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Iglesia de la Santísima Trinidad
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Iglesia de la Santísima Trinidad

Es la iglesia de un convento que ya no existe. Los dominicos la terminaron en 1597, el Estado se la quedó en el siglo XIX y el pueblo la ha rescatado dos veces desde entonces. Hoy sigue en pie, con su fachada de arenisca rematada por bolas y espadaña, pegada al viejo edificio conventual reconvertido en casa. Es el segundo templo de Barbadillo del Mercado, y el que guarda la historia más movida de los dos.

Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?

Desde fuera parece una iglesia de pueblo más. No lo es, y estos cinco detalles lo explican:

  • La fachada renacentista: hastial de perfil mixtilíneo rematado por bolas de piedra —el gusto herreriano de finales del XVI—, con un óculo centrado, una espadaña de dos vanos coronada por cruz y, casi siempre, un nido de cigüeña encima.
  • Las bóvedas de crucería con terceletes: la nave se cubre en tres tramos con nervaduras estrelladas. Es herencia del gótico tardío en un edificio de 1597, y esa contradicción entre la fecha y la técnica es lo más interesante del interior.
  • El coro de madera sobre dos columnas de piedra: elevado sobre la entrada y sostenido por un par de fustes exentos. Sencillo, pero es la pieza que ordena todo el espacio al entrar.
  • La piedra, con origen conocido: la sillería de arenisca vino de las canteras de Contreras y Pinilla de los Moros. Es raro tener localizada la cantera de un edificio de pueblo, y aquí se sabe.
  • La casa-convento adosada: el volumen encalado que ves a la izquierda, con su gran arco de medio punto, formaba parte del conjunto dominico. Es lo que queda del convento, hoy transformado en vivienda.

Y un detalle sin resolver: sobre la puerta hay tres medallones labrados y una placa de piedra lisa cuya lectura no está publicada en ninguna parte. Si te acercas, míralos con calma.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la Iglesia de la Santísima Trinidad de Barbadillo del Mercado?

Por fuera, diez minutos. Es un edificio que se ve entero desde la calle, y lo que hay que mirar —la fachada, la espadaña, los medallones y el arranque de la casa-convento— está todo a la vista.

Por dentro, veinte minutos bien empleados: las tres bóvedas, el coro sobre sus columnas y el ábside recto con la sacristía adosada. No es una iglesia grande, pero es amplia y luminosa, y se agradece después de la penumbra de otros templos rurales.

¿Qué curiosidad esconde la Iglesia de la Santísima Trinidad de Barbadillo del Mercado?

Que este pueblo ha salvado su iglesia dos veces, con un siglo de diferencia.

Empecemos por el principio. La levantaron los dominicos a finales del siglo XVI, con las obras terminadas en 1597, gracias a donaciones y patrocinios locales: aparecen documentados Bartolomé Gumiel, vicario y donante, y el matrimonio de Juan Marañón Gumiel e Isabel de Salinas como patrocinadores.

El convento nunca fue grande. A mediados del siglo XVIII lo habitaban cinco religiosos de misa y un lego. Seis personas. Esa es la escala real de la comunidad que sostenía todo esto.

Llegó el siglo XIX y con él la desamortización de Mendizábal: el convento fue incautado, los bienes se vendieron y la iglesia quedó fuera de uso. Ahí podría haber terminado la historia, como terminó la de tantos conventos rurales. Pero no: la parroquia acabó recuperando los bienes exclaustrados y el 9 de noviembre de 1898 el templo se restauró y volvió a abrirse al culto.

Y en los años noventa del siglo XX volvió a hacer falta. Esta vez fue la Asociación Cultural del pueblo la que puso en marcha el proyecto de recuperación, y la restauración se dio por terminada con una inauguración el 13 de agosto del año 2000.

Un convento de seis frailes, dos desamortizaciones de por medio y dos rescates vecinales: eso es lo que sostiene la piedra que estás mirando.

¿Por qué la Iglesia de la Santísima Trinidad de Barbadillo del Mercado es también la del Rosario?

Porque cambió de titular por el camino, y las dos denominaciones han seguido conviviendo.

Nació como iglesia conventual dedicada a la Santísima Trinidad, y con ese nombre figura en toda la documentación histórica y en la señalización. Pero cuando se reabrió al culto en 1898 no lo hizo con la advocación original: se reabrió bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad.

Así que, según a quién preguntes en el pueblo, te dirán «la Trinidad» o «la del Rosario». Es el mismo edificio. Y el cambio no fue caprichoso: adoptar a la patrona del pueblo era la manera de convertir un templo de frailes desaparecidos en un templo de todos.

¿Qué diferencia hay entre la Iglesia de la Santísima Trinidad y la de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado?

