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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónIglesia de San Pedro Apóstol
Es la pieza mayor de Barbadillo del Mercado y se nota nada más doblar la esquina: una mole de arenisca dorada con una torre de tres cuerpos rematada por cuatro pináculos y, casi siempre, un par de cigüeñas montando guardia. Por fuera promete gótico; por dentro te recibe un bosque de bóvedas de crucería estrelladas y siete retablos dorados. Y en un rincón discreto, a los pies, guarda la pieza más vieja del pueblo.
Lo imprescindible: ¿Qué no te puedes perder?
Cinco cosas concretas que justifican la parada, de la más evidente a la más escondida:
- La portada-retablo: columnas, hornacinas con santos y, coronándolo todo, San Pedro con la tiara y las llaves. Es una portada labrada como si fuera un retablo de piedra, en la tradición burgalesa del siglo XVII que también encontrarás en Lerma y en San Salvador de Oña.
- La pila bautismal románica: arenisca tosca, copa decorada con gallones sobre pie cilíndrico, 109 centímetros de diámetro y 98 de altura. Es la única pieza románica de toda la iglesia, y está a los pies del templo.
- Las bóvedas de crucería de terceletes: la iglesia es de planta de salón, con las tres naves comunicadas por arcos apuntados y las nervaduras dibujando estrellas sobre tu cabeza. Levanta la vista y no la bajes en un rato.
- Los siete retablos renacentistas y barrocos: el mayor, dorado y con columnas salomónicas envueltas en racimos, preside la cabecera. A los lados quedan los de San Nicolás, las Ánimas, San Juan, San Antonio, el Cristo de la Trinidad y Nuestra Señora.
- El coro de madera de pino: sustituyó a un coro de piedra anterior y está trabajado con dibujos geométricos y formas estrelladas. Desde ahí arriba se tiene, además, la mejor vista del interior.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar la Iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado?
Media hora larga si consigues entrar; diez minutos si te quedas fuera, y conviene decirlo así de claro porque las dos situaciones son habituales.
Por fuera, dale la vuelta completa: la portada en el costado, la cabecera cuadrangular al otro extremo y la torre a los pies, con el crucero de piedra delante. Son cinco o diez minutos bien empleados.
Por dentro, calcula veinte o treinta minutos: las bóvedas piden un rato, los siete retablos otro, y la pila bautismal merece que te agaches a mirarla de cerca en vez de pasarla de largo camino del altar.
¿Qué curiosidad esconde la Iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado?
La mejor historia de esta iglesia es la de una pila bautismal que no encaja.
La fábrica que ves es tardogótica, con añadidos de los siglos XVI y XVII —la portada, la torre, el coro y la sacristía—. Nada en el edificio es románico. Nada, salvo la pila: una copa de arenisca con gallones que es al menos tres siglos más antigua que los muros que la rodean.
Es decir, que hubo algo antes. Un templo anterior del que no queda ni una piedra en pie y del que solo sobrevivió el objeto que la comunidad no estaba dispuesta a tirar: la pila en la que se bautizaba a sus hijos. Cuando levantaron la iglesia nueva, se llevaron la pila vieja con ellos. Esa es toda la memoria de la iglesia perdida de Barbadillo, y cabe en un metro de piedra.
Y ya que hablamos de antigüedades: la primera vez que Barbadillo aparece por escrito es en el año 923, cuando la condesa Momadona entrega un molino «in Barbatello» al monasterio de Santa María de Lara. Mil cien años de documentación, y el pueblo asoma a la historia no por una iglesia ni por un castillo, sino por un molino.
¿Se puede entrar en la Iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado?
Sí, pero no des por hecho que la vas a encontrar abierta. Es un templo parroquial en uso, no un museo, y como en casi todos los pueblos de la Sierra de la Demanda las puertas se abren en torno a los oficios y permanecen cerradas el resto del tiempo.
Lo que funciona es lo de siempre: preguntar en el pueblo. En el Ayuntamiento o en el bar te dirán quién tiene la llave y si ese día hay alguien. Si vienes en fiestas, con la iglesia a pleno rendimiento, el problema desaparece solo.
Y si te toca cerrada, no te vayas de vacío: la portada, la torre y el crucero están al aire libre y son buena parte del interés del conjunto.
¿Qué diferencia hay entre la Iglesia de San Pedro Apóstol y la iglesia de la Trinidad de Barbadillo del Mercado?
Es la confusión clásica aquí, porque Barbadillo tiene dos iglesias grandes de piedra en un casco urbano pequeño, y desde fuera cualquiera diría que sobra una.
San Pedro Apóstol es la parroquial histórica: la tardogótica de tres naves, la de la torre con pináculos, la que preside la plaza. La que estás viendo.
La Trinidad es otra cosa: nació como iglesia conventual de los dominicos y se terminó en 1597. Tras las desamortizaciones del siglo XIX el convento fue incautado y vendido, y el templo quedó fuera de uso hasta que en 1898 se restauró y se reabrió al culto bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad.
