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Registrarme gratisYa tengo cuenta, iniciar sesiónCapitel de la Puerta de Las Vírgenes
Hay un capitel en la Puerta de las Vírgenes de Silos que esconde uno de los mejores trucos de la escultura románica. Dos hombrecillos arrodillados se inclinan hacia la esquina de la cesta y, cuando te fijas, descubres que no tienen dos cabezas: comparten una sola. Y con las manos se tiran de la barba. Está a la vista de todo el que cruza esa puerta, y no lo ve casi nadie.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
Es un capitel pequeño y hay que mirarlo de cerca. Estas son las cuatro cosas que compensan pararse.
- La cabeza compartida: dos cuerpos arrodillados, uno a cada lado del ángulo, y una única cabeza en el vértice que sirve a los dos. Es el hallazgo de la pieza y lo explicamos entero más abajo.
- El gesto de mesarse la barba: fíjate en las manos. Están agarrando y tirando de la barba, que baja larga y estriada. No es un gesto casual: en el románico significa algo muy concreto.
- El sogueado: mira los elementos verticales que enmarcan la escena, tallados como una cuerda trenzada. El maestro usó ese recurso tanto en los collarinos como en las piernas de las figuras, y es una de sus señas.
- Los otros tres capiteles: este no está solo. La portada tiene cuatro capiteles figurados y cada uno va por su cuenta — hay hasta leones atados con cuerdas. Te contamos qué hay en cada uno.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Capitel de la Puerta de las Vírgenes?
Cinco minutos, y solo si sabes lo que buscas. Sin eso, la mayoría de la gente pasa por debajo sin levantar la vista, porque los capiteles de esta puerta quedan por encima de la línea de la mirada y compiten con el resto del claustro.
La forma de aprovecharlo: ponte debajo y mira los cuatro seguidos, de izquierda a derecha. Son muy distintos entre sí y verlos en fila es lo que hace que cada uno gane.
Y si vas justo de tiempo, este es de los detalles que merece más la pena por minuto invertido de todo el monasterio: cuesta menos que casi nada y se recuerda mucho.
¿Qué curiosidad esconde el Capitel de la Puerta de las Vírgenes?
Que ahí hay dos personas con una cabeza sola, y no es un error del escultor: es una solución brillante a un problema puramente geométrico.
Un capitel tiene esquinas, y las esquinas son un incordio para el que talla figuras: la piedra se estrecha justo donde la composición necesita espacio. Los escultores románicos inventaron varias salidas, y esta es de las más elegantes: colocar una única cabeza en el vértice y darle dos cuerpos, uno hacia cada cara.
El efecto es doble. Por un lado resuelve el ángulo sin dejar un hueco muerto. Por otro, obliga al espectador a moverse alrededor: desde un lado ves una figura completa y normal, desde el otro también, y solo al colocarte de frente al vértice descubres el truco.
Es escultura que solo funciona del todo si te mueves. Novecientos años después sigue haciendo exactamente lo que estaba pensada para hacer.
¿Qué significa que las figuras se mesen la barba en el capitel de Silos?
Mesarse la barba —agarrarla y tirar de ella— es un gesto codificado en el arte y la literatura medieval, no una postura cualquiera.
En la tradición castellana expresa dolor, duelo o ira contenida. Aparece en los cantares de gesta cuando un personaje recibe una afrenta o una mala noticia, y en la escultura románica se usa con ese mismo sentido para representar aflicción o cólera.
Aplicado a estas dos figuras arrodilladas e inclinadas, el resultado es una imagen de lamento: se arrodillan, se inclinan hacia el ángulo y se tiran de la barba. Todo el cuerpo dice lo mismo.
Conviene ser honesto con el alcance: el gesto está claro, pero no hay una lectura documentada de a qué viene aquí ni de quiénes son esos dos personajes. Sabemos lo que hacen; no sabemos por qué.
¿Cuántos capiteles tiene la Puerta de las Vírgenes y qué hay en cada uno?
Son cuatro capiteles figurados, y cada uno lleva un tema distinto. La ficha se llama «el capitel» en singular, pero en realidad estás delante de un pequeño conjunto:
- Exterior izquierdo: cabezas humanas con alas. Cabezas aladas, sin cuerpo.
- Interior izquierdo: figuras que, por sus vestiduras, podrían ser guerreros. La identificación es prudente incluso en la bibliografía especializada.
- Interior derecho: leones erguidos y abrazados en el ángulo de la cesta, sujetos con cuerdas por sendas figuras humanas. Probablemente el más espectacular de los cuatro.
- Exterior derecho: los personajillos arrodillados que comparten cabeza y se mesan la barba. Es el de la foto y el que da pie a esta ficha.
Los cuatro son obra del mismo maestro, el del llamado segundo taller de Silos, un escultor de probable origen ultrapirenaico y formación borgoñona. Se le reconoce por su dominio del modelado, por trabajar el relieve en capas superpuestas y por dos recursos que puedes buscar tú mismo: el sogueado y la perforación del bloque para crear sombras.
