
Busto de Ignacio del Río

Busto de Ignacio del Río
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónEn un extremo de los Jardines Ignacio del Río, junto a la verja, hay un busto de bronce sobre pedestal de piedra: un hombre de edad madura, con gafas, traje y corbata, mirando hacia el jardín. Es el Busto de Ignacio del Río, el pintor burgalés al que el Ayuntamiento dedicó este rincón del centro. Pasa casi desapercibido entre el boj y los bancos, y es una pena, porque detrás tiene una de las mejores historias de arte urbano de Burgos.
Y no es la historia que uno espera. Casi todos los bustos de homenaje se hacen cuando el homenajeado ya no está, a partir de fotografías. Este no.
¿Quién hizo el Busto de Ignacio del Río?
La escultora y ceramista burgalesa Raquel Condado. Y lo hizo con el pintor delante: Ignacio del Río subió a su taller y posó del natural, años antes de morir.
Fíjate en lo que eso significa. Es un retrato hecho del natural a un retratista, porque del Río pintó retratos magníficos toda su vida. Quien estaba acostumbrado a mirar se dejó mirar.
La pieza tiene además un recorrido material poco común: se modeló primero en cerámica —el oficio de la autora— y más tarde se pasó a bronce, que es el material en el que se ve hoy a la intemperie.
Y hay una anécdota que lo retrata entero, mejor que el propio bronce: cuando el busto estuvo terminado, el pintor le pidió a la escultora un pincel para darle un toque. No pudo resistirse a meter mano ni en su propia cara. La escultora cuenta también que él la animó a seguir en el mundo artístico, así que de aquel encargo salieron dos cosas: una pieza y un empujón.
¿Quién fue Ignacio del Río?
Ignacio del Río (Burgos, 1936 – Burgos, 2015) fue pintor, dibujante e ilustrador, y empezó pronto: a los catorce años ya estaba en ello. Murió a los setenta y nueve, con una obra que se expuso en los cinco continentes.
Hay una idea suya que lo explica mejor que cualquier lista de premios: para él el caballete dejó de ser un objetivo y se convirtió en un medio. Pintar no era la meta, era la manera de estar en el mundo.
En Burgos se le sitúa en la misma línea de pintores que Modesto Ciruelos, Luis Sáez y José Vela Zanetti, y su presencia en la ciudad fue constante: expuso habitualmente en el Teatro Principal y en el Arco de Santa María, este último muchos otoños. Fuera de la capital levantó una sala permanente en Ubierna e impulsó allí su Festival de Verano.
¿Cuándo y cómo se descubrió el Busto de Ignacio del Río?
El 10 de diciembre de 2022, siete años después de su muerte, en un acto celebrado en el propio jardín. Y no se descubrió solo el busto: el bronce y la placa con el nuevo nombre de los jardines se destaparon a la vez, de modo que el homenaje fue uno y doble.
Al acto asistió el entonces alcalde de Burgos, Daniel de la Rosa, y estuvo presente la familia del pintor, con un hermano y varios de sus hijos. El empeño de que se hiciera se atribuye a Antonio Fernández Santos, jefe de gabinete de Alcaldía.
Dicho de otro modo: el busto es bastante más antiguo que su pedestal. La cabeza se modeló en vida del pintor y pasó años esperando; lo que se inauguró en 2022 fue su puesta en la calle.
¿Se puede ver siempre el Busto de Ignacio del Río?
No, y conviene saberlo antes de venir a propósito. El busto está dentro de los Jardines Ignacio del Río, el pasaje entre la calle San Lorenzo y la de Almirante Bonifaz, y ese recinto está cerrado por una verja con una puerta en cada extremo. Esas puertas no siempre están abiertas, y no hemos localizado ninguna fuente que publique cuándo lo están.
La buena noticia es que el busto se ve estupendamente desde fuera, a través de la verja, porque está justo en uno de los extremos y no en el fondo del jardín. Si te lo encuentras cerrado, lo ves igual; lo que no podrás es acercarte a leer la placa.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Busto de Ignacio del Río?
Dos minutos, y es justo lo que debería durar. Es una pieza única, sin recorrido: te paras delante, lo rodeas y lees la placa que tiene al lado.
Lo sensato es no venir solo a esto. El busto es el motivo del jardín, no una visita en sí misma: lo lógico es entrar al pasaje, sentarse un rato en un banco a la sombra y dedicarle al bronce los dos minutos que pide al pasar.
¿Qué curiosidad o leyenda esconde el Busto de Ignacio del Río?
Que va sin sombrero. Si conoces fotografías de Ignacio del Río, lo habrás visto casi siempre tocado con un sombrero que en Burgos era parte de su figura. En el bronce no está, y por eso hay gente que lo mira dos veces sin acabar de reconocerlo.
La otra curiosidad es el sitio. No se le puso una plaza cualquiera: se le puso su barrio. Estos jardines están en pleno territorio suyo, entre las tabernas y los bares del centro que el pintor frecuentaba, y a dos pasos de los salones donde expuso media vida. La familia y la prensa local lo subrayaron el día del homenaje.
