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Castro de Soncarazo
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En lo alto del paraje de Soncarazo, dentro del gran macizo calizo de la Peña de Villanueva o de Carazo, se conservan los restos de un poblado fortificado prerromano: un castro instalado sobre un espolón que la propia roca ya defendía por sí sola. Es uno de esos sitios en los que el paisaje explica la historia mejor que cualquier cartel, porque basta asomarse al borde para entender por qué alguien decidió vivir justo ahí hace más de dos mil años.

Conviene decirlo desde el principio, con toda honestidad: el Castro de Soncarazo no es una visita monumental. No hay muralla en pie, ni puerta, ni panel interpretativo, ni sendero señalizado que lleve hasta él. Lo que hay es una plataforma rodeada de cortados, algunos amontonamientos de piedra y unas líneas en el suelo que solo cobran sentido cuando sabes lo que estás mirando. Si vienes buscando ruinas espectaculares, este no es el sitio. Si te gusta leer el terreno y reconstruir mentalmente lo que hubo, es de los lugares que más se disfrutan de toda la Sierra de la Demanda.

¿Qué queda visible hoy del Castro de Soncarazo?

Menos de lo que a uno le gustaría, y más de lo que parece a primera vista. Lo primero que se aprecia es la forma del propio emplazamiento: una explanada en alto, delimitada por un escarpe rocoso continuo en uno de sus flancos, que actúa como muralla natural y hace innecesaria cualquier defensa artificial por ese lado. Ese es, en sí mismo, el rasgo más elocuente del yacimiento.

Sobre el terreno se distinguen además alineaciones de piedra y desniveles del suelo que recorren la zona por la que el espolón sí es accesible, que es justamente donde un castro necesitaría cerrarse. Ahora bien, seamos rigurosos: en un macizo calizo de estratificación tan marcada como este, una línea de piedra en el suelo puede ser un muro derruido o puede ser simplemente la roca del sustrato asomando. Distinguir una cosa de otra no se hace desde una foto aérea ni de un vistazo, sino con trabajo arqueológico. Lo que se ve invita a interpretar, pero la interpretación firme está pendiente.

Lo que no vas a encontrar son estructuras alzadas, cabañas reconstruidas ni materiales a la vista. Y hay que insistir en algo: si aparece cerámica, metal o cualquier resto en superficie, no se toca ni se recoge. Un fragmento movido de sitio pierde la mayor parte de la información que contenía, y en un yacimiento sin excavar esa información es todo lo que queda.

¿Por qué levantaron el Castro de Soncarazo justo en este punto?

Porque el sitio hacía casi todo el trabajo. La lógica de un castro es siempre la misma: máxima defensa con el mínimo esfuerzo constructivo, y este emplazamiento la cumple de manual. Un espolón amesetado, cortado a plomo por uno de sus lados, obliga a fortificar solo el frente por el que se puede llegar caminando. Con eso, un grupo pequeño defiende un recinto grande.

A eso se suma el dominio visual. Desde la parte alta del macizo se controla el corredor del alto Arlanza y buena parte de los pasos que comunican la meseta con las sierras, que es exactamente la clase de territorio que interesa vigilar a una comunidad ganadera. Y encima, agua cerca: las surgencias del pie del escarpe, entre ellas la Fuente de la Mora, están a menos de un kilómetro en línea recta.

Defensa natural, control del paso y agua accesible. No hace falta buscar explicaciones más complicadas.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Castro de Soncarazo?

Estando arriba, entre treinta y cuarenta y cinco minutos dan de sobra para recorrer la plataforma, asomarse al borde del cortado con calma y hacerte una idea del conjunto. No es un yacimiento que se recorra: es un yacimiento que se mira.