Resumiendo: una es la iglesia del pueblo desde siempre y la otra es la iglesia de un convento que ya no existe. Ver una y saltarse la otra es dejarse media historia.
¿Cuál es el mejor momento para visitar la Iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado?
Para fotografiar la portada, la tarde. El costado donde se abre mira al sur y recibe sol prácticamente todo el día, pero es a última hora cuando la luz se vuelve cálida y saca el tono anaranjado de la arenisca y el relieve de las hornacinas. Al caer el sol, además, la cara de la torre que da al crucero se lleva los últimos rayos: es el momento bueno para esa foto.
Y hay un detalle estacional que aquí sí cuenta: las cigüeñas anidan en los pináculos de la torre. Los nidos están ahí todo el año, pero del final del invierno al verano es cuando verás las aves ocupándolos, oirás el crotoreo desde la plaza y tendrás la estampa completa: torre de arenisca, cielo azul y cigüeña encima.
Características
- Accesible
- Gratuito
Enlaces
- Mapa IGNInstituto Geográfico Nacional
Nombre oficial a buscar: Iglesia de San Pedro Apóstol - Iglesia de San Pedro Apóstol
La iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado es un templo parroquial de fábrica tardogótica, levantado en sillería de arenisca sobre planta rectangular de tres naves de tipo salón, cabecera saliente cuadrangular y torre incorporada a los pies, cubierto con bóvedas de crucería de terceletes. Entre las décadas finales del siglo XVI y el siglo XVII recibió una campaña de obras que le añadió la portada, la torre, el coro y la sacristía, responsable de su imagen exterior actual. Conserva un conjunto de siete retablos renacentistas y barrocos y, a los pies, una pila bautismal románica que constituye el único elemento de esa época en todo el edificio. Está considerado el monumento más relevante del municipio.
Historia y cronología
La referencia documental más antigua conocida del lugar es del año 923, cuando la condesa Momadona entrega un molino «in Barbatello» al monasterio de Santa María de Lara. Es un dato sobre la localidad, no sobre el templo: no acredita la existencia de una iglesia en esa fecha, y conviene manejarlo con esa precisión.
La fábrica que hoy se conserva pertenece al gótico tardío. La bibliografía la sitúa «entre los trabajos que se pueden denominar tardogóticos», sin precisar más, y esa imprecisión debe respetarse: no consta fecha documentada de inicio ni de conclusión de las obras, ni el nombre del promotor, ni el del maestro cantero responsable. Los criterios que sostienen la datación son estrictamente formales —el tipo de planta, los arcos formeros apuntados y el diseño de las bóvedas—, no documentales.
La segunda gran campaña constructiva se desarrolla en las décadas finales del siglo XVI y a lo largo del XVII, y es la que transforma el aspecto del edificio. En ella se añaden cuatro elementos que hoy resultan determinantes:
- La portada, concebida como portada-retablo, en la tradición de este tipo de frentes en la arquitectura burgalesa del siglo XVII.
- La torre, de tres cuerpos, incorporada a los pies del templo.
- El coro, ejecutado en madera de pino, que sustituyó a un coro de piedra anterior.
- La sacristía, situada a la derecha de la nave central y resuelta con una decoración de filiación herreriana.
Esta secuencia —núcleo tardogótico más envoltura de los siglos XVI y XVII— es el hecho constructivo central del edificio y explica que el visitante perciba dos lenguajes distintos según mire el interior o el exterior.
El siglo XVII aporta también un elemento de contexto imprescindible para entender el conjunto religioso de la villa: en 1597 se termina el convento dominico de Barbadillo, con su casa-convento, sus dependencias y su iglesia conventual dedicada a la Santísima Trinidad. A partir de esa fecha y hasta las desamortizaciones decimonónicas, la localidad cuenta con dos templos de piedra de entidad, uno parroquial y otro conventual, circunstancia poco frecuente en un núcleo de este tamaño.
El siglo XVIII deja un hito civil que afecta al entorno inmediato del templo: en 1759 Barbadillo compró al Regimiento de Burgos su autonomía concejil por 40.000 reales y levantó ese mismo año el rollo jurisdiccional en la plaza, frente a la iglesia. El monumento no forma parte de la fábrica del templo, pero es contemporáneo del uso de la plaza como centro cívico y religioso de la villa.
Tras las desamortizaciones del siglo XIX el convento dominico fue incautado y vendido, y su iglesia quedó fuera de uso. En 1898 se restauró y se reabrió al culto, el 9 de noviembre, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad. Debe subrayarse que las fuentes municipales describen esa operación como una reapertura al culto y no como una sustitución de la parroquialidad: San Pedro Apóstol figura como parroquia en el listado de la Archidiócesis de Burgos.
Tipología, estructura y sistema de cubiertas
