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Retablo Mayor

Retablo Mayor renacentista de los hermanos Rodrigo y Martín de la Haya en la Catedral de Burgos
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Es el telón de fondo del altar mayor y una de esas obras que solo se entienden mirándolas de abajo arriba. El Retablo Mayor de la catedral de Burgos preside la capilla mayor, la cabecera del templo, y es una máquina renacentista de madera tallada y dorada, con tres pisos, siete calles y decenas de figuras. Y en el centro, presidiéndolo todo, una Virgen de plata que ya era vieja cuando se construyó el retablo.

Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?

La clave para no marearse es leerlo como se leía en su época: de abajo arriba y de dentro afuera. Si te preguntas qué ver en el Retablo Mayor, son estas cuatro cosas.

  • Santa María la Mayor: la imagen de plata que ocupa el centro, obra del orfebre Cristóbal de Valladolid costeada por el obispo Luis de Acuña. Es de 1465: un siglo más antigua que el retablo que la enmarca.
  • Los tres órdenes clásicos: dórico abajo, jónico en medio y corintio arriba. Las columnas cambian según subes, y esa progresión es la gramática con la que está escrito el conjunto.
  • El Apostolado: doce esculturas de bulto redondo repartidas entre las columnas. No son relieves: están talladas por los cuatro costados, aunque solo se vean de frente.
  • La Asunción y la Coronación: los dos grupos de los cuerpos altos, tallados por Juan de Ancheta entre 1576 y 1578. Son la mejor escultura del retablo y están donde peor se ven.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Retablo Mayor?

Diez minutos, y se aprovechan mucho mejor con un método que mirando al bulto. Empieza por el sagrario, en el centro del primer cuerpo; sube a la Virgen de plata; luego recorre las escenas laterales, que cuentan la vida de María; y termina arriba, en la Asunción, la Coronación y el Calvario del remate.

Un consejo que cambia la experiencia: usa el zoom del móvil para los cuerpos altos. Están a mucha altura y con el ojo desnudo se pierde justo lo mejor.

¿Desde dónde se ve mejor el Retablo Mayor?

Desde el crucero, no desde los pies de la iglesia. Aquí pasa lo que en casi todas las catedrales españolas: el coro ocupa el tramo central de la nave mayor y se interpone, así que si te quedas atrás verás el retablo por encima o a través de una reja.

Avanza hasta el crucero, ponte en el eje y ahí lo tienes entero y de frente. Es, además, el mismo sitio desde el que se mira el cimborrio, así que no tienes que moverte para ver las dos cosas: una arriba y otra enfrente.

¿Qué curiosidad esconde el Retablo Mayor?

Que el retablo se construyó alrededor de una imagen que ya existía. La Virgen de plata del centro es de 1465 y la costeó el obispo Luis de Acuña; el retablo se contrató casi cien años después. Es decir, no se hizo una imagen para el retablo: se hizo un retablo para la imagen.

Y hay una segunda, muy poco conocida: el retablo estuvo más de una década sin pintar. La talla se dio por terminada en 1580, pero la policromía y el dorado no se aplicaron hasta 1593-1596. Durante trece años, los burgaleses vieron el altar mayor de su catedral en madera desnuda.

¿Cuánto se tardó en hacer el Retablo Mayor?

Treinta y cuatro años, y no por falta de ganas. El encargo se firma en 1562 con los hermanos Rodrigo y Martín de la Haya; la parte escultórica se prolonga hasta 1580 —con Rodrigo muerto por el camino, en 1577—, y la policromía no se remata hasta 1596, a cargo de Diego de Urbina y Gregorio Martínez.

Por el taller pasaron además Domingo de Bérriz, que hizo el tabernáculo, y Juan de Ancheta. Traducido: lo que ves no es la obra de un artista, sino el trabajo acumulado de tres generaciones de talleres sobre una misma pared.

¿Está restaurado el Retablo Mayor?

Sí, y hace poco. En 2020 se le hizo una limpieza profunda financiada por la Fundación VIII Centenario de la Catedral, con una aportación de hasta 93.000 euros y unos tres o cuatro meses de trabajo. El problema no era estructural: eran polvo acumulado y humedades sobre una obra que se había restaurado unos veinte años antes.

Así que lo que ves hoy está limpio y con el dorado recuperado. Si tienes fotos antiguas del retablo, compáralas: el cambio de tono es evidente.

* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.

