
El reloj y su mecanismo
La esfera visible desde la nave es una placa octogonal de fondo claro con numeración romana y decoración de lóbulos en el centro, dispuesta inmediatamente bajo la figura del Papamoscas.
De la maquinaria, la bibliografía consultada aporta dos datos singulares: un péndulo con incrustaciones de ágata y una esfera de lava esmaltada. Ambos se consignan tal como los recoge la fuente, sin haberse podido contrastar en documentación técnica ni en memoria de restauración alguna.
La modificación funcional más relevante es la sustitución del accionamiento por contrapesos por una instalación eléctrica. La fuente precisa que la intervención mantuvo la maquinaria original, de modo que el cambio afectaría al sistema motriz y no al tren de engranajes ni a la transmisión hacia los autómatas. No se ha localizado la fecha de esa electrificación ni el nombre de la casa relojera responsable.
Tampoco se han localizado memorias de restauración posteriores a 1742, ni datos sobre las campanas —fundición, año, peso o nota— que serían el complemento natural de esta ficha.
Denominación popular y la leyenda de Enrique III
El nombre por el que se conoce la figura no es oficial ni descriptivo de su función: procede de la expresión castellana papar moscas, que designa el gesto de quedarse embobado con la boca abierta, y alude por tanto al movimiento del autómata. El apodo ha desplazado por completo a cualquier otra denominación, hasta el punto de que es el que emplean también las fuentes institucionales.
En torno a la pieza circula una leyenda de amplia difusión que conviene recoger con su etiqueta puesta. Según el relato, el rey Enrique III el Doliente se habría enamorado de una joven a la que veía rezar en la catedral; tras un intercambio de pañuelos, la joven desapareció, y el rey descubrió más tarde que su familia había muerto de peste años antes. Perdido una noche y acosado por los lobos, se le habría aparecido para salvarlo. Desolado, habría encargado a un artesano una figura que la recordase, cuyo lamento sonaría a cada hora; el artesano no acertó con los rasgos y el resultado fue la figura ridícula que hoy se contempla.
El relato es legendario y no histórico, y contiene además un elemento que lo invalida por sí solo: sitúa a la joven rezando ante la tumba de Fernán González, y Fernán González nunca estuvo enterrado en la catedral de Burgos. Se consigna la leyenda por su valor etnográfico y por su enorme difusión local, no como noticia sobre el origen de la pieza.
Protección patrimonial y vacíos de la documentación
El Papamoscas carece de declaración patrimonial propia. Su protección deriva de su condición de elemento integrante de la catedral de Santa María de Burgos, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1984 con el número de referencia 316 y bajo los criterios (ii), (iv) y (vi).
Como se ha indicado, no figura en el catálogo de dieciséis espacios patrimoniales con que la propia catedral organiza la presentación de su patrimonio, por no constituir un ámbito arquitectónico. Se documenta en esta guía por tratarse del elemento más identificable del templo para el visitante general.
El balance del estado de la documentación es, en consecuencia, desigual: la cronología documental está razonablemente fijada gracias a las menciones capitulares de 1519, 1567, 1632, 1669 y 1742, mientras que permanecen sin resolver el material y las dimensiones de las figuras, la autoría de la talla, la fecha y el alcance de la electrificación, los datos de las campanas y la existencia de restauraciones contemporáneas. Es un conjunto de lagunas que solo una consulta al archivo capitular permitiría cerrar.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
Datos de la ruta
- Perfil: Todos
Todavía no hay otros puntos de interés a menos de 10 km de aquí.
No hay más puntos registrados en esta unidad geográfica todavía.

El Papamoscas y Martinillo - Curiosidades de la catedral de Burgos

El Papamoscas y Martinillo por UBUinvestiga

El Papamoscas de la catedral de Burgos. Su historia e historietas
IA
IA
IA
IA
IA
IATodavía no hay fotos de viajeros para este punto de interés. Sé el primero en subir una.
Todavía no hay PDFs para este punto de interés.
Todavía no hay opiniones de viajeros para este lugar.

































