

Valorar Crucero de la Plaza Generalísimo
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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónCrucero de la Plaza Generalísimo
Es una cruz de piedra plantada al pie de la iglesia, sobre tres peldaños y un ruedo de sillares que la separa del pavimento moderno. No tiene cartel, ni verja, ni nadie que te la explique: lleva ahí tanto tiempo que el pueblo ya la mira como se mira una farola. Y sin embargo es, junto al rollo, una de las dos piezas de piedra exenta que quedan en el casco urbano de Barbadillo del Mercado, y las dos cuentan cosas distintas del mismo pueblo.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Crucero de la Plaza Generalísimo?
Dos minutos, y siendo sinceros. No es una visita: es una parada dentro de otra. Lo lógico es que llegues aquí caminando alrededor de la iglesia, le des una vuelta completa —merece la pena, porque el fuste no se ve igual desde los cuatro lados— y sigas hacia la plaza.
Ahora bien, si lo encadenas con lo que hay a menos de cien metros, la cosa cambia: el crucero, la mole de piedra de la iglesia y el rollo jurisdiccional están todos en el mismo puñado de calles, y verlos seguidos sí que da para un buen rato de paseo con sentido.
¿Qué se conserva exactamente del Crucero de la Plaza Generalísimo?
La pieza está completa y en pie, que en esta familia de monumentos no es poca cosa. De abajo arriba se distinguen sin esfuerzo:
- Un ruedo circular de sillares embutido en el hormigón de la plaza, que delimita la pieza y la protege de los coches.
- Una grada de peldaños cuadrados superpuestos en retranqueo, muy erosionada y con hierba creciendo en las juntas.
- Un fuste monolítico de sección cuadrada, sobrio, sin acanalar y sin inscripción visible.
- Una cruz sencilla de brazos cortos rematando el conjunto, tan desgastada por la intemperie que las aristas se han redondeado.
Lo que no hay es igual de revelador: ni escudo, ni fecha grabada, ni relieves, ni imagen alguna en el cruce de brazos. Es una cruz austera, y esa austeridad es justamente lo que hace tan difícil ponerle una fecha.
¿Qué diferencia hay entre el Crucero de la Plaza Generalísimo y el rollo jurisdiccional de Barbadillo del Mercado?
Esta es la duda de verdad de quien llega al pueblo, porque son dos columnas de piedra sobre peldaños separadas por sesenta metros escasos. Y no tienen nada que ver.
El rollo es un monumento civil: se levantó en 1759 para proclamar que Barbadillo había comprado su independencia jurisdiccional, y sirvió también de picota. Se reconoce enseguida porque su fuste es acanalado y de dos tambores, y remata en pirámide con bola, nunca en cruz.
Este crucero es un monumento religioso: fuste liso de sección cuadrada y cruz en lo alto. Ni proclamaba jurisdicciones ni sujetó jamás a ningún condenado.
Regla rápida sobre el terreno: si acaba en cruz, es el crucero; si acaba en pirámide, es el rollo. Y si te fijas en la junta horizontal del fuste, esa solo la tiene el rollo.
¿Qué curiosidad esconde el Crucero de la Plaza Generalísimo?
La curiosidad es que estas cruces de piedra están protegidas por una norma estatal escrita expresamente para ellas, y muy poca gente lo sabe. Es un decreto de marzo de 1963 que ampara escudos, piedras heráldicas, rollos de justicia y cruces de término: es decir, la misma norma cubre al crucero y al rollo de Barbadillo, dos piezas que no se parecen en nada pero que comparten un destino común —el de ser derribadas, trasladadas o vendidas sin que nadie se enterase—, y por eso el Estado las metió a todas en el mismo saco.
Y hay una segunda curiosidad, esta de las que se cuentan poco: en la mayoría de los pueblos de Castilla el cementerio estuvo pegado a la iglesia hasta finales del siglo XVIII, cuando se ordenó sacarlo del casco urbano por razones de salubridad. Muchas de las cruces de piedra que hoy vemos plantadas junto a un templo, en mitad de un suelo pavimentado, están donde están porque presidían aquel camposanto parroquial que ya nadie recuerda. Es el origen habitual de estas piezas; en el caso concreto de Barbadillo no consta documentado, pero explica por qué una cruz aparece exactamente ahí y no cincuenta metros más allá.
De hecho, lo más llamativo de este crucero es el silencio que lo rodea: no aparece citado ni en la relación de lugares de interés del propio Ayuntamiento, ni en el catálogo del románico burgalés, ni en las guías de la comarca. Está a la vista de todo el mundo y no lo ha inventariado nadie.
Características
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