

Valorar Yacimiento La Tejera
Para dejar tu valoración tienes que registrarte gratis (o iniciar sesión si ya tienes cuenta).
Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónSube una foto de Yacimiento La Tejera
Para subir una foto tienes que registrarte gratis (o iniciar sesión si ya tienes cuenta).
Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónYacimiento La Tejera
Un arco de ladrillo asomando de la ladera, media bóveda derrumbada encima y el suelo cubierto de tejas rotas hasta donde alcanza la vista. Eso es La Tejera de Barbadillo del Mercado: los restos de un horno donde se cocían las tejas y los ladrillos del pueblo. No hay panel, ni valla, ni camino señalizado. Y sin embargo, si alguna vez te has preguntado de dónde salían los tejados rojos de los pueblos de la Sierra, la respuesta está exactamente aquí.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
A primera vista parece un montón de escombro. No lo es: cada elemento que ves cuenta una parte del proceso. Esto es lo que hay que saber leer:
- El arco de ladrillo: es la boca del hogar, por donde se metía la leña. Los ladrillos están colocados a sardinel, en rosca, formando un arco perfecto que sigue en pie después de décadas de abandono.
- La bóveda derrumbada: encima del arco se ven las hiladas de la bóveda caída. Esa bóveda separaba el fuego de la carga, y su hundimiento es lo que ha dejado el horno abierto en canal.
- El testar de tejas y ladrillos rotos: el manto de fragmentos que cubre el suelo alrededor no es basura moderna. Es el vertedero del propio horno: las piezas que salían rajadas, deformadas o mal cocidas se tiraban ahí mismo, hornada tras hornada.
- La tierra roja: fíjate en el color del suelo, mucho más intenso que el del campo de alrededor. Es la arcilla de la que se hacían las tejas, y también tierra quemada por siglos de fuego. La materia prima estaba literalmente debajo del horno.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Yacimiento La Tejera de Barbadillo del Mercado?
Quince o veinte minutos, y va a depender mucho de cuánto te interese la arqueología industrial. Si te dice algo, se te va a ir el tiempo mirando el despiece del arco y buscando piezas enteras entre los fragmentos.
Está a unos dos kilómetros y medio al este del pueblo, en campo abierto. No es una visita de paso: hay que ir a propósito, y por eso conviene combinarla con el paseo, porque desde esta zona alta se abre una panorámica excelente sobre la vega y las muelas calizas del horizonte.
¿Qué curiosidad esconde el Yacimiento La Tejera de Barbadillo del Mercado?
La curiosidad es cómo funcionaba este trasto, porque es mucho más ingenioso de lo que parece un montón de ladrillos.
Un horno de tejar tradicional trabaja en dos plantas. Abajo, el hogar: la cámara donde ardía la leña, y cuya boca es el arco que sigue en pie. Arriba, la cámara de cocción, donde se apilaban las tejas y los ladrillos crudos. Entre las dos, un suelo perforado por el que subían las llamas y el calor.
Y aquí viene lo bueno: el horno se cargaba por arriba. Por eso está excavado contra la ladera. No es casualidad ni pereza: así el terreno hace de aislante y de contrafuerte, y la plataforma de carga queda a ras del campo. Se llenaba desde arriba, se encendía por abajo y se tapaba.
Después venía lo más duro: días enteros de fuego continuo, alimentando el hogar sin parar y controlando la temperatura a ojo, por el color de la llama y del humo. Y luego más días de enfriamiento lento, porque abrir antes de tiempo rajaba toda la hornada. Una tejera no era un oficio de horas, era un oficio de semanas.
Piénsalo la próxima vez que mires los tejados de Barbadillo: hubo un tiempo en que cada teja de cada casa del pueblo salió de un agujero como este.
¿Por qué se llama La Tejera el yacimiento de Barbadillo del Mercado?
Porque «tejera» —o «tejar»— es literalmente el sitio donde se hacen tejas. El topónimo no es descriptivo por casualidad: es el nombre del oficio pegado al terreno, y ha sobrevivido al horno que lo generó.
Es un nombre extraordinariamente común en toda Castilla, y por una razón muy simple: casi todos los pueblos tuvieron el suyo. La teja es pesada, frágil y cara de transportar, así que no compensaba traerla de lejos: se fabricaba en el propio término, con la arcilla de al lado.
Y donde había tejera se juntaban siempre tres cosas: arcilla para la pasta, agua para amasarla y leña para el fuego. Si alguna vez, caminando por el campo, te topas con tierra anormalmente roja y un manto de fragmentos de teja, ya sabes lo que estás pisando aunque no quede ni un ladrillo en pie.
¿Se puede entrar en el horno del Yacimiento La Tejera de Barbadillo del Mercado?
No, y esto va en serio. Es la advertencia más importante de esta ficha.
