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Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado
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Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado

Un antiguo pajar convertido en museo, con un mural gigante de dos niños en la fachada y, dentro, cuatro paredes de vitrinas llenas de juguetes de hojalata. El Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado abrió sus puertas en mayo de 2026 y es de esas cosas que no te esperas en un pueblo de la Sierra de la Demanda: 250 metros cuadrados de museo de verdad, con vitrinas profesionales y piezas fichadas una a una, nacido de la colección personal de un solo hombre.

Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?

Es un museo pequeño pero muy denso. Estas son las seis cosas que hay que buscar:

  • La hojalata litografiada de Ibi y Barcelona: el corazón de la colección. Coches, motos, tranvías, autobuses y apisonadoras de Payá, Rico y las grandes casas españolas. Ibi (Alicante) fue la capital del juguete en España, y aquí se ve por qué.
  • Las piezas extranjeras: junto a las españolas conviven mecanismos alemanes, franceses y japoneses —Lehmann, Fischer, Schuco, Marx Toys—, lo que convierte la vitrina en una comparativa de escuelas de fabricación.
  • El aula escolar recreada: un rincón montado con pupitre de madera, mapa de España con Castilla la Vieja, cartilla, tintero y libros de posguerra. Ambientado entre los años veinte y los cincuenta, es la parte que más emociona a los visitantes mayores.
  • Las «pepas» y los teatros de papel: muñecas catalanas de cartón y teatritos impresos de Paluzie y Seix Barral. Es el juguete de papel, el más frágil y el que casi nunca sobrevive: verlo entero es raro.
  • La colección de alfarería: en la planta baja, un lecho de grava con cántaros y botijos de alfares regionales españoles. No es juguete, y por eso sorprende: amplía el museo hacia lo etnográfico.
  • El mural de la fachada: obra de Esteban Espinosa, «Tinte Rosa», artista mirandés con proyección nacional. Dos niños enormes en rojo y negro sobre el hastial del pajar. Se ve desde la calle y es gratis.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado?

Entre cuarenta minutos y una hora, y aquí la horquilla depende por completo de tu edad y de tu paciencia lectora.

Si vas a mirar por encima, en media hora lo has recorrido: son dos plantas y no es grande. Pero cada pieza está fichada con su fabricante, su país y su año, y si te pones a leer las cartelas se te va la mañana. Es un museo hecho para el que se para.

Y hay un factor que no se puede medir: si tienes más de cincuenta años, calcula más tiempo. La probabilidad de encontrarte con un juguete que tuviste —o que quisiste tener y no te trajeron— es alta, y eso frena mucho.

Está a poco más de cien metros de la iglesia de San Pedro, en la calle Quintana, así que no hay que moverse del casco.

¿Qué curiosidad esconde el Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado?

Que todo esto es la colección de una sola persona, reunida durante décadas.

El museo nace del empeño de Juan Carlos Requena Amírola, coleccionista que lleva media vida detrás de estos juguetes, con especial querencia por la hojalata española de los años cuarenta. Lo que ves en las vitrinas no es un depósito institucional ni un fondo comprado: es lo que un señor ha ido encontrando, pieza a pieza, durante años.

Y el paso siguiente es el que casi nunca se da. Una colección privada suele quedarse en casa. Aquí se rehabilitó un antiguo pajar —hoy un edificio en forma de L, de 250 metros cuadrados, con 65 más de jardín—, se montaron vitrinas de museo, se catalogó todo y se abrió al público el 23 de mayo de 2026, gestionado por una asociación cultural sin ánimo de lucro.

Hay un detalle que resume el espíritu del sitio. En el aula recreada, escrita a mano en la pizarra, se lee: «No dejamos de jugar porque nos volvemos viejos, nos hacemos viejos porque dejamos de jugar». Y debajo, una segunda frase que es la que de verdad explica el museo: «Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos que, por suerte, también somos frágiles».

¿Los juguetes del Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado son originales o reproducciones?

Hay de las dos cosas, y el museo lo dice — que es exactamente lo que hay que hacer y no siempre se hace.

Buena parte de las piezas son originales de época, con su fabricante, su país y su año en la cartela. Otras están identificadas expresamente como reproducciones, indicando además el año del modelo original y su número en el catálogo histórico de la casa. Nada se hace pasar por lo que no es.