Y se remata con una casualidad que nadie buscó: son los jardines de la antigua Audiencia Provincial. Un pintor que expuso toda su vida en el Teatro Principal y en el Arco de Santa María acabó mirando, en bronce, el patio de los juzgados.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
El Busto de Ignacio del Río es un retrato escultórico en bronce sobre pedestal de piedra, de titularidad municipal, instalado en el interior de los Jardines Ignacio del Río de Burgos, el espacio ajardinado que comunica la calle San Lorenzo con la de Almirante Bonifaz y que es popularmente conocido como pasaje de San Lorenzo. Representa al pintor burgalés Ignacio del Río (Burgos, 1936 – Burgos, 2015) y es obra de la escultora y ceramista burgalesa Raquel Condado. La pieza se descubrió el 10 de diciembre de 2022, simultáneamente con la placa que da nombre al jardín, en un acto presidido por el entonces alcalde de la ciudad. Su rasgo documentalmente más relevante, y lo que la distingue del resto de los bronces conmemorativos del casco, es que no es un retrato póstumo ejecutado a partir de fotografías: el retratado posó del natural en el taller de la autora, años antes de morir, de modo que el modelado precede en un periodo indeterminado a su instalación pública.
La información que sigue procede en su parte sustantiva del cuerpo de dos crónicas de prensa local sobre el acto de homenaje, con declaraciones de la autora, y de la lectura directa del material fotográfico. No se ha localizado documentación administrativa, memoria de la pieza ni ficha de catálogo municipal.
Autoría y proceso de ejecución
La autoría está documentada y no es atribuida: la obra corresponde a Raquel Condado, escultora y ceramista de Burgos. El dato figura en el cuerpo de las dos crónicas localizadas, que además recogen declaraciones suyas en primera persona sobre el encargo.
El proceso de ejecución tiene dos rasgos que conviene consignar por separado, porque no son los habituales en un monumento conmemorativo:
- Retrato del natural. Ignacio del Río acudió al taller de la escultora y posó en vida. El retrato no se trabajó, por tanto, sobre fotografías ni sobre obra previa, procedimiento que es el habitual en los bustos de homenaje póstumo.
- Doble materia: cerámica y bronce. La pieza se modeló primero en cerámica, técnica propia de la autora, y se fundió en bronce con posterioridad. El objeto hoy instalado a la intemperie es por tanto una versión fundida de un original cerámico, y no una obra concebida directamente en metal.
De lo anterior se deduce una secuencia en tres tiempos —modelado en vida del retratado, fundición en bronce y colocación pública en 2022— de la que solo la última fecha está establecida. La relación entre las dos primeras y la tercera queda abierta en la sección siguiente.
Las fuentes recogen además dos elementos de carácter testimonial, atribuidos a la autora y que se consignan como tales, no como hechos verificables por otra vía:
- Que, terminada la pieza, el retratado le pidió un pincel para retocarla él mismo.
- Que Ignacio del Río la animó a continuar su carrera artística.
No consta el taller de fundición, ni las dimensiones de la pieza y del pedestal, ni la entidad que promovió y financió la fundición y la instalación, de la que no puede afirmarse si fue municipal, familiar o de iniciativa privada.
La discrepancia de fecha de la pieza
La datación del modelado no está resuelta y debe declararse, porque las dos crónicas localizadas no coinciden entre sí ni internamente:
- El cuerpo de una de ellas sitúa el modelado en cerámica en 2006, y describe el posado del retratado como ocurrido años antes de su fallecimiento.
- El pie de foto de la otra fecha la pieza en 2015, año de la muerte del pintor.
Esta ficha adopta 2006 como fecha probable del modelado, por dos razones de método:
- Jerarquía interna del documento periodístico: el cuerpo redactado pesa más que un pie de foto, que es la parte de la pieza más expuesta a error y la menos revisada.
- Coherencia interna del relato: si el retratado murió en 2015 y el posado se describe como anterior en años a su muerte, ese mismo año queda excluido como fecha del modelado del natural.
Se consigna, sin darla por buena, una hipótesis de conciliación: que 2006 corresponda al modelado cerámico y 2015 a la fundición en bronce. Es compatible con el proceso en dos fases que las propias fuentes describen y explicaría la convivencia de las dos cifras, pero ninguna fuente lo afirma y no se adopta.
En consecuencia: esta ficha no fija fecha para la fundición y la del modelado queda como probable. La vía de resolución es directa y está pendiente: el testimonio de la propia autora, con taller en la ciudad.
Descripción del objeto y emplazamiento
La descripción procede de la observación directa del material fotográfico disponible.
El conjunto se compone de dos elementos:
- El busto, en bronce, que recoge cabeza y parte del torso. Representa a un varón de edad madura, con gafas, vestido con traje y corbata. El tratamiento es realista, con atención al detalle del rostro y sin deformación expresiva.