Datos de la ruta

  • Perfil: Todos

El Retablo Mayor de la catedral de Burgos es un retablo renacentista de tradición romanista que preside la capilla mayor del templo. Fue contratado en 1562 con los escultores Rodrigo y Martín de la Haya y su proceso de ejecución se prolongó, entre talla y policromía, hasta el último lustro del siglo XVI. Se organiza en banco o predela, tres cuerpos y ático, con siete calles verticales, y emplea de forma sistemática los tres órdenes clásicos superpuestos. En su calle central se integra una pieza muy anterior al conjunto: la imagen de plata de Santa María la Mayor, del siglo XV.

Historia, cronología y autoría documentada

El encargo se formaliza en 1562 con los hermanos Rodrigo y Martín de la Haya, escultores que, según señala la bibliografía, trabajaban siempre juntos, circunstancia que dificulta la atribución separada de las piezas. La crítica distingue no obstante sus estilos: Rodrigo, más tradicional e italianista; Martín, más próximo al romanismo y a la órbita de Juan de Juni.

La muerte de Rodrigo de la Haya en 1577 deja la dirección en manos de su hermano. A partir de ahí las fuentes divergen en la fecha de conclusión de la talla, y la discrepancia debe recogerse sin resolverla:

  • Una parte de la bibliografía da la obra escultórica concluida en 1580, todavía sin policromar.
  • Otra sitúa la conclusión en 1577, por Martín de la Haya con la colaboración de Simón de Bueras, nombre que no aparece en las demás relaciones consultadas.
  • La documentación de la Fundación VIII Centenario formula la horquilla de forma más laxa: obra iniciada hacia 1560 y concluida en 1580.

Lo que sí está fuera de discusión es la intervención de dos colaboradores de peso. Domingo de Bérriz ejecutó el tabernáculo del sagrario, y Juan de Ancheta talló los grupos de la Asunción y la Coronación de la Virgenentre 1576 y 1578.

El dato cronológico más llamativo es el desfase entre talla y policromía. Concluida la parte escultórica, el retablo permaneció sin policromar hasta que los trabajos de color se ejecutaron entre 1593 y 1596, a lo largo de tres años, a cargo de Diego de Urbina, de Madrid, y Gregorio Martínez, de Valladolid. Entre el contrato de 1562 y la conclusión de la policromía median, por tanto, treinta y cuatro años, y durante más de una década el altar mayor de la catedral se contempló en madera sin dorar.

De la contabilidad de la obra se conservan pagos parciales documentados, que conviene no confundir con el coste total: 12.000 maravedíes a Rodrigo de la Haya en 1562 y 18.560 maravedíes en 1566; la policromía aparece asociada a una cifra de 110 ducados. No se ha localizado el importe total de la obra.

Estructura y programa iconográfico

El retablo se articula horizontalmente en banco o predela, tres cuerpos y ático, y verticalmente en siete calles: tres más anchas y cuatro entrecalles más estrechas. El desarrollo en altura no es uniforme, ya que las calles presentan cuatro cuerpos y las entrecalles tres.

El orden arquitectónico sigue la secuencia canónica del clasicismo: dórico en el registro inferior, jónico en el intermedio y corintio en el superior. Esa progresión, más que decorativa, es el sistema que jerarquiza la lectura del conjunto de abajo arriba.

La distribución del contenido, según la relación de la propia catedral, es la siguiente:

  • Predela: relieves de tema eucarístico, con la Santa Cena como escena principal.
  • Primer cuerpo, calle central: sagrario o tabernáculo, obra de Domingo de Bérriz, decorado con relieves eucarísticos.
  • Segundo cuerpo, calle central: imagen de Santa María la Mayor, en plata.
  • Tercer y cuarto cuerpo, calle central: Asunción y Coronación de la Virgen, de Juan de Ancheta.
  • Ático: Calvario exento como remate.

Las calles laterales despliegan ocho altorrelieves con escenas de la vida de la Virgen. El lado izquierdo reúne Santa Ana, la Virgen con el Niño, el abrazo de Joaquín y Ana, la Natividad y la Presentación de María; el derecho, Santa Isabel con San Juan niño, la Anunciación, la Visitación y la Presentación de Jesús en el templo.

Los intercolumnios alojan el Apostolado —doce esculturas de bulto redondo, no relieves—, junto con los Evangelistas, los Arcángeles y la Crucifixión. El programa general es, por tanto, mariano en su eje y eucarístico en su base, con el santoral distribuido en los márgenes.

No se han localizado dimensiones publicadas del retablo —altura total, anchura o profundidad del tabernáculo—, ni precisiones sobre la especie de madera empleada ni sobre las técnicas concretas de dorado y estofado. Son carencias relevantes en una obra de esta entidad y se consignan como tales.