Es la confusión más habitual aquí, porque un pueblo de este tamaño con dos iglesias grandes de piedra desconcierta a cualquiera.

San Pedro Apóstol es la parroquial: tardogótica, de tres naves, con torre de tres cuerpos, portada-retablo y siete retablos dentro. Preside la plaza.

La Trinidad es la conventual: renacentista, de una sola nave, sin torre —tiene espadaña— y con la casa-convento pegada al costado. Está a unos ciento sesenta metros, calle abajo.

La regla infalible para no equivocarte: si tiene torre, es San Pedro; si tiene espadaña, es la Trinidad. Y si la piedra es de tono rojizo uniforme y la fachada acaba en bolas, estás en la Trinidad.

¿Cuándo se puede encontrar abierta la Iglesia de la Santísima Trinidad de Barbadillo del Mercado?

Como casi todos los templos rurales, lo habitual es encontrarla cerrada. No es un edificio musealizado ni tiene régimen de visita turística.

Ahora bien, hay un momento del año en que este templo concreto es el centro absoluto del pueblo: las Fiestas Mayores de la Virgen del Rosario, que Barbadillo celebra en torno al primer fin de semana de octubre. Es la fiesta de la patrona, y la patrona es precisamente la titular de esta iglesia desde 1898. Si quieres verla viva y llena, ese es el momento.

El resto del año, la vía es la de siempre: preguntar en el Ayuntamiento o en el pueblo. Y si no hay suerte, la fachada y la casa-convento se ven perfectamente desde la calle.

Características

  • Gratuito

Enlaces

  • Mapa IGNInstituto Geográfico Nacional
    Nombre oficial a buscar: Iglesia de la Santísima Trinidad
  • Iglesia de la Santísima Trinidad

La Iglesia de la Santísima Trinidad de Barbadillo del Mercado es la antigua iglesia conventual de una fundación dominica de finales del siglo XVI, construida en sillería de arenisca y concluida en 1597. Responde a planta de nave única dividida en tres tramos, cubiertos con bóvedas de crucería de terceletes de herencia tardogótica, con ábside recto, sacristía rectangular adosada y coro elevado de madera sobre la entrada. Su estilo se clasifica como renacentista. Incautada durante la desamortización de Mendizábal, fue restaurada y reabierta al culto el 9 de noviembre de 1898 bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad, y objeto de una segunda restauración concluida en el año 2000. Conserva adosada al oeste la antigua casa-convento.

Fundación dominica y patronazgo local

En los últimos años del siglo XVI la Orden de Predicadores levantó en Barbadillo del Mercado un conjunto de edificios religiosos formado por la casa-convento, diversas dependencias y la iglesia conventual, esta última dedicada a la Santísima Trinidad. Las obras concluyeron en 1597, fecha documentada.

El rasgo institucional más relevante de esta fundación es que no procede de un patronazgo regio ni de una gran casa nobiliaria, sino de la financiación de vecinos y clérigos locales. La documentación municipal identifica a los promotores con precisión:

  • Bartolomé Gumiel, vicario, que donó la casa situada en el emplazamiento sobre el que se levantó el conjunto.
  • Juan Marañón Gumiel y su esposa Isabel de Salinas, que actuaron como patrocinadores de la obra.

La coincidencia del apellido Gumiel entre el vicario donante del suelo y uno de los patrocinadores apunta a una operación de patronazgo familiar, fórmula habitual en las fundaciones conventuales de la época, en las que una parentela costeaba la obra a cambio de prestigio, sepultura y memoria litúrgica. No se ha localizado el contrato fundacional ni las capitulaciones que regularon esas contrapartidas, documentación que habitualmente se conserva en protocolos notariales.

Tampoco consta el nombre del arquitecto ni del maestro de obras responsable de la fábrica de 1597, ausencia que en la arquitectura conventual rural castellana es la norma más que la excepción.

La comunidad, la desamortización y la vuelta al culto

El convento fue, en todo momento, una casa de dimensiones muy reducidas. El dato más elocuente corresponde a mediados del siglo XVIII, cuando se documenta su ocupación por cinco religiosos de misa y un lego: seis personas en total. Esa cifra permite dimensionar correctamente el conjunto y explica que la iglesia se resolviera con una nave única y sin desarrollo claustral monumental.

El proceso desamortizador impulsado por Juan Álvarez Mendizábal a partir de 1835 puso fin a la comunidad. La documentación municipal precisa el alcance de la medida: fueron incautados la casa-convento y la iglesia, incluidos los retablos. Los bienes se pusieron en venta y el conjunto quedó fuera de uso litúrgico.

La recuperación se produjo por la vía patrimonial: la parroquia acabó adquiriendo los bienes exclaustrados. Con ellos en su poder pudo abordarse la rehabilitación del templo, que culminó en 1898: ese año se restauró la iglesia y se reabrió al culto el 9 de noviembre.