El templo responde a planta rectangular con cabecera saliente cuadrangular, organizada en tres naves y sin crucero. La nave central se diferencia de las laterales por su mayor anchura y altura, y las tres se comunican mediante arcos formeros apuntados.
La solución responde al modelo de iglesia de salón, característico del gótico tardío castellano: un tipo en el que las tres naves alcanzan alturas próximas y el espacio interior se percibe como un ámbito unitario y diáfano, en lugar de la marcada jerarquía basilical del gótico pleno. La consecuencia práctica es doble: la iluminación se reparte por los muros laterales en vez de concentrarse en un claristorio elevado, y el fiel dispone de visión del altar desde cualquier punto, prioridad de la arquitectura religiosa del momento.
Las cubiertas son bóvedas de crucería de terceletes, salvo en el tramo sobre el que se alza la torre. Los terceletes son nervios secundarios que arrancan de los mismos apoyos que los cruceros y acometen contra la línea de clave, multiplicando los plementos y generando el dibujo estrellado característico. Su función es tanto constructiva como visual: subdividen los paños, reducen la luz que ha de salvar cada tramo de plementería y permiten cubrir superficies mayores con piezas menores, al tiempo que producen el efecto ornamental que domina el interior.
La ausencia de crucero refuerza esa lectura unitaria del espacio y es coherente con el tipo de salón. La cabecera saliente cuadrangular —testero recto, no poligonal ni absidal— es igualmente propia del gótico tardío y del abandono progresivo de las cabeceras curvas.
No consta ninguna dimensión publicada del edificio: ni longitud, ni anchura, ni altura de bóvedas, ni superficie en planta, ni altura de la torre. Tampoco se ha localizado planimetría. La obtención de estos datos requiere levantamiento o consulta de archivo.
La portada-retablo, la torre y el exterior
Exteriormente el edificio presenta, según la descripción municipal, una rica decoración de estilo protobarroco, concentrada en la portada y en el remate de la torre.
La portada sigue la tradición de las portadas-retablo, muy abundantes en la arquitectura burgalesa del siglo XVII, y se emparenta expresamente con ejemplares como los de Lerma y San Salvador de Oña. El tipo consiste en tratar el frente de acceso como si fuera un retablo de piedra: un cuerpo con vano central flanqueado por columnas y hornacinas laterales con imágenes, y sobre él un ático con frontón y una hornacina principal. En este caso el ático aloja una figura de pontifical, con tiara y llaves, identificable con San Pedro, titular del templo. La portada se abre en el costado que mira al mediodía, no en el hastial de los pies, ocupado por la torre.
La torre consta de tres cuerpos con recercos suaves y se remata con cuatro elementos prismáticos de forma piramidal situados en cada ángulo. El cuerpo superior aloja el campanario, con vanos de medio punto, y un reloj en la cara principal. En el cuerpo de campanas se conservan dos campanas de bronce montadas sobre yugos de madera, dotadas de mecanismos de volteo y percusión eléctricos y con el forjado de la sala en madera; no se ha localizado documentación sobre su fundición, sus inscripciones, su fecha ni la de su electrificación, extremos que solo puede resolver una inspección campanera directa.
La fábrica es de sillería de arenisca de tonalidad dorada a rojiza, en aparejo regular con sillares de gran formato, reforzada por contrafuertes en los muros laterales. El templo se rodea de un pretil o murete perimetral de sillería que delimita un atrio elevado sobre la rasante de la calle. En los pináculos de la torre nidifican cigüeñas blancas, presencia estacional visible desde la plaza.
Frente a la torre, sobre un ruedo circular de sillares embutido en el pavimento, se levanta un crucero de piedra que no forma parte de la fábrica del templo y sobre el que no consta documentación.
La pila bautismal románica
La pieza de mayor interés arqueológico del conjunto es la pila bautismal, situada a los pies del templo y catalogada como el único elemento románico de toda la iglesia.
Está labrada en piedra arenisca, de talla tosca, y se compone de basa circular, pie cilíndrico y copa decorada con gallones. Sus dimensiones documentadas son 109 centímetros de diámetro y 98 centímetros de altura. Se data en época románica, probablemente tardía.
El gallonado —decoración a base de gajos verticales convexos que recorren la copa, evocando el despiece de un fruto— es uno de los repertorios más difundidos en la pila bautismal románica del norte peninsular, y su carácter geométrico y repetitivo, ajeno a la figuración, es habitual en talleres rurales y en cronologías avanzadas.
Las dimensiones son coherentes con la práctica del bautismo por inmersión, vigente hasta la generalización de la infusión en época moderna: una copa de 109 centímetros de diámetro está dimensionada para introducir al neófito en el agua, no para verterla sobre su cabeza.