La imagen de Santa María la Mayor

La pieza que preside el conjunto es una imagen de plata de la Virgen, representada sedente con el Niño y flanqueada por querubines, obra del orfebre Cristóbal de Valladolid y costeada por el obispo Luis de Acuña y Osorio.

Su datación presenta una discrepancia menor entre fuentes: unas la fechan en 1464 y otras en 1465. La diferencia carece de consecuencia interpretativa, pero se hace constar.

El dato de fondo sí es relevante y suele pasarse por alto: la imagen es casi un siglo anterior al retablo que la enmarca. El conjunto renacentista de los Haya no se proyectó con una imagen titular nueva, sino en torno a una pieza de orfebrería preexistente, que se reubicó en el eje del segundo cuerpo. La lectura correcta, por tanto, invierte la relación habitual entre continente y contenido.

Debe señalarse además que en la parte delantera de la nave existe una réplica de Santa María la Mayor. Es la imagen accesible a la devoción a nivel de pavimento, mientras el original permanece integrado en el retablo, a considerable altura.

La capilla mayor como marco del retablo

El retablo no puede leerse al margen del espacio que lo aloja. La capilla mayor se distribuye en tres tramos: el primero, contiguo al crucero, se cubre con bóveda de crucería compleja, tardogótica, mientras que los dos siguientes emplean crucería simple. La cabecera es de cinco paños y el suelo se eleva en graderío, disposición que aumenta la monumentalidad del frente del retablo.

La cubierta descarga en dos columnas cilíndricas que sostienen además el arco oriental del cimborrio, de modo que la estructura de la capilla mayor y la del crucero están trabadas entre sí.

El presbiterio queda delimitado respecto de las naves laterales por rejas encargadas en el último tercio del siglo XVII bajo el arzobispo Enrique de Peralta y Cárdenas. Se conservan asimismo seis grandes candelabros de plata ejecutados en 1757 por Manuel García Crespo.

Conviene retener una consecuencia práctica de esta disposición: al ocupar el coro el tramo central de la nave mayor, conforme al uso habitual de las catedrales hispanas, la contemplación frontal del retablo solo es posible desde el crucero y no desde los pies del templo.

Restauraciones e intervenciones documentadas

El retablo cuenta con intervenciones documentadas recientes, circunstancia poco frecuente entre los elementos de la catedral y que permite datar con precisión su estado actual.

La bibliografía consultada refiere una restauración realizada en torno al año 2000, sin que se hayan localizado su alcance, su autoría ni su presupuesto.

La actuación mejor documentada es la limpieza profunda de 2020. Sus datos son los siguientes:

  • Financiación: Fundación VIII Centenario de la Catedral de Burgos 2021, con una aportación máxima de 93.000 euros, en colaboración con el Cabildo Metropolitano de Burgos.
  • Plazo previsto: inicio en el verano de 2020 y una duración estimada de tres o cuatro meses.
  • Motivo: polvo acumulado y humedades sobre una obra restaurada unos veinte años antes. No se trató de una intervención estructural.
  • Condiciones de ejecución: los trabajos se plantearon sin interrumpir el culto, cubriendo el frente con una lona impresa con la fotografía del retablo durante la actuación.

La consecuencia para el visitante actual es directa: el dorado y la policromía que hoy se contemplan corresponden al estado posterior a esa limpieza, y difieren apreciablemente del aspecto que el retablo presentaba en la documentación fotográfica anterior a 2020.

Protección patrimonial y estado de la documentación

El retablo carece de declaración patrimonial propia y su protección deriva de su condición de bien mueble integrante de la catedral de Santa María de Burgos, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1984 con el número de referencia 316 y bajo los criterios (ii), (iv) y (vi). La declaración de la UNESCO menciona expresamente los retablos entre los conjuntos de obras de arte que fundamentan el valor universal del templo.

La catedral lo cataloga como uno de sus dieciséis espacios y elementos patrimoniales, con ficha propia. Se contempla dentro del recorrido general de visita, no admite acceso diferenciado y forma parte de un altar en uso litúrgico. Esta ficha no recoge horarios, tarifas ni condiciones de acceso.

El balance documental es, en conjunto, bueno: están fijadas la cronología, la autoría, el programa iconográfico y las intervenciones recientes. Quedan sin resolver las dimensiones, la especie de madera y las técnicas de dorado y estofado, el coste total de la obra, el alcance de la restauración de hacia 2000 y las dos discrepancias señaladas: la fecha de conclusión de la talla —1577 o 1580— y la participación de Simón de Bueras, recogida por una sola fuente.

* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.

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Limpieza del retablo del altar mayor de la Catedral de Burgos

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Vista frontal completa del Retablo Mayor renacentista y rejería del presbiterio en la nave central
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