La reapertura llevó aparejado un cambio de titularidad devocional de considerable calado. El templo no volvió al culto bajo su advocación original de la Santísima Trinidad, sino bajo la de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad. La sustitución es coherente con la desaparición de la comunidad que había dado nombre al edificio: la advocación trinitaria era la del convento, y la del Rosario es la del pueblo. Como consecuencia, el inmueble arrastra desde entonces una doble denominación —«la Trinidad» en la documentación histórica y la señalización, «la del Rosario» en el uso local— que designa un mismo edificio.

Conviene precisar que las fuentes municipales describen la operación de 1898 como una reapertura al culto, no como una transferencia de la condición parroquial. La parroquia de Barbadillo del Mercado figura en el listado de la Archidiócesis de Burgos bajo la advocación de San Pedro Apóstol, correspondiente al otro templo de la localidad.

Estructura, sistema de cubiertas y materiales

El templo responde a planta de nave única, calificada en la bibliografía como amplia y luminosa, dividida en tres tramos. Cada uno de ellos se cubre con bóveda de crucería con arcos terceletes. La cabecera es de testero recto, sin ábside curvo ni poligonal, y lleva adosada una sacristía de planta rectangular. Sobre la puerta de entrada se dispone un coro elevado de madera, sostenido por dos columnas de piedra.

Esta disposición no es casual: responde con exactitud al modelo de iglesia de orden predicadora. Una nave única, ancha y sin naves laterales que interpongan soportes, garantiza que toda la asamblea vea y oiga al predicador; el coro elevado a los pies libera el suelo de la nave y reserva a la comunidad un espacio propio sin fragmentar el volumen. Para una orden cuyo cometido fundacional es la predicación, la nave única es una decisión funcional antes que estética.

El aspecto técnicamente más notable del edificio es, sin embargo, la contradicción entre su fecha y su sistema de cubiertas. La crucería con terceletes es un recurso bajomedieval: para 1597 llevaba más de un siglo plenamente desarrollado y en los grandes focos peninsulares había sido desplazado por bóvedas de cañón con lunetos y cúpulas de tradición clasicista. La bibliografía califica expresamente estas bóvedas como «de herencia gótica».

El fenómeno es conocido y tiene explicación técnica antes que ideológica. En la arquitectura religiosa rural castellana, el gótico tardío pervivió como sistema constructivo mucho después de que el Renacimiento se hubiera impuesto en el repertorio decorativo. Las razones son prácticas: los talleres de cantería locales dominaban el trazado y el montaje de la crucería, disponían de las plantillas y de la experiencia de obra, y la nervadura permite construir con piezas de menor tamaño y con cimbras más ligeras que una bóveda de cañón continua. El resultado, visible aquí, es un edificio renacentista en su concepción y en su fachada, y tardogótico en su techo.

La fábrica es de sillería de arenisca. La documentación consultada aporta un dato infrecuente en edificios de esta escala: la identificación de la procedencia de la piedra, extraída de las canteras de Contreras y de Pinilla de los Moros, ambas localidades del entorno comarcal. Que se conozca la cantera de origen de una iglesia rural es excepcional, y permitiría en su caso caracterizar petrográficamente el material y orientar cualquier reposición futura con piedra compatible, cuestión determinante en restauración.

No se ha localizado ninguna dimensión publicada del edificio: ni longitud de la nave, ni anchura, ni altura de bóvedas, ni superficie en planta, ni altura de la espadaña. Tampoco consta planimetría accesible, pese a que las intervenciones de los años noventa y de 2000 hubieron de generarla.

El exterior: hastial, espadaña y portada

El frente principal se organiza como un hastial de perfil mixtilíneo, con los hombros resueltos en curva y rematado por bolas de piedra sobre pedestal en los ángulos y en los quiebros del perfil. Este recurso ornamental —las llamadas bolas herrerianas o escurialenses— es característico de la arquitectura española del último tercio del siglo XVI y resulta plenamente coherente con la fecha de 1597.

Sobre el vértice del hastial se alza una espadaña de dos vanos de medio punto, con bolas en los extremos del cuerpo inferior, un cuerpo superior de un solo vano y cruz de piedra como remate. Conserva campana en uno de los vanos. La espadaña, y no la torre, es la solución campanaria propia de una iglesia conventual de esta escala, y constituye el criterio visual más rápido para distinguir este templo del parroquial de San Pedro Apóstol, dotado de torre de tres cuerpos.