Y esto no es un defecto, es parte de la historia del juguete español. Las grandes fábricas de hojalata reeditaron en su día sus propios modelos clásicos a partir de los troqueles y los catálogos antiguos, así que una reproducción de fábrica no es una copia: es la misma casa haciendo otra vez el mismo juguete, décadas después.

Para el visitante la consecuencia es simple: mira la cartela. Ahí está todo, y saber si tienes delante una pieza de los años treinta o una reedición cambia por completo lo que estás viendo.

¿Se puede visitar el Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado con niños?

Sí, y es de los pocos sitios de la comarca pensados literalmente para eso.

El museo cuenta con un jardín exterior de 65 metros cuadrados destinado a actividades infantiles, lo que resuelve el problema clásico de los museos pequeños: que el niño se cansa a los diez minutos y no hay dónde meterlo.

Dicho esto, conviene ser realista sobre lo de dentro: todo está en vitrinas cerradas y no se toca nada. Para un niño acostumbrado a lo interactivo, media hora mirando juguetes que no puede coger tiene un límite. Funciona mucho mejor si vas contándoselo: cómo funcionaba la cuerda, por qué los coches eran de chapa y no de plástico, a qué jugaban sus abuelos en ese pupitre.

La planta alta tiene escalera, dato a tener en cuenta con carrito.

¿Hay que reservar para visitar el Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado?

Es lo más prudente, y por una razón concreta: no es un museo público con personal fijo, sino un proyecto gestionado por una asociación cultural sin ánimo de lucro en un pueblo pequeño.

Eso significa que la apertura depende de las personas que lo sostienen, y que presentarse sin avisar un día cualquiera es jugársela. Consulta antes de ir a través de los canales del propio museo, que tiene web y presencia en redes.

Y si vas a ir en grupo, avisar no es una sugerencia sino lo razonable: el espacio es de 250 metros cuadrados y el recorrido se hace incómodo con demasiada gente a la vez delante de las mismas vitrinas.

Características

  • Accesible

Enlaces

El Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado es un centro expositivo de titularidad privada y gestión asociativa sin ánimo de lucro, dedicado al juego y el juguete industrial desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Fue inaugurado el 23 de mayo de 2026 y ocupa un inmueble de nueva planta levantado sobre el solar de un antiguo pajar, en la calle Quintana número 11. Se estructura en unos 250 metros cuadrados edificados en planta en «L» tumbada y dos alturas, con 180 metros cuadrados útiles de superficie expositiva y un jardín cerrado de 65 metros cuadrados. La colección es propiedad del coleccionista Juan Carlos Requena Amírola y su gestión corresponde a la Asociación Cultural Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado.

Origen, promotor y régimen de gestión

El museo nace de una colección privada de formación prolongada. Su promotor, Juan Carlos Requena Amírola, lleva reuniendo juguetes desde hace décadas, con una orientación declarada hacia el juguete español de hojalata de los años cuarenta y, dentro de él, hacia la producción de la casa alicantina Payá. La colección se amplió posteriormente a otros ámbitos geográficos y cronológicos, incorporando entre otros el juguete japonés de mediados del siglo XX.

La propiedad de los fondos corresponde al coleccionista, mientras que la gestión del centro recae en la Asociación Cultural Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado, entidad sin ánimo de lucro constituida al efecto. Esta separación entre titularidad de la colección y gestión del equipamiento es el modelo habitual en los museos surgidos de un coleccionismo privado, y plantea cuestiones que conviene dejar consignadas: no consta públicamente la fecha de constitución de la asociación, ni sus estatutos, ni su número de socios, ni el instrumento jurídico que regula la relación entre el coleccionista y la entidad gestora —depósito, comodato, cesión o donación—. Ese instrumento es el que determina la estabilidad futura de la colección en el municipio, y su ausencia en la documentación pública es la principal laguna informativa del centro.

La apertura al público se produjo el sábado 23 de mayo de 2026, a las doce del mediodía. Se trata, por tanto, de un equipamiento de reciente creación, circunstancia que explica que buena parte de su información institucional —memorias, cifras de visitantes, programación— no esté todavía disponible.

No consta información pública sobre la financiación del proyecto: ni presupuesto de ejecución, ni subvenciones autonómicas o provinciales, ni aportación municipal, ni el régimen de propiedad del inmueble.