El tiempo de verdad está en llegar. No hay sendero señalizado ni acceso rodado hasta el punto, así que hay que subir campo a través por terreno de monte, con pedrera, matorral y sabinas, y sin marcas que seguir. Lo prudente es reservar la mañana entera y llevar el track cargado en el móvil o el GPS, porque desde abajo el macizo es grande y todas las laderas se parecen bastante.

¿Se puede confundir el Castro de Soncarazo con la Fortaleza de Carazo?

Se confunden constantemente, y es normal, porque están en el mismo macizo y responden a la misma idea. Pero son dos cosas distintas y separadas por más de mil años.

  • El castro es prerromano: un poblado fortificado de la Edad del Hierro, en el paraje de Soncarazo.
  • La Fortaleza de Carazo es medieval: un enclave de la línea defensiva del alto Arlanza, en lo alto de la peña, y de ella sí quedan restos de fábrica reconocibles.

Lo interesante no es la confusión, sino lo que revela: la misma roca fue elegida dos veces, con mil años de diferencia, por las mismas razones. Cambió quién mandaba y cambió la técnica constructiva, pero la ventaja del sitio siguió siendo exactamente la misma. Esa continuidad es, probablemente, lo más valioso que se llevará quien suba hasta aquí.

¿Qué curiosidad esconde el Castro de Soncarazo?

Que el nombre del paraje y el del pueblo parecen ser el mismo nombre dicho dos veces. Soncarazo y Carazo comparten raíz de forma evidente, y el elemento inicial «Son-» aparece en otros topónimos peninsulares —el caso más conocido es la Sonsierra riojana— donde se entiende como «bajo» o «al pie de». Siguiendo ese paralelo, Soncarazo vendría a significar algo así como «bajo Carazo». Es un paralelismo lingüístico, no una etimología documentada, y así conviene tomarlo: no hemos localizado ningún estudio que fije el origen del topónimo con certeza.

La otra curiosidad es de las que dan que pensar. Este yacimiento aparece citado en la bibliografía sobre Carazo, pero no consta que haya sido excavado, ni se conoce datación publicada, ni memoria de intervención, ni adscripción cultural establecida. Se le suele encuadrar en el ámbito celtibérico del alto Arlanza, en una zona de contacto entre pueblos, pero eso es una atribución de contexto, no un resultado de excavación. Dicho de otra forma: estás delante de un sitio arqueológico del que todavía casi todo está por saber. En una provincia como Burgos, tan acostumbrada a que la arqueología llegue con las respuestas ya dadas, encontrarse con un yacimiento aún en blanco tiene su punto.

Datos de la ruta

Características

  • Gratuito

El Castro de Soncarazo es un asentamiento fortificado de época prerromana situado en el paraje homónimo, dentro del macizo calizo de la Peña de Villanueva o de Carazo, en el término municipal de Carazo. Ocupa un espolón amesetado delimitado por escarpes rocosos, una topografía que reduce el frente defendible a un solo flanco. Se trata de un yacimiento citado en la bibliografía local pero no excavado: no consta datación publicada, memoria de intervención ni adscripción cultural establecida por medios arqueológicos, circunstancia que condiciona todo lo que puede afirmarse sobre él y que se hace explícita a lo largo de esta ficha.

Emplazamiento y condiciones defensivas

El asentamiento se localiza en el entorno de las coordenadas 41,97834 N / −3,34194 O, en la vertiente oriental del macizo. La ubicación responde al modelo de castro en espolón, uno de los tipos más frecuentes en los sistemas montañosos del interior peninsular: una plataforma elevada que la erosión ha aislado parcialmente, quedando unida al relieve principal por un istmo o por una vertiente de pendiente moderada.

La ventaja de este modelo es de orden económico antes que militar. En un recinto rodeado de cortados verticales, la defensa artificial solo resulta necesaria en el frente accesible, que en emplazamientos como este puede suponer una fracción pequeña del perímetro total. Una comunidad reducida obtiene así un recinto amplio con una inversión constructiva limitada, y puede defenderlo con pocos efectivos. Es el mismo cálculo que se repite en decenas de castros del alto Duero y de las estribaciones del Sistema Ibérico.