La portada se abre en el transepto meridional de la iglesia románica y comunica con el claustro, así que se ve durante el recorrido de la visita, sin acceso independiente. Consulta los datos prácticos de esta ficha antes de ir.
Los capiteles de la Puerta de las Vírgenes de Santo Domingo de Silos constituyen un conjunto de cuatro cestas con decoración figurada pertenecientes a la portada que comunicaba el transepto meridional de la iglesia románica con el claustro. Su relevancia excede a la de un elemento decorativo: son las esculturas más importantes que se conservan del templo románico desaparecido, derribado en el siglo XVIII para levantar la iglesia neoclásica. Se datan en el primer tercio del siglo XII y constituyen, además, uno de los conjuntos de filiación más discutida del románico peninsular, hasta el punto de que Manuel Gómez Moreno los calificó de «lo más desconcertante del románico español».
Emplazamiento, denominación y valor documental
La portada se abre en el transepto meridional de la iglesia y pone en comunicación el templo con el claustro. Su función original era, por tanto, la de acceso litúrgico de la comunidad: la puerta por la que los monjes pasaban del claustro al coro.
La denominación tiene explicación documentada y conviene precisarla, porque induce a error. El nombre no procede de la portada misma ni de su iconografía, sino de un altar situado en el transepto contiguo, dedicado a las Once Mil Vírgenes —el culto a santa Úrsula y sus compañeras, ampliamente difundido en la Europa medieval—. Debe subrayarse un extremo consignado expresamente por la documentación: esa advocación es posterior a la propia puerta. En consecuencia, no debe buscarse relación alguna entre el nombre y lo representado en los capiteles, donde no hay vírgenes ni referencia al martirio de Colonia.
El valor documental del conjunto deriva de una circunstancia histórica concreta. La iglesia románica, consagrada en 1088 bajo el abad Fortunio, fue demolida en el siglo XVIII para levantar el actual templo neoclásico, construido entre 1751 y 1793 sobre trazas de Ventura Rodríguez. De aquel edificio medieval apenas restan testimonios directos, y estos capiteles son el principal conjunto escultórico superviviente.
Esa condición los convierte en la única vía para hacerse una idea de cómo era la escultura del templo románico de Silos, un edificio del que por lo demás solo se conserva el propio hueco de la portada —con su abocinamiento muy pronunciado y su arco de herradura apuntado de tradición mozárabe— y el tímpano aparecido en 1964 bajo el pavimento, ya de hacia 1200 y por tanto de otro momento.
Los cuatro capiteles: descripción
La portada conserva cuatro capiteles con decoración figurada, cada uno con un tema independiente. Su descripción documentada, de exterior a interior y de izquierda a derecha, es la siguiente:
- Exterior izquierdo: «cabezas humanas con alas». Cabezas provistas de alas y sin cuerpo, motivo de tradición antigua reinterpretado en clave románica.
- Interior izquierdo: figuras que, «por sus vestiduras, podrían ser guerreros». La formulación es expresamente cautelar en la propia fuente y así se recoge: la identificación no está cerrada.
- Interior derecho: «leones erguidos y abrazados en el ángulo de la cesta, sujetos con cuerdas por sendas figuras humanas». Otra fuente describe la misma escena como «dos hombres sujetando dos bestias rampantes, posiblemente leones, mediante cuerdas», introduciendo reserva sobre la identificación de los animales.
- Exterior derecho: «personajillos arrodillados, inclinados hacia el ángulo de la cesta, compartiendo la cabeza y mesándose la barba».
El conjunto carece de unidad temática aparente: cabezas aladas, posibles guerreros, dominio de fieras y figuras en actitud de lamento no componen un programa narrativo continuo, a diferencia de lo que ocurre en los machones del claustro. No se ha localizado ninguna lectura de conjunto que articule los cuatro temas, y no se propone aquí ninguna.
No se aportan dimensiones de las cestas ni tipo litológico de la piedra, por no constar publicados.
El capitel de las figuras que comparten cabeza
De los cuatro, el exterior derecho presenta el recurso compositivo de mayor interés técnico, y merece tratamiento aparte.
Su descripción documentada es precisa: «personajillos arrodillados, inclinados hacia el ángulo de la cesta, compartiendo la cabeza y mesándose la barba». Los tres elementos de esa frase son otras tantas soluciones escultóricas:
- La cabeza compartida: una única cabeza dispuesta en el vértice de la cesta sirve simultáneamente a dos cuerpos, uno desarrollado en cada cara. Es un recurso característico de la escultura de capitel para resolver el ángulo, punto donde la geometría del bloque estrecha el espacio disponible justo cuando la composición más lo necesita.
- La postura arrodillada e inclinada hacia el ángulo, que concentra visualmente la atención en el vértice y refuerza el efecto de la cabeza única.
- El gesto de mesarse la barba, es decir, asirla y tirar de ella.