El dato de mayor alcance interpretativo es, sin embargo, la propia descontextualización de la pieza. La bibliografía especializada la trata como elemento aislado y no afirma la existencia de un templo románico anterior en la villa. Una pila de esa cronología dentro de un edificio tardogótico admite varias explicaciones —traslado desde una iglesia precedente hoy desaparecida, procedencia de otro templo del entorno, pervivencia de un mobiliario litúrgico anterior a la fábrica actual— y ninguna de ellas está documentada. La ficha se limita a consignar el hecho: la pieza es al menos tres siglos anterior a los muros que la albergan.
Retablos, coro y mobiliario litúrgico
El templo conserva un destacado conjunto de siete retablos renacentistas y barrocos. Las advocaciones documentadas son las siguientes:
- Altar mayor de San Pedro Apóstol, titular del templo, en la cabecera.
- Altar del Cristo de la Trinidad.
- Altar de Nuestra Señora.
- Retablo de San Nicolás.
- Retablo de las Ánimas.
- Retablo de San Juan.
- Retablo de San Antonio.
El retablo mayor es una máquina dorada de varios cuerpos y calles articulada mediante columnas salomónicas —fustes helicoidales recorridos por decoración vegetal de vides y racimos—, recurso que remite al barroco de la segunda mitad del siglo XVII. Presenta hornacina central con la imagen del titular, hornacinas laterales con figuras de santos, banco con relieves y un cuerpo superior con un grupo escultórico policromado y dorado. No consta la autoría, ni el contrato, ni la fecha de ejecución o de dorado de ninguno de los siete retablos, ni se ha localizado estudio monográfico sobre el conjunto: la única caracterización disponible es la genérica de «renacentistas y barrocos».
El coro es de madera de pino y sustituyó a un coro de piedra anterior, dato relevante porque implica una intervención de sustitución en el interior del templo cuya fecha no está documentada. Está trabajado con dibujos geométricos y formas estrelladas. Se conserva asimismo un púlpito adosado a uno de los pilares del lado del evangelio.
La sacristía, a la derecha de la nave central, sigue una decoración de la línea marcada por Herrera en El Escorial, es decir, de austeridad geométrica y ausencia de ornamento figurativo, coherente con su cronología de finales del siglo XVI o del XVII.
Titularidad, protección patrimonial y estado de la documentación
El inmueble es propiedad de la Iglesia católica y se encuentra en uso como templo parroquial, integrado en la Archidiócesis de Burgos bajo la denominación de Parroquia San Pedro Apóstol. Su condición de edificio de culto activo condiciona el régimen de acceso, que no responde a horarios de visita turística.
En materia de protección debe consignarse con precisión lo que se sabe y lo que no. No se ha verificado que el templo cuente con declaración individualizada como Bien de Interés Cultural, y esta ficha no lo afirma. Le resulta aplicable, con carácter general y como a todo el patrimonio cultural de la comunidad, la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León. La consulta al registro de bienes culturales de la Junta de Castilla y León resolvería si existe expediente o inscripción específica.
Respecto a restauraciones e intervenciones, la situación documental es igualmente pobre: no constan campañas de restauración fechadas, ni entidades promotoras, ni arquitectos responsables, más allá de las dos sustituciones internas ya citadas —el coro de madera que reemplaza al de piedra y la electrificación del volteo de las campanas—, ninguna de las cuales tiene fecha conocida. El estado general observable es de conservación adecuada, con cubierta de teja curva renovada y fábrica sin patologías estructurales aparentes.
En conjunto, el edificio está mucho mejor descrito que documentado. Se conocen con detalle su tipología, su sistema de cubiertas, la filiación de su portada y las advocaciones de sus retablos, pero se carece de fechas de construcción, de nombres de promotores y maestros, de autorías de los retablos, de dimensiones y de historial de intervenciones. Las vías naturales para cubrir esas lagunas son el archivo parroquial —libros de fábrica, que suelen registrar contratos de obra, retablos y dorados— y el Archivo Diocesano de Burgos.
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Iglesia de San Pedro Apóstol

Portada clasicista con hornacinas y crucero de piedra en la iglesia de San Pedro Apóstol de Barbadillo del Mercado

Interior de la iglesia de San Pedro con bóvedas de crucería y retablo mayor barroco al fondo

Torre campanario con reloj y portada clasicista de la iglesia de San Pedro en Barbadillo del Mercado

Campanas de bronce con yugos de madera en el campanario de la iglesia de Barbadillo del Mercado

Fachada principal y torre de la iglesia de San Pedro Apóstol tras el murete de piedra en Barbadillo

Torre de sillería con arco de acceso y crucero de piedra de la iglesia de Barbadillo del Mercado

Vista angular completa de la iglesia de San Pedro Apóstol y su muro perimetral en Barbadillo
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