- El pedestal, de piedra, de forma prismática, perfil liso y remate recto, sin moldura ni inscripción visible en el material disponible.
Un rasgo iconográfico debe consignarse porque afecta a la identificación por parte del visitante: el busto representa al pintor sin sombrero. Las fotografías del personaje lo muestran habitualmente tocado, y esa prenda formaba parte de su imagen reconocible en la ciudad. La ausencia es por tanto una decisión de la autora, y no una laguna de lectura del material.
En cuanto al emplazamiento, la pieza se sitúa en uno de los extremos del jardín, junto a la verja, y no en el eje ni en el fondo del recinto. Esa posición tiene una consecuencia práctica que conviene recoger: el busto resulta visible desde el exterior a través de la verja, incluso con las puertas cerradas, aunque en esa situación no sea posible aproximarse a él ni leer la placa contigua.
No se ha localizado inscripción, firma ni leyenda identificativa sobre el propio busto ni sobre el pedestal. La identificación del retratado descansa en la placa municipal contigua, que da nombre al jardín, y en las crónicas del acto de descubrimiento.
No consta figura alguna de protección patrimonial sobre la pieza, lo que resulta esperable en una obra contemporánea de instalación reciente, ni intervenciones de conservación documentadas.
El acto de descubrimiento y su marco institucional
La cronología del acto es el extremo mejor documentado de esta ficha, y procede del cuerpo de las dos crónicas:
- Fecha y hora: sábado 10 de diciembre de 2022, a las 13:00 horas, en el propio jardín.
- Objeto: se descubrieron simultáneamente el busto y la placa con la nueva denominación del espacio. No se trata, por tanto, de dos actuaciones de fechas distintas, sino de un homenaje único con dos elementos.
- Presidencia: el entonces alcalde de Burgos, Daniel de la Rosa.
- Impulso: la organización se atribuye a Antonio Fernández Santos, jefe de gabinete de Alcaldía.
- Asistencia: miembros de la familia del pintor, entre ellos un hermano y varios hijos.
El acto se celebra siete años después del fallecimiento del homenajeado. Las crónicas recogen además un argumento de emplazamiento, formulado por el entorno del pintor: el jardín se sitúa en el ámbito urbano que frecuentaba, entre las tabernas y los bares del centro, y a corta distancia de los salones donde expuso durante décadas. La elección del lugar no fue, por tanto, indiferente al personaje.
No se ha localizado el acuerdo municipal de denominación del jardín, anterior al acto, ni su fecha. Tampoco consta si la instalación del busto se acordó en el mismo expediente que la denominación o en uno distinto.
El retratado
Ignacio del Río (Burgos, 1936 – Burgos, 31 de julio de 2015) fue pintor, dibujante e ilustrador. Las crónicas del homenaje sitúan su fallecimiento a los 79 años, dato coherente con esas fechas. La biografía completa, con los reconocimientos fechados y la trayectoria expositiva, se desarrolla en la ficha técnica de los Jardines Ignacio del Río, al ser la dedicatoria del espacio lo que la justifica. Aquí se consignan solo los extremos que tienen relación directa con el retrato:
- Su propia práctica como retratista. El retrato ocupa un lugar relevante en su obra, lo que da al encargo la condición singular de ser un retrato del natural hecho a un retratista.
- Su relación con la autora. Las fuentes documentan un trato personal entre ambos, no un encargo administrativo a un escultor ajeno al retratado.
- Su presencia pública en la ciudad, con exposiciones habituales en el Teatro Principal y en el Arco de Santa María, este último de forma recurrente en otoño, a escasa distancia del emplazamiento del busto.
- Su encuadre generacional, que las crónicas sitúan junto a Modesto Ciruelos, Luis Sáez y José Vela Zanetti. Es una adscripción periodística, de valor de contexto y no de clasificación acreditada.
Lagunas documentales
Quedan pendientes de consulta documental o de examen directo los siguientes extremos, todos ellos relativos a la pieza:
- El taller de fundición del bronce.
- Las dimensiones del busto y del pedestal, y el tipo de piedra de este último.
- La entidad que promovió y financió la fundición y la instalación.
- La fecha de la fundición y, con ella, la resolución de la discrepancia entre 2006 y 2015.
- La existencia o no de firma de la autora en la pieza, no localizada en el material fotográfico disponible.
- El paradero del original cerámico, del que no consta si se conserva.
- El expediente municipal de instalación y su relación con el de denominación del jardín.
- La transcripción completa de la placa contigua, cuya línea menor bajo el nombre y cuya línea de datación resultan ilegibles en las fotografías.
Debe señalarse que las cuatro primeras lagunas tienen una vía de resolución única y accesible: el testimonio directo de Raquel Condado, autora de la obra y con taller en Burgos. Es la fuente de primer orden para esta pieza y no ha sido consultada.
* Contenido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por nuestro equipo antes de su publicación.
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