Lo que tienes delante es una estructura hundida y sin consolidar: una bóveda de ladrillo ya derrumbada en parte, con el resto suelto y sin sujeción, sobre una cavidad abierta en el suelo. No hay valla, no hay cartel y no hay nadie vigilando.
Las dos cosas que no hay que hacer son: meterse por el arco —el hueco que ves es la boca de una cámara que puede seguir cediendo— y caminar por encima del horno, donde el terreno es exactamente el techo de esa cavidad. Mira desde fuera y desde el nivel del suelo. Se ve todo igual de bien y no te juegas nada.
Con niños, la regla es todavía más simple: de la mano y sin subirse a nada. El sitio es interesantísimo de explicar y absolutamente inadecuado para corretear.
¿Cuál es la mejor época del año para visitar el Yacimiento La Tejera de Barbadillo del Mercado?
Del final del otoño al principio de la primavera, y aquí la diferencia es enorme.
El horno está invadido por matorral y zarzas, y en pleno verano la vegetación tapa buena parte de la estructura: se ve el arco y poco más. Con la hoja caída se lee el conjunto entero —el arco, la bóveda hundida, la extensión real del testar— y se puede rodear el sitio sin pelearse con las zarzas.
Añade dos ventajas prácticas: el sol bajo del invierno entra de lleno en el arco y marca el despiece de los ladrillos como no lo hace la luz cenital del verano, y no hay bichos ni hierba alta en la que meter el pie sin ver dónde pisas. En un sitio con un agujero en el suelo, eso no es un detalle menor.
Características
- Gratuito
El enclave conocido como La Tejera corresponde a los restos de una instalación de producción cerámica estructural —tejas y ladrillos— situada en campo abierto, a unos 2,6 kilómetros al este del casco urbano de Barbadillo del Mercado. Se conserva un horno de fábrica de ladrillo excavado contra una ladera, con la boca del hogar en arco de medio punto en pie y la bóveda superior parcialmente derrumbada, rodeado de un extenso testar de fragmentos de teja y ladrillo sobre matriz de tierra rojiza. Debe advertirse desde el inicio que el yacimiento carece por completo de documentación: no se ha localizado ninguna referencia bibliográfica, ninguna catalogación, ninguna excavación ni ninguna datación, y esta ficha no propone ninguna cronología. Todo su contenido procede del análisis tipológico y de la observación fotográfica.
Tipología: el horno de tejar de dos cámaras y tiro ascendente
Los restos responden al modelo de horno cerámico vertical, intermitente y de tiro ascendente, la tipología dominante en la producción de material de construcción en la península desde época medieval y hasta bien entrado el siglo XX. En la bibliografía etnográfica aparece con distintas denominaciones —horno árabe, horno moruno u horno de tejar—, todas referidas al mismo esquema funcional.
Su organización responde a dos cámaras superpuestas:
- El hogar o caldera, cámara inferior donde se quemaba el combustible. Es la que se conserva en este caso, y a ella corresponde el arco visible, que constituye la boca de alimentación por la que se introducía la leña.
- La cámara de cocción, superior, donde se apilaba el material crudo.
- La parrilla, suelo perforado que separaba ambas y por cuyas aberturas ascendían las llamas y los gases calientes. Es el elemento que define el tipo y el primero que desaparece cuando la estructura se arruina.
El calor atravesaba la carga de abajo arriba y escapaba por la boca superior, que durante la cocción se cerraba parcialmente con tiestos y tierra para regular el tiro. De ahí la denominación de tiro ascendente, y de ahí también su principal limitación técnica: el gradiente térmico entre la base y la parte alta de la carga era considerable, de modo que las piezas inferiores quedaban sobrecocidas y vitrificadas mientras las superiores podían resultar crudas. Ese defecto estructural del sistema es, precisamente, el que genera el testar.
La condición de horno intermitente —frente a los hornos continuos tipo Hoffmann, que se generalizan en la industria ladrillera desde finales del siglo XIX— implicaba un ciclo largo por cada hornada: carga, cocción de varios días con alimentación continua del hogar, y enfriamiento lento de duración similar antes de poder descargar. Abrir el horno antes de tiempo provocaba el choque térmico y la rotura de la producción completa.
La excavación del horno contra la ladera no es una elección estética ni una consecuencia del derrumbe: es una decisión constructiva de tres funciones simultáneas. El terreno actúa como aislante térmico, reduciendo las pérdidas de calor por las paredes; actúa como contrafuerte, contrarrestando los empujes de la bóveda y los ciclos de dilatación y contracción de la fábrica; y sitúa la boca de carga superior a ras del terreno natural, lo que permitía cargar el material crudo sin elevarlo. La disposición que se observa en el yacimiento es coherente en todo con este esquema.
Descripción de los restos visibles