La observación de la fotografía aérea permite reconocer con claridad la plataforma amesetada, el escarpe continuo que la delimita y el sector por el que el acceso es practicable. Se aprecian además alineaciones lineales y cambios de nivel sobre el terreno, coincidentes en parte con ese frente accesible. Ahora bien, en un sustrato de calizas de estratificación subhorizontal como el de este macizo, los afloramientos de la propia roca generan alineaciones que, vistas cenitalmente, resultan indistinguibles de una estructura muraria derruida. La discriminación entre unas y otras exige prospección de campo y, en último término, sondeo arqueológico. Ninguna de estas líneas se describe aquí, por tanto, como muralla.

Dos condicionantes complementan el emplazamiento. El primero es el dominio visual sobre el corredor del alto Arlanza y sobre los pasos que articulan el tránsito entre la meseta y las sierras, factor recurrente en la elección de este tipo de emplazamientos. El segundo es la disponibilidad de agua: las surgencias de contacto del pie del escarpe se sitúan a menos de un kilómetro, entre ellas la Fuente de la Mora, registrada en el Nomenclátor Geográfico Básico a unos 940 metros en línea recta del yacimiento. La Ermita de la Virgen del Sol queda a algo más de un kilómetro y el vértice geodésico de San Carlos, punto culminante del macizo, a unos 3,8 kilómetros.

Estado de la documentación arqueológica

Esta es la sección que mejor define la situación del yacimiento, y conviene exponerla sin rodeos. La existencia de restos de poblamiento fortificado prerromano en el monte Soncarazo aparece recogida en la bibliografía divulgativa y en repertorios locales sobre Carazo. Sin embargo, no se ha localizado ninguna publicación científica que dé cuenta de una intervención arqueológica en el sitio.

En términos concretos, lo que no consta es lo siguiente:

  • Ninguna excavación ni sondeo con memoria depositada y accesible.
  • Ninguna datación, ni por contexto estratigráfico ni por métodos absolutos.
  • Ninguna delimitación planimétrica publicada del recinto ni de sus defensas, y por tanto ninguna cifra fiable de superficie ocupada.
  • Ninguna caracterización del registro material: no hay referencias a conjuntos cerámicos, metálicos o faunísticos procedentes del sitio.
  • Ninguna confirmación de su inscripción individualizada en el Inventario Arqueológico de Castilla y León, instrumento en el que este tipo de yacimientos suele figurar.

La consecuencia metodológica es directa: la adscripción del sitio a un momento y a una cultura concretos se sostiene hoy sobre la analogía tipológica y sobre el contexto regional, no sobre evidencia obtenida en el propio yacimiento. Un castro en espolón con defensa natural en un macizo del alto Arlanza encaja bien en el poblamiento de la Edad del Hierro de la zona, y esa es la razón de la atribución; pero una atribución por analogía no es un resultado, y presentarla como tal sería incorrecto.

Debe señalarse igualmente que la ausencia de intervención no equivale a ausencia de interés. En el registro arqueológico de la provincia existe un número considerable de yacimientos conocidos, citados y nunca estudiados, cuya información permanece íntegra precisamente porque nadie los ha tocado. La conservación del sitio en su estado actual, sin remociones ni recogidas de superficie, es la condición para que ese potencial siga existiendo.

Encuadre regional y secuencia de ocupación del macizo

El alto Arlanza se sitúa, en la geografía de los pueblos prerromanos del interior peninsular, en un área de contacto entre los territorios atribuidos a arévacos y pelendones, dos de las entidades del ámbito celtibérico documentadas por las fuentes grecolatinas y por la investigación arqueológica. La delimitación precisa de esos territorios es objeto de discusión historiográfica sostenida, y las fronteras que se dibujan en los mapas de síntesis deben entenderse como aproximaciones y no como límites establecidos. Adscribir este castro concreto a uno u otro grupo, sin material que lo respalde, carecería de fundamento.