El inmueble: del pajar al contenedor expositivo

El museo se ubica en la calle Quintana número 11, dentro del casco urbano y a unos 117 metros al norte de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

La actuación partió de un solar de 205 metros cuadrados ocupado por un viejo pajar. Sobre él se levantó una construcción de aproximadamente 250 metros cuadrados edificados, resuelta en planta en «L» tumbada y desarrollada en dos alturas. El programa de superficies documentado es el siguiente:

  • Zona de servicios y almacén, en planta única: unos 21 metros cuadrados útiles, con funciones de entrada y recepción.
  • Zona expositiva, en dos plantas: unos 180 metros cuadrados útiles en total.
  • Jardín exterior: unos 65 metros cuadrados, cerrado mediante muro de piedra y destinado a actividades infantiles.

De la observación fotográfica se desprenden las siguientes características constructivas y museográficas, no recogidas en la documentación publicada:

  • Estructura de cubierta de madera vista en la planta superior, con pares, correas y un pilar central de madera, sobre entablado, y lucernarios en faldón que aportan luz natural cenital.
  • Pavimento de hormigón pulido en la planta baja y entarimado en la superior.
  • Vitrinas corridas de pared en todo el perímetro, con frente acristalado, baldas de vidrio, trasdós blanco y luminarias lineales integradas, sobre bancada baja cerrada que hace las veces de almacén o reserva.
  • Iluminación general mediante luminarias lineales suspendidas de perfil oscuro, con la cubierta iluminada de forma indirecta.
  • Comunicación vertical mediante escalera con barandilla metálica, sin que conste ascensor.

La estrategia museográfica es coherente con la limitación de superficie. Al concentrar toda la exposición en vitrinas perimetrales y dejar diáfano el centro de ambas salas, el proyecto maximiza los metros lineales de exhibición sobre una huella construida reducida y mantiene libre el espacio de circulación, requisito indispensable en salas de anchura corta. La planta en «L» aporta, además, dos frentes de vitrina en ángulo que permiten alojar los espacios recreados en los rincones sin interrumpir el recorrido.

El elemento más reconocible del exterior es el mural que cubre el hastial y el costado del edificio, obra del artista gráfico Esteban Espinosa, conocido profesionalmente como «Tinte Rosa», natural de Miranda de Ebro y con numerosos premios nacionales e internacionales en su trayectoria muralista. La composición representa a dos niños de gran escala —uno con un avión de juguete, otra con un molinillo de papel— resueltos en trazo negro sobre fondo rojo con reservas en naranja, con la rotulación «MUSEO DEL JUGUETE» integrada en el propio mural. Funcionalmente, el mural sustituye a la señalización convencional: identifica el equipamiento desde la distancia en un núcleo sin trama urbana señalizada. No consta la fecha de ejecución del mural ni su técnica concreta.

No consta el nombre del arquitecto o técnico redactor del proyecto, ni la fecha de licencia, ni el periodo de ejecución de las obras, ni el diseñador de la museografía.

La colección: ámbito, materiales y fabricantes

El ámbito declarado de la colección son los «juegos y juguetes industriales de finales del siglo XIX hasta nuestros días». La precisión del término industrial es pertinente: acota el fondo a la producción seriada de fábrica y lo distingue del juguete artesanal o popular, que responde a otra tradición.

Los materiales representados son:

  • Hojalata litografiada, núcleo principal del fondo.
  • Madera.
  • Cartón.
  • Papel.

Las procedencias de fabricación están consignadas con precisión por el propio museo y permiten trazar un mapa productivo:

  • Hojalata del periodo de entreguerras, fabricada en Barcelona y en la Comunidad Valenciana, muy especialmente en Ibi —localidad de la provincia de Alicante que fue el principal centro juguetero español—.
  • Juguete de madera de Denia, otro de los focos históricos de la industria juguetera valenciana.
  • Muñecas de cartón catalanas y juguete de cartón murciano, dos tradiciones distintas del mismo material.
  • Juguetes mecánicos de procedencia alemana, francesa, estadounidense y japonesa.

La acotación de la hojalata al periodo de entreguerras no es un detalle menor: sitúa el núcleo del fondo en la edad de oro del juguete de chapa litografiada, anterior a la sustitución generalizada por el plástico.

Entre las marcas y casas citadas expresamente por el propio museo figuran RICO y PAYÁ —las dos grandes casas españolas de la hojalata—, MARX TOYS (Estados Unidos), HESS y LEHMANN (Alemania), y PALUZIE, que no es una fábrica de juguetes sino una casa editorial e impresora barcelonesa, responsable —junto a Seix Barral— de los teatritos y recortables que constituyen la sección de papel. En las cartelas visibles se identifican además FISCHER y SCHUCO (Alemania), CHAD VALLEY (Reino Unido) y JYESA (España).