La descripción siguiente procede exclusivamente de documentación fotográfica. No se ha realizado medición alguna: no constan la luz del arco, la altura conservada, las dimensiones en planta del horno ni la extensión del testar, y no existe planimetría ni levantamiento.
El elemento mejor conservado es la boca del hogar, resuelta mediante arco de medio punto de ladrillo dispuesto a rosca, con las piezas colocadas radialmente en sentido perpendicular a la directriz. El arco se mantiene íntegro y con su despiece legible, lo que constituye el rasgo más notable del conjunto: es la parte del horno sometida a mayor solicitación térmica y, sin embargo, la única que permanece completa.
Sobre el arco se conservan las hiladas de arranque de una bóveda de cañón de ladrillo, derrumbada en su mayor parte. El material caído se acumula sobre la propia estructura y sobre la ladera, formando un manto de fragmentos que enmascara la planta original. En la documentación fotográfica se aprecia además, tras la boca principal, un segundo arco de menor luz en el interior de la cámara, que podría corresponder al desarrollo en profundidad del hogar; esta lectura no es concluyente sin acceso al interior, que además está desaconsejado por razones de seguridad.
La fábrica es de ladrillo macizo en toda la parte conservada del horno. Inmediatamente al este se documenta un muro de piedra seca de mampostería caliza, de aparejo tosco y sin trabar, cuya función —cerramiento de la parcela, contención de la plataforma de trabajo o resto de una construcción auxiliar del tejar, como el cobertizo de secado— no puede determinarse desde la observación fotográfica.
La matriz del suelo presenta una tonalidad rojiza intensa, claramente diferenciada de la de las parcelas circundantes. En ella se combinan previsiblemente dos componentes que solo un análisis distinguiría: la arcilla natural del sustrato y la tierra rubefactada por la acción del fuego. La zona está colonizada por matorral y zarzal, con ejemplares arbustivos desarrollados directamente sobre la estructura arruinada.
El testar y los criterios de datación disponibles
El elemento de mayor valor científico del yacimiento no es el horno, sino el testar: la acumulación de fragmentos de teja y ladrillo que rodea la instalación y que se extiende ladera abajo.
Un testar es el vertedero de las piezas defectuosas de un alfar u horno: las que salían rajadas por choque térmico, deformadas por sobrecocción, vitrificadas, crudas o rotas en la descarga. Su relevancia es que constituye un depósito arqueológico primario y de formación rápida: no es material redepositado ni traído de otro sitio, sino producción del propio horno acumulada hornada tras hornada. En arqueología de la producción cerámica, el testar suele aportar más información que la estructura, porque conserva el repertorio completo de lo que allí se fabricaba.
De ahí se deriva la vía de datación, que aquí resulta especialmente pertinente porque la tipología del horno no permite fechar nada: el modelo de dos cámaras y tiro ascendente se mantiene prácticamente invariable durante siglos, de modo que un horno de este tipo puede ser del siglo XVI o de 1950 sin diferencias estructurales apreciables. Los atributos que sí datan son los del material producido:
- El módulo del ladrillo: sus tres dimensiones y la relación entre ellas. Es el criterio más fino disponible, ya que el formato evoluciona y llega a normalizarse en época contemporánea.
- El tipo de teja: la presencia exclusiva de teja curva o la aparición de teja plana marca una frontera cronológica clara, al generalizarse esta última en época contemporánea.
- Las huellas de fabricación: marcas de dedos del tejero sobre el dorso de la teja, improntas de la gradilla o molde, señales del arenado de la mesa. Su presencia indica producción manual; su ausencia sistemática y la regularidad de aristas apuntan a fabricación mecánica y, por tanto, a cronología reciente.
- Las marcas o sellos de fabricante, si los hubiera, que identificarían directamente la explotación.
Existe además una vía documental de resolución rápida y coste nulo, que conviene señalar porque es la más eficaz: la consulta de fotografía aérea histórica. El vuelo fotogramétrico realizado sobre España entre 1956 y 1957 —el conocido como «vuelo americano»— cubre la totalidad del territorio y permitiría comprobar si en esa fecha la tejera estaba activa, distinguiendo la instalación en funcionamiento, con sus eras de secado, accesos y acopios, de una estructura ya abandonada. Comparado con vuelos posteriores, acotaría la fecha de cese de la actividad con un margen de pocos años.
A ello debe sumarse la memoria oral, que en un yacimiento de estas características es una fuente de primer orden y de disponibilidad urgente: si la tejera estuvo activa en el siglo XX, existen vecinos que la conocieron o que oyeron hablar de ella, y esa información no está recogida en ningún sitio.
Emplazamiento, recursos y lógica productiva
La localización de un tejar nunca es arbitraria: responde a la concurrencia obligada de tres recursos en un mismo punto, ninguno de los cuales resultaba rentable transportar.
- Arcilla, materia prima de la pasta. La coloración rojiza dominante del terreno en el entorno inmediato es coherente con la presencia de materiales detríticos arcillosos, los mismos que dan su tono característico a la arenisca empleada en la arquitectura del municipio.
- Agua, imprescindible para el amasado y el moldeo de las piezas.
- Combustible, en cantidades muy elevadas: la cocción exigía días de fuego continuo, lo que hacía del acceso a leña o matorral un condicionante determinante.
La distancia respecto al núcleo —unos 2,6 kilómetros— responde igualmente a una lógica productiva. La materia prima es pesada y no se transporta: es el horno el que se desplaza hasta la arcilla, no al revés. A ello se suman el riesgo de incendio asociado a una instalación de fuego continuo y la molestia del humo, razones por las que los tejares se sitúan de forma sistemática fuera del casco urbano.
El destino de la producción era el abastecimiento del propio término y su entorno inmediato. La teja curva es un producto frágil, voluminoso y de escaso valor unitario, cuyo transporte a larga distancia resultaba antieconómico antes del ferrocarril y del camión; de ahí que prácticamente cada localidad contara con su tejar y que el topónimo «tejera» o «tejar» sea uno de los más repetidos en la toponimia menor castellana. No consta, sin embargo, ningún dato sobre el volumen de producción, el número de hornadas anuales, los operarios ni el régimen de explotación de esta instalación concreta.
Estado de conservación, riesgos y situación documental
El estado del yacimiento es de ruina progresiva sin ningún tipo de intervención. Los procesos activos identificables son cuatro:
- Colapso estructural: la bóveda está derrumbada en su mayor parte y el material restante carece de sujeción.
- Colonización vegetal: arbustos desarrollados sobre la propia fábrica, cuyas raíces disgregan las juntas y desplazan las piezas.
- Ciclos de hielo-deshielo sobre ladrillo expuesto y sin protección, especialmente lesivos en un material poroso a esta altitud.
- Erosión y arrastre del testar ladera abajo, que dispersa el depósito y compromete su lectura estratigráfica.
Desde el punto de vista de la seguridad, el enclave presenta un riesgo objetivo y debe consignarse en una ficha técnica: se trata de una cavidad abierta bajo una bóveda parcialmente colapsada, sin cerramiento, sin señalización y sin consolidación. El acceso al interior de la cámara y el tránsito sobre la estructura —que es el techo de esa cavidad— están desaconsejados sin excepción.
En materia de catalogación, no se ha localizado ninguna referencia: el yacimiento no figura en la relación de «Lugares de interés» del Ayuntamiento de Barbadillo del Mercado, ni en la bibliografía consultada sobre el municipio, ni consta declaración ni inclusión en inventario alguno. Le resulta aplicable con carácter general la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León. La consulta al Inventario Arqueológico Provincial de Burgos, en el Servicio Territorial de Cultura, es la vía para determinar si el enclave está fichado, extremo relevante porque numerosos tejares tradicionales sí figuran en esos inventarios con número de yacimiento y cronología propuesta. Tampoco consta la titularidad del terreno, dato que solo el catastro puede resolver y que condiciona cualquier actuación futura.
Conviene, por último, encuadrar correctamente el bien. No se trata de un yacimiento arqueológico en el sentido convencional del término, sino de un elemento de arqueología industrial y de patrimonio preindustrial: una instalación productiva arruinada. Esa precisión no rebaja su interés —el testar constituye un registro material de primer orden— pero determina la metodología aplicable y la expectativa razonable de quien se acerque a visitarlo.
Características
- Gratuito
Todavía no hay servicios cargados para esta localización.
No hay más puntos registrados en esta unidad geográfica todavía.

Antigua Tejera de Barbadillo del Mercado

Yacimiento La Tejera

Panorámica del valle y las formaciones montañosas desde el entorno del yacimiento La Tejera

Boca de cocción semienterrada cubierta por vegetación en el yacimiento de La Tejera en Barbadillo

Estructura de horno de ladrillo rojo excavado en la ladera del yacimiento tradicional La Tejera

Primer plano de los arcos concéntricos de ladrillo en el horno del yacimiento La Tejera
Todavía no hay fotos de viajeros para este punto de interés. Sé el primero en subir una.
Todavía no hay PDFs para este punto de interés.
Todavía no hay opiniones de viajeros para este lugar.















