Sobre este último cabe precisar su alcance. Mesarse la barba es un gesto codificado en la cultura medieval hispana, asociado a la expresión de duelo, aflicción o ira, y documentado tanto en la literatura épica como en la iconografía. Su presencia aquí es, por tanto, significante y no ornamental. Ahora bien: no se ha localizado interpretación documentada de la identidad de estas figuras ni del motivo de su lamento, de modo que se describe el gesto sin atribuirle contenido concreto.
El recurso de la cabeza angular compartida tiene además una consecuencia sobre el modo de contemplación: la pieza solo revela su solución cuando el observador se sitúa frente al vértice. Desde cualquiera de las dos caras, cada figura se lee como completa e independiente.
Técnica y recursos del taller
La documentación especializada atribuye al autor de estas cestas un «evidente dominio sobre el modelado» y una «acusada tendencia al tratamiento del relieve por capas», es decir, la organización de la talla en planos superpuestos que generan profundidad sin necesidad de grandes resaltes.
Dos recursos técnicos se citan de forma expresa y resultan verificables a simple vista:
- El sogueado: motivo tallado imitando una cuerda trenzada, empleado aquí tanto en los collarinos como en las piernas de las figuras. Su uso sobre elementos anatómicos, y no solo como moldura de remate, es lo que lo convierte en rasgo distintivo.
- La perforación: horadado del bloque para generar vacíos y sombras, técnica que aumenta el contraste y da sensación de bulto en piezas de relieve contenido.
Otra fuente añade dos rasgos de detalle que vinculan estas cestas con la producción anterior del monasterio: el tratamiento de las pupilas y el trazado lineal del cabello. Son precisamente los elementos en que se apoya una atribución distinta de la anterior, según se expone a continuación.
La discusión sobre cronología, filiación y calidad
Este conjunto es, en términos historiográficos, uno de los más problemáticos del románico peninsular, y conviene exponer la discusión abiertamente en lugar de zanjarla.
El punto de partida es el juicio de Manuel Gómez Moreno, que consideró estas obras «lo más desconcertante del románico español» precisamente por lo incierto de su origen y de su datación. Que una de las figuras capitales de la historiografía artística española empleara esos términos indica la magnitud del problema.
En materia de cronología, las propuestas son próximas pero no idénticas:
- Las dos primeras décadas del siglo XII, según una de las fuentes consultadas, que menciona además un debate historiográfico que llevaría la obra a 1120-1130.
- El primer tercio del siglo XII, según otra, formulación más amplia y compatible con la anterior.
En materia de filiación, en cambio, las posiciones son divergentes:
- Una atribuye la obra al llamado segundo taller de Silos, con un maestro de probable origen ultrapirenaico y formación borgoñona, es decir, un escultor llegado de fuera con bagaje francés.
- Otra observa afinidades con los maestros anteriores del propio monasterio, apoyándose en el tratamiento de las pupilas y en el cabello lineal, lo que apuntaría a una continuidad local y no a una importación.
Ambas lecturas son difícilmente conciliables, y esta ficha no toma partido: se limita a consignarlas.
La divergencia se extiende incluso a la valoración de la calidad. Mientras una fuente destaca el dominio del modelado del maestro, otra estima que la talla resulta «notablemente inferior al resto del claustro». Se recogen los dos juicios porque son igualmente atribuibles y porque su contraste es, en sí mismo, información sobre el estado de la cuestión.
Debe hacerse una advertencia adicional para evitar una confusión frecuente en la bibliografía divulgativa: el «segundo taller de Silos» aquí mencionado no debe identificarse automáticamente con el «segundo maestro» del claustro, al que otras fuentes atribuyen un posible origen gallego. Son atribuciones procedentes de fuentes distintas y referidas a conjuntos distintos, y ninguna de ellas afirma que se trate de la misma mano.
Protección patrimonial y estado de la documentación
El monasterio de Santo Domingo de Silos está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1931. Los capiteles no cuentan con catalogación individualizada: su protección deriva de su condición de elementos integrantes del bien declarado, y cualquier intervención requiere autorización de la administración autonómica de cultura.
No consta ninguna intervención de restauración documentada sobre estas piezas en las fuentes manejadas. Tampoco consta si sufrieron alteraciones durante el derribo de la iglesia románica en el siglo XVIII, operación que sí afectó de lleno a su entorno inmediato y de la que la portada salió conservada mientras el resto del templo desaparecía. Cómo y por qué se preservó este hueco concreto no está explicado en la documentación consultada, y es una de las preguntas de mayor interés que la pieza plantea.
Los extremos que permanecen sin fijar son los siguientes:
- Filiación del taller: importación ultrapirenaica frente a continuidad local, sin consenso.
- Datación precisa dentro del primer tercio del siglo XII.
- Lectura de conjunto de los cuatro temas, que no forman programa aparente.
- Identidad y significado de las figuras que comparten cabeza.
- Dimensiones de las cestas y tipo de piedra.
- Restos de policromía: no consta si estuvieron pintados.
- Circunstancias de su conservación durante el derribo dieciochesco.
El acceso está condicionado por el régimen de visita del monasterio: la portada se contempla desde el claustro, durante el recorrido, sin acceso independiente.
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