Las tipologías destacadas comprenden motocicletas, tranvías, autobuses, submarinos, tanques, aviones, camionetas y juegos de café, a las que la observación directa permite añadir automóviles de turismo, apisonadoras de vapor, garajes, figuras de circo, autómatas de cuerda y robots. La cronología del fondo llega hasta la producción contemporánea, con presencia de figuras de plástico articuladas y juguetería de las últimas décadas del siglo XX.

No consta el número de piezas de la colección. Se trata del dato cuantitativo básico de cualquier ficha museística y su ausencia es reseñable; su obtención requiere consulta directa al centro.

Secciones expositivas y espacios recreados

El discurso expositivo se organiza en secciones temáticas, documentadas por el propio museo:

  • Juguetes mecánicos, articulados en torno a los sistemas de accionamiento —cuerda, resorte, fricción e inercia—, que las cartelas consignan expresamente pieza a pieza.
  • Teatrinos impresos, teatros de papel para montar, con las ediciones de Paluzie y Seix Barral.
  • Muñecas y figuras de cartón, con presencia específica de las «pepas» catalanas.
  • Recortables y papel.
  • Mobiliario y utensilios escolares del periodo 1920-1950.
  • Juegos relacionados con el cine y sus antecedentes, familia que agrupa los dispositivos de óptica recreativa y de imagen en movimiento previos al cinematógrafo y los juguetes derivados de él. Es la sección menos previsible del museo y la que más lo aleja del formato de exposición de coleccionista.
  • Tebeos y literatura juvenil de los años cincuenta.

El espacio recreado de mayor desarrollo es el aula escolar, montada en uno de los ángulos de la planta superior. Reúne pupitre corrido de madera con banco y tablero inclinado, encerado mural de gran formato, mapa escolar de España, pizarrines individuales, cartilla y libros de texto, tintero, cartera de cuero y material de dibujo. El mapa expuesto responde a la división provincial anterior a la organización autonómica, con las regiones históricas rotuladas, lo que lo sitúa cronológicamente antes de 1978 y constituye en sí mismo un elemento de datación del conjunto.

La documentación periodística añade una sección de alfarería española, con cántaros y botijos de alfares regionales, presentados en la planta baja sobre un lecho de grava en cajón de madera. Debe señalarse que esta sección no figura en la relación de fondos publicada por el propio museo, pese a estar montada y rotulada; la discrepancia queda consignada.

Completan el montaje diversos elementos de gran formato dispuestos fuera de vitrina, entre ellos dos cabezudos sobre el remate de las vitrinas y un buzón de Reyes en forma de busto del rey Melchor, ejecutado en cartón piedra y fechado por su cartela en los años cuarenta.

El fondo documental y el criterio de catalogación

Un aspecto singular del centro, y el que técnicamente lo separa de una simple exhibición de colección, es que incorpora un fondo documental de referencia junto a las piezas. El propio museo lo declara en estos términos: «amplia biblioteca, fotografías, catálogos y cartelería».

Ese fondo tiene una consecuencia directa y comprobable en el montaje. Las cartelas de las piezas no se limitan a nombrar el objeto: consignan de forma sistemática denominación, fabricante, país, año, técnica y mecanismo —por ejemplo, «hojalata litografiada y cuerda» o «hojalata pintada sin resorte»— y, de manera muy significativa, el número que la pieza ocupaba en el catálogo histórico del fabricante.

Esa referencia de catálogo solo puede establecerse si se dispone de los catálogos comerciales originales, y constituye por tanto la evidencia material de que el fondo documental está en uso y no es un complemento decorativo. Desde el punto de vista museológico es un criterio de catalogación notablemente exigente para un centro de esta escala: permite identificar el modelo exacto, situarlo en la serie de producción de su fabricante y datarlo con precisión.

El mismo aparato de cartelas resuelve además con transparencia una cuestión delicada en los museos del juguete: la distinción entre pieza original y reedición. Diversas cartelas identifican expresamente el objeto como reproducción, indicando el año del modelo original y su número de catálogo. La práctica de reeditar modelos clásicos a partir de troqueles y catálogos históricos es propia de la industria juguetera de hojalata, y declararla en la cartela es la conducta correcta, no habitual en todos los centros de este tipo.

No consta si el museo dispone de inventario normalizado ni de plan museológico, extremos que la legislación autonómica exige y que se desarrollan en el apartado siguiente.