El eje del hastial reúne, de arriba abajo, un óculo circular con moldura, una placa rectangular de piedra y tres medallones labrados dispuestos en horizontal sobre la puerta. No se ha localizado ninguna lectura publicada de esos medallones ni de la placa: se desconoce si contienen emblemas de la orden dominica, armas de los patrocinadores, una inscripción fundacional erosionada o un cuadrante solar. Su documentación fotográfica con luz rasante y, en su caso, su lectura epigráfica, es la laguna más inmediata y más fácil de resolver de esta ficha.

La portada es adintelada, de gran sobriedad, con enmarque de sillería y puerta de madera con cuarterones, precedida por un pequeño zócalo de losas. La ausencia de portada-retablo, columnas u hornacinas contrasta con la del templo parroquial y es coherente con la austeridad ornamental de la fundación.

Adosada al costado occidental se conserva la antigua casa-convento, hoy de uso residencial privado. Se trata de un inmueble de dos alturas, con muros revocados y encalados y vanos enmarcados en sillería de arenisca, entre ellos un acceso en arco de medio punto de dovelas. Por su condición de propiedad privada habitada, esta ficha no describe su distribución interior ni sus accesos, y se limita a consignar su pertenencia histórica al conjunto dominico.

La recuperación vecinal y la restauración de 2000

Tras la rehabilitación de 1898, el edificio volvió a requerir intervención un siglo después. El proceso se inició en los años noventa del siglo XX con un proyecto de recuperación impulsado por la Asociación Cultural de la localidad, y concluyó con la finalización de la restauración y su inauguración el 13 de agosto del año 2000.

El dato relevante en términos de gestión patrimonial es el origen de la iniciativa: no se trata de una actuación promovida por la administración autonómica ni por la propiedad eclesiástica, sino de un proyecto de impulso vecinal y asociativo. En el contexto del patrimonio rural burgalés, esa vía —una asociación cultural local que asume la iniciativa de recuperar un edificio— explica la conservación de un número considerable de inmuebles que no habrían alcanzado por sí solos las prioridades de un plan de intervención.

No obstante, el alcance técnico de esta restauración no está documentado en las fuentes consultadas. Se desconocen el proyecto, el arquitecto redactor, el presupuesto, las entidades cofinanciadoras y las partidas ejecutadas —cubierta, consolidación de bóvedas, saneamiento de humedades, recuperación de retablos o pavimentos—. El Ayuntamiento de Barbadillo del Mercado y la propia asociación promotora son las vías directas para recuperar esa información, que probablemente exista en forma de memoria o de expediente.

En cuanto a los retablos, la documentación municipal acredita que fueron incautados junto con el inmueble durante la desamortización y que la parroquia adquirió posteriormente los bienes exclaustrados. No se ha localizado, sin embargo, ningún inventario del mobiliario litúrgico actual: no constan el número de retablos conservados, sus advocaciones, su cronología ni su autoría, ni se ha publicado estudio alguno sobre las imágenes del templo.

Titularidad, protección y estado de la documentación

El templo es propiedad de la Iglesia católica y se encuentra integrado en la Archidiócesis de Burgos. Su uso es de culto ocasional, vinculado de manera señalada a las Fiestas Mayores de la Virgen del Rosario, que la localidad celebra en torno al primer fin de semana de octubre y que corresponden a la advocación titular del edificio desde 1898.

En materia de protección debe deslindarse con cuidado lo verificado de lo que no lo está. Una de las fichas de catalogación consultadas asocia el inmueble a la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Conviene subrayar que esa referencia corresponde al marco normativo general del patrimonio histórico y no constituye por sí misma una declaración individualizada de Bien de Interés Cultural. Esta ficha no afirma que la Iglesia de la Santísima Trinidad cuente con declaración BIC. Le resulta aplicable, además, la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León. La consulta al registro de bienes culturales de la Junta de Castilla y León resolvería si existe expediente o inscripción específica.

El balance documental de este edificio es, en conjunto, uno de los mejores del municipio en lo histórico y uno de los más pobres en lo material. Se conocen con precisión la orden fundadora, los nombres de los promotores, la fecha de conclusión de las obras, el tamaño exacto de la comunidad en el siglo XVIII, el destino del conjunto en la desamortización, el día concreto de la reapertura de 1898, la procedencia de la piedra y la fecha de inauguración de la restauración de 2000. En cambio, no consta ninguna dimensión, ninguna autoría, ningún inventario de retablos y ninguna descripción técnica de las dos restauraciones. Las vías para cubrir esas lagunas son el archivo parroquial, los protocolos notariales en lo relativo a la fundación y el patronazgo, y el Ayuntamiento y la Asociación Cultural en lo relativo a la intervención de 2000.

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Fachada de sillería con espadaña y nido de cigüeña de la iglesia de la Trinidad en Barbadillo

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Iglesia de la Trinidad y casa anexa bajo cielo despejado en Barbadillo del Mercado

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