Lo que sí puede afirmarse es que el patrón de poblamiento en altura, con recintos fortificados aprovechando relieves destacados y controlando pasos y valles, es el característico de la Edad del Hierro en todo este sector, y que se mantiene con transformaciones hasta el proceso de integración en el mundo romano.

Sobre el propio macizo se documenta además una reocupación medieval en un punto distinto: la fortaleza de Carazo, situada en la parte alta de la peña, integrada en el sistema defensivo del alto Arlanza y de la que sí se conservan restos de fábrica identificables. Castro y fortaleza son dos yacimientos independientes, separados por más de un milenio y ubicados en sectores diferentes del macizo, aunque ambos respondan a la misma valoración estratégica del relieve. La distinción es relevante porque en la divulgación local ambos aparecen ocasionalmente confundidos o tratados como un mismo conjunto.

Régimen de protección y condiciones de acceso

Al Castro de Soncarazo le resulta aplicable un doble régimen de protección.

En materia de patrimonio cultural rige la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León, desarrollada por el Decreto 37/2007, de 19 de abril, que aprueba su reglamento. Un extremo de esta normativa conviene subrayarlo por lo poco conocido que resulta: la protección de los bienes de naturaleza arqueológica no depende de que exista una declaración individualizada. Los restos con valor arqueológico están amparados por su propia condición, de modo que la remoción de tierras, la recogida de materiales en superficie y el uso de detectores de metales requieren autorización administrativa previa, con independencia de que el yacimiento aparezca o no en un catálogo publicado.

En materia ambiental, el paraje se encuentra dentro del Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, declarado por la Ley 4/2020, de 14 de diciembre, con una superficie de 39.173 hectáreas, y Carazo figura entre los municipios incluidos íntegramente. El ámbito coincide asimismo con espacios de la Red Natura 2000, entre ellos la ZEPA ES4120031, designada por sus poblaciones de rapaces rupícolas: el formulario oficial recoge 359 parejas de buitre leonado y 13 de alimoche, además de núcleos de águila real, halcón peregrino y búho real. Los cortados que delimitan el yacimiento forman parte del mismo sistema de escarpes en el que estas especies nidifican, por lo que la aproximación al borde de la pared durante el periodo reproductor —aproximadamente desde el final del invierno hasta comienzos del verano— debe evitarse.

En cuanto al acceso, no consta sendero señalizado, pista de aproximación ni aparcamiento habilitado, ni señalización o equipamiento interpretativo de ningún tipo en el yacimiento. La llegada se realiza campo a través por terreno de monte con pedrera, matorral y sabinar, y requiere autonomía de orientación. No existe restricción de acceso conocida, pero los terrenos pueden estar sujetos a aprovechamientos ganaderos o cinegéticos, cuyos calendarios y cerramientos conviene respetar.

El topónimo Soncarazo

El nombre del paraje comparte de forma evidente su raíz con el del municipio. El elemento inicial «Son-» aparece en otros topónimos peninsulares —el caso mejor conocido es la Sonsierra riojana— donde se interpreta habitualmente con el valor de «bajo» o «al pie de», a partir del latín «sub». Aplicado aquí, el paralelo daría a Soncarazo un sentido próximo a «bajo Carazo».

Esta lectura debe presentarse con la cautela que corresponde: es un paralelismo formal con otros topónimos, no una etimología documentada para este caso concreto. No se ha localizado ningún estudio toponímico que fije el origen del nombre, y la coexistencia de dos topónimos emparentados en un mismo macizo admite también otras explicaciones, incluida la posibilidad de que uno derive del otro por diferenciación de parajes dentro del mismo término. Lo que sí acredita el topónimo es un uso estable y prolongado, suficiente para haberse fijado en la cartografía y en el habla local.

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