Marco normativo, régimen de acceso y estado de la documentación

La norma de referencia en la materia es la Ley 2/2014, de 28 de marzo, de Centros Museísticos de Castilla y León, que en su artículo 5.1 distingue tres categorías de centro museístico:

  • Museos (artículo 6), que deben acreditar colección estable, inmueble permanente accesible, inventario, plan museológico, director y personal técnico, presupuesto suficiente, exposición permanente ordenada, horario estable y accesibilidad de los fondos para la investigación.
  • Colecciones museográficas (artículo 7), con requisitos análogos pero atenuados: colección suficiente, inventario, plan museológico, administrador y personal técnico, presupuesto adecuado, exposición permanente y horario estable.
  • Centros de interpretación del patrimonio cultural (artículo 8).

La misma ley crea, en su artículo 20, el Directorio de Centros Museísticos de Castilla y León, registro público de carácter administrativo en el que se inscriben los centros incluidos en su ámbito de aplicación. La inscripción no es un mero trámite: comporta promoción y difusión oficial, acceso a las líneas de financiación autonómica, participación en las redes de colaboración y derecho al uso de los signos identificativos de la Red.

Debe consignarse con precisión el límite de esta comprobación: no se ha verificado si el Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado figura inscrito en el Directorio, ni bajo qué categoría. Esta ficha no afirma ni niega su inscripción. Dada la reciente apertura del centro —mayo de 2026—, es razonable que el procedimiento se encuentre en curso. La distinción, sin embargo, no es irrelevante: determina la denominación legalmente correcta del equipamiento y su acceso a la financiación pública autonómica.

En cuanto al régimen de acceso, el centro es de titularidad privada y gestión asociativa, sin que conste dotación de personal permanente. Dispone de web propia y presencia en redes sociales como canales de información y contacto. La ficha no consigna horarios ni tarifas por corresponder a la información práctica, gestionada aparte y sujeta a variación.

El balance documental del centro es, para su antigüedad, notablemente bueno en lo relativo al inmueble —del que se conocen solar de partida, superficie construida, tipología de planta y desglose de superficies útiles— y deficiente en lo relativo a la colección y a la institución: faltan el número de piezas, el inventario, el plan museológico, la fecha de constitución y los estatutos de la asociación, el instrumento jurídico de cesión de los fondos, la autoría del proyecto arquitectónico y museográfico y cualquier dato de financiación. Todos ellos son datos que el propio centro puede facilitar, y su incorporación completaría esta ficha sin necesidad de investigación externa.

Características

  • Accesible

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Apertura de Museo del Juguete - Barbadillo del Mercado 2026

Apertura de Museo del Juguete - Barbadillo del Mercado 2026

Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado

Museo del Juguete de Barbadillo del Mercado

Sala abuhardillada con vigas de madera y vitrinas del Museo del Juguete en Barbadillo del Mercado

Sala abuhardillada con vigas de madera y vitrinas del Museo del Juguete en Barbadillo del Mercado

Exposición de juguetes antiguos bajo la escalera y cántaros de barro en el Museo del Juguete

Exposición de juguetes antiguos bajo la escalera y cántaros de barro en el Museo del Juguete

Vitrina con coches, trenes y figuras de hojalata clásica en el Museo del Juguete de Barbadillo

Vitrina con coches, trenes y figuras de hojalata clásica en el Museo del Juguete de Barbadillo

Recreación de un aula escolar antigua con pupitre, mapa y pizarra en el Museo del Juguete

Recreación de un aula escolar antigua con pupitre, mapa y pizarra en el Museo del Juguete

Buzón de Rey Mago y coches de carreras clásicos en vitrina del Museo del Juguete de Barbadillo

Buzón de Rey Mago y coches de carreras clásicos en vitrina del Museo del Juguete de Barbadillo

Colección de vehículos a escala y juegos de construcción en vitrina del Museo del Juguete

Colección de vehículos a escala y juegos de construcción en vitrina del Museo del Juguete

Mural exterior en esquina con ilustraciones de niños jugando en el Museo del Juguete de Barbadillo

Mural exterior en esquina con ilustraciones de niños jugando en el Museo del Juguete de Barbadillo

Mural exterior del Museo del Juguete que representa a un niño sonriente sosteniendo un avión de juguete

Mural exterior del Museo del Juguete que representa a un niño sonriente sosteniendo un avión